Turcos, moros y moriscos en la América primitiva (I)

TURCOS, MOROS Y MORISCOS EN LA AMÉRICA PRIMITIVA: Los esclavos de galeras liberados por Sir Francis Drake y la colonia perdida de Roanoke / Dr. UMAR FARUQ ABDALLAH

gray_book_and_flower_page_macro_abstract_hd-wallpaper-1270728Este artículo es la primera entrega de una nueva serie publicada por la fundación Nawawi sobre las Raíces del Islam en América. La serie intentará sacar a la luz la rica y todavía poco explorada historia de los musulmanes en el Nuevo Mundo durante el periodo pre-moderno. La presencia de pueblos musulmanes a lo largo de la historia de América da fe de que éstos jugaron un papel notable en la experiencia americana. Nuestro conocimiento de este tema ayuda a cambiar la explicación dominante de una “narrativa metahistórica” ideológica hacia una crónica más equilibrada de nuestro rico pasado compartido. Esto fomenta paradigmas dinámicos y marcos cognitivos de cómo percibimos nuestro pasado, abre nuevos campos de investigación, y ayuda a musulmanes y no-musulmanes de la América actual a descubrir elementos que aportan una definición más rica de nuestra identidad común basada en una visión más honesta e integral de nuestro compartido pasado.

La realidad supera a veces la ficción. Un hecho muy inusual y poco conocido tuvo lugar en los albores de la historia colonial de América en 1586. Ese año, el famoso marinero inglés, descubridor y corsario (1) Sir Francis Drake (1540-1596), llevó al menos 200 musulmanes (identificados como turcos y moros (2), que probablemente incluían moriscos (3)) a Roanoke, colonia inglesa de reciente creación, en la costa de la actual Carolina del Norte. El asentamiento de Roanoke fue la primera colonia americana de Inglaterra y constituye el primer capítulo de la historia colonial inglesa en el Nuevo Mundo y de lo que finalmente se convirtió en la historia de los Estados Unidos. Poco tiempo antes de llegar a Roanoke, la flota de una treintena de barcos de Drake había liberado a estos musulmanes de las fuerzas coloniales españolas en el Caribe. Habían sido condenados a trabajos forzados como galeotes (4).

No está claro lo que Drake pensaba hacer con los esclavos liberados. Los españoles temían que los reclutara como refuerzos en la colonia de Roanoke, que conocían vagamente a través de informes de inteligencia pero que no habían sido capaces de localizar y destruir. Los datos históricos indican que Drake había prometido a los galeotes liberados regresar al mundo musulmán y el gobierno inglés repatrió, en última instancia, cerca de un centenar de ellos a los reinos otomanos (5). Teniendo en cuenta que los informes dicen que el número original de galeotes liberados era más del doble, es razonable preguntarse qué pasó con los demás. ¿Sencillamente, perecieron? ¿Optaron por quedarse en las costas de la actual Carolina del Norte? ¿Acaso Drake los abandonó allí en contra de su voluntad? ¿Se los llevó a todos de vuelta a Inglaterra? ¿Fueron repatriados todos al mundo musulmán? Puesto que el relato de Roanoke resulta incompleto sin la extraña historia de los galeotes musulmanes liberados por Drake, la historia de la colonia marca también el primer capítulo conocido de la presencia musulmana en la América Británica, eso es, de los Estados Unidos.

La colonia de Roanoke fracasó al cabo de unos años, su breve existencia se prolongó de 1585 a 1590. La colonia fue fundada inicialmente como base corsaria para atacar a los barcos españoles en el Caribe y formó parte de una creciente guerra marítima librada entre Inglaterra y el Imperio español, que culminó en el ataque fallido de la Armada española sobre Inglaterra en 1588. Roanoke fracasó como colonia principalmente, porque le fueron cortados los suministros vitales provenientes de Inglaterra entre 1587 y 1590 (sus cruciales últimos tres años), dado el inminente ataque de la Armada a Inglaterra y la continua amenaza de un segundo ataque naval español a Inglaterra años después. Cuando los ingleses finalmente volvieron a Roanoke en 1590, no encontraron a ninguno de sus antiguos pobladores. No vieron ninguna prueba de violencia, pero dedujeron de los signos que los colonos habían dejado intencionadamente que se habían reubicado pacíficamente y, probablemente, asentado entre las diferentes tribus de los pueblos americanos nativos de la región (6). Debido a que el destino de los últimos colonos de Roanoke sigue siendo desconocido, en la historia de América a menudo se habla de ella como la “colonia perdida” (7).

Tomado en forma aislada, el episodio de los galeotes musulmanes liberados por Drake en Roanoke sólo parece ser otra de las muchas curiosidades extraordinarias de la historia. Sin embargo, para que se entienda bien debemos situar el evento en el contexto mundial de la época, en la que las relaciones entre ingleses y musulmanes eran, en general, favorables. Esta realidad global más amplia explica por qué Drake tuvo tanto interés por sus cautivos musulmanes liberados, ordenó a su tripulación tratarlos con hospitalidad, y al parecer los consideraba potenciales aliados en la lucha de Inglaterra contra España.

En general, la temprana presencia de los musulmanes en el Nuevo Mundo debe entenderse desde una perspectiva global, como acertadamente señala Hernán Taboada en su estudio sobre la preocupación española por el Islam y los musulmanes en las Américas a principios del s. XVI (8). Taboada lamenta la incapacidad de los historiadores occidentales de comprender la importancia central de la civilización islámica en la historia de las primeras colonias americanas, que atribuye al hecho de que pocos estudiosos de la historia de los Estados Unidos tienen una exposición adecuada a la historia islámica. Además, observa la falta de documentación, la deficiencia de métodos historiográficos adecuados, y la persistencia de un enfoque eurocéntrico miope en la escritura histórica occidental, hechos que han contribuido a la incapacidad de los historiadores para articular sus estudios en un contexto global más amplio (9).

Los españoles del s. XVI no eran ajenos a la relación entre la liberación por Drake de los galeotes musulmanes en el Caribe y los lazos de Inglaterra con el mundo musulmán. Curiosamente, los observadores españoles de la época son más conscientes del contexto más amplio de las incursiones de Drake que muchos historiadores occidentales contemporáneos. Un marinero español fugado que Drake había retenido como prisionero se apresuró a observar en un informe oficial a la corona española sobre las redadas de Drake en el Caribe que la reina Isabel I “tuvo a su embajador con el Turco [el sultán otomano], a quien había enviado grandes regalos.” (10) El mismo marinero español sostuvo que el propio Drake tenía planes personales de refugiarse entre los musulmanes del norte de África en el caso de que el ataque previsto de la Armada española fuera victorioso.

No es casual que los informes españoles sobre Drake se refieran constantemente, a él y a otros europeos que atacaron barcos españoles, como “corsarios” (término usado para los piratas musulmanes). (11) En ese momento, los corsarios del norte de África y Marruecos estaban en la cima de su poder. Drake, su íntimo amigo Sir Walter Raleigh, fuerza motriz de la colonia de Roanoke, y muchos otros piratas ingleses conocían bien a los corsarios; tenían relaciones amistosas con ellos y a veces, incluso, se unieron a sus flotas. (12)  Los informes españoles de la época no estaban del todo equivocados al creer que había una cierta afinidad entre los piratas ingleses y europeos y los formidables corsarios contra quienes los españoles luchaban continuamente en alta mar o en incursiones corsarias. De hecho, los corsarios eran, muy probablemente, una de las fuentes de presos turcos y moros que los españoles habían condenado a trabajos forzados en sus galeras de guerra en el Caribe.

Estudios históricos recientes han revelado el hecho de que había de un número significativo de musulmanes en el Nuevo Mundo durante el período colonial, que vivieron una existencia clandestina generalmente como esclavos y, en ocasiones, como peones liberados. La mayoría de las personas de origen musulmán en las colonias americanas pertenecían a uno de dos grupos: africanos esclavizados, generalmente de África occidental (entre un diez a un veinte por ciento de los cuales tenía raíces islámicas) y moriscos de España y Portugal que habían sido convertidos por la fuerza al cristianismo en el s. XVI. (13) Ambos grupos coexistían en las colonias españolas y portuguesas. Sin embargo, en las colonias inglesas, las personas de origen moro o morisco “fondo” no eran habituales, y los africanos constituían, con mucho, el más grande y visible de ambos colectivos.

La liberación de los galeotes musulmanes por parte de Drake muestra que esos otros pueblos musulmanes de distintos orígenes también estuvieron presentes en las colonias españolas y constituyeron un elemento inesperado de la presencia musulmana en la América colonial. Hubo, sin duda, otras galeras de guerra en la flota colonial española como las que Drake encontró en Cartagena. Estas naves eran esenciales para el poder naval español, ya que podían maniobrar con mayor eficacia en el combate que los buques de vela y hacían un uso letal de la artillería pesada que transportaban. Los turcos y los moros norteafricanos apresados en la guerra a menudo terminaban como esclavos de galeras, por lo que no es de extrañar que Drake se topara con cientos de ellos en el Caribe, ni es improbable que, igualmente, hubiera muchos galeotes musulmanes en las colonias españolas. Pero la esclavitud en galeras fue también el destino común de miles de moriscos españoles y portugueses condenados por “herejía” (normalmente prácticas islámicas clandestinas) ante los tribunales de la Inquisición, y algunos de los “moros” que Drake liberó eran probablemente moriscos que se habrían enfrentado con la Inquisición. (14)

No tenemos pruebas concluyentes de que ninguno de los turcos, moros, y posiblemente moriscos liberados por Drake, permanecieran en Roanoke y se establecieran en America. Pero los misteriosos Melungeon (15) de los Apalaches y sus primos, los Lumbee (16) de Carolina del Norte, tienen sus raíces en Roanoke y son, probablemente, el mayor reclamo para el legado de Drake. Ambos, Melungeon y Lumbee, son anteriores al asentamiento británico en América y forman poblaciones únicas diferentes de las de los blancos, los negros y los indígenas americanos. Durante siglos, los melungeon y los lumbee se han identificado con orgullo como “portugueses” y ha existido la idea generalizada de que tienen raíces moriscas. (17)

Nuestras preguntas acerca de lo que en última instancia se convirtió en el inusual grupo de rescatados “turcos”, “moros”, y de otros esclavos liberados por Drake, permanecen en gran medida sin respuesta y probablemente persistirá como uno de los misterios sin resolver en torno a la “colonia perdida” de Roanoke. (18) Lo que es especialmente importante sobre la historia de Drake es su contexto global, que no sólo refleja con precisión las buenas relaciones existentes entre Inglaterra y el mundo musulmán, sino también la presencia ubicua del Islam como civilización mundial. Además, el episodio nos llama la atención sobre la importancia de buscar raíces musulmanas inesperadas en América, como las de los galeotes liberados, cuyos orígenes étnicos y culturales eran muy diversos y amplios, lo que refleja la realidad cosmopolita de la época. Tenemos que ver la historia de las Américas como la importante pieza de un rompecabezas global que involucró no sólo a los europeos occidentales, sino que también recibió la influencia de pueblos de diversos y a veces imprevistos orígenes. Los musulmanes siempre han formado parte de ese rompecabezas. Han tenido tanta presencia en el continente americano como los europeos occidentales, aunque su número fuera más pequeño y su papel menos visible.

Turcos, Moros y Moriscos

El conocimiento empieza con el correcto uso de la terminología. Es imposible evaluar con precisión las referencias históricas a “turcos” y “moros” en los informes de los galeotes liberados por Drake sin aclarar el significado de estos términos en el s. XVI. Ambas palabras tenían a la vez usos amplios y específicos, por lo que es necesario retener todos los significados posibles. La mayoría de historiadores contemporáneos que han escrito sobre galeotes liberados por Drake han tratado la palabra “moro” de un modo demasiado específico refiriéndose exclusivamente a los “moros” del Norte de África sin incluir a los “moriscos”, los antiguos moros de España y Portugal. El hecho de no entender las implicaciones más amplias de la palabra “moros” a menudo ha llevado a una narrativa histórica confusa y no refleja los potencialmente muy diversos orígenes de los grupos involucrados.

En el siglo XVI, los términos “turco” y “moro” en su sentido más amplio se utilizaban refiriéndose genéricamente a los musulmanes, independientemente de sus orígenes nacionales, culturales o étnicos. En el contexto ibérico, “moro” seguía siendo la palabra genérica común para los musulmanes, y ese uso amplio también es aplicable a los crònicas españolas sobre los galeotes liberados por Drake. Desde la Edad Media, los códigos legales españoles definieron a los musulmanes como “moros”. En el código legislativo del rey Alfonso X de Castilla (1221-1284), el término “moro” refiere a “personas que creen que Muhammad fue el profeta o mensajero de Dios” (19). Durante siglos, en tiempos de las cruzadas europeas, las poblaciones musulmanas conquistadas de las anteriores España y Portugal musulmanas que continuaron viviendo bajo el dominio cristiano siguieron siendo considerados moros y vivían en” barrios moriscos “(morerías) (20). Cuando los españoles colonizaron las Filipinas en el s. XVI, se refirieron a las grandes poblaciones musulmanas indígenas que encontraban allí como “moros”; las largas guerras para someterlos fueron denominadas las guerras de los “Moros.” (21)

Las palabras “turcos” y “moros” también se utilizaban más específicamente para referirse a diferentes filiaciones nacionales y políticas o identidades culturales y étnicas. Cuando se utilizaba en este sentido más específico, la palabra “turco” tenía una connotación esencialmente nacional en referencia a los temas políticos del Imperio Turco Otomano, cuyos límites de la época llegaban a los Balcanes, extendiéndose hasta el norte de Austria, y abrazando más de Oriente Medio. Aun así, el término “turco” no se refería exclusivamente a los turcos culturales o étnicos, sino que se aplicaba a otras poblaciones musulmanas del vasto imperio, incluyendo a los árabes y los kurdos, que no eran ni culturalmente ni étnicamente turcos.

Como veremos, uno de los aspectos curiosos de los datos ingleses de los galeotes liberados de Drake es que también se refieren a “griegos” entre los “turcos”. Estos griegos también habrían llegado desde el Imperio Otomano, que, en ese momento, comprendían todas las islas griegas y territorios de la Grecia continental y grandes poblaciones de habla griega en Anatolia; no es posible determinar a partir de la referencia “griegos” si estos eran cristianos ortodoxos, musulmanes conversos, o gentes turcas que se habrían establecido entre los griegos étnicos. La referencia a los “griegos” junto a los “turcos”, sin embargo, deja claro que los “turcos” a los que se hace referencia en los registros eran súbditos otomanos y no simplemente una referencia genérica a los musulmanes, ya que las dos poblaciones se entremezclaban ampliamente en el Imperio Otomano.

Aunque no hubo ningún imperio “moro” en el siglo XVI, sí hubo algunas entidades políticas “moras”; “moras” en su sentido más específico, a diferencia de “turco”, no significaba ningún estado de filiación. “Moro” podía referirse a los musulmanes del Reino de Marruecos o de cualquiera de los reinos norteafricanos de Argelia, Túnez, o Libia. La palabra era igualmente aplicable, en el contexto ibérico, a los moriscos, los antiguos moros de España y Portugal. (22)

La Inquisición obligó a todas las poblaciones “moros” conquistadas a convertirse al catolicismo durante la primera mitad del siglo XVI; estas poblaciones fueron poco a poco conocidas como “moriscos” (literalmente, “pequeños moros”). En apariencia, los moriscos eran cristianos. Se les dio nombres de bautismo españoles y portugueses, hablaban las lenguas romances de sus respectivas regiones, y eran cultural y étnicamente ibéricos. Los moriscos estuvieron bajo la constante vigilancia de la Inquisición para garantizar que mantuvieran las apariencias cristianas y no practicaran el Islam abiertamente o en secreto. Los moros “conversos” de España y Portugal, sin embargo, raramente estuvieron contentos con su conversión forzada. Hacia finales de siglo, en 1582, algunos años antes de que empezara el proyecto Roanoke, Felipe II, entonces rey de los reinos unidos de España y Portugal, llegó a la conclusión de que los esfuerzos para dispersar y asimilar a los musulmanes conversos ibéricos había sido un fracaso. (23)

La palabra “moriscos” no aparece en ninguno de los registros históricos originales relacionados con la liberación de los galeotes del Caribe de Drake. En esa época, “morisco” todavía era una palabra de nuevo uso tanto en el español como en el portugués y que empezaba a popularizarse. El neologismo “morisco” era originalmente peyorativo. Se adoptó gradualmente al uso común en español y en portugués, reemplazando expresiones anteriores como “conversos”, “nuevos cristianos”, y “moros conversos.” (24) El término “morisco” se hizo popular en el norte de España alrededor del 1550, pero durante muchos años después, los inquisidores españoles de esas regiones tendían a referirse a sus acusados ​​que antes habían sido musulmanes ibéricos como “moros conversos ” y no como “moriscos”. (25)

Los “pequeños moros” (moriscos) también podría ser denominados “moros”. Los moriscos portugueses preferían ser llamados “moros” (Mouros) (26), y este era también, probablemente, el caso de muchos moriscos españoles. La palabra “moro” parece haber sido especialmente aplicable a los moriscos que fueron declarados culpables de la “herejía” de volver al Islam, sin duda porque la palabra “moro” nunca perdió su sentido genérico de “musulmán”. En 1560, la Inquisición del Perú ejecutó a Lope de la Peña y a su compañero Luis Solano por práctica y difusión del Islam. Los registros oficiales se refieren al primero como “el moro” Lope de la Peña, a pesar de que casi seguramente era un moro “converso” por la fuerza (es decir, un morisco), como indica su nombre cristiano, ya que a los moriscos se les dio nombres bautismales. (27)

Aunque la palabra “morisco” no aparece en los registros españoles o ingleses de la liberación de los galeotes por parte de Drake, la ausencia de la palabra no indica que al menos algunos de los “moros” liberados no fueran, de hecho, moros ibéricos “conversos”. Sería erróneo esperar que la palabra “morisco” aparezca en estos registros del siglo XVI, ya que la palabra no era un término técnico oficial y todavía estaba haciendo popular en la lengua vernácula española. El término “moro” se estos registros también podría aplicarse a los moros ibéricos “conversos”, sobre todo porque los moriscos “herejes” fueron condenados a menudo a galeras. Al tratar de determinar si alguno de los “moros” liberados por Drake eran en realidad “moros conversos” españoles o portugueses, es necesario centrarse en las descripciones de ellos que figuran en los registros históricos y las circunstancias asociadas a ellos. Sólo entonces puede entenderse con mayor precisión la ambigua etiqueta que se les aplica.

Los moriscos fueron acusados ​​frecuentemente de “herejes” por sospechas de adhesión abierta o clandestina a la fe y a la práctica islámicas. Un simple desliz de la lengua o la negligencia en el culto cristiano podían conducir a un morisco ser citado ante los tribunales. Los inquisidores prestaban mucha atención a los “signos” de herejía, como el hecho de mirar hacia la Meca en la oración o la realización de la ablución o baños rituales. (28)

Los moriscos “herejes” fueron generalmente condenados a muerte por quema en la hoguera; la Iglesia llamaba eufemísticamente a estas ejecuciones “actos de fe” (autos de fe). Entre ellos, los moriscos se referían a los inquisidores como “los quemadores” (al-Harraqun); advertían a sus hijos que no revelasen que eran musulmanes porque había Inquisición y te quemarían. Los moriscos a menudo consideraban a la Iglesia como a un enemigo armado con arsenales de tortura, galeras y fuego. Sabían muy bien que la Inquisición se apoderaría rápidamente de su propiedad y se llevarían a sus hijos a la menor sospecha de herejía. (29) Raramente, la Inquisición permitió a los moriscos condenados por actos de “herejía” mayor que cambiasen sus sentencias de muerte por la vida en galeras. Los moriscos declarados culpables de actos de “herejía” menor, que no justificaban la muerte a ojos de sus inquisidores, fueron generalmente también condenados a cadena perpetua como galeotes (30). La práctica de la circuncisión, por ejemplo, se consideraba normalmente un acto de “herejía” menor. El rey Felipe II ordenó a la Inquisición que condenara a galeras sin duda alguna a todo aquél declarado culpable de realizar circuncisiones. (31)

Era difícil sobrevivir al trabajo como esclavo de galeras español; pocos probablemente duraron más de cinco años. La única esperanza de sobrevivir para un galeote era escapar. Cuando las galeras españolas eran atacadas en el mar por los turcos o los corsarios, los galeotes a menudo trataban de liberarse de sus cadenas y en repetidas ocasiones se levantaron contra sus amos españoles -como lo hicieron durante las incursiones de Drake en el Caribe- buscando su salvación entre sus salvadores. (32)

Los moriscos eran conocidos por su vínculo emocional profundo y duradero con el Islam y su inclinación a expresar apego personal y cultural a la fe siempre que les era seguro hacerlo. (33) Muchos musulmanes africanos que fueron esclavizados en América compartían una actitud similar, tal como se indica en sus biografías. (34) Desde el inicio de la época colonial, tanto en España como la Iglesia Católica percibieron el Islam como una amenaza a la hegemonía monolítica religiosa y cultural que tenían intentaban imponer a el Nuevo Mundo. Un real decreto español perteneciente al establecimiento del Nuevo Mundo, declaraba, en 1543: “En una tierra nueva como esta, donde hace poco que se sembró la fe, es necesario impedir la difusión de la secta de Muhammad o de cualquier otra.” (35)

Las autoridades imperiales españolas trataron de restringir la emigración al Nuevo Mundo a los “viejos” católicos, excluyendo a los “nuevos” de origen converso morisco y marrano (es decir, judíos). Para tener acceso inmediato al Nuevo Mundo, uno debía demostrar técnicamente que era hijo o nieto de cristianos que nunca habían tenido problemas con la Inquisición. (36) Esta política fue difícil de hacer cumplir con los moriscos porque constituían la fuerza primaria de trabajo española y eran esenciales para gran parte de la fabricación, la producción, y la construcción que el Nuevo Mundo exigía. (37) El arte y la arquitectura de las colonias americanas de España en los siglos XVI y XVII es de estilo morisco en su gran mayoría y constituyen la prueba de que los constructores moriscos estaban presentes en número importante y activo en el Nuevo Mundo, a pesar de las políticas oficiales destinadas a excluirlos. (38)

En el siglo XVI, el cardenal Jiménez de Cisneros, el Gran Inquisidor de España, que dio a la Inquisición española su forma definitiva y fue llamado el “misionero de los moros” (39), se quejó de que el Islam se practicaba abiertamente en las Américas, especialmente por los moriscos. (40) Las medidas oficiales para eliminar a los moriscos de las Américas parece que nunca fueron totalmente efectivas. Con sus grandes extensiones, la movilidad, las oportunidades, la inagotable demanda de mano de obra, y una mayor libertad social, el Nuevo Mundo era atractivo para las poblaciones oprimidas de España y Portugal. Américo Castro, el importante historiador sobre España, sostiene que muchos moriscos y marranos buscaban el Nuevo Mundo como un lugar para encontrar la libertad y la paz que ya no podían encontrar en casa. (41)

El contexto global: relaciones entre ingleses y musulmanes en el Renacimiento

En el momento de la fundación de Roanoke, la actitud de los ingleses hacia los musulmanes del Imperio Otomano, Marruecos y el Norte de África contrastaba fuertemente con la de los españoles. En general, los ingleses se abrían al mundo musulmán con el que tenían un contacto relativamente frecuente. Por otra parte, a raíz de la recién iniciada Reforma Protestante, los ingleses y demás protestantes europeos miraban a los turcos otomanos y a los musulmanes de Marruecos y norte de África a lo largo del límite sur español como valiosos aliados potenciales contra las invasiones del Imperio español, la Contrarreforma del Papado y la Inquisición.

Los ingleses mantenían extensas conexiones comerciales, diplomáticas y sociales con los turcos otomanos y los marroquíes del norte de África. Nabil Matar afirma en su pionero trabajo sobre este tema:

Ningún otro no-cristiano interactuó más ampliamente con los británicos que los musulmanes del Imperio Otomano, el Mediterráneo Oriental, y los reinos de África del Norte de Túnez, Argelia y Libia, junto con Marruecos (que no estaba bajo la dominación otomana). Estos musulmanes… representaban, en esa época, las personas no cristianas más ampliamente visibles en suelo inglés, más incluso que los judíos y los indios americanos, los principales Otros en la historia del renacimiento británico. (42)

Matar señala que, durante ese período, millares de turcos y marroquíes visitaban y negociaban en puertos ingleses y galeses. Embajadores y emisarios musulmanes deslumbraban la sociedad londinense con su encanto, comidas exóticas y caballos árabes.

Musulmanes e ingleses comían a las mismas mesas en las pensiones de Londres y juntos admiraban los desfiles de carruajes tirados por elegantes caballos otomanos. Los barcos británicos transportaban a los musulmanes a la peregrinación a La Meca y los protegían de los asaltos piratas. Los británicos luchaban, incluso, en los ejércitos musulmanes y se unían a los corsarios. (43)

El asentamiento británico en el Nuevo Mundo tuvo un comienzo lento y difícil. Por otra parte, ya se había producido un asentamiento británico significativo en el mundo musulmán durante el mismo período. En 1577, un observador inglés señalaba que hombres y mujeres ingleses “sabios y de mejor mentalidad” abandonaban Inglaterra para vivir en otras tierras, como Francia, Alemania y el norte de África. (44) Las sociedades musulmanas estaban abiertas a la inmigración procedente de países cristianos. A ojos de los europeos más desfavorecidos, estas sociedades musulmanas eran meritocracias en comparación con las severas restricciones a que, por motivos de nacimiento, se enfrentaban en las sociedades europeas, en las que era difícil avanzar más allá de la clase en la que uno nacía. (45) La atracción por el mundo musulmán no era exclusiva de los británicos; eran numerosos e influyentes los emigrantes de la Europa Occidental que vivían en Argel a principios del siglo XVII. Incluso cuando comenzó con más fuerza la emigración inglesa a América del Norte, a finales de los años 1620, los bretones que vivían en el norte de África y en otros lugares del Mediterráneo musulmán siguieron superando en número durante mucho tiempo a sus parientes en las colonias americanas. (46)

Como se señaló anteriormente, el relato de un funcionario español tomado en La Habana después de las incursiones de Drake en el Caribe, dice que la reina Isabel I de Inglaterra (1533-1603) ” tenía a su embajador con el turco, a quien ella había enviado grandes regalos”. (47) Este informe refleja el estado de relaciones anglo-musulmanas en el momento de la fundación de la colonia de Roanoke. La Reina Isabel cultivaba cuidadosamente las relaciones diplomáticas tanto con los gobernantes turcos de la época como con los marroquíes y fue el primer monarca inglés en “cooperar abiertamente con los musulmanes, y permitir a sus súbditos comerciar e interactuar con ellos sin responsabilizarlos por tratar con infieles”. (48)

La reina Isabel entendió bien las ventajas estratégicas y comerciales que las buenas relaciones diplomáticas con las potencias musulmanas podían conllevar, y recibía amablemente a sus emisarios en Londres. A veces, la reina incluso vestía un traje turco, que había encargado directamente a su embajador en Estambul. Su padre, el rey Enrique VIII, también vestía, en ocasiones, un atuendo “oriental” para recibir a huéspedes musulmanes. (49)

La actitud aparentemente liberal de la reina Isabel hacia los musulmanes se unió a la aprobación de la corte otomana, y la iniciativa inglesa de repatriar a los “turcos”, a quienes Drake había liberado en el Caribe fue parte deliberada de la política general de acercamiento. El Consejo Privado de la reina (50) estaba ansioso por repatriar a los musulmanes con la esperanza de beneficiar a la Levant Company inglesa, que comerciaba en Turquía. El consejo esperaba que sus agentes consiguieran “mayores favores y libertades” con los otomanos, intentando asegurar la liberación de algunos cautivos turcos retenidos por los ingleses. (51) Los ingleses dieron ropa nueva a los liberados “turcos” de Drake para que pudieran presentarse adecuadamente a los otomanos (52) y confiaban en que las recompensas que podrían recibir sobrepasaría la reparación de todos los costos, incluyendo el transporte de los “turcos” de Drake a Estambul. (53) En el camino a Turquía, los ingleses se encontraron con un juez musulmán (qadi) de Palestina -entonces reino otomano- que no sólo quedó sorprendido por la historia de los prisioneros musulmanes liberados, sino también  asombrado por la bondad de la Reina Isabel y por su poder como mujer al llevar a cabo esta acción. (54)

Algunos años más tarde, en 1594, Safiya Baffo, una princesa otomana de origen veneciano y conversa al Islam que tenía cierta influencia sobre la política exterior turca, escribió una carta a la reina Isabel, a quien se dirigió como “elegida entre los que triunfan bajo la ley de Jesucristo.” Baffo habló a Isabel de la gran esperanza que habían despertado en los corazones musulmanes sus sabias políticas y la fe protestante. (55)

Marruecos fue igualmente importante a ojos de la reina Isabel, que fomentó las buenas relaciones con los marroquíes tan asiduamente como hizo con los turcos. La reina mantuvo una relación especialmente estrecha con el rey de Marruecos, Ahmad al-Mansur al-Dhahabi (“el Dorado”) (56), un diplomático astuto y con un conocimiento profundo del mundo europeo cristiano. La relación parece que llegó a fructificar en una amistad sincera.

Al-Mansur y la Reina Isabel mantuvieron una extensa correspondencia, que duró desde al menos 1580 -dos años después de que éste accediera al trono- hasta sus respectivas muertes, que se produjeron en el año 1603. (57) Al-Mansur mantenía correspondencia con la reina en el momento de la fundación de la colonia de Roanoke y compartió su deseo de comprobar el poder español en el Caribe. En 1603, al-Mansur hizo la extraordinaria propuesta de que Marruecos e Inglaterra unieran sus fuerzas, expulsaran a los españoles del Caribe, tomaran posesión conjunta de los dominios españoles en el Nuevo Mundo, y “con la ayuda de Dios… unirlos a nuestro estado y el vuestro”. La propuesta de Al-Mansur nunca se llevó a cabo. (58) Refleja, sin embargo, la franqueza y sentido del potencial político que marcó las relaciones anglo-marroquíes de la época. Esta visión dinámica de la cooperación se refleja en la actitud de Drake hacia los galeotes musulmanes liberados en el camino a Roanoke.

Las buenas relaciones con Marruecos fueron definitivas para el transporte inglés a las Américas durante el período colonial temprano. Un “triángulo renacentista” se extendía entre Inglaterra, Marruecos, y las Américas. Preservar dicho triángulo era crucial para las relaciones anglo-musulmanas en la época de la reina Isabel, ya que de ello dependía el éxito de la navegación británica en el Atlántico occidental. En otras circunstancias, los británicos hubieran utilizado las Islas Canarias y Cabo Verde para cruzar el Atlántico, pero esas islas eran hostiles al estar bajo control español y portugués, respectivamente. En lugar de estas islas, los británicos crearon el triángulo renacentista con Marruecos, que se usó durante los reinados de la reina Isabel y de los monarcas ingleses posteriores. Durante la época de la fundación de Roanoke, y años después, el triángulo siguió siendo la vía marítima disponible más atractiva y lucrativa para los comerciantes, viajeros, emigrantes, aventureros, corsarios y piratas británicos. Sir Francis Drake y Sir Walter Raleigh fueron buenos conocedores y usuarios del triángulo renacentista.  (59)

LA COLONIA DE RONAKE

Roanoke Map Closer UpLa colonia de Roanoke pertenece, efectivamente, a la época del triángulo renacentista, al reinado de la reina Isabel I (1558-1603), y a la del gran poeta y dramaturgo inglés William Shakespeare (1564-1616). La obra maestra de Shakespeare, La Tempestad, aunque fue escrita varios años después del fracaso de Roanoke, refleja la contemporánea fascinación inglesa contemporánea por el Nuevo Mundo a través del Atlántico, que había hecho la idea de la colonia de Roanoke interesante para los ingleses y los siguió atrayéndo a nuevas exploraciones y descubrimientos.

La reina Isabel encargó a Sir Walter Raleigh (1552-1618), cortesano, soldado, y explorador inglés, la fundación de la colonia, dando al proyecto su total apoyo. Para la reina, Roanoke constituía un movimiento político audaz y cuidadosamente determinado. Mediante el establecimiento de un punto de apoyo inglés en la costa atlán-tica de América, tenía la intención de hacer valer el creciente poder de Inglaterra como nación emergente y desafiar directamente la pretensión española de los derechos exclusivos para colonizar el Nuevo Mundo. (60)

En 1580, cinco años antes del primer asentamiento en Roanoke, Felipe II, emperador de España, tomó posesión del trono portugués, uniendo España y Portugal en un solo reino. España gobernaría Portugal durante 60 años. Por lo tanto, durante el período de la colonia de Roanoke y durante mucho tiempo después, Portugal perteneció al reino de España, dando a ésta la pretensión de los derechos únicos y exclusivos para colonizar todas las Américas, incluido el Brasil portugués. España empleó su extenso poderío naval y militar para asegurar que no hubiera rivales europeos que establecieran colonias que les hicieran competencia en el Nuevo Mundo. La Armada “Invencible” española de 1588 fue una expresión del poder impresionante del Imperio Españo y el puesto de avanzada español en San Agustín en la Florida fue establecido con el propósito expreso de vigilar la costa de América del Norte y prevenir allí el establecimiento de colonias ilegales “no españolas”. (61)

Después de su unión con Portugal, España aparecía a ojos de Europa como la nueva Roma. En ese momento estaba en el apogeo de su riqueza y poder como una de las mayores potencias mundiales de la historia, extendiéndose desde las Islas Filipinas en el Pacífico occidental hasta los continentes americanos en el lejano Atlántico. Era un imperio tan vasto que sobre él nunca se ponía el sol. España era el campeón del catolicismo romano y de la Contrarreforma. También era el principal  sustentador y beneficiario político de la Inquisición, que sirvió al estado español como poderosa organización de inteligencia central y nacional, fomentó la hegemonía ideológica y cultural, y reforzó la unidad política y la política exterior de España. El poder español en tierra y mar no constituía una amenaza política sólo para Inglaterra y Europa Occidental, sino que fue la oposición ideológica directa a la Reforma protestante, iniciada a principios del siglo XVI y proporcionó a naciones como Inglaterra las bases religiosas e ideológicas de sus nuevos estados emergentes. (62)

Alrededor de la época de la fundación de la colonia de Roanoke, España y Portugal unidos constituyeron la nación más poderosa de Europa Occidental. Incluso antes de su unión en 1580, España y Portugal habían prevalecido como señores del Océano Atlántico occidental y habían reclamado y aplicado su derecho exclusivo a colonizar las Américas, aprobado por el Papa oficialmente en el Tratado de Tordesillas en 1494. En el tratado el Papa concedió a Portugal el derecho exclusivo de colonizar Brasil, mientras que el resto de tierras al oeste de Brasil (es decir, el resto de lo que hoy es el Norte, Sur y Centroamérica y el Caribe) iban a ser monopolio permanente de la corona de España. Cuando se fundó la colonia de Roanoke, los españoles consideraron a la nueva colonia inglesa una usurpación legal y política directa sobre su dominio colonial exclusivo.

A través de la aplicación de su derecho exclusivo a colonizar las Américas, el Imperio Español estaba decidido a extender su poder político y mantener el Nuevo Mundo como dominio exclusivo para sí mismo y para la Iglesia Católica Romana. Sin embargo, además de esta agenda ideológica, España estaba fundamentalmente preocupada por la protección de sus flotas de barcos de tesoros, cargados de plata, oro y otras riquezas, que regularmente hacían su trayecto desde el Golfo de México y el Mar Caribe a través de los traicioneros estrechos del canal de las Bahamas en su camino de regreso a España. Los tesoros de estos buques atraían a multitud de  piratas y corsarios y estaban constantemente en peligro de ser atacados.

España temía con razón que cualquier colonia no hispana establecida en la costa atlántica de América del Norte sirviese como base corsaria para atacar a los barcos españoles. Este fue, de hecho, el propósito básico de la colonia de Roanoke. (63) Cuando España se enteró de este proyecto, su motivo principal al tratar de localizar y destruir la colonia fue impedir que se convirtiera en una base para los ingleses. Debido, sin embargo, a circunstancias históricas inusuales la colonia de Roanoke se autodisolvió antes de que los españoles pudieran descubrir su ubicación. (64)

En el momento de fundación de Roanoke, la reina Isabel enviaba constantemente multitud de corsarios ingleses a atacar a la flota del tesoro española (65). Esta fue la gran época de los corsarios ingleses, que estaban involucrados en una guerra naval no declarada con España. De promedio, Inglaterra habría enviado más de 100 naves corsarias al año a atacar el comercio español en el Caribe. Su actividad fue la razón más importante para la creación de la Armada Española. Sin embargo, a pesar de los intentos españoles de detenerlos, los corsarios ingleses tuvieron un gran éxito. Sir Walter Raleigh y Sir Francis Drake fueron figuras clave en estas exitosas empresas corsarias y estuvieron entre sus mayores beneficiarios financieros. (66)

A pesar de su éxito en el ataque a la flota española, los corsarios ingleses fueron obstaculizados en gran medida por la falta de puertos aliados en el lado americano del Atlántico. Entendieron claramente que sus operaciones corsarias serían mucho más eficaces si tuvieran base en América. Tener una base en Roanoke, no muy lejos de las flotas españolas, significaría que los corsarios ingleses podrían pasar un año o más en el Caribe, volviendo a Roanoke cuando fuera necesario para cargar suministros y hacer reparaciones y luego regresar al mar para atacar los barcos españoles siempre que surgiera la oportunidad. (67) A diferencia de la colonia de Plymouth Rock, creada por los peregrinos del Mayflower (68) en 1620, Roanoke fue depredadora desde el inicio. Atacar los barcos españoles del tesoro del Caribe fue su razón de ser.

Sir Walter Raleigh fue la fuerza impulsora del proyecto de Roanoke, que comenzó en 1584 con una misión de reconocimiento y continuó hasta 1590, cuando los ingleses tuvieron su último contacto con la colonia sin encontrar rastro alguno de sus pobladores. (69) Al igual que la reina Isabel, Raleigh fue impulsado por el sueño de hacer valer el poder inglés y forjar un imperio que, en última instancia, superase a España. Para Raleigh, el establecimiento de la colonia de Roanoke fue el primer paso hacia la creación de ese imperio.

La fundación de la colonia de Roanoke fue una propuesta costosa. Raleigh justificó el gasto a sus inversores por los resultados inmediatos de los que se beneficiarían al ser Roanoke una base corsaria, además de cualquier riqueza mineral que se pudiera encontrar en la zona. Aunque algunos contemporáneos ingleses desaprobaban las actividades corsarias, en los tiempos de Raleigh la mayoría consideraba que era legítima. Los inversores ingleses no tardaron en ver el potencial lucrativo de la colonia de Roanoke como base para atacar a las flotas del tesoro españolas del Caribe. (70)

La primera etapa de la colonización en Roanoke comenzó en 1585, pero duró sólo un año. El proceso inicial se interrumpió temporalmente en 1586, cuando la mayoría de los colonos originales regresaron a Inglaterra con la flota corsaria de Drake, la misma que había llevado a los galeotes musulmanes liberados. Como se indicó anteriormente, muchos de los esclavos siguieron con Drake a Inglaterra y no se quedaron en Roanoke. No está claro, sin embargo, qué pasó con el resto.

Antes de la visita de Drake en 1586, había habido unos 107 colonos en Roanoke desde su primer asentamiento de 1585. Habían sido llevados a Roanoke en una flota de 7 barcos diseñados para la actividad corsaria. La flota incluía unos 600 hombres, la mitad de los cuales eran marineros porque la actividad corsaria era su misión principal. (71) Los primeros colonos en su mayoría eran veteranos de las guerras de Inglaterra en Irlanda y Europa; estaban bien entrenados para misiones de corso y para la defensa del asentamiento de posibles ataques españoles, pero eran poco adecuados para la creación de una sociedad permanente o el mantenimiento de buenas relaciones con los americanos nativos locales, ambas cualidades eran cruciales para su supervivencia y su éxito a largo plazo. (72)

Cuando Sir Francis Drake llegó a la colonia de Roanoke con sus galeotes liberados y un número de esclavos domésticos negros en el verano de 1586, ofreció a los colonos originales dos opciones: o bien les dejaba con suministros para un mes, un barco más pequeño y algunos botes con un número suficiente de pilotos y marineros, o se los llevaba de vuelta a casa con él, a Inglaterra. Al principio, los colonos decidieron quedarse, pero fueron pronto alcanzados por una violenta tormenta de tres días, que provocó el naufragio del barco que se había prometido y causó estragos en la flota del mismo Drake. Después de la tormenta, los colonos originales reconsideraron sus opciones y decidieron volver a Inglaterra. Drake les hizo una nueva oferta de provisiones y un barco distinto si decidían quedarse. Hiizo hincapié en que los estragos que la tormenta había causado en su flota dejaban poco espacio para los colonos de Roanoke en su regreso a casa. Sin embargo, los colonos insistieron en abandonar Roanoke y volver con Drake a Inglaterra. (73)

Irónicamente, el mismo día en que Drake zarpó de Roanoke para devolver a los colonos, llegó a salvo un buque de abastecimiento enviado por sir Walter Raleigh. La nave no había visto la flota de Drake, así que cuando llegó a Roanoke, su tripulación encontró la colonia abandonada y regresó a Inglaterra. A mediados de agosto del mismo año, otro barco inglés llegó con más suministros para la colonia, pero supo por un americano nativo local que Drake se había llevado a los colonos originales a Inglaterra. Este último barco partió dejando un pequeño grupo de entre 15 y 18 hombres en Roanoke con provisiones para dos años.

En 1587, se hizo un segundo intento de colonizar Roanoke, pero su éxito se vio obstaculizado por el inminente ataque de la Armada española a Inglaterra, lanzado sin éxito en 1588. Este segundo y último intento de asentamiento en 1587 constaba de alrededor 115 hombres y un grupo de familias, mujeres solteras y niños, que buscaban establecer una colonia autosuficiente. (74) Históricamente, los pobladores de este segundo grupo son conocidos como los “colonos perdidos” de Roanoke, no los colonos originales que llegaron durante el período de 1585 a 1586. Fue durante este segundo período de establecimiento que tuvo lugar el nacimiento de Virginia Dare, el primer bebé inglés nacido en América. (75) Otros colonos de Roanoke siguen siendo desconocidos, incluyendo muchos de los esclavos liberados por Drake, así como la pequeña guarnición que el segundo barco de suministro había dejado a finales del verano de 1586.

Durante algún tiempo antes del ataque de la Armada Invencible, Inglaterra impuso un embargo sobre los barcos que iban al Nuevo Mundo para asegurar que las fuerzas inglesas en el país tuvieran la mayor resistencia para resistir el ataque español que se esperaba. A causa de este embargo, la conexión de Roanoke con Inglaterra fue cortada entre 1587 hasta 1590. (76)

Aunque el segundo asentamiento de Roanoke en 1587 tenía la intención de transformar la colonia en una comunidad agrícola autosuficiente, ese objetivo seguía siendo secundario y se mantuvo en un segundo plano, mientras que la actividad corsaria se mantuvo como el objetivo principal de la colonia. Y así, la ejecución del plan agrario fue frustrado a cada paso. El segundo grupo de colonos prefería mayoritariamente trasladarse más al norte, a la bahía de Chesapeake, un lugar más adecuado para una colonia agraria. Pero los capitanes y marineros de buques, que eran mayoría en Roanoke, volvieron a la actividad corsaria y cerraron la posibilidad de trasladarse a la bahía de Chesapeake, menos adecuada para esa actividad. También señalaron que con la temporada de huracanes que se acercaba, el mejor tiempo para atacar barcos españoles casi llegaba a su fin, y ya no había tiempo suficiente para establecer una nueva colonia más al norte. (77)

El gobernador de Roanoke, John White, que también era el abuelo de Virginia Dare, fue enviado a Inglaterra en 1587 en una desesperada misión para asegurar el suministro. Finalmente obtuvo un permiso especial en 1588 para volver a Roanoke con provisiones en dos barcos más pequeños. White detestaba la actividad corsaria y la veía como un tipo de “robo”. Para su desgracia, los dos capitanes encargados de traerlo de vuelta a Roanoke eran corsarios y no pudieron evitar la tentación de cometer saqueos en el camino a Roanoke. Sus incursiones resultaron desastrosas: todos los suministros se perdieron y ambos barcos se vieron obligados a regresar a Inglaterra con las manos vacías, lo que imposibilitó a White llegar a Roanoke y traer los suministros necesarios. (78)

Dos años después, en 1590, White pudo finalmente hacer el viaje a Roanoke, para enterarse justo a su llegada que la colonia había desaparecido. Nunca encontró a los colonos originales, como a su nieta Virginia Dare, fueron encontrados jamás. Pero los colonos habían dejado la palabra “CROATAN” tallada en un poste cerca de la entrada a la fortaleza, con lo cual se entendió según un acuerdo anterior que se habían unido pacíficamente a la tribu de los Croatan (Hatteras) de nativos americanos en la costa de Carolina del Norte. (79) Los rumores de una gran presencia inglesa en América del Norte continuaron circulando en Europa después de la pérdida de la colonia de Roanoke. (80) Pero tras el fracaso inicial en Roanoke, Inglaterra perdió el interés activo en los asentamientos americanos por más de veinte años. (81)

———————————————————————————————————

NOTAS

(1) Un corsario era esencialmente un pirata patrocinado por el Estado. La distinción entre pirata y corsario puede parecer semántica, pero a diferencia de los piratas, los corsarios no tenían libertad de atacar cualquier buque en el mar abierto. Los estados que patrocinaban a los corsarios determinaban qué barcos de una nación eran presa legítima para sus corsarios y cuáles no. Los corsarios estaban obligados a observar esa distinción.

(2) El término “moro” se utilizó en el siglo XVI para referirse a los musulmanes en general, o los de orígenes culturales y étnicos españoles, portugueses, marroquíes y del norte de África. El término se estudia más adelante con mayor detalle. Es un término ambiguo y no tiene connotación étnica específica; en el contexto de este trabajo, es importante tener en cuenta que “moro” también puede referirse a los antiguos moros de España y Portugal, que fueron convertidos por la fuerza al catolicismo en el siglo XVI, que también son llamados “moros conversos” o “moriscos”.

(3) “Morisco” significa literalmente “pequeño moro” y se refiere a los antiguos españoles y portugueses musulmanes (moros) que fueron obligados a convertirse al catolicismo en el siglo XVI por la Inquisición. El término se estudia con mayor detalle, más adelante.

(4) En el mundo pre-moderno, las galeras eran buques propulsados por remeros. Se utilizaban en la guerra y el comercio. Las galeras a las que se refiere este artículo eran galeras de guerra, que en general estaban equipadas con artillería y también podían ser utilizadas para embestir a otros buques. Los galeotes estaban acostumbrados a remar las galeras y estaban encadenados a sus posiciones de remo. Los galeotes turcos citados en este artículo habrían sido prisioneros de guerra capturados en las diversas batallas navales entre España y los otomanos. Los galeotes árabes pueden haber sido prisioneros de guerra de los corsarios del norte de África (y corsarios musulmanes marroquíes), pero como muestra en este artículo, también es probable que al menos algunos de ellos fueran moriscos que, como era a menudo el caso en el siglo XVI, habían sido condenados a galeras por los tribunales de la Inquisición por prácticas islámicas, a las cuales consideraba una “herejía” condenable.

(5) David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 100-01.

(6) Ver Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 62; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 21-23; David QUINN, The Lost Colonists, xvii.

(7) John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 25.

(8) Ver Hernán TABOADA, La sombra del Islam en la conquista de América, 114.

(9) Hernán TABOADA, La sombra del Islam en la conquista de América, 32.

(10) Irene WRIGHT, Further English Voyages to Spanish America 1583-1592, 213-14; comparar con Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 31.

(11) Ver Paul Hoffman, Spain and the Roanoke Voyages, 20-21.

(12) Ver Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 13-14, 5-6, 59, 84.

(13) Ver Hernán TABOADA, La sombra del Islam en la conquista de América, 115; L. P. HARVEY, Islamic Spain, 325; Sylviane DIOUF, Servants of Allah, 1, 18-20, 45-46, 49, 179; Allen AUSTIN, African Muslims in Antebellum America, 22-23. La mayoría de los africanos llevados a América como esclavos provenían de orígenes animistas no musulmanes, pero un porcentaje significativo de ellos (siendo prudentes, diez a veinte por ciento) provino de las extensas zonas culturales musulmanas de África occidental y eran musulmanes.

(14) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 31; Bartolomé y Lucile BENNASSAR, Les chrétiens d’Allah, 75.

(15) N. del T.: Melungeon es el término aplicado tradicionalmente a uno de los varios grupos “triraciales aislados” del sudeste de Estados Unidos, principalmente en el área que incluye partes del este de Tennessee, suroeste de Virginia y este de Kentucky. Triracial denomina a las poblaciones que parecen ser mezcla de europeos, africanos subsaharianos y de ascendencia amerindia.

(16) N. del T.: Los Lumbee son un grupo de indígenas de Estados Unidos que residen principalmente en los condados de Robeson, Hoke y Scotland (Carolina del Norte), formado por restos de otras tribus extinguidas en la zona.

(17) John MOORE y Austin FOSTER, Tennessee, 1:791; Jean BIBLE, Melungeons, 95-96, 85-86; Louis DAVIS, “The Mystery of the Melungeons,” Nashville Tennessean, Septiembre 22, 1963: 16 (Citado en Jean BIBLE, Melungeons, 5).

(18) Ver David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 97, 100.

(19) De L. P. HARVEY, Islamic Spain, 66.

(20) De L. P. HARVEY, Islamic Spain, 66.

(21) Ver Cesar Adib MAJUL, The Contemporary Muslim Movement in the Philippines, (Berkeley: Mizan Press, 1985), 17-18. Curiosamente, según Hernán Taboada, los musulmanes de las Islas Filipinas también fueron llevados al Caribe español como esclavos en el s. XVI constituyendo un elemento inesperado más de la población musulmana de las colonias americanas (Hernán TABOADA, La sombra del Islam en La Conquista de América, 115). En ese momento, España estaba en proceso de conquista y colonización de las Filipinas; los musulmanes predominaban en las islas del sur, pero también tenían una importante presencia en el norte, donde a veces constituían una élite gobernante.

(22) De L. P. HARVEY, Islamic Spain, 1.

(23) Jan READ, Moors in Spain and Portugal, 225.

(24) Ver L. P. HARVEY, Islamic Spain, 2-3; Tomás IRVING, Artesanía mudéjar, 13; Ahmed BOUCHARB, “Spécificité du problème morisque au Portugal,” 224.

(25) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 20.

(26) Ahmed BOUCHARB, “Spécificité du problème morisque au Portugal,” 224.

(27) Sylviane DIOUF, Servants of Allah, 147; citando Frederick BOWSER, The African Slave in Colonial Peru 1524-1650 (Stanford: Stanford University Press, 1974), 251.

(28) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 33-35.

(29) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 37.

(30) Ver Bartolomé y Lucile BENNASSAR, Les chrétiens d’Allah, 75; Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 31.

(31) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 87-89.

(32) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 34.

(33) Hernán TABOADA, La sombra del Islam en la conquista de América, 115.

(34) Ver Sylviane DIOUF, Servants of Allah, 49-70; Allan AUSTIN, African Muslims in Antebellum America, 51-186.

(35) Sylviane DIOUF, Servants of Allah, 18, 179.

(36) Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 10.

(37) Américo CASTRO, “The Spanish Sense of Nobility,” 194-98; L. P. HARVEY, Islamic Spain, 60; Jan READ, Moors in Spain and Portugal, 229-31; Harold JOHNSON, From Reconquest to Empire, 8-11

(38) Tomás IRVING, Artesanía mudéjar, 1; Jan READ, Moors in Spain and Portugal, 189.

(39) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 25.

(40) Ver Hernán TABOADA, La sombra del Islam en la conquista de América, 115; L. P. HARVEY, Islamic Spain, 325; comparar con Slyviane DIOUF, Servants of Allah, 1, 18-20, 45, 49, 179.

(41) Americo CASTRO, “The Spanish Sense of Nobility,” 189.

(42) Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 3.

(43) Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 5-6.

(44) Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 84-85.

(45) Ver Bartolomé BENNASSAR, Les chrétiens d’Allah, 19.

(46) Nabil MATAR, “Introduction: England and Mediterranean Captivity, 1577-1704,” en Daniel J. VITKUS, ed., Piracy, Slavery, and Redemption: Barbary Captivity Narratives from Early Modern England, Introducción de Nabil MATAR, (New York: Columbia University Press, 2001), 2.

(47) Irene WRIGHT, Further English Voyages to Spanish America 1583-1592, 213-14; comparar con Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 31.

(48) Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 19.

(49) Ver Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 34.

(50) El Consejo Privado era un comité ejecutivo que aconsejaba a la reina.

(51) David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 100-01.

(52) Mary KEELER, ed. Sir Francis Drake’s West Indian Voyage, 62, nota 4.

(53) David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 101.

(54) David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 101.

(55) Nabil MATAR, Islam in Britain 1558-1685, pp. 124-125.

(56) Al-Mansur fue llamado “el Dorado” debido a su acceso a los vastos tesoros de oro de África Occidental.

(57) Ver J. F. P. HOPKINS, Letters from Barbary 1576-1774: Arabic Documents in the Public Record Office, (Oxford: Oxford University Press, 1982), 2-9.

(58) Ver Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 9.

(59) Ver Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 83-84.

(60) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 10-12; Gerhard SOLLBACH, Amerika 1590, 12-13; Paul Hoffman, Spain and the Roanoke Voyages, ix; David QUINN, ed., The Roanoke Voyages, 2:718.

(61) Ver David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage” 97.

(62) Ver Gerhard SOLLBACH, Amerika 1590, 10; Irene WRIGHT, Further English Voyages to Spanish America 1583-1592, xvii.

(63) Ver David QUINN, ed., The Roanoke Voyages, 2:718, 725; Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 6.

(64) David QUINN, ed., The Roanoke Voyages, 2:718; Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 6.

(65) David QUINN, ed., The Roanoke Voyages, 2:721; Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 29, 44;

(66) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 6, 142.

(67) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 13, 18; David QUINN, ed., The Roanoke Voyages, 1:246.

(68) N. del T.: Mayflower es el nombre del barco que, en 1620, transportó a los llamados Peregrinos desde Inglaterra hasta un punto de la costa este de América del Norte, en los actuales Estados Unidos de América.

(69) Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, ix; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 25; Irene WRIGHT, Further English Voyages to Spanish America 1583-1592, xxii-xxiii.

(70) John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 98 99.

(71) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 18-20; David QUINN, ed. The Roanoke Voyages, 1:244; Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, ix; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 20.

(72) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 13, 15; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 99.

(73) Mary KEELER, ed. Sir Francis Drake’s West Indian Voyage, 272-74; David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 100; Karen KUPPERMAN, Roanoke, 89-90.

(74) Ver David QUINN, “Reflections” en Cecil CLOUGH and P. E. H. HAIR, eds., The European Outthrust and Encounter, 23; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 25.

(75) John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 25.

(76) Ver John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 21; David QUINN, The Lost Colonists, xviii;

(77) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 13, 15, 18, 22; David QUINN, The Roanoke Voyages, 2:719; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 99.

(78) John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 26 27, 90.

(79) Ver Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 62; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 21-23; David QUINN, The Lost Colonists, xvii.

(80) Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 62.

(81) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 142.