Lo imprescindible (I)

Ibn ‘Arabi

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A Allah, el Altísimo, son debidas todas las alabanzas y agradecimientos. Que sus bendiciones y salutaciones sean sobre Su Mensajero, la descendencia de éste y sus compañeros.

Esta corta guía es una respuesta a alguien que desea seguir el camino del Islam, la esperanza y el amor, para que pueda llegar a ser completo y perfecto tal como fue creado. Fue escrita para contestar a sus preguntas sobre lo que debe creer y lo que debe hacer al principio, con prioridad a cualquier otra cosa.

A ti, que anhelas la belleza eterna, viajero por la senda del deseo verdadero, que Allah te conceda que consigas conocer cuál es el camino recto, lo encuentres y los sigas. Que te emplee a ti ya nosotros en acciones que Le agraden y que se hagan por amor a Él. Pues el comienzo, el fin y lo que se halla en medio, así como el éxito en todo ello, Le pertenecen sólo a Él; el camino y los medios para la salvación y la felicidad eternas consisten en acercarse a la Verdad. Allah mismo nos enseña el significado de Su inmediata cercanía a nosotros. Nos enseña enviando a Sus profetas. Decimos: «Creemos: ésta es la Verdad. Lo aceptamos y lo confirmamos». La única cosa que nos queda entonces por hacer es seguir Sus enseñanzas y el ejemplo de Su Profeta.

Primero, debes creer en la unidad y singularidad del Uno, el Cual es antes del antes y después del después, Quien nos creó a nosotros ya todas las otras cosas. No has de asociar .a Él nada que no sea propio de la pureza de Su esencia. Él mismo nos dice en Su Libro revelado:

«Si hubiera habido en ellos [en los cielos y en la tierra otros objetos de adoración distintos de Allah, se habrían corrompido [cielos y tierra, pues se habría seguido el caos]». [Corán 21:22].

Las voluntades de muchos creadores chocarían y se anularían, no permitirían que nada existiese u ocurriese. Por lo tanto, si nosotros y toda la existencia existimos, es porque Él, el Uno y Único Creador, existe y no tiene a nadie asociado con Él.

Tú que tienes naturaleza bella y corazón puro, no discutas, ni comentes, ni siquiera hables con las personas que Le atribuyen iguales a Allah. No sirve de nada intentar convencerles. Hasta los que niegan habrán de admitir al final:

«Si les preguntas: ¿Quién ha creado los cielos y la tierra?, seguro que dicen: Allah». [Corán 31:25]

Ellos también admitirán finalmente que una fuerza desconocida es el creador inicial de la creación; pero, agregarán a Él más creadores. La diferencia con los creyentes es que ellos suponen que otros, de entre los creados, pueden también crear. No tienes que demostrarles la existencia de Allah: que demuestren, si pueden, la existencia de Sus socios.

Este consejo es suficiente para ti sobre el tema de profesar la unicidad de Allah. El tiempo es valioso: no puedes malgastarlo. Si la mente ha llegado a un estado en el que está libre de duda y el corazón está a salvo y seguro, ,no tiene sentido perturbar esta paz con pruebas superfluas.

La segunda cuestión de importancia para alguien que desea aprender es creer que Allah, el Altísimo, está libre de toda semejanza con cualquier cosa visible o invisible de la creación. Él está libre de todo defecto.

Hay algunos que, queriendo contemplar la imagen de su Creador, yerran y Lo comparan con un ser humano. Que Sus propias palabras sean tu guía en esto, pues dice:

«Nada es como Él”.

Cualquier pensamiento, palabra, cualidad o atributo que no corresponda a este principio es una falsedad, algo indigno de ser atribuido a Allah. Por lo tanto, no busques más que el hecho de que ninguno es semejante o parecido a Él. Esa es Su realidad. Esto también está corroborado por la afirmación de Su Mensajero, quien dijo:

«Al principio fue Allah; ninguno existía salvo Él».

Sus seguidores agregaron a esta declaración:

« Tal como era al principio, así es ahora ».

Como era antes de la creación es después de ella. Desde el tiempo en que la materia estaba escondida bajo el velo de la no existencia y no existía forma alguna, nada ha sido añadido o restado. Aunque Él ha creado la creación, todavía no ha aparecido nadie como Él. Ninguno es como Él. Nada es Él, sino que todo procede de Él. La idea de que Él es sin semejanza cancela todos los demás pensamientos, opiniones e interpretaciones.

También debes aceptar y creer, aunque no los entiendas, los versículos alegóricos del Noble Corán y las afirmaciones ambiguas del Mensajero de Allah referentes a la Unidad y la Causa Última así como todas las declaraciones de los profetas que hayan llegado hasta nosotros inalteradas. Debes considerar que el significado de tales palabras forma parte del conocimiento divino y por ello las debes aceptar. Los significados monumentales de estas expresiones sagradas son para ser entendidos por quienes están suficientemente cerca de Allah como para ser capaces de ver Sus bellos atributos.

No existe mejor argumento de la perfección de Allah, que es Existente por Sí y Cuya existencia es una necesidad para la existencia de todo lo demás, que el citado versículo: «Nada es como Él». Allah declara mediante esta aya, Su existencia, Su esencia, Su naturaleza divina, Su ilimitada grandeza, Su gloria. Así pues, escribe en tu corazón y en tu mente este principio básico del Islam.

Cree en el Profeta de Allah, en el mensaje que trajo de parte de la Verdad y en las órdenes y justicia del Altísimo. Cree, además, en las tradiciones verdaderas acerca de todos los profetas, conocidos y desconocidos. Ama a sus compañeros; acepta la verdad de su misión. No hables en su contra. No valores a uno por encima de otro. Piensa en ellos en términos de alabanza, de acuerdo con el modo como están descritos en el Generoso Corán y en los dichos de otros profetas, todo lo cual sólo puede ser la verdad.

Muestra respeto, como hicieron los profetas, por el carácter que distingue al hombre perfecto, y por los lugares nobles. Acepta y cree en los hechos y dichos de los íntimos de Allah, incluso si no entendieses su estado y los carismas que se les atribuyen.

Considera a toda la creación y, sobre todo, a la humanidad con buena voluntad: aceptando, aprobando, perdonando, sirviendo, amando. Que ello sea lo que te caracterice en tus relaciones con el mundo. Escucha tu conciencia. Purifica tu corazón. En ese limpio corazón ten siempre una súplica por tus hermanos creyentes.

Ayuda y sirve, en todo cuanto puedas, a las personas que esconden su miseria, que están contentas con su pobreza, los viajeros que caminan hacia la verdad. No te atribuyas virtud, bondad o gracia por tu actitud de servicio a la Creación. Piensa que debes dar las gracias a las demás personas por haber aceptado humildemente tu ayuda. Te incumbe a ti aligerar la carga de quienes estén abrumados por su peso. Si las personas cuyo dolor has ayudado a aliviar te causan dolor a cambio, si sus respuestas, sus maneras, sus costumbres son oscuras y te cubren con sus sombras, da muestras de paciencia e indulgencia. No olvides que Allah dice: «En verdad, Allah está con quien tiene paciencia».

No malgastes tu vida en empeños hueros ni tu tiempo en conversaciones vacías. En lugar de eso, reflexiona y recuerda a Allah, lee el Corán, guía a los descarriados hacia el camino iluminado. Ayuda a otros a dejar el mal ya empezar a hacer el bien. Recompón las amistades rotas. Ayuda a otros a ayudar a otros.

Debes encontrar el amigo adecuado, que te servirá de apoyo y será un buen compañero de viaje en el camino a la verdad. La entrega es una semilla que crece y se hace árbol con el riego y el sol benéficos de los amigos fieles. Ten cuidado y no te acerques a aquellos que no distinguen entre el musulmán y el no musulmán (kafir). Al no conocer el Islam ni a los musulmanes, todo eso les da lo mismo; son o extraños o enemigos de la verdad en que crees.

Busca un maestro perfecto que te conducirá por el recto camino. En tu búsqueda de un guía sé sincero, porque la sinceridad distingue al verdadero buscador. Es seguro que si te aferras a la sinceridad ya la veracidad, el Señor te mostrará Su atributo de Último Guía y guiará tus pasos hacia un maestro cabal. La sinceridad es, en el que aspira a la perfección, una bendición tal que, cuando esa sinceridad está presente, Allah convertirá al mismísimo diablo y al demonio personal del aspirante (es decir: su yo) en ángeles de inspiración que le servirán. La sinceridad es un catalizador tal que convierte en oro el plomo y purifica cuanto toca.

Una cuestión de la mayor importancia, una de tus mayores necesidades, es asegurarte de que el trozo de pan que te llevas a la boca es legal, pues el sustento legal, la legalidad de todo cuanto disfrutas en esta vida es la base de tu Islam. Sobre esta base tu senda puede ser construida.

Para avanzar por esta senda, siguiendo los pasos del Profeta (la paz y las bendiciones sean sobre él), tienes que estar ligero: ligero de bienes terrenales, ligero de preocupaciones de este mundo.

Una señal inequívoca del peso que te impide avanzar es ser una carga para la gente. En particular, no aceptes, ni para ti ni para otros, bienes ni favores de las personas cuyo corazón está muerto, sumergido en el sueño de la despreocupación.

En lo que Allah te permite ganar como sustento, en todas tus acciones y palabras, en toda tu conducta, teme al Altísimo. No busques la comodidad y el lujo, especialmente cuando no hayas trabajado duro para conseguirlo. Se obtiene el sustento legal trabajando más duro de lo que te exigen. Una clara señal de la legalidad de tu ganancia es que te permita no ser ni tacaño ni derrochador .

Llévate cuidado, porque, si el amor de este mundo echa raíces en tu corazón, lo atenazará y será demasiado difícil extirparlo y arrojarlo. Este mundo es sólo un campo de pruebas. No busques comodidad y riquezas en él.

Come menos. Eso dejará más espacio en tu corazón y aumentará tu deseo de recordar a Allah y de ser obediente. Te hará más activo y menos perezoso.

Purifica y embellece tus días y tus noches con el culto. El generoso Señor te llama a su presencia cinco veces al día. Rinde culto en esas cinco ocasiones en que eres convocado, y en cada oración haz un recuento de tus actos desde la última plegaria. Es de esperar que sólo obras buenas y acciones propias de un musulmán serán efectuadas entre las horas de oración.

La mayoría de la gente se queja de no disponer de suficiente tiempo para la práctica del Islam por tener que emplearlo en las cosas de este mundo: el trabajo para asegurarse el sustento y su labor como cabeza de familia. Debes saber que el trabajo hecho a conciencia, con consideración para con los demás de acuerdo con su propio comportamiento, y para agradar a Allah, también es adoración.

El Altísimo te ha concedido la bendición de tener mente, conocimiento, profesión, fuerza y salud (¡toda gracia y poder son debidos a Él!). Utiliza estos dones para reunir todo el sustento que puedas en el mínimo tiempo. Cuando sea posible, asegúrate en un día el sustento de una semana. Sigue el ejemplo del príncipe Ahmad as-Sabat, descendiente del califa “ab-Basi Harün ar-Rashid. Empleaba al máximo sus talentos, su fuerza y su esfuerzo trabajando duramente los sábados como obrero. Con lo que ganaba en una jornada podía vivir toda la semana. Dedicaba. los otros seis días a trabajar para Allah ya venerarle. Después de efectuar tu oración matinal, quédate con tu Señor hasta la salida del sol; y, después de tu Salât vespertino, quédate en Su presencia hasta el ocaso. Son éstos dos momentos en que los poderes espirituales y de iluminación se derraman en abundancia. Mantén tu corazón ligado a Allah en humildad y en paz.

Hay gran virtud y mérito en realizar actos de devoción adicionales de veinte ciclos de rakaas (postraciones) entre el de media tarde y el de la puesta del sol, y entre este último y el de la noche. Haz Salât adicionales de cuatro ciclos inmediatamente antes del Salât del mediodía, después y justo antes del Salât de la media tarde, y tras el Salât de la puesta del sol. Haz otros diez rakaas, agrupados de dos en dos, después del Salât obligatorio de la noche, y las tres rakaas del Salât final (witr) como último acto de ‘ibada del día.

Échate a dormir solamente cuando ya no puedas seguir manteniéndote despierto. Come únicamente cuando tengas hambre. Vístete tan sólo para cubrirte el cuerpo y protegerlo del frío y del calor.

Acostúmbrate a leer el Noble Corán todos los días. Cuando leas, sostén el Libro Generoso con respeto. Mantenlo en tu mano izquierda a la altura de tu pecho y ve desplazando tu mano derecha señalando las palabras que estés leyendo. Lee en voz alta, pero sólo lo suficiente para que puedas oír tu propia voz.

Lee sin prisas, pensando despacio en el significado de cada palabra. Invoca La misericordia y benevolencia divinas cuando llegues a los versículos que inspiran su Misericordia. Que te sirvan de lección las aleyas de amonestación y, al leerlas, promete a tu Señor que estás determinado a actuar según Sus mandamientos, arrepintiéndote, refugiándote en Su misericordia, buscando la salvación. Cuando leas versículos que describen las cualidades loables de los verdaderamente creyentes, piensa en tus propias cualidades. Sé agradecido y alábale por tus cualidades buenas y siéntete avergonzado de las te falten, para que puedas esperar encontrar las características del creyente en ti mismo, y cuando leas acerca de los defectos de los no-creyentes y de los hipócritas que esconden y distorsionan la verdad, pregúntate si no estarás tú también aquejado de los mismos defectos. Si es así, intenta cortarlos, extirparlos, eliminarlos. Si no los tienes, refúgiate en Él, da gracias y alábale.

Lo primordial para ti es prestar atención en todo momento, estar atento a lo que llega a tu mente ya tu corazón. Reflexiona sobre esos pensamientos y sentimientos. Analízalos. Intenta controlarlos. Ten cuidado con los deseos de tu ego; salda tus cuentas con él.