Lo imprescindible (IIII)

Ibn ‘Arabi

forest-leaves-moss-4700

Es incumbencia tuya examinar cada acción, cada palabra, cada acto de Islam, cada relación con los demás, tales como la amistad o el matrimonio. Ante cada cosa, debes averiguar si es buena o mala, pura o impura, correcta o incorrecta; en una palabra: legal o ilegal. En algunos casos, estará claro; entonces has de escoger el bien y dejar el mal. En algunos otros, será dudoso; entonces has de dejarlo como si fuera malo y buscar aquello que sea seguro.

Sigue esa consigna del Profeta (que la paz y las bendiciones sean sobre él). Incluso si tienes necesidad de algo que resulta dudoso, incluso si no puedes conseguir otra cosa, no lo tomes: déjalo por amor a Allah. Eso es la escrupulosidad. Ten por seguro que Él recompensará al escrupuloso con bienes abundantes mucho mejores que la cosa dudosa que hubo de ser abandonada. Pero, no esperes tu recompensa in- mediatamente.

La escrupulosidad es la base del Islam y el camino hacia la verdad. Si eres escrupuloso, todas tus acciones serán puras y sinceras, todo lo que hagas terminará bien, estará en armonía con el

mandato de Allah. Serás el receptor de la generosidad de Allah; todos recurrirán a tu ayuda. Estarás bajo la protección de Allah. Si eres escrupuloso y riguroso en tu Islam, evitando lo incorrecto y lo dudoso, no cabe duda que recibirás todas estas bendiciones. Pero, si vuelves la espalda a la escrupulosidad y a la humildad, el Juez Absoluto te colocará en un puesto deshonroso, y te encontrarás falto de ayuda y aterrorizado. Te dejará a tu suerte en manos de ti mismo. Entonces serás un juguete para el Diablo, que no encontrará ninguna resistencia, ninguna oposición a sus tentaciones, y te desviará de la verdad. Emplea todos tus esfuerzos en permanecer en el camino de la piedad, y que Allah te ayude.

Este mundo es un lugar de preparación, donde te dan muchas lecciones y pasas por numerosas pruebas. En él escoge lo menos antes que lo más. Conténtate con lo que tienes, aunque sea menos de lo que poseen los otros. Verdaderamente debes preferir tener menos.

Este mundo no es malo. Al contrario, es el campo del Más Allá: lo que cultives aquí, allí cosecharás. El mundo es el camino hacia la felicidad eterna, y por lo tanto es bueno, merecedor de ser querido y alabado.

Lo que es malo es tu modo de servirte del mundo cuando te vuelves ciego para la verdad y totalmente consumido por tus deseos, tus apetitos y tu ambición mundana. A nuestro Maestro, el Profeta (que la paz y las bendiciones sean sobre él), en quien la sabiduría era transparente como el cristal, alguien le preguntó:

«¿Qué es lo mundanal?» Contestó: «Todo cuanto te hace estar menos vigilante y olvidar a tu Señor»

Por consiguiente, los bienes de este mundo no son dañinos en sí mismos, sino sólo cuando dejas que te vuelvan olvidadizo, desobediente y despreocupado del Señor que te los ha ofrecido generosamente. Es tu sentido del mundo, tu relación con él, tu preferencia por él en detrimento de Quien te lo dio, lo que te hace insensible y es causa de que rompas tu conexión con la Verdad.

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean sobre él) dice:

«A quien prefiere el mundo por encima del Más Allá se le obliga a padecer tres cosas: una carga insoportable que nunca se aligerará, una pobreza que nunca se aliviará y una ambición, un hambre que jamás se saciará”.

Así pues, quien vive exclusivamente para este mundo, queda reducido a sentir sus penas y sus dificultades: intentando resolver él sólo los problemas que éste causa, siendo totalmente dependiente del mismo como si fuera un mendigo, intentando satisfacer las necesidades de su carne y de su ego a partir de él. Esa carne, ese ego cuyos apetitos no conocen la saciedad, cuyas ambiciones no conocen límite, siempre deseando, siempre con hambre, siempre con insatisfacción. Estas son las recompensas que el mundo reserva para aquellos que hacen de él su señor, olvidando al Señor de todos los universos.

Esto no quiere decir que debas abandonar el mundo, no cumpliendo con tus deberes en él ni participando en sus asuntos retirándote a un rincón sin esforzarte, sin trabajar. El Profeta (la paz y las bendiciones sean sobre él) dice:

«A Allah le gusta ver al creyente trabajando en su profesión “. «En verdad que a Allah le gusta quien tiene oficio». «El que gana su sustento legalmente con sus esfuerzos es el predilecto de Allah».

Estos dichos (hadices) significan que la benevolencia de Allah abarca a todos los que en este mundo trabajan duro en un oficio o negocio. Por esta razón, todos los profetas trabajaron para su sustento.

Se cuenta que un día ‘Umar (Allah haya quedado complacido con él) se encontró con un grupo de personas sentadas perezosamente sin hacer nada. Les preguntó quiénes eran. «Somos – respondieron- de aquellos que han puesto sus asuntos en manos de Allah y en Él confiamos» «¡En verdad que no lo sois! -replicó lleno de cólera- ¡Sois sólo holgazanes, parásitos del esfuerzo de otra gente! Pues alguien que confía de verdad en Allah primero planta la semilla en el vientre de esta tierra y luego confía, espera y pone sus asuntos en las manos de Quien todo lo sostiene».

Algunos sabios auténticos llegan casi a afirmar que el trabajo -en las profesiones, los oficios y los negocios que son legales según la Sharia- es un requisito del Islam. Afirman que se tiene verdadera apertura en Allah cuando se realizan las prácticas del Islam (‘ibadas) y que el trabajo es una de ellas. Se basan en el siguiente versículo:

«Terminada el Salât (del viernes) ¡id a vuestras cosas, buscad el favor de Allah! Recordad mucho a Allah! Quizá, así, prosperéis». [Corán 62:10]

Así pues, dejar lo mundano y el mundo no significa no cumplir con tus deberes en él.

Tal vez lo que se quiere decir con ser mundano sea el hecho de entregarse exclusivamente a acaparar las ventajas del mundo. La persona mundana se identifica con lo que ha acaparado y está orgullosa de ello. Llena de ambición se dedica a acumular bienes de este mundo sin ponerse a considerar si son legales o no, no sólo su parte sino también la de los otros. Peor aún es no ver nada malo en todo esto, pensar que es el camino correcto, el único camino.

Cuando el amor a este mundo llena totalmente tu corazón, no deja espacio para recordar a Allah. Olvidando el Más Allá, prefieres este mundo efímero.

Todo lo que necesitas de este mundo es algo legal para satisfacer tu hambre, algo con qué cubrirte y un techo bajo el que cobijarte. Que éstas sean las únicas cosas que pidas a este mundo, ninguna más. No envidies la aparente abundancia temporal de que parece disfrutar la gente atada a este mundo, ni desees las riquezas que han acaparado sin tener en cuenta el bien o el mal, lo legal o lo ilegal. ¿Cuánto tiempo permanece uno en este mundo?

Alguien que elija este mundo efímero prefiriéndolo al bien verdadero del eterno Más Allá nunca alcanzará su meta, ni aquí ni allí. Ya que la ambición de quien ambiciona este mundo nunca quedará satisfecha. ¿No ves que el Hacedor del Destino decide tu suerte en este mundo y que recibes ni más ni menos de lo que estás destinado a recibir? Te guste o no, lo que Allah ha establecido no cambia. Queramos más o no, sólo podemos lograr lo que está reflejado en el espejo de nuestro destino. Dice Allah:

«Nosotros les dispensamos las subsistencias en la vida de acá,.. [Corán 43:32]

Pero, la gente que toma este mundo por su dios tiene deseos ilimitados. Sin embargo, como no recibirán ninguna de las cosas que desean, si no las tienen asignadas, estarán insatisfechos e infelices toda su vida, y en el Más Allá tendrán que enfrentarse a la ira de Allah.

Los deseos mundanos son como el agua del mar , que, cuanto más bebes, más sed sientes. El Mensajero de Allah (s.a.s.) comparó este mundo con un estercolero sólo para decirte que te mantuvieras alejado de él. Conténtate con la porción de bienes terrenales que Allah ha incluido en tu destino, pues, te guste o no, esa es la parte que te corresponde.

Allah aconsejó y avisó al profeta Moisés (que la paz sea con él), diciéndole:

“Oh descendiente de Adán, si estás satisfecho con lo que te he asignado, daré reposo a tu corazón y serás merecedor de alabanzas. Pero, si no te sientes satisfecho con lo que te he asignado, concederé al mundo poder sobre ti. Correrás por él como corre un animal salvaje en el desierto. y ¡Por Mi poder y majestad! no recibirás de él nada más que lo que te he asignado y merecerás la condenación,…”

Esto significa que el hombre logrará la paz del corazón y alcanzará la alabanza de Allah y Su gracia, si acepta y está contento con la parte que le haya correspondido según la distribución de Allah. En cambio, si no aceptas la parte que te ha sido destinada. Allah convertirá en, enemigo tuyo este mundo que tanto deseas. La tierra será para ti algo así como un desierto para un animal hambriento. Correrás y correrás hasta reventar sin poder encontrar nada en él. Allah ha jurado que, por mucho que corran los apegados a este mundo, no recibirán más que la parte que les ha sido asignada. Supongamos que Allah te ha concedido todos los bienes de este mundo, todas las riquezas materiales que puedas imaginar, ¿cuánto puedes usar, aparte de la comida y la bebida que tu estómago pueda aguantar, de la ropa que cubrirá tu cuerpo y de un lugar donde vivir? Los pobres de la tierra no tienen menos, y además están mucho mejor situados, porque están en paz, sin preocupaciones en este mundo y seguramente en el Más Allá tendrán menos de qué dar cuenta.

No cambies la paz del espíritu y la posibilidad de felicidad eterna por los bienes temporales y perecederos de esta tierra. No importa cuán grandes y seguros parezcan, morirán cuando tú mueras. La muerte te puede sobrevenir cuando des tu próximo paso sobre esta tierra, y todos tus sueños terrenales se evaporarán.

Así como los encadenados a este mundo son hijos de él, los vinculados al Más Allá son hijos del Más Allá. Tal como el Mensajero de Allah aconseja, sed hijos del Más Allá, atados a la eternidad, no efímeros hijos de la tierra, que volverán a la tierra. Lee estas palabras de tu Señor y actúa consecuentemente: «A quienes hayan deseado la vida de acá y sus pompas les remuneraremos en ella con arreglo a sus obras y no serán defraudados en ella».
«Esos son los que no tendrán en la otra vida más que el Fuego. Sus obras no fructificarán y será vano lo que hayan hecho». [Corán 11:15-16]

«A quien desee labrar el campo de la vida futura se lo acrecentaremos. A quien> en cambio> desee la- brar el campo de la vida de acá, le daremos de ella, pero no tendrá parte en la otra vida». [42:20]

Epílogo

Que la verdad eterna te despierte del sueño de la despreocupación. Que te haga consciente del origen al cual debemos volver todos y en el que permaneceremos durante el resto de la eternidad.

Que Quien todo lo ve abra tus ojos interiores para que puedas ver y recordar cuanto has hecho y dicho a lo largo de tu estancia en este reino temporal que sirve de ensayo para la otra vida. Entonces sabrás y recordarás siempre que has de dar cuenta de todo, cuando seas juzgado en el Juicio del Último Día.

No dejes el recuento para el Día de rendir cuentas. Aquí y ahora son el lugar y el momento de hacerlo. Tienes que inspeccionarte a ti mismo y liquidar las cuentas. El único camino que lleva a la salvación es ir puro y limpio de deudas al Más Allá. Presta atención al siguiente consejo del Profeta (la paz y las bendiciones sean sobre él), quien dijo:

«Haz tus cuentas antes de que las hagan por ti, pesa tus pecados antes de que te los pesen».

Examina tu vida, pon en un platillo de la balanza tus transgresiones y, en otro, tus acciones buenas. Hazlo mientras todavía te queda tiempo en este mundo donde todos tenemos las respiraciones contadas; mientras todavía puedes, antes de que te dejen sólo en ese agujero oscuro del suelo. Mientras estás vivo, tu yo mundano es como un recolector de las ganancias que provienen de la generosidad de Allah, que te vienen de minadas de manos. Lo que recibes no es realmente tuyo, pues eres como un administrador que distribuye lo que ha recibido, habiendo de dar cuenta de ello.

Si no lo haces hoy, ten por seguro que mañana, en el abrasador Día de rendir cuentas, gritarás y pedirás ayuda. Nadie vendrá a socorrerte. Oirás la voz divina surgir del centro de todas las órdenes de Allah. Es la voz del Castigador Absoluto, que castiga al culpable reduciéndolo a la nada, Dirá:

¡Lee tu escritura [donde están registradas tus acciones]! ¡Hoy bastas tú para ajustarte cuentas!» [Corán 17:14]

¿No te has enviado mensajeros el Señor? ¿No te ha enseñado el camino correcto? ¿No te ha ordenado recordarle y alabarle día y noche? ¿No te ha dado tiempo en el día y en la noche para cumplir sus Órdenes?

Si esperas hasta el último instante, no obtendrás ningún bien de tu arrepentimiento. Si insistes en esperar y demoras tu rendición de cuentas, debes saber que todas las puertas y ventanas estarán cerradas para ti, y te quedarás fuera. Si eso es así, sábete que no existe otra puerta, ningún otro lugar en donde buscar refugio. No hay sitio a donde ir -ni para ti, ni para nadie, ni para ningún objeto de la Creación- excepto la puerta de la misericordia de Allah. Ve y arrodíllate en su umbral. Deja caer lágrimas de arrepentimiento y suplica que te dejen entrar. Intenta ver lo que hay detrás de las cortinas. Existen tres peligros que pueden mantenerse alejado de tu examen de conciencia, del recuento tus acciones y de dar gracias a tu generoso Señor. El primero de estos peligros es la inconsciencia, la despreocupación. El segundo es el torrente de gustos y apetencias que emanan de tu ego, de tu ser bajo. El tercero son los malos hábitos, que, de hecho, son todos los hábitos, que convierten al hombre una especie de autómata. Quien pueda salvarse de esos tres peligros con la ayuda de Allah, encontrará la salvación en ambos mundos.

Que las bendiciones sean sobre nuestro Maestro, Muhammad (s.a.s.), su familia y sus compañeros, en todas las lenguas, en todos los lugares y en todas las categorías.