La oscuridad Divina

Abdel Karim al Yili. Al Insan al Kamil: El Hombre universal

La oscuridad divina es el lugar primordial

donde se ponen los soles de la belleza.

Es el Sí mismo de Al-lâh (nafs nafs Al-lâh),

por el cual Él es y del que Él de ninguna forma procede

de tal modo que Él nunca cambia.

Su símbolo es el estado latente del fuego en el sílex.

Aunque el fuego emana de una piedra

Nunca se separa de ella, sin embargo;

siempre está allí, aun no manifiesto,

y su manifestación no cambia nada de su estado primigenio.

Os mostramos un espectador,

ciego con relación a sí mismo;

Al-lâh exaltado sea no Se compara!

Es la consternación de las inteligencias

en su impotencia de percibir lo que, para ellas,

es oscuridad.

Ella es el Sí mismo divino, no por lo que comporta de tinieblas,

sino por lo que comporta de luz, si se la comprende bien.

Distinta de la Unidad incognoscible

o de la Unicidad cognoscible y múltiple,

inasible en Ella misma, sustraída de toda visión,

se le llama Oscuridad divina.

Con “Oscuridad” divina se designa la Realidad de las realidades (haqiqat al-haqa’iq) que no podría calificarse como “divinidad” ni como “creatura”, al ser Esencia pura sin relación con ningún nivel divino o creatural, de manera que no se le pueden asignar ni atributos ni nombre. Es ahí donde está el sentido de las palabras del Profeta: “No hay aire por encima de la Nube oscura (al-‘amâ), ni por debajo de ella”, es decir: no existe divinidad encima, ni naturaleza creada debajo de ella. La Oscuridad divina es, pues, la otra cara de la Unidad (ahadiyya): de la misma forma que los Nombres y los Atributos se eclipsan en la Unidad, en la cual nada se manifiesta, tampoco nada se manifiesta ni se revela en la Oscuridad divina. Sin embargo, es preciso establecer una distinción entre la Oscuridad divina y la Unidad, en el sentido de que la Unidad afirma la Esencia en la esencia por exaltación, es la manifestación esencial única, mientras que la Oscuridad divina es la esencia desde el punto de vista de Su realidad absoluta, Realidad de la cual no es posible comprender nada, hasta tal punto es sublime o ínfima. Es la no-manifestación oscura de la Esencia, lógicamente opuesta a la manifestación suprema que es la Unidad. Ésta revela la pureza de la esencia de la misma forma que aquélla (la oscuridad) se oculta por la pureza de la Esencia. De todas formas, Al-lâh es demasiado sublime como para ocultarse a Sí mismo por alguna manifestación o para manifestarse a Sí mismo fuera de algún estado de ocultación, no manifestación o manifestación que derivan de Su Esencia, de la misma forma que Él posee Sus actividades, Sus aspectos, Sus correspondencias, relaciones, Nombres y Atributos, sin que nunca cambie o Se transforme, sin que abandone una cosa para recubrir otra o Se desprenda de algo para coger algo otro. El principio de su Esencia permanece siempre tal como era antes, y será siempre tal como es ahora –“No hay modificación en la naturaleza de Al-lâh” [1]– ya que todos los cambios o evoluciones en las formas y en todo aquello que es relación y correspondencia no proviene más que de las maneras en las cuales Al-lâh Se revela a nosotros, mientras que Él permanece en Sí mismo eternamente tal y como era antes de que Se nos manifestara. Sean cuales sean esas formas en las que Se nos revela, Su Esencia no asume nunca más que un estado de revelación (taÿali), a saber aquel que Le es esencial, de modo que Él no tiene más que una sola irradiación (taÿali) la cual no posee más que un nombre al que no corresponde más que un solo atributo; porque, en definitiva, no existe más que uno solo, exento de toda multiplicidad: es Él que Se revela a Sí mismo para siempre jamás, así como Se ha revelado para toda la eternidad…

Este estado de revelación única Le pertenece en exclusiva, de forma que la criatura no participa nunca de él, porque este estado no asume aspectos ni de división interna ni de atributos ni de cualidades ni nada que se le parezca; para que la criatura pudiera participar de él, sería necesario que (el estado) poseyera aspectos, resultados, relaciones, cualidades o cualquier otra cosa de ese orden; pero todo está excluido de esta forma de revelación que Le es esencialmente propia, del no-comienzo y del no-fin. Por el contrario, todas las otras revelaciones, tanto si se refieren a la Esencia, a la Divinidad, a las Actividades, a los Atributos o a los Nombres, corresponden siempre, aunque Le pertenezcan esencialmente, a Su manifestación para con Sus criaturas. De manera general, ninguna clase de revelación Le impide permanecer en este estado de revelación esencial, pero todos los otros modos de revelación dependen de él, como los planetas dependen del sol del que reciben la luz; de la misma forma, todas las otras revelaciones no son más que un reflejo del cielo de esta revelación suprema, o una gota de su océano; y, aunque son en verdad reales, todas ellas se anonadan ante el poder de esta revelación esencial, que pertenece exclusivamente a Al-lâh en virtud de Su conocimiento de Sí mismo, mientras que las otras revelaciones pertenecen a Al-lâh en virtud del conocimiento de otro…[2]

Después de haberte expuesto que la Oscuridad divina es la Esencia misma desde el punto de vista de Su no-manifestación absoluta, y que la Unidad es la Esencia misma desde el punto de vista de Su afirmación suprema, abstraídas de cualquier correspondencia interna, diremos que las expresiones “desde el punto de vista de Su no-manifestación” o “desde el punto de vista de Su afirmación suprema” no tienen un sentido realmente válido, pues la Oscuridad divina no comporta ninguna relación de no-manifestación, ni la Unidad ninguna relación de manifestación.

Debes saber que tú estás con respecto a ti mismo en un estado de oscuridad – “el símbolo supremo pertenece a Al-lâh” [3]– en el sentido de que la totalidad apenas se te manifiesta, sea cual sea el horizonte de tu conocimiento de ti mismo. Por tanto, desde este punto de vista, no eres más que una esencia oculta en la oscuridad; ¿acaso no has aprendido que Al-lâh es tu esencia y tu ipseidad (huwiyya)[4]? No eres consciente de lo que es eminentemente tu realidad; con respecto a ti mismo estás, por tanto, en la oscuridad, aunque desde el punto de vista de la realidad divina, tú no estés oculto para ti mismo, pues el principio de esta realidad exige que ella no sea inconsciente de ella misma. De ello se deduce que tú eres revelado a ti mismo divinamente y, al mismo tiempo, a causa de tu naturaleza creada permaneces inconsciente de tu realidad divina; por tanto permaneces manifiesto y oculto para ti mismo. Éste es uno de esos símbolos “que Al-lâh formula a los hombres”[5], y que no comprenden más que los que poseen conocimiento.

Cuando le preguntaron a Muhammad dónde se encontraba Al-lâh antes de la creación respondió: “En la oscuridad”, porque una manifestación procede siempre de un estado de no-manifestación, aunque en este caso no se trate más que de una anterioridad puramente primigenia y no temporal. Al-lâh es demasiado sublime para que exista entre Él y Su creación una relación temporal, de la misma forma que no existe entre Ambos ni separación, ni discontinuidad, ni relación de coacción, puesto que todas estas relaciones son, ellas mismas, creadas y no podrían, por tanto, interponerse entre Al-lâh y Sus criaturas –a menos que se concluyera en una cadena sin fin, lo que sería absurdo–. No hay duda de que tanto Su anterioridad como Su posterioridad, Su preeminencia como Su ulterioridad no son más que aspectos primigenios y no relaciones temporales o espaciales. De la misma forma que Se encontraba en la oscuridad antes de la creación, necesariamente se encuentra también en ese estado después de la misma. De lo que resulta que la Oscuridad divina es el estado primigenio de la Esencia libre de cualquier relación, mientras que la creación exige la manifestación que resulta de las relaciones que la Esencia puede asumir. Tal es el estado de anterioridad primordial y tal el estado de posterioridad; pero no existe ni “antes” ni “después”, desde el momento en que Él es antes y después, el Primero y el Último; ¡qué misterio que Su manifestación sea Su no-manifestación! Esto no es cierto solamente desde una cierta analogía, o desde un tal aspecto, o desde un determinado punto de vista, sino que verdaderamente esto es aquello: Su primacía es esencialmente Su ulterioridad, Su anterioridad es Su posterioridad; las inteligencias se sienten consternadas ante esto y no conciben más que su inmensidad, pues ninguna idea podría abarcar sus formas.

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 NOTAS:

[1] Esta aya puede también traducirse así: “No hay modificación en la creación (=el acto creador) de Al-lâh. Corán 30:29.

[2] Según los contextos traducimos taÿali por “descubrimiento”, “revelación” o “irradiación”. La idea de taÿali puede definirse con esta imagen: cuando el sol se “revela” (taÿâlà), su luz “irradia” (taÿâlà) en el mundo.

[3] Corán 16:62.

[4] O “aseidad”.

[5] Corán 24:35