Eid al Adha

EL ESFUERZO POR UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Dalia Mogahed –  Directora ejecutiva del Gallup Centre por Muslim Studies

Artículo publicado en The Huffington Post el 11/6/2011

“Muchos describen el Hajj como un ritual de cuatro días que requiere una gran resistencia y disciplina, que cambia la vida, y para mí fue exactamente eso.”

 Aprendí una de las lecciones más valiosas de la vida hace varios años cuando me uní a una delegación de americanos musulmanes que iba a la tierra sagrada para cumplir con el quinto pilar del Islam, un ritual que es completado por millones de personas durante esta semana. Al seguir los pasos de Abraham y su familia, completando los ritos del Hajj, llegué a comprender una verdad que deben recordar quienes trabajan para mejorar las relaciones personales o internacionales: el fracaso es el material con el que se construye el éxito, no su opuesto.

Muchos describen el Hajj como un ritual de cuatro días que requiere una gran resistencia y disciplina, que cambia la vida, y para mí fue exactamente eso. El creyente deja atrás las comodidades del hogar y hace un voto de paz, comprometiéndose a evitar los conflictos y perjudicar a cualquier ser vivo, desde discutir hasta hacer daño a una mosca.

Los peregrinos abandonan los restos de su antigua vida, vistiéndose con una tela sencilla despojada de todo símbolo de status. En este humilde estado, ricos y pobres, hombres y mujeres, blancos y negros y de todos los demás colores, se mezclan en una multitud de millones siguiendo los ritos que conmemoran los grandes actos del compromiso con Dios.

El Eid al Adha, la fiesta más grande del año musulmán que celebra la fuerza de la fe de Abraham y la voluntad de sacrificio, marca la culminación de este homenaje al monoteísmo. Los buscadores de Dios llegan trayendo una vida de faltas y dejan el hajj renacidos: una segunda oportunidad para una vida honesta.

Alcancé a comprender el concepto profundo de la segunda oportunidad mientras corría de Safa a Marwa, las dos colinas en el desierto de La Meca. Este requisito esencial del Hajj vuelve sus pasos hasta Hajjar al emular las siete veces que corrió entre las colinas, alejadas entre sí por una distancia similar a la longitud de un campo de fútbol. Cada vez que se detenía en una colina y creía que había visto agua en el lado opuesto, corría hacia allí para descubrir que era un espejismo.

Mientras realizaba el “Sa’ay” o “esforzarse con determinación”, así se llama esta parte de la peregrinación, me dí cuenta que su experiencia fue mucho más difícil que superar seis intentos fallidos.

Fueron seis falsas esperanzas. Momentos en los que creemos haber resuelto un problema, cuando suspiramos aliviados, y nos decimos que finalmente es tiempo de un poco de descanso bien merecido, para sólo quedar defraudados. Después de descubrir cada falsa esperanza, Hajjar podría haberse dado por vencida, gritar, entrar en pánico, o al menos retrasar su siguiente intento. Sin embargo, no lo hizo. La séptima vuelta fue tan decidida y tan esperanzada como la primera.

Sólo después de este séptimo intento brotó el agua de la arena del desierto, el manantial de Zam Zam, el alma de La Meca. Dios había escogido a esta madre para establecer el lugar más sagrado de la tierra. Su perseverancia fue una demostración de su mérito. Sus intentos fallidos fueron los ingredientes necesarios, no los obstáculos, para su triunfo final.

Este año, en el Eid Al Adha, la celebración de la segunda oportunidad y el perdón, debemos recordar esta lección mientras somos testigos de nuevos comienzos que parecen prometedores, pero que se desvanecen con el tiempo. Para los que trabajamos en la construcción de mejores relaciones entre parejas o comunidades en conflicto, nuestro séptimo intento de encontrar la solución debe ser tan sincero como el primero.