Islam

“El Islam es la transmisión de una forma de vida que representa un arquetipo humano liberado del ego”

Abdal-Hakim Murad – Rihla 2011 

El propósito del Islam es enseñar unidad a lo seres humanos y comienza con el reconocimiento de la unicidad de nuestro Señor. La unicidad de Dios no sólo se refleja en los lazos que nos relacionan con toda la comunidad humana en tanto hijos e hijas de Adán y Eva, sino también con el resto de la existencia.

Todas las religiones comienzan con una experiencia y cuando el profeta Muhammad –que Dios lo bendiga y le dé una paz perfecta-  presentó al mundo una fórmula de monoteísmo, simple, tersa y embriagante no actuó como un teólogo, sino como un profeta en presencia de lo Divino, en completa comunión con la revelación. Algunos de los que estaban a su alrededor respondieron, no tenían interés en debates oscuros sobre el libre albedrío y el destino, la esencia y las cualidades, los átomos y los accidentes: estaban en presencia de lo Sublime y Dios era su Interés Ultimo. Para ellos esta fue una experiencia  tan real y palpable como el estado de vigilia para la gente común.

Fueron galvanizados por una declaración simple, una afirmación radical que alteró las profundidades de su conciencia: la ilaha illa l-lah. “No hay deidad que merezca ser adorada excepto lo Divino”. Sin embargo, estas palabras en sí mismas, no contienen una ideología dogmática. No dan una información, sino que describen el estado de una persona. La palabra árabe para esta persona es muwahhid que se podría traducir como “unitario”, excepto que en árabe es un participio activo, un agente que unifica.

La primera generación de musulmanes, que la asimilaron directamente del profeta –que Dios le bendiga y le dé una paz perfecta- entendió esta fórmula radical de monoteísmo como una renovación del antiguo monoteísmo de Abraham y como un correctivo de los desajustes que el tiempo había agregado a las dos dispensas abrahámicas previas.

 El Qur’an no intenta probar la existencia de Dios, nos recuerda la unicidad de lo Divino reflejada en el cosmos a través de la presencia manifiesta del equilibrio y la ausencia del caos.

La palabra Islam puede ser traducida como “sumisión”. En árabe es la suma de ideas como paz, salud y regeneración. Está en conexión con el concepto de fitra, que significa “naturaleza primordial”, “disposición innata”. La palabra fitra deriva de fatara: “abrir”. Significa también el reemplazo o sustitución de una condición previa por una nueva condición, de una entidad no existente en la realidad y la corporalidad de una forma o apariencia. Es por eso que en el Qur’an  a la creación de los seres humanos se la denomina “fitra”.

En el caso del ser humano, la fitra es relegada por el desarrollo de la conciencia de uno mismo: el ego y por los condicionamientos del entorno,  a eso se refiere el hadith del profeta –que Allah lo bendiga y le dé una paz perfecta- “Ningún niño nace fuera de la fitra, (en sumisión, en islam) luego los padres lo hacen judío, cristiano, o zoroastriano…” (al-Bukhari, p.240, no.1385).

El Islam consiste en la recuperación de nuestra naturaleza innata, alzándola a realidad consciente.

Al contrario de las connotaciones negativas que actualmente tiene en el uso común de muchas lenguas, el significado de sumisión en lo que se refiere al islam es “el acto de reconocer la unicidad de Dios” (tawhid). Esta sumisión es expresada externamente al testimoniar libre y abiertamente que no hay más deidad que Dios, aunque sólo es su manifestación más elemental, el primer paso hacia la unificación interior.

 Asociar otros a Dios es negar su unicidad o adorar falsos ídolos. Los ídolos que los humanos adoran son muchos y diversos, pero de hecho, los obstáculos más grandes son nuestros “ídolos internos”. Dios advierte en el Qur’an“¿Habéis visto a aquel que ha tomado sus propias pasiones como deidad?” (25.43).

Las personas que practican la religión del islam son conocidas como musulmanes. La palabra musulmán puede ser traducida como “aquel que se somete”.

Los musulmanes creen que la última de las revelaciones de Dios a la humanidad es el Qur´an, el que fue revelado por Dios a través del ángel Gabriel –la paz sea con él- al profeta Muhammad –que Dios le bendiga y le dé una paz perfecta-, durante un período de veintitrés años (610-623 E.C). La creencia en el estatus de profeta de Muhammad (y por extensión de la coherencia de la revelación coránica) es afirmada en la segunda parte del testimonio de fe: “y doy testimonio de que Muhammad es el mensajero de Dios”. Para los musulmanes, el texto del Qur’an es la palabra eterna e inmutable de Dios que ha sido preservada en su forma y lenguaje original durante más de mil cuatrocientos años.

Como explica el Hadith de Gabriel, la forma en la que nos sometemos está determinada en las  acciones ordenadas por Dios. Estas formas exteriores son conocidas como los cinco pilares del Islam: shahada, salat, zakat, sawm y hajj, representan la dimensión horizontal de la religión, lo que los musulmanes hacen. Son medios para conectarnos con nuestra verdadera naturaleza, centran y purifican el alma humana preparándola para el otro mundo al infundir el recuerdo de Dios en el ritmo diario, semanal y anual de la vida.

 Shahada – El testimonio de fe

 “ash hadu anna la ilaha illa lah, wa ash hadu anna Muhammadan rasulullah”

 “Testifico que no hay deidad, excepto Dios y doy testimonio de que Muhammad es el mensajero de Dios”. Es la afirmación y el testimonio de fe formulada con el corazón y el intelecto de forma libre y pública. Es el fundamento, el eje y la determinación de “ser musulmán”.

Salat – La oración

Después de la shahada, la oración es el más importante de los cinco pilares, tiene unas condiciones, un procedimiento y un tiempo prescritos.  Las oraciones marcan el ritmo de la vida del musulmán, todas ellas son pausas en la vida cotidiana. El riesgo más grande para un creyente una vez que ha pronunciado la shahada, es el olvido y la negligencia, hasta el punto de hacer su relación con Dios un hecho anexo, secundario y marginal. Todos los musulmanes que hayan llegado a la pubertad están obligados a rezar cinco veces al día, aunque las mujeres están exentas durante la menstruación. El salat está prescrito en cinco momentos del día que se miden de acuerdo con el movimiento del sol: un poco antes de la madrugada (fajr), justo después del mediodía (dhuhr), a la tarde (‘asr), poco después del atardecer (magrib) y por la noche (isha’a).

Cada oración tiene ciertos números de ciclos –rakaat- asignados: dos para el fajr, cuatro para dhuhr, cuatro para el ‘asr, tres para el magrib y cuatro para el isha’a. El salat consiste en la repetición de dos o más unidades de una secuencia de movimientos corporales y de palabras. Durante la oración se recitan partes del Qur’an, siendo la surah  Al-Fatiha (la apertura)  obligatoria en cada rakaat.

La forma de rezar se adoptó a partir del modelo establecido por el profeta “Rezad como me habéis visto rezar”, que a su vez le fue transmitida por el arcángel Gabriel.

Para rezar es necesario estar en estado de pureza ritual y un lugar que esté limpio. Hay una ablución menor –wudu- en las que se lavan las manos, la cara, los brazos, la cabeza y los pies y una ablución mayor –ghusul- en la que se lava todo el cuerpo. La purificación ritual es parte de la oración, reestablece la armonía entre el cuerpo, el alma y el espíritu y marca el pasaje a un rito sagrado. El viernes, es un día especial para los musulmanes: el jum’a que significa literalmente “el día de la reunión”. La oración del mediodía es reemplazada por una oración en congregación especial más corta que termina con un sermón (jutba). La asistencia es obligatoria para todos los musulmanes varones mayores de edad y responsables legalmente que vivan a una distancia razonable de la mezquita.

Originalmente los musulmanes rezaban orientándose a Jerusalén pero más tarde se orientaron a la Kaaba como indicación de la nueva dirección del mensaje de Abraham.

Zakat – El impuesto de purificación

La palabra zakat expresa literalmente la idea de purificación. Es un impuesto que tiene una función social, porque está directamente orientado al sostén de los pobres, de los necesitados y de los viajeros. El zakat es un estímulo a la inversión económica porque afecta al propio capital. Es necesario, por lo tanto producir riqueza. El zakat genera en el ser humano la conciencia de ser un miembro forzosamente solidario de la sociedad. En su esencia es un instrumento para desarrollar la autonomía de las personas con menos recursos. Mantener la justicia económica es una responsabilidad que nos ha confiado el Qur’an. No se debe confundir con los impuestos estatales ni con la limosna o la caridad. Si las necesidades de la población están cubiertas el zakat pude ser utilizado en proyectos de bien público. El impuesto de purificación equivale al 2,5% de los bienes, una vez que se hayan cubierto las propias necesidades. En la época del profeta (saws) una institución conocida con el nombre de Bait al-mal, literalmente “la casa de las finanzas”, recolectaba el zakat. Actualmente la colecta es organizada y gestionada por los asociaciones locales o las mezquitas. Algunos prefieren darlo en mano, lo cual es legalmente posible porque es un acto que depende de la conciencia. Sin embargo, es necesario evitar actuar con ligereza, sobretodo porque se trata de un derecho que tienen los pobres sobre nuestra riqueza.

De hecho, el zakat es nuestra deuda con Dios, ya que El nos ha prestado nuestras posesiones, pagarlo es una manera de reconocer que nada nos pertenece realmente. Así como el salat purifica nuestro tiempo, el zakat purifica nuestras posesiones.

Sawm – El ayuno

Este ayuno colectivo se realiza durante el mes en que fue revelado el Qur’an, el mes de Ramadán. Es un mes de ruptura con lo cotidiano. Exige un despertar de la espiritualidad y una conciencia de la presencia de Dios. Es la voluntad del musulmán de tomar distancia del mundo para acercarse al Creador de los mundos. Esta dimensión espiritual es fundamental, es una expresión íntima de la verticalidad. Sin embargo, la dimensión horizontal está presente como el complemento indispensable para que el que ayuna entre en una especie de comunión con los pobres de la tierra. Sin beber y sin comer, se lo anima a dar, a compartir y a participar en la vida comunitaria. La privación del cuerpo es la revivificación de la energía espiritual. El versículo coránico que habla sobre el ayuno lo inscribe en la historia de los profetas como una expresión de fidelidad a todos los mensajes precedentes: “Oh, vosotros que habéis llegado a creer, el ayuno os está prescrito como le fue prescrito a aquellos que os han precedido”. Ya que el Ramadán se basa en un calendario lunar cada treinta y tres años se habrá ayunado en todas las estaciones.

El ayuno sólo es obligatorio para los musulmanes y musulmanas que hayan alcanzado la pubertad y sean legalmente responsables, la gente mayor está excusada. Las mujeres durante la menstruación, durante el embarazo o durante la lactancia también están excusadas, así como los enfermos y los que están de viaje, aunque deberán recuperar los días que han perdido a su propia discreción. Si alguien está imposibilitado de ayunar debido a problemas de salud permanentes puede compensarlo dando dinero o comida a alguien que lo necesite.

Durante este mes los musulmanes intensifican sus actos de devoción y se reúnen a menudo a recitar el Qur’an y a hacer oraciones voluntarias en la mezquita. El Qur’an se compone de 30 partes (yuz) y sesenta medias (hizb). Muchos intentan leer una parte del Qur’an cada noche para terminarlo al final del mes. Siguiendo la sunna del profeta Muhammad algunas personas hacen un retiro (‘itikaf) en la mezquita durante los últimos diez días de Ramadán.

El punto culminante del Ramadán es la Noche del Poder o Noche del Destino (laylat al qadr), la noche en que se reveló el Qur’an y en la que los ángeles bajan con bendiciones hasta el alba.

En muchos aspectos, el ayuno es a la vez el más elevado y el más privado de los pilares del islam, porque la experiencia es entre Dios y la persona que ayuna.

 Hajj – La peregrinación

Este rito anual, que sólo incumbe a aquellos que tienen la salud y los medios financieros para hacerlo, traza sus pasos hasta Abraham quien junto con su hijo Ismael construyeron el santuario cúbico (Kaaba) en la Meca donde había sido edificado originalmente por Adam. Cuando el profeta Muhammad enseñó a los musulmanes cómo hacer el hajj, les recordó constantemente que era “una tradición de Abraham”. La primera enseñanza de la peregrinación es sobre la unión, la unión de la umma como comunidad de creyentes en una visión de igualdad. Mientras que el ayuno es el más privado de los ritos religiosos, el peregrinaje es el más público. Al haber actualmente más de 1 billón de musulmanes y como el hajj sólo puede hacerse durante los primeros diez días del último mes del calendario musulmán (Dhu’l Hijjah), la multitud de peregrinos es abrumadora.

El peregrino (hajji) debe ponerse dos piezas de tela blanca (ihram) que a menudo se guardan para ser usadas como mortaja (la mujer no necesita una vestimenta especial). Esta vestimenta sencilla refleja nuestra verdadera posición ante Dios, donde el rey y el campesino, el rico y el pobre ya no se diferencian por su ropa o sus accesorios. El estado de ihram que tiene también otras características y condiciones, es en cierto sentido regresar al estado natural y prepararse para estar delante de Dios.

El más conocido de los ritos es la circunvalación a la Kaaba, que también se realiza en otras épocas fuera del hajj, como en la umra’ peregrinación menor. Este movimiento en sentido contrario a las agujas del reloj simboliza la armoniosa integración de todas nuestras aspiraciones mientras giran alrededor del corazón, el que se lo compara con la Kaaba interna, porque también es la casa de Dios.

El punto culminante del hajj es el Día de la Expiación en la llanura de Arafat, que está a  aproximadamente siete kilómetros de la Meca. Es un día para la reflexión en el que todos los peregrinos se reúnen en un mismo lugar. En realidad, si se hace con la intención correcta es una especie de renacimiento porque el peregrino es purificado de todas sus faltas y regresado a su estado natural. Además de purificar al individuo, el hajj tiene un tremendo significado social porque no sólo se reúnen el rico y el pobre, el famoso y el desconocido como si fueran uno, sino que también lo hace gente de todas las razas y culturas en sumisión a Dios, quien los ha creado a todos ellos.

 Bibliografía:

 “Sumisión, Fe y Belleza: la religión del Islam”- Dr. J. Lumbard

Introducción al “Credo del Imam Tahawi” – Sheij Hamza Yusuf Hanson

“Qué es Allah para los musulmanes”, Prof. Abdurrahman Mohamed Manaan

“Islam”, Dr. Tariq Ramadan

Leyendo el Qur’an

Ensayo del Profesor Tariq Ramadán publicado el 6 de enero del 2008 en el Sunday Book Review del  New York Times

Para los musulmanes el Quran constituye el Texto de referencia, la fuente y la esencia del mensaje transmitido a la humanidad por el Creador. Es la última de una larga serie de revelaciones dirigidas a los seres humanos a través de la historia. Es la Palabra de Dios – pero no es Dios. El Quran da a conocer, revela y guía: es una luz que responde a la búsqueda de sentido. El Quran es la reminiscencia de todos los mensajes anteriores, el de Noé y el de Abraham, el de Moisés, el de Jesús. Al igual que ellos, recuerda y enseña a nuestra conciencia que: la vida tiene sentido, los hechos son signos. Es el Libro de todos los musulmanes del mundo. Paradójicamente, sin embargo, no es el primer libro que debería leer alguien que intenta conocer el Islam (la vida del profeta o cualquier libro que presente el Islam serían una mejor introducción), porque es un Libro extremadamente simple y a la vez profundamente complejo. La naturaleza de las enseñanzas espirituales, humanas, históricas y sociales que se pueden extraer de él puede ser entendida a distintos niveles. El Texto es uno, pero sus lecturas son múltiples.

El Quran habla de una manera singular para la mujer o el hombre cuyo corazón ha hecho propio el mensaje del Islam. Es a la vez la Voz y el Camino. Dios habla a su ser más íntimo, a su conciencia, a su corazón, y lo guía hacia el camino que lleva a conocerLo, a reunirse con El: “Este es el Libro, al respecto no puede haber ninguna duda, este es el Camino para aquellos que son conscientes de Dios”.  Más que un simple texto, es un compañero de viaje que se recita, se canta o se escucha.

A lo largo del mundo musulmán, en las mezquitas, en los hogares y en las calles, uno puede escuchar voces magníficas recitar las Palabras divinas. En este caso, no hay distinción entre los eruditos religiosos (ulemas) y los hombres comunes. El Quran habla a cada uno en su lengua, de manera accesible, para coincidir con su inteligencia, su corazón, sus preguntas, su alegría y también su dolor. Esto es lo que los ulemas han denominado leer y escuchar como un acto de adoración. Cuando los musulmanes leen o escuchan el Texto, se esfuerzan por impregnarse de la dimensión espiritual de su mensaje: más allá del tiempo, más allá de la historia y de los millones de seres que pueblan la tierra, Dios está hablando y recordándo, invitando, orientando, aconsejando y ordenando a cada uno de ellos. Dios le responde, a ella o a él, en su propio corazón: sin intermediarios, en la más profunda intimidad.

No hay necesidad de estudios y diplomas, de maestros y guías. Aquí, al dar nuestros primeros pasos, Dios nos atrae con la sencillez de su cercanía. El Quran es de todos, sin distinción ni jerarquía. Dios responde a quien viene a su Palabra. No es raro observar mujeres y hombres, pobres y ricos, educados y analfabetos, orientales y occidentales, quedarse en silencio, mirando a lo lejos, perdidos en sus pensamientos, dando un paso atrás, llorando. La búsqueda de sentido se ha encontrado con lo sagrado, Dios está cerca: “De hecho, estoy al alcance de la mano. Rsepondo a la llamada de quien me llama cuando él o ella llama”.

El diálogo ha comenzado. Un diálogo intenso, permanente, constantemente renovado entre un libro que habla de la infinita simplicidad de la adoración al Único, y el corazón que hace un esfuerzo intenso, necesario para liberarse, para encontralo. El Quran se encuentra en el centro de todo corazón que lucha. Ofrece paz e inicia en la libertad.

De hecho, el Quran se puede leer en varios niveles, en ámbitos muy distintos. Pero primero, el lector debe ser consciente de cómo se ha construido el Texto. El Quran fue revelado en secuencias de longitud variable, a veces como capítulos enteros (suras), en un lapso de 23 años. En su forma final, el texto no sigue un estricto orden cronológico ni temático. Hay dos cosas que sacuden inicialmente al lector: la repetición de las historias proféticas y las fórmulas y la información que hacen referencia a situaciones históricas específicas que el Quran no aclara. La comprensión, en este primer nivel, requiere un doble esfuerzo por parte del lector: aunque la repetición es, en un sentido espiritual, una reminiscencia y una revivificación, en un sentido intelectual nos conduce a intentar una reconstrucción. Las historias de Adán y Eva o de Moisés, se repiten varias veces con elementos diferentes, aunque no contradictorios: la tarea de la inteligencia humana es recomponer la estructura narrativa para reunir todos los elementos de forma que nos permita comprender los hechos.

Pero también hay que tener en cuenta el contexto al que se refieren estos hechos: los comentaristas de las escuelas de jurisprudencia, sin distinción, coinciden en que ciertos versículos del Texto revelado (en particular, pero no exclusivamente los que se refieren a la guerra) hablan de situaciones concretas que surgieron en el momento de su revelación. Sin tener en cuenta la contingencia histórica, es imposible obtener una información general sobre los diferentes aspectos del Islam. En estos casos, nuestra inteligencia es invitada a observar los hechos, para estudiarlos en referencia a un entorno específico y deducir sus principios. Es una tarea exigente que requiere estudio, especialización y extrema precaución. O para decirlo de otra manera, una modestia intelectual extrema.

El segundo nivel no es menos exigente. En primer lugar, el texto del Quran es la difusión de un mensaje cuyo contenido tiene, sobre todo, una dimensión moral. En cada página vemos cómo toman forma la ética, las bases, los valores y la jerarquía del Islam. En este sentido, es probable que una lectura lineal  desoriente al lector y dé lugar a incoherencias, e incluso a contradicciones. En nuestros esfuerzos para determinar el mensaje moral del islam es conveniente abordar el texto desde otro ángulo.  Aunque las historias de los profetas se han extraído de narraciones repetitivas, el estudio de las categorías éticas nos exige, en primer lugar, abordar el mensaje en su sentido más amplio, para deducir los principios y valores que conforman el orden moral. Los métodos que se aplican en este segundo nivel son exactamente opuestos a los del primero, pero lo completan, lo que hace posible que los estudiosos de la religión pasen de la narración de una historia profética a la codificación de su enseñanza espiritual y ética.

Pero queda un tercer nivel, que exige una inmersión intelectual y espiritual total en el texto y en el mensaje revelado. En este caso, la tarea consiste en obtener las prescripciones islámicas que rigen los asuntos de la fe, de la práctica religiosa y de sus preceptos fundamentales. En un sentido más amplio, la tarea consiste en determinar las leyes y normas que posibiliten a todos los musulmanes tener un marco de referencia sobre las obligaciones, las prohibiciones, las cuestiones esenciales y  secundarias tanto de la práctica religiosa, como los de la esfera social. Una simple lectura del Quran no es suficiente: es necesario el estudio de las ciencias del Quran y también es esencial el conocimiento de parte de la tradición profética. No se puede aprender a rezar solamente leyendo el Quran, tenemos que recurrir a la tradición profética auténtica para determinar las reglas y los movimientos corporales de la oración.

Como podemos ver, este tercer nivel requiere un conocimiento singular y la competencia que sólo puede adquirirse mediante el estudio extenso y exhaustivo de los textos, su entorno y, por supuesto, de la íntima relación entre la tradición clásica y secular de las ciencias islámicas. No sólo es peligroso, sino básicamente erróneo generalizar sobre lo que los musulmanes deben y no deben hacer en base a una simple lectura del Quran. Algunos musulmanes, adoptando un enfoque literal y dogmático, se han enredado en interpretaciones completamente falsas e inaceptables de los versículos del Quran, para lo cual no poseen los medios y, en ocasiones ni la inteligencia, que les permitan ponerlas en la perspectiva del mensaje general. Algunos orientalistas, sociólogos y comentaristas no musulmanes siguen su ejemplo, mediante la extracción de ciertos pasajes del Quran que luego se detienen a examinar con un total desprecio de las herramientas metodológicas empleadas por los ulemas.

Más allá de estos distintos niveles de lectura, hay que tener en cuenta las diferentes interpretaciones formuladas por la gran tradición islámica clásica. No es necesario decir que los musulmanes consideran el Quran como la revelación divina final. Pero volviendo a la experiencia directa de los compañeros del profeta, siempre ha estado claro que la interpretación de sus versos tiene un carácter plural, y siempre ha existido una diversidad de lectura aceptada entre los musulmanes.

Algunos han afirmado falsamente que debido a que los musulmanes creen que el Quran es la palabra de Dios, la interpretación y la reforma son imposibles. Se cita esta creencia como una razón por la cual no se puede aplicar un enfoque histórico y crítico al texto revelado. El desarrollo de las ciencias del Quran -las herramientas metodológicas formadas y manejadas por los ulemas y la historia del comentario qur’anico– demuestran que esta conclusión no tiene fundamento. Desde el principio, los tres niveles antes mencionados han dado lugar a un enfoque cauteloso de los textos que obliga a quien asume la tarea a estar en armonía con su época y  renovar su comprensión. Muy a menudo las lecturas retrógradas, dogmáticas y momificadas, no reflejan al Autor del Texto, sino la inteligencia y la psicología de la persona que lo lee. Así como podemos leer la obra de un autor humano, desde Marx a Keynes, con una mentalidad cerrada y rígida, también podemos acercarnos a la revelación divina de una manera similar. En su lugar, deberíamos ser críticos y tener una mente abierta e incisiva. La historia de la civilización islámica nos ofrece amplias pruebas de ello.

Cuando nos relacionamos con el Quran, no es apropiado ni útil trazar líneas de separación entre los enfoques del corazón y los de la mente. Todos los maestros de estudios coránicos sin excepción, han enfatizado la importancia de la dimensión espiritual como un complemento necesario a la investigación intelectual del significado del Quran. El corazón posee su propia inteligencia: “¿No tienen corazones con los que entender?,” el Qur’an se dirige a nosotros, como señalado que la luz de la inteligencia por sí sola no es suficiente. La tradición musulmana, desde los especialistas en la ley hasta los místicos sufíes, no han dejado de oscilar entre estos dos polos. La inteligencia del corazón derrama la luz mediante la cual la inteligencia de la mente observa, percibe y deriva el significado. Como palabra sagrada, el texto contiene mucho de lo que es evidente, pero también contiene los secretos y lo silencios que la cercanía a lo divino revela a la inteligencia humilde, piadosa y contemplativa. La razón abre el libro y lo lee – pero lo hace en compañía del corazón, de la espiritualidad.

Para la conciencia y  el corazón de los musulmanes, el Quran es el espejo del universo. Lo que los primeros traductores occidentales, influidos por el vocabulario bíblico, tradujeron como “verso” significa, literalmente, “signo” en árabe. El Libro revelado, el Texto Escrito, se compone de signos, al igual que el universo, como un texto abierto ante nuestros ojos, abunda en estos mismos signos. Cuando la inteligencia del corazón – y no solo la inteligencia analítica – lee el Quran y el mundo, los dos se hablan el uno al otro, dialogan entre sí, cada uno habla del otro y del Uno Único. Los signos nos recuerdan el significado del nacimiento, de la vida, del sentimiento, del pensamiento, de la muerte.

Sin embargo, el eco es más profundo, y convoca a la inteligencia humana a comprender la revelación, la creación y su armonía. Así como el universo tiene sus leyes fundamentales y su orden finamente regulados -que los seres humanos, dondequiera que se encuentren, deben respetar al actuar sobre su entorno- el Quran establece leyes, un código moral y un conjunto de prácticas que los musulmanes deben respetar, cualquiera sea su época y su entorno. Estas son las invariantes del universo, y del Quran. Los eruditos religiosos utilizan el término qat’i (“definitivo”, “no sujeto a interpretación”) cuando se refieren a los versos del Quran (o de la tradición profética, hadices), cuya formulación es clara y explícita y no ofrece margen para la interpretación figurativa. De igual manera, la misma creación se basa en leyes universales que no podemos ignorar. La conciencia del creyente equipara los cinco pilares del Islam a la ley de la gravitación universal: constituyen una realidad de la tierra más allá del espacio y el tiempo.

Así como el universo está en constante movimiento, rico en una infinita diversidad de especies, seres, civilizaciones, culturas y sociedades, también esta es la condición del  Quran. En la latitud de la interpretación ofrecida por la mayoría de sus versos, por la generalidad de los principios y acciones que se promulga en materia de asuntos sociales, por los silencios que se ejecutan a través de él, el Quran permite a la inteligencia humana comprender la evolución de la historia, la multiplicidad de lenguas y culturas, y por lo tanto insinuarse en las sinuosidades del tiempo y los paisajes del espacio.

Entre el universo y el Quran, entre estas dos realidades, entre estos dos textos, la inteligencia humana debe aprender a distinguir las leyes fundamentales y universales de los modelos circunstanciales e históricos. Esta inteligencia debe mostrar humildad en la presencia del orden, la belleza y la armonía de la creación y de la revelación. Al mismo tiempo debe administrar de manera responsable y creativa sus propios logros o interpretaciones, que son fuentes de extraordinario éxito, pero también de la injusticia, la guerra y el desorden. Entre Texto y contexto, la inteligencia del corazón y la facultad analítica establecen normas, reconocen una estructura ética, producen conocimiento, alimentan la conciencia, desarrollando iniciativa y creatividad en todas las esferas de la actividad humana.

Lejos de ser una prisión, o una restricción, la revelación es una invitación a la humanidad a reconciliarse con su esencia más profunda, y encontrar allí tanto el reconocimiento de sus limitaciones como el extraordinario potencial de su inteligencia y de su imaginación. Someternos al orden de El Justo y de su eternidad es comprender que somos libres y estamos plenamente autorizados para reformar las injusticias que se encuentran en el corazón del orden o el desorden de todo lo relacionado con la temporalidad humana.

El Quran es un libro tanto para el corazón como para la mente. En su cercanía, una mujer o un hombre que posee una chispa de fe conoce el camino a seguir, conoce sus propias insuficiencias. No hace falta un sheij, un hombre sabio, un confidente. En última instancia, el corazón sabe. Esto fue lo que el Profeta respondió cuando se le preguntó acerca de los sentimientos morales. A la luz de la Escritura, dijo: “Pregunta a tu corazón.” Y si nuestra inteligencia se adentra en la complejidad de los diferentes niveles de lectura, desde la ética aplicada a las reglas de la práctica, no debemos olvidar nunca vestirnos con la modestia intelectual que sólo revelará los secretos del Texto. Porque “no son ciegos los ojos, sino los corazones dentro de los pechos”. Un corazón, humilde y alerta, es el fiel amigo del Quran.