¿Islam y terrorismo?

Los prejuicios nos alejan de la realidad.
El Islam es una religión de paz. No hay nada en su mensaje que conduzca a la violencia ni al terror, a pesar de lo que algunos auto-proclamados musulmanes digan y hagan; a pesar de lo que algunos medios de comunicación se empecinen en difundir.
El mejor antídoto tanto para unos cómo para otros es el conocimiento del Islam a través de sus sabios cualificados, quienes preservan la revelación islámica y protegen el bello mensaje que contiene.

Paz y justicia en el Islam

Extracto del libro Scattered pictures, del Imam Zaid Shakir

iceberg

Vivimos en un mundo donde, evidentemente, podría haber más paz. Como musulmanes nos damos cuenta de este hecho más que otras personas, ya que la paz de muchos de nuestros hermanos y hermanas en diferentes partes de la Tierra ha sido trágicamente interrumpida: Palestina, Chechenia, Afganistán, Cachemira, y otros lugares. De igual manera, vivimos en un mundo donde podría haber más justicia. Leemos, casi diariamente, sobre asesinatos en distintas partes del mundo, donde grupos terroristas, fuerzas militares, o servicios de inteligencia, a menudo de sumariamente, declaran a las víctimas culpables procediendo, luego, a ejecutarlas. Desgraciadamente, este tipo de comportamiento político sin principios viene siendo cada vez más común tanto en el las políticas exteriores como interiores de este país, causando un daño incalculable a su imagen y credibilidad en el extranjero.

Ambas cuestiones, paz y justicia, se unen en las consignas que escuchamos en muchos activistas, especialmente aquí en los Estados Unidos, “¡Sin justicia no hay paz!” (1) Se trata de una relación lógica, ya que la justicia debe ser considerada como uno de los requisitos indispensables de cualquier paz duradera. Este artículo quiere analizar brevemente las ideas de paz y justicia en el Islam y profundizar en su significado en la vida de un musulmán.

PAZ

En la lengua árabe, la palabra paz deriva de los radicales S-L-M. Los filólogos mencionan cuatro términos muy relacionados que pueden derivarse de este origen: Salam, Salamah, Silm y Salm. Raghib al-Isfahani dice en su léxico de términos coránicos: “As-Salm y as-Salamah significan ser libre de toda ruina externa o interna” (2). Basándose en esto, dice que la paz verdadera solamente existe en el Paraíso, ya que sólo allí habrá perpetuidad infinita, satisfacción completa sin necesidad, honor perfecto sin humillación, y perfecta salud sin enfermedad. En este sentido, Dios es conocido como As-Salam, ya que sólo Él es definido como siendo el totalmente libre de cualquier defecto o error. (3) Esta comprensión de la paz verdadera como una realidad asociada a un mundo en transformación existe también en las teologías tanto judía como cristiana. (4)

En el plano de las relaciones interestatales, si reflexionamos sobre la anterior definición, podemos considerar las relaciones pacíficas entre las naciones como una condición en la que la violencia -hecho que implica la ruina tanto externa como interna de un estado- es inexistente. En este sentido, la guerra puede ser vista como una situación aberrante. La naturaleza aberrante de la guerra se hace más clara si consideramos que el asesinato, consecuencia última de la guerra, es considerada como una innovación que destruyó la paz previamente existente en la humanidad. En una tradición profética se afirma: “Ninguna alma es asesinada injustamente, pero el hijo mayor de Adam (Caín) se llevará parte de la culpa, al ser el primero en innovar el asesinato [en la humanidad]. (5)

A nivel individual, la paz puede ser vista como la ausencia de las perdiciones del corazón. Quien esté libre de ellas obtendrá el éxito, si Dios quiere, cuando se encuentre con su Señor. Por tanto, él/ella entrará sin problemas en la Morada de la Paz (Dar as-Salam). Dice Dios al respecto: “[En] el día en que nada beneficien bienes ni hijos. [El único que se beneficiará] será el que se presente ante Dios con un corazón sano (salim). [Qur’an 26:89]

Si reflexionamos sobre estos significados, tiene que quedar claro de que las guerras en las que los musulmanes se han visto involucrados a lo largo de la historia no anulan la validez de la afirmación “el Islam es la religión de la paz”. Lo que esta expresión quiere decir, y Dios sabe mejor, es que el Islam proporciona al ser humano un camino para entrar en el Paraíso (Dar as-Salam) donde encontrará la paz verdadera.

La paz tiene significados más amplios de los que se han mencionado hasta ahora. Uno de los más nobles objetivos de nuestra religión es el de introducir en el mundo un sistema de valores que facilite la difusión de la paz a todos los niveles. Las relaciones personales con nuestros hermanos musulmanes deben empezar con la puesta en práctica de la orden profética “Difundid la paz entre todos vosotros”. (6) Esta orden es tan urgente que nuestro Amado Profeta (saws) aconsejó su implantación de manera indiscriminada.  Dijo, al final de una tradición en la que describía una de las mejores formas de Islam: “Difundid el saludo de paz entre vuestros conocidos y los que no conocéis” (7). Este es un asunto de mucho peso que nos exige una reflexión más profunda. Su peso viene ilustrado por el hecho que se menciona como una de las cosas que completa nuestra fe. El Profeta (saws) dijo a este respecto: “No entraréis en el Paraíso hasta que no creáis, y no creeréis hasta que os améis los unos a los otros. ¿Os digo algo que os llevará con toda seguridad al amor mutuo? Difundid el saludo y el espíritu de la paz entre vosotros”. (8)

Las relaciones con nuestros cónyuges también deben caracterizarse por la paz. Dios nos advierte sobre estas relaciones “Y hacer la paz es mejor” [Qur’an 4:128]. De igual modo, en nuestras relaciones con otras naciones, Dios nos advierte “Si ellos (el enemigo) se inclinan hacia la paz inclinaos también vosotros, y confiad en Dios” [Qur’an 8:61]. Como se ha dicho anteriormente, la paz es el estado original que prevaleció en las relaciones entre los individuos  y las sociedades. Esta opinión se basa, entre otras narraciones, en el dicho del Profeta (saws) que Jesús “retornará al mundo a un estado de paz” (Yurji’ as-Salim) cuando aparezca al final de los tiempos. (9)

JUSTICIA

Nuestros lexicógrafos definen justicia, de distintas maneras, como “gobernar basándose en lo contenido en el Libro de Dios y la tradición (Sunna) de su Mensajero y la abstención de pronunciarse en base a una opinión vacía”. También se define como “la extensión de los derechos inherentes [a sus posesores] de manera equitativa”. (10) Esta última definición subraya la importancia de la equidad como aspecto esencial de la justicia distributiva.

El concepto de justicia es uno de los pilares esenciales en el mantenimiento tanto de los órdenes natural como social. Dios, Exaltado Sea, ha dicho: “Él ha establecido la balanza [de la justicia], así pues, no la transgredáis [Qur’an 55:7-8]. La justicia, como muchos eruditos señalan, es una de los fundamentos del orden establecidos por Dios. Esta realidad es también la base de un orden social sano. A tal efecto, dice Dios: “O, vosotros que creéis, proteged la justicia dando testimonio por Dios; y no dejéis que vuestro odio a un pueblo os mueva a una posición en que seáis injustos. Sed justos, que es más cercano a la piedad. ¡Sed conscientes de Dios! Ciertamente Dios está bien informado de todo lo que hacéis” [Qur’an 4:135] *

Este aspecto social de la justicia ha sido muy bien resumido por el Imam al-Qurtubí. Dice, hablando de la relación entre dos palabras que normalmente se traducen como justicia (al-‘Adl) y justicia distributiva (al-Qist); “La justicia es la base de todas las relaciones humanas y la base del gobierno islámico” (11). Esta cita es ilustrativa del sentido transmitido por el dicho de Dios: “Ciertamente hemos enviado a Nuestros Mensajeros con pruebas claras, y les hemos revelado el Libro y la Balanza para que guíen a la gente con la justicia” [Qur’an 57:25]. **

El Imam al-Mawardi ha resumido las implicaciones sociales de la justicia distributiva en la siguiente forma:

Una de las cosas que las reformas asuntos mundanos es el principio de la justicia distributiva. Facilita las relaciones amistosas entre los pueblos, crea obediencia a la ley divina, y trae consigo la prosperidad de los países. Es la base de una economía próspera, de familias fuertes, y de un gobierno estable. Nada devasta la tierra ni corrompe la mente tan rápido como la tiranía. Eso es porque no hay límites aceptables [para regularla] (12).

Por esta razón, Ibn Taymiyya ve que las responsabilidades de gobierno islámico emanan de un solo versículo del Qur’an: “Dios os ordena entreguéis los depósitos a sus legítimos propietarios. Y cuando gobernéis a [o juzguéis entre] la gente, hacedlo con justicia. [Qur’an 4:58] (13) El Noble Profeta (saws) dijo en este contexto: “Con seguridad, el más querido de los hombres por Dios y el más cercano a la Él en el Día de la Resurrección será un líder justo. Y el más odiado de la gente y el que más se aparte de Él será un líder tirano” (14).

Apartándose él mismo incluso de una asociación accidental con actos injustos, opresivos, se informó que nuestro Amado Profeta (saws) dijo:

Traéis a mí vuestras disputas para que dicte sentencia; quizás uno de vosotros sea menos elocuente que otro, y yo falle contra la parte perjudicada basándome en lo que he escuchado. Por tanto, si inadvertidamente concedo a uno de vosotros algo que corresponde a su hermano, no lo toméis, puesto que le estoy concediendo algo que forma parte del fuego del infierno. (15)

Nuestro impecablemente justo Khalifa ‘Umar b. al-Jattab pronunció las siguientes penetrantes palabras:

En verdad, Dios expone parábolas para vosotros, y dirige advertencias para que se os despierten los corazones. Sin duda, los corazones están muertos hasta que Dios les da vida. La justicia tiene signos y presagios. En cuanto a sus signos, estos son la timidez, la generosidad, la humildad, la mansedumbre. Sus presagios, se concretan en la misericordia. Ha [asimismo] puesto para todo asunto una puerta, y Él la ha hecho accesible proporcionando una llave. La puerta de la justicia es una consideración profunda de las consecuencias, y su llave es del otro mundo. La consideración de las consecuencias implica, en última instancia, el recuerdo de la muerte y prepararse para ella mediante la libre separación de la propia riqueza. La eternidad implica tratar con justicia a todos y estar satisfecho con lo que es suficiente. Si uno no está satisfecho con lo que le es suficiente, ninguna abundancia le enriquecerá jamás. (16)

Gran parte de esta discusión se ha centrado en la justicia distributiva. Sin embargo, el Corán también pone gran énfasis en la justicia conmutativa. Dios nos manda: “No dejéis que la compasión os impida aplicar la pena establecida por Dios”. [Corán 24:2] El Profeta Muhammad mencionó que una de los motivos de la ruina de una nación es la falta de justicia conmutativa. (17) En este contexto, mencionó que si su propia hija robase, él no dudaría en sancionarla con todo el rigor de la ley. (18)

En suma, esta breve discusión debe dejar clara a todo musulmán que la paz y la justicia son conceptos integrales con implicaciones profundas y tenemos que ser personas comprometidas con la paz y la justicia. Debemos mostrar claramente al mundo que nuestra religión es, de hecho, la religión de la paz. Sin embargo, nuestra lucha por la paz no debe permitirnos ser injustos, ni aceptar pasivamente las injusticias. Tenemos que tomar partido por la justicia, como se nos ordena en el Qur’an: “Proteged la justicia …” [Qur’an 4:135] Sin embargo, esa posición debe ir mucho más allá de consignas, como la mencionada al principio de este artículo, y avanzar en el terreno de la acción positiva; acción inspirada en el Qur’an y las palabras y los hechos de nuestro Ilustre Profeta (saws).


NOTAS:

  1. Esta consigna ha sido particularmente popularizada por el activista de Nueva York Rev. Al Sharpton y sus partidarios.
  2. Raghib al-Isfahani, al-Mufradat fi Gharib al-Qur’an (Beirut: Dar al Ma’rifa, s.f), 239.
  3. Al-Isfahani, 239.
  4. Ver Biblia, Isaías, 9:6-7; I  Juan 14:27
  5. Ibn Hajar al-‘Asgalani, Fath al-Bari, 13:369, nº 7321.
  6. Este hadiz está relatado por Muslim, Abu Dawud, y at-Tirmidhi. Citado en an-Nawawi, Riyaz as-Salihin, 289-290. Ibn Hajar al-‘Asgalani, Fath al-Bari, 11: 26-27.
  7. El texto completo de la tradición profética: Un hombre preguntó al Profeta (saws): “¿Cuál es el mejor Islam?” Él respondió: “Que proporciones comida y difundas el saludo de paz tanto a la gente que conoces como a los que no conoces”.
  8. Esta es la narración complete de la tradición profética citada en la anterior nota IV
  9. Este sentido está narrado en tradiciones proféticas relatadas al-Bukhari, Muslim, e Ibn Majah. Ver, por ejemplo, Fath al-Bari, 6:599-600. La cita mencionada es la versión de Ibn Majah. La versión de al-Bukhari dice que Jesús “pondrà fin a la guerra”.
  10. Ésta y otras definiciones de justicia se mencionan en Salih b. ‘Abdullah b. Humayd, Nadra an-Na’im fi Makarim Akhlaq ar-Rasul al-Karim (Jeddah: Dar al-Wasila, 2000), 7: 2792.
  11. Citado en Ibn Humayd, Nadr al-Na’im, 8:3153.
  12. Citado en Ibn Humayd, Nadr al-Na’im, 7:2793.
  13. Ver Ahmad b. Taymiyya, As-Siyasa Ash-Shar’iyya (Beirut: Dar al-Afaq alJadida, 1983), 4-5.
  14. At-Tirmidhi, nº 1329.
  15. Ibn Hajar al-‘Asgalani, Fath al-Bari, 5:354
  16. Citado en ibn Humayd, Nadra an-Na’im, 7:2811
  17. Este concepto está mencionado al principio de una tradición donde una mujer de  los Bani Makhzum, una de las tribus árabes más aristocráticas, robó algo y los compañeros quisieron intervenir para reducir su castigo. El Noble Profeta (saws) respondió: “¡Oh gentes! Aquellos antes que vosotros se arruinaron si, habiendo un noble entre ellos que robó algo le dejaron solo y, por otro lado, si alguien de clase baja robó algo. le castigaron!” Ver la narración complete en Abi Zakariyya Yahya b. Sharaf an-Nawawi, al-minhaj: Sharh Sahih Muslim (Beirut: Dar at-Ma’rifa, 1419 AH/1998 CE), 11;186-187, nº 4386
  18. An-Nawawi, Al-Minhaj, 11:186-187, nº 4386


N. del T.: para la traducción de estas ayas se ha mantenido la versión original ofrecida por el autor, que difieren algo de nuestra obra de referencia (El Noble Corán. Traducción y comentarios por el profesor Abdel Ghani Melara Navío. Barcelona: AMDIC, 2013. 441 p.). Son las siguientes:

* ¡Vosotros que creéis! Sed firmes en establecer la justicia dando testimonio por Allâh, aunque vaya en contra de vosotros mismos o de vuestros padres o parientes más próximos; porque, ya sean ricos o pobres, Allâh es antes que ellos. No sigáis los deseos para que así podáis ser justos. Y si dais falso testimonio u os apartáis… Es cierto que Allâh conoce hasta lo más recóndito de lo que hacéis. [Qur’an 4:135]

** Y así fue como enviamos a nuestros Mensajeros con las pruebas claras e hicimos descender con ellos el Libro y la Balanza, para que los hombres pudieran establecer la equidad. [Qur’an 57:25]

El origen occidental moderno de ISIS

Los yihadistas de ISIS no son medievales – Han sido moldeados por la filosofía occidental moderna.

Tenemos que mirar a la Francia revolucionaria para comprender las fuentes de la ideología y la violencia del llamado Estado Islámico.

  • Kevin McDonald, profesor de sociología y jefe del departamento de criminología y sociología de la Universidad de Middlesex
  • Publicado en theguardian.com, el Martes 9 Septiembre de 2014

En las últimas semanas se ha producido un constante ruido de fondo sugiriendo que el llamado Estado Islámico (ISIS) y su ideología son una especie de retroceso a un pasado remoto. A menudo se ha enmarcado en un lenguaje como el utilizado la semana pasada por el vice-primer ministro Nick Clegg, diciendo que Isis era “medieval”. De hecho, el pensamiento de la banda terrorista está en una tradición occidental mucho más moderna.

La intervención de Clegg no es sorprendente. Dada la extrema violencia de los combatientes de ISIS y las imágenes de cuerpos decapitados, es comprensible que intentemos dar sentido a estos actos como algo radicalmente “ajeno”.

Pero esto no nos ayuda necesariamente a comprender lo que está en juego. En concreto, se tiende a aceptar una de las afirmaciones centrales del yihadismo contemporáneo, es decir que se remonta a los orígenes del Islam. Tal y como a un partidario de ISIS que sigo en Twitter le gusta decir: “El mundo cambia, el Islam no”.

Esta no es sólo una cuestión para el debate académico, sino que tiene un impacto real. Uno de los atractivos de la ideología yihadista entre muchos jóvenes es que desplaza el poder generacional en sus comunidades. Los yihadistas, y los islamistas más ampliamente, se presentan a ellos mismos como fieles a su religión, mientras que sus parientes, así lo expresan, están sumidos en la tradición o la “cultura”.

Hay que  decirlo bien claramente: el yihadismo contemporáneo no es un retorno al pasado. Es una ideología moderna, anti-tradicional, producto muy significativo de la historia política y la cultura occidentales.

Al hacer su discurso  en la Gran Mezquita de Mosul, en el pasado mes de julio, declarando el Estado Islámico con él mismo como califa, Abu Bakr al-Baghdadi, citó ampliamente al pensador indo-pakistaní Abul A’la Maududi, fundador del partido Jamaat-e-Islami en 1941 y creador del término contemporáneo de “Estado Islámico”.

El estado islámico de Maududi está profundamente moldeado por las ideas y conceptos occidentales. Toma la creencia compartida entre el Islam y otras tradiciones religiosas; es decir, sólo Dios es el juez último de una persona, y lo transforma –re-enmarcando la posesión divina del juicio- en la posesión, y en última instancia del monopolio, de la “soberanía”. Maududi también se basa en una comprensión del mundo natural gobernado por leyes que son expresión del poder divino –ideas centrales en la revolución científica del siglo XVII-. Combina esto en una visión de la soberanía divina, y prosigue definiéndola en términos políticos, afirmando que “Dios es el Único Soberano” (el modo de vida islámico). Por tanto, lo divino y el estado se funden, de modo que en la medida en la que Dios se convierte en político, la política se vuelve sagrada.

Este tipo de soberanía es completamente inexistente en la cultura medieval, de mundo fragmentado y múltiples fuentes de poder. En cambio, su origen reside en el sistema de estados de Westfalia y la moderna revolución científica.

Pero la deuda de Maududi con la historia política europea va más allá de su comprensión de soberanía. Básico en su pensamiento es su análisis de la revolución francesa, de la que creía que ofreció una promesa de “estado fundado en un conjunto de principios” opuesto a otro basado en una nación o pueblo. Para Maududi este potencial, desgastado en Francia, tendría que esperar a ser alcanzado en un estado islámico.

En la Francia revolucionaria, es el estado el que crea a sus ciudadanos y no debe permitirse que nada se interponga entre el ciudadano y el estado. Esta es la causa de porque legalmente no se permite los organismos gubernamentales franceses la recogida de datos sobre el origen étnico, considerada como comunidad potencialmente intermediaria entre el estado y el ciudadano.

En este ciudadano universal, separado de la comunidad, nación o historia, basa Maududi su idea de “la ciudadanía en el Islam”. Así como el estado revolucionario francés creó a sus ciudadanos, con un ciudadano impensable fuera del estado, así el Islam crea a sus ciudadanos. Esta es la base argumental, por otro lado incomprensible, de Maududi de que solo se puede ser musulmán en un estado islámico.

No hace falta mirar al Qur’an para comprender esto –miremos a la revolución francesa y, en última instancia, a la secularización de una idea cuyo origen se encuentra en la cristiandad europea: extra ecclesiam nulla salus (no hay salvación fuera de la iglesia), una idea que fue transformada con el nacimiento de los estados europeos modernos, en extra stato nulla persona (fuera del estado no hay personalidad jurídica). Esta idea muestra, aun hoy, su extraordinario poder: es la fuente de lo que significa ser un refugiado.

Manipulaciones de este tipo quieren destruir el cuerpo como singularidad. El cuerpo se convierte en la manifestación de una colectividad que tiene que ser eliminada, manipulando la representación de lo que una vez fue una persona en un “extranjero abominable”.

Básico en el programa de Isis es su pretensión a la ‘herencia musulmana’ –fijémonos en el atuendo de al-Baghdadi. Para contrarrestar en parte esto es necesario conocer las fuentes contemporáneas de su ideología y su violencia. No puede ser entendido de ninguna manera como una vuelta a los orígenes del Islam. Esta es la tesis central de sus partidarios, a la que no se debe dar crédito en absoluto.

Artículo originalmente publicado en The Conversation.

¿Quiénes fueron los jariyíes?

Artículo traducido de Lost Islamic History:  http://lostislamichistory.com/who-were-the-kharijis/
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Surah An Nur: No dispone de luz ninguna aquél a quien Allah se la niega (40:24)

A lo largo de la historia islámica han surgido de tanto en tanto grupos que abogan por formas de pensar radicalmente nuevas y divergentes acerca de la religión. Uno de los más radicales y violentos surgió durante el caos político del califato de ‘Ali, que duró desde 656 a 661. Conocidos como los jariyíes, surgieron a partir de una postura política radical y continuaron desarrollando creencias particularmente extremas que los enfrentaron a la mayoría de los musulmanes. Aunque nunca se convirtieron en una fuerza política o religiosa importante en el mundo musulmán, tuvieron gran impacto en su propio tiempo y su ideología se ha reproducido en numerosas ocasiones en otros grupos marginales a lo largo de los últimos 1.400 años.

Antecedentes

En junio de 656 CE (35 después de la Hijra), fue asesinado el califa del Islam, ‘Uthman ibn Affan. Los asesinos fueron un grupo de soldados egipcios musulmanes descontentos por un fallo de ‘Uthman en un caso entre ellos y el gobernador de Egipto. A diferencia de los dos califas anteriores -Abu Bakr y ‘Umar- que dejaron cierta orientación sobre cómo elegir un nuevo califa (Abu Bakr nombró a ‘Umar, mientras que ‘Umar nombró un consejo de seis hombres entre los cuales debía ser elegido el califa), ‘Uthman no dejó una indicación sobre la elección de un nuevo califa.

Los asesinos, que entonces mantenían un control efectivo en la capital, Medina, querían que ‘Ali fuera el nuevo califa. ‘Ali naturalmente rechazó el nombramiento de unos asesinos. La aceptación de la nominación podría ser interpretada por otros como la aprobación implícita de sus acciones y eso no podía estar más lejos de la verdad teniendo en cuenta que había enviado a sus propios hijos a defender a ‘Uthman cuando los rebeldes se atrincheraron en su casa. Pero cuando algunos de los principales miembros de la comunidad de Medina le dijeron a ‘Ali que era la mejor oportunidad de paz y normalidad para la nación musulmana, especialmente teniendo en cuenta su condición de primo y yerno del Profeta ﷺ , aceptó de mala gana el título de cuarto califa del Islam.

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Extensión del mundo musulmán durante el califato de ‘Ali. Las zonas en poder de Mua’wiya se han coloreado en verde claro.

Sin embargo, tuvo alguna oposición inmediata. Mu’awiya, gobernador de Siria, era primo de ‘Uthman. Estaba dispuesto a jurar lealtad al nuevo califa, siempre y cuando ‘Ali juzgara y castigara a los soldados egipcios rebeldes que habían matado a ‘Uthman. ‘Ali, al contrario, no creía que eso fuera en beneficio de la nación musulmana. Por supuesto, no estaba de acuerdo con las acciones de los soldados, pero castigarlos podía provocar una revuelta aún más grande, dando lugar a más derramamiento de sangre y más pruebas para el joven estado musulmán, y esto es lo que ‘Ali quería evitar.

Sin el apoyo de Mu’awiya, ‘Ali se quedaba sin una de las provincias más grandes y prósperas del estado. Mu’awiya era tremendamente popular en Siria. Gobernaba allí desde el califato de ‘Umar, y había hecho una buena gestión manejando prudentemente las relaciones entre la población cristiana nativa de la región y los musulmanes árabes recientemente llegados. ‘Ali, a su vez, tenía un fuerte apoyo en Irak, particularmente en la ciudad de Kufa, donde sus seguidores se indignaron ante la negativa de Mu’awiya a jurar lealtad.

Con el fin de evitar una eventual guerra civil entre los partidarios sirios de Mu’awiya y los iraquíes de ´Ali, ambos acordaron un arbitraje. Pensaron que permitir que un tercero mediara en el conflicto y encontrara una solución, y potencialmente un nuevo califa, sería un final pacífico a una división política peligrosa.

Pero ‘Ali encontró un problema imprevisto en su arbitraje. Algunos de sus partidarios estaban tan convencidos de que su decisión de no buscar la justicia para los asesinos de Uthman era la correcta, que la elección del arbitraje los enfureció. Para ellos, ‘Ali había cometido un pecado mayor al aceptar un acuerdo con Mu’awiya. Abandonaron el campamento de ‘Ali y fueron conocidos como los jariyíes (también conocido como el jawarj o jariyítas), que significa “los que se fueron/desertaron”.

Las ideas jariyíes

El desarrollo de las ideas jariyíes es una interesante lección sobre cómo las ideas políticas pueden conducir a nuevos conceptos divergentes en el Islam (una política similar al proceso religioso que formaría el chiísmo en años posteriores). La posición política jariyí de que ‘Ali había cometido un error se transformó en la creencia de que ninguna persona que cometa pecados es apta para gobernar. Esto en si mismo sólo era una idea particularmente extrema, pero no terminó ahí.

Con el tiempo, la jariyíes argumentaron que los pecados en sí mismos eran una forma de kufr (no creer en Dios). Argumentaron que quien cometía un pecado, era de hecho un no-creyente y por lo tanto podía ser combatido y asesinado, aunque fuera un Compañero del Profeta ﷺ o un califa. Por otra parte, quien no estuviera de acuerdo con su creencia de que los pecados son incredulidad, era por defecto un incrédulo y podía ser combatido y asesinado.

Las creencias jariyíes no tenían mucho fundamento en la teología islámica real. El takfir (declarar no creyentes a las personas) es de hecho una cosa muy específica y poco frecuente en la corriente principal de creencia musulmana, siendo la opinión de la mayoría, como se indica en la ‘Aqida del Imam al-Tahawi, que la única cosa que invalida el estado de alguien como musulmán es que declare abiertamente que no cree que sólo existe un Dios y que Muhammad ﷺ es su mensajero. Por lo tanto, la mayoría de los jariyíes no eran personas educadas expertas en el Qur’an y en los dichos del Profeta. La mayoría eran invasores beduinos del desierto que compensaban su falta de comprensión del Islam con un fuerte celo por las creencias jariyíes, no importa lo intelectualmente superficiales que fueran.

Las ideas jariyíes nunca se afianzaron en la población general. Además de ser una distorsión de las enseñanzas del profeta, las creencias jariyíes eran demasiado extremas para ser secundadas por la mayoría de la gente. Pero eso no impidió al pequeño grupo de jariyíes tener un gran impacto en el mundo musulmán.

De conformidad con sus creencias, los jariyíes intentaron asesinar a todos los líderes políticos que tomaron parte en el arbitraje que llevó a su surgimiento. Fracasaron en sus intentos de matar a Mu’awiya y ‘Amr ibn al-As, quien lo apoyaba y gobernaba Egipto en su nombre. Pero en el año 661 tuvieron éxito en matar al califa, Alí, en Kufa. El asesinato del primo y el yerno del Profeta provocó el fin de la era rashidun del califato y el comienzo del califato omeya, liderado por Mu’awiya.

Los jariyíes continuaron siendo una molestia para los califatos omeyas y abasíes durante siglos. Nunca llegaron a retener las principales ciudades en sus numerosas rebeliones, pero usaron su familiaridad con los desiertos para deambular por todo el mundo musulmán acosando y aterrorizando a la población que no aceptaba sus creencias. En el norte de África se las arreglaron para conseguir un poco de apoyo a su causa de los grupos de bereberes indígenas aprovechándose de las tensiones existentes entre ellos y los gobernantes árabes.

Con el tiempo, el movimiento jariyita moriría lentamente, víctima de su propio extremismo que le impidió ser aceptado por la mayoría de los musulmanes. Una de sus vertientes consiguió moderarse y se convirtió en la secta ibadí, que forma hoy la mayoría de la población de Omán. Sin embargo, aunque el movimiento jariyita no duró, su concepto del takfir ha sido resucitado de vez en cuando por numerosos grupos extremistas, incluso se hicieron eco algunos movimientos políticos modernos.

 

Bibliografía:

Hodgson, Marshall G. S. The Venture of Islam: Conscience and History in a World Civilization. Chicago: U of Chicago, 1974.

Ibn Khaldūn. The Muqaddimah, An Introduction To History. Bollingen, 1969. 230.

Saunders, John J. A History of Medieval Islam. London: Routledge & Kegan Paul, 1980.

NOTAS:

(1) Este comité estaba formado por:

  • Ali
  • Uthman ibn Affan
  • Abdur Rahman bin Awf
  • Sa`d ibn Abi Waqqas
  • Al-Zubayr
  • Talhah

Umar pidió que después de su muerte el comité llegara una decisión final en tres días y que el siguiente califa prestara juramento el cuarto día. Si Talhah volvía a Medina durante ese período, debía tomar parte en las deliberaciones, de lo contrario los otros miembros del comité debían tomar una decisión. Abdur Rahman bin Awf retiró su candidatura a califa para actuar como moderador y comenzó a interrogar a cada miembro del comité por separado. Les preguntó a quién darían su voto. Cuando se le preguntó a a Ali, no contestó. Cuando se le preguntó a Uthman, votó por Ali, Zubayr dijo Ali o Uthman y Sa’ad votó por Uthman.

La llamada del Islam

Sadullah Khan, IslamiCity

paz-islam

El Islam es salam (paz) y taslim (sumisión a lo Divino). En el Islam la paz es la norma, es el principio y cada persona de fe tiene la obligación moral de mantener la paz sin comprometer la justicia y la verdad. El Islam invita al subul as-salam (el camino de la paz): paz mental, paz de conciencia, paz en la familia y en la sociedad, paz con nuestro Creador y Su creación. Uno de los atributos de lo Divino es As-salam (La Fuente de Paz) y el saludo universal del musulmán al encontrarse o despedirse es as-salamu ‘alaykum o “la paz sea con vosotros”. La recompensa final y definitiva para el esfuerzo humano es el Paraíso, mencionado en el Qur’an como Dar us-salam (La Morada de la Paz).

Se espera que los creyentes sean una ummah (comunidad) que sirva como modelo para los demás; lo que el Qur’an describe:

“… y os hemos hecho (ummatan wasata) la comunidad media/gente de moderación/un medio equilibrado para que seáis un testimonio o modelo para la humanidad” [Qur’an 2:143].

La ausencia del equilibrio proporcionado por la wasatiyya’ (moderación) arrastra al extremismo. La wasatiyya’ es un antídoto para… ghuluw (exceso) tanattu’ (dureza), tashaddud (severidad), tatarruf (extremismo)… en todas sus formas.

Intolerancia ¿de dónde?

¿Cómo es entonces que algunos musulmanes son tan intolerantes con otras religiones, participan en actos atroces y aberrantes de violencia y asesinato sin sentido? ¿Han olvidado el ejemplo histórico de cómo el Profeta se relacionaba con las diferentes religiones? Parece ser que supuestamente algunos  musulmanes han dejado la correcta comprensión de las enseñanzas de nuestra fe y están sustituyendo el mensaje sublime del Islam por el discurso de la ira y la retórica de la rabia. No hay una orden o una enseñanza en el Islam que pueda indentificarse como la fuente directa de una acción extremista y del asesinato. Los que planean y orquestan matanzas sin sentido son los peores representantes de sus religiones y enemigos de sus comunidades. Los autores de actos de violencia sin sentido en el nombre del Islam están haciendo un grave daño al Islam. Algunos se sienten orgullosos de ser musulmanes sin importarles lo no-musulmana que pueda ser su actitud. Luego están los que animan a los actos de violencia, ellos también han degenerado en gente del odio.

Los fanáticos son un flagelo para la religión

Los extremistas, sean reaccionarios o radicales son un flagelo para la religión. Los extremistas reaccionarios no quieren pluralismo, ven el mundo en blanco y negro, bien y mal. Ellos son buenos y todo el que se le oponga es malo. Entre estos musulmanes están los que “excomunican” a todo musulmán que no comparta sus interpretaciones del Qur’an y su comprensión de la fe. Usan el takfir (denunciar a un musulmán como no-creyente) y la difamación como una herramienta para marginalizar cualquier crítica dirigida hacia ellos.

Los extremistas radicales difieren sólo en que usan la violencia para promover su causa y en que creen que el fin justifica los medios. Ven aceptable cualquier acto que promueva su “causa”. Esto es abiertamente anti-islámico. En el Islam los medios deben reflejar sus nobles fines. Cualquier medio que no represente las verdades y la ética central del Islam no es Islam y por lo tanto es denunciado como una aberración. El Islam no es una sociedad secreta de conspiradores de la que se desconocen sus intenciones. El Islam declara abiertamente sus fines y objetivos y éstos están reconocidos por toda la gente de bien como puros y congruentes con su propia sabiduría y tradiciones. El Islam prohíbe al musulmán matar gente inocente e indefensa.

Etiquetar algo como islámico no lo hace justificable

Comprende que ser religioso no significa tener razón. Desear poner en práctica los valores islámicos es siempre noble, pero tener una estrategia relevante y efectiva es, de hecho, más importante. Forzar a otros no es un recurso aceptable y sin duda no el primer recurso; sobre todo porque nuestro din/forma de vida nos ordena no utilizar la coacción como herramienta. Sólo porque hay que hacer algo, no significa que todo lo que se hace está bien; y sólo porque algo se hace con fervor religioso no demuestra en absoluto que es islámicamente correcto.

De acuerdo con el Qur’an [5:32] los musulmanes han heredado la orden prescrita a los Hijos de Israel:

“quien toma una sola vida sin justificación es como si hubiera matado a toda la humanidad”.

Además se nos recuerda, que si Allah no hubiera repelido a una gente mediante otra, los monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas, todas en las que el nombre de Allah es muy alabado, hubieran sido destruidas.

Allah ciertamente ayuda a aquellos que ayudan a Su causa y en verdad, Allah es Todopoderoso, Omnipotente. [Qur’an, 22:40].

Si no cumplimos con los principios establecidos en el Qur’an, estamos minando el espíritu mismo de nuestro din. Debemos prestar atención a la advertencia Qur’anica contra el extremismo en la religión…

”no seáis extremos en vuestra religión” [Qur’an 4:171].

El profeta advirtió además:

“Mi intercesión no será útil a dos categorías de mi comunidad: al gobernante opresor/injusto y al extremista sedicioso” [Tibrani].

“Os advierto sobre el extremismo, porque las comunidades que os antecedieron fueron destruidas debido al extremismo”. [Nisa’i] 

Las injusticias de los que se creen moralmente superiores

Algunos grupos/personas desviados cometen actos en nombre del Islam que son contrarios al fundamento de nuestra fe, al mismo tiempo pocos parecen ser lo suficientemente valientes para oponerse abiertamente a los matones que están denigrando el nombre y la imagen del Islam.

Recuerda las palabras del profeta Muhammad (la paz sea con él):

“Un musulmán (quien proclama tener fe) es la persona de cuyas manos y lengua los otros musulmanes están a salvo, un mu’min (el que manifiesta la fe) es la persona de quien la humanidad se siente a salvo y está segura respecto a sus vidas, propiedad y honor” [Baihaqi].

El profeta (la paz sea con él) además aconsejó:

“Allah es bueno y ama la bondad en todos los asuntos, y a la bondad le ha sido garantizada una capacidad que la violencia nunca puede alcanzar”. [Sahih Muslim].

Que Allah proteja a los inocentes de las injusticias de los que se creen moralmente superiores.

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Shaykh Sadullah Khan es Director de Impower Development International www.impowerinternational.com.

El imperativo cultural en el derecho islámico

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REFLEXIONES SOBRE LA HISTORIA CULTURAL ISLÁMICA

(Resumen de la intervención del Dr. Umar Faruq Abd-Allah en la Universidad de Londres, Facultad de Estudios Orientales y Africanos  – noviembre de 2006)

Cultural jihad – Making Islam Matter

www.radicalmidleway.com

Uno de los principios fundamentales de la teoría legal islámica es que, para dar opiniones legales, hay que conocer cuatro aspectos de la cultura:

1- La cultura del profeta –que Dios lo bendiga y le conceda una paz perfecta- en su tiempo y lugar, es decir, cómo era la sociedad en la que vivía

2- La cultura del erudito o el imam de referencia, porque él también es un producto de su tiempo y de su cultura. La época de Abu Hanifa no era la época de su estudiante Muhammad al-Shaybani y la época de al-Shaybani no era la época del profeta. Por lo tanto, muchas de sus opiniones legales son específicas para la situación en la que ellos vivían

3- La cultura de la gente a la que se le dará una opinión legal

4- La cultura del grupo o de la persona específica a lo que uno se está dirigiendo. Los juristas como al-Qarafi e Ibn Qayyim al-Yawzia dijeron que dar una opinión legal sobre personas, épocas o lugares que no se entienden es extravío, error y desobediencia a Dios. No sólo es un error, dicen, es como si un médico diera un diagnóstico basado en lo que leyó en un libro, sin experiencia clínica y sin ver a la persona.

Habiendo dicho esto, me gustaría completar estos principios refiriéndome al Imam Malik, quien enseñó a sus estudiantes que la mitad del conocimiento consiste en decir “no sé”.

Hay dos artículos publicados en la página Web de Nawawi Foundation, que están estrechamente relacionados con este tema y que amplían el contenido de esta exposición:

  •  Islam y el imperativo cultural:

http://www.nawawi.org/downloads/article3_espa%C3%B1ol.pdf

  • Buscad conocimiento en China: más allá del marco abrahámico:

http://www.nawawi.org/downloads/article5_espa%C3%B1ol.pdf

Creo que muchos de los problemas con los que nos encontramos en Estados Unidos y en occidente en general, responden a cuestiones de disfunción cultural. De acuerdo con la ley islámica y la evidencia de la realidad pragmática, tenemos la obligación de hablar sobre la cultura y esforzarnos en crear una vibrante cultura islámica en los lugares donde vivimos, que sea auténtica para nosotros, real en su expresión de lo que creemos, pero al mismo tiempo que nos permita negociar la realidad en la que vivimos, no simplemente sobrevivir, sino prosperar y, si Dios quiere, algún día también poder guiar.

Este es uno de los patrones que observamos en el desarrollo de la historia islámica. Cuando el islam llegó a África occidental, creó una cultura de innovación basada en la aldea mercantil: una aldea de cultura agrícola durante la temporada de lluvias, que luego en la temporada seca enviaba caravanas para comerciar sus productos logrando penetrar en territorios que antes eran de difícil acceso. Fueron capaces de hacer alianzas, de crear redes, de interconectarse, no sólo de sobrevivir, sino de prosperar, porque satisficieron una necesidad básica. Esta para mí es una lección que se repite continuamente en la historia de la cultura y de la civilización islámica. Este es el tipo de cosas que necesitamos hacer.

Cuando utilizamos una palabra como cultura, probablemente todos la comprendemos de una manera diferente. Cuando hablo aquí de cultura me estoy refiriendo a una forma integrada de comportamiento social que exprese nuestros valores, nuestras ideas, nuestras lenguas, nuestras capacidades técnicas, nuestras comidas, la vestimenta que usamos, todo. Una forma de comportamiento integrada que, si es funcional, nos permita negociar la realidad del entorno o sociedad en la que vivimos.

En mi opinión la creación de una cultura islámica americana, u occidental, sería posible a partir de una matriz básica de valores islámicos esenciales consensuados por todos los musulmanes y sobre esta base se construiría el espacio para los valores específicos a la sociedad en la que vivimos. El propósito de esta matriz es ser un catalítico y eliminar las inhibiciones que no nos dejan crear cultura.

Desde mi punto de vista, la mayoría de los aspectos culturales que hemos de crear no necesitan fatwas, están bajo la categoría de lo que la ley islámica denomina neutro o inocuo. Además, en la ley islámica hay cinco máximas consensuadas por todas las escuelas de pensamiento (madhhabs) que le otorgan legitimidad:

1. LOS ASUNTOS SE JUZGAN POR SUS PROPÓSITOS
2. LA CERTEZA NO SERÁ ANULADA POR LA DUDA
3. EL DAÑO DEBE SER ELIMINADO
4. LAS DIFICULTADES DEBEN SER MITIGADAS
5. LA COSTUMBRE TIENE PESO DE LEY

La costumbre tiene peso de ley, es decir, la costumbre sensata, las buenas costumbres: “al ‘ada al-muhakkama”, la buena costumbre arbitra. Esta es una de las cualidades básicas de la ley islámica a lo largo de todas las épocas, cuando los musulmanes llegan a nueva cultura, adoptan lo bueno que hay en ella, aunque puede ser que lo modifiquen y que lo embellezcan. Este es el modelo de la escuela de pensamiento Hanafi, por ejemplo, para Abu Yusuf el aspecto de la construcción cultural es obligatorio y es la sunna del profeta

La sunna del profeta no es que su sunna se convierta en el contenido de nuestra cultura. La sunna del profeta es que generemos una cultura que esté en armonía con sus enseñanzas. Hay un hadith del profeta, que encontraréis en los sahih de Bukhari y Muslim, sobre los etíopes y la festividad del ‘eid. Los etíopes musulmanes que estaban en Medina con el profeta el día del ‘eid estaban tan llenos de alegría que comenzaron a tocar sus tambores y a bailar con sus lanzas en la mezquita. ‘Umar ibn Khatab –que Dios esté complacido con él- lo vio y trató de detenerlos. Él era del Quraysh, era de Meca, era árabe: no era su cultura. Por lo tanto, para él no era correcto, no correspondía. Entonces el profeta intervino y le dijo a los etíopes a los que se los llamaba Banu ‘Arfida en árabe: “Interpretad vuestros juegos, Bani ‘Arfada, continuad” y los animó, porque algunos de ellos estaban intimidados por la reacción de ‘Umar. El Profeta invitó a su esposa ‘Aisha a contemplar la danza y la subió sobre sus hombros de forma que pudiese ver claramente la celebración hasta que ella decidió que era suficiente.

Este es un hermoso hadith, una hadith significativo. ¿Y qué nos dice? Una de las cosas que nos dice es que el islam no es culturalmente depredador, no es el propósito del islam destruir la cultura. Cuando los etíopes entraron al islam, el profeta no les pidió que se convirtieran en árabes, los dejó ser etíopes. Por lo tanto, este es un precedente muy importante y este es el genio del islam a través de la historia.

El islam chino es tan antiguo como el de Siria, Egipto, Irán o Irak y la forma en que se generó es compleja. Sin embargo, lo más interesante, es la forma en que los musulmanes chinos comprendieron cómo debía ser articulado el islam de manera que fuera completamente coincidente con la cultura china, que afirmara la cultura china, sin dejar de ser genuinamente islámica.

La mezquita china, además de ser claramente indígena varía de acuerdo con el tipo particular de la religión predominante en cada región. Por lo tanto, en las áreas como Beijing donde el confucionismo era preponderante, tomaron las cualidades del confucionismo  y en las áreas más cercanas al Tíbet,  donde predominaba el budismo tibetano, tomaron las cualidades del budismo tibetano.

Esta es la naturaleza de las mezquitas que se construyeron a lo largo del mundo, dondequiera que fueran los musulmanes el Islam se conectaba con las tradiciones sagradas del pasado y establecía una continuidad. Algunos de nuestros sabios han expresado este imperativo con la metáfora de un río. Un río de agua cristalina; el agua es perfectamente pura, el agua es el Islam, es una metáfora del Islam. El agua no tiene color, da vida, es dulce, es fresca, pero no tiene color en sí misma. Entonces adopta el color del fondo sobre el que fluye, si fluye sobre el verde es verde, si fluye sobre el rojo es roja, si pasa cerca de Timbuktu, fluye sobre la arena y refleja la arena.

La cultura islámica se extendía como la cola de un pavo real de oriente a occidente, mostrando todo tipo de colores, todo tipo de grupos étnicos, entornos culturales y lenguas. Sin embargo todo era islámico, todo estaba unido, unido en los principios básicos de la ley y los principios básicos de la teología.

Volviendo a China. ¿Cómo hablan sobre el islam los musulmanes en China? Se presentan grandes problemas en el idioma debido a que el chino proviene de ideogramas y también hay problemas para pronunciar sonidos de las lenguas extranjeras.

Los chinos entonces llamaron al  Islam, qing zhen jiao que significa “la religión de lo puro y lo real”. Este fue un brillante “tour de force”, porque tomaron los símbolos de lo sagrado de las tradiciones más reverenciadas y antiguas de China y lo incorporaron a la identidad de los musulmanes chinos.

Hicieron que el islam fuera interesante para los chinos, que tuviera sentido. Qing (lo puro) y zhen (lo real) eran símbolos de profundo significado, significaba que la religión era pura, interna y externamente, que era sincera y también que era una religión que predicaba las últimas realidades del cielo y de la tierra. Y eso es lo que es el Islam.  En las mezquitas de China se ven a menudo cuatro ideogramas que dicen “la religión primordial desde el comienzo del mundo” (Kai tian gu jiao).

Hablemos de África oriental. La gran cultura que se desarrolló allí fue la del reino swahili que se extendía al este de África en Kenya, Mozambique, Zanzíbar y en esta cultura se desarrolló la lengua swahili que es una interesante combinación de bantú  y de palabras árabes. Los bantú-swahili fueron esenciales para la definición de la cultura islámica de África oriental. Esta cultura tiene en alta valoración la poesía épica, entonces una de las cosas que hicieron los musulmanes de África oriental fue crear una de las literaturas más ricas del mundo musulmán. Una literatura que es tan rica que incluso todavía hoy sus manuscritos no ha sido reunidos. Uno de esos poemas épicos -Utenzi wa Tambuka (o Utendi wa Hirqal) (en swahili, “La canción de Tambuka” o “La canción de Heraclio”,trata sobre la confrontación entre los bizantinos y los musulmanes de Arabia en la época del profeta, pero en realidad, este poema no tiene nada que ver con eso.

El poema es sobre la manera de integrar las tribus del Este de África al islam sin violar su unidad tribal, sin destruir la seguridad que necesitan en su entorno y su sociedad. Responde todas las preguntas que son significativas para los bantúes y al mismo tiempo habla de los bizantinos. ¿Pero qué necesitan saber los bantúes sobre los bizantinos?  ¿Quiénes son los bizantinos en el poema? Son los portugueses, que en esa época comenzaron a colonizar la región. Entonces este poema empieza a prepararlos para comprender a los portugueses y tratar con ellos. Los portugueses son descritos como niños porque su impaciencia, su codicia y su facilidad para enfadarse;  dentro de la cultura swahili musulmana son atributos infantiles. La cultura swahili creó el concepto de nuevo swahili, ser un swahili. Y ser un swahili significaba hablar el swahili y hablarlo perfectamente, ser capaz de entender la poesía, y tal vez de crearla, y tener adab, buen carácter, buena educación. Los árabes, los persas y otros que llegaron al reino swahili fueron honrados y aceptados, pero mientras no supieran swahili, mientras no se relacionaran culturalmente, eran huéspedes. Cuando aprendieron swahili y fueron parte de esa cultura islámica se convirtieron en wenyeji “la gente que pertenece”. Inshallah, eso es lo que tenemos que ser, debemos ser capaces de pertenecer a la sociedad en la que vivimos sin perder nuestra propia identidad.

Por último, deseo comentar uno de los aspectos negativos de la historia de la cultura. Aquí utilizo como ejemplo, una situación que llevó a nuestro genocidio en España y Portugal, y que debemos evitar repetir en estos tiempos: la cultura del hidalgo. Don Quijote, tal vez el mejor libro que se haya escrito en la historia, un libro increíble, es la historia de un hidalgo, y aunque es humorístico, nos cuenta la realidad del hidalgo, de lo que es capaz, es un libro muy significativo. Don Quijote y Sancho Panza representan respectivamente, la baja nobleza y la clase baja de los castellanos, cuando actúan juntas destruyen todo. Destruyeron a los judíos, a los musulmanes, a la clase media. ¿Qué era la “cultura del hidalgo”?. La cultura del hidalgo se desarrolló a lo largo de ochocientos años y comenzó durante la época en que el islam era extremadamente fuerte en España y Portugal. En el norte se soñaba con reconquistar España, o conquistar a los musulmanes, pero esa era una tarea impensable durante los primeros siglos.  Entonces, la cultura del hidalgo comienza a desarrollarse en este contexto: es una contra-cultura. No todas las contra-culturas son malas, pero esta era muy destructiva. No se trata de quiénes eran realmente, sino de quiénes no eran. No eran judíos, por lo tanto no hacían nada de lo que hacía un judío: no prestaban dinero, no eran banqueros, no eran médicos, porque esas eran las principales ocupaciones de los judíos, y no eran musulmanes, entonces no hacían nada de lo que hacían los musulmanes: no eran artesanos, ni granjeros, ni albañiles, no hacían ninguna de las cosas que los musulmanes hacían en España.

Por ese motivo, cuando tuvieron poder les fue fácil eliminar a los musulmanes y a los judíos sin pestañear y cuando fueron a las Américas tuvieron la misma actitud.

La cuestión aquí es, que en mi opinión, los musulmanes estamos en peligro de convertirnos en “hidalgos”. Actualmente, para algunos de nosotros el islam es nuestra identidad, no nuestra teología, se ha convertido en una religión identitaria. Esto muchas veces toma un aspecto muy negativo: “estoy orgulloso de ser lo que no soy”, no soy un kafir, no soy un cristiano, no soy un judío. Por supuesto que los musulmanes tienen que estar orgullosos de lo que son, pero no pueden ser algo vacío, tienen que ser gente de sustancia, tienen que ser personas con algo para dar, para contribuir. Debemos ser gente que camina con luz y que está llena de luz.

Como dicen los sufíes: “al-fahmu ‘ani-Llah”, debemos intentar entender lo que Dios está haciendo. Tenemos que capturar el momento. ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué propósito debemos cumplir? Nosotros, como seres humanos, somos creadores de cultura, no podemos vivir sin cultura. Somos creadores de cultura consciente o inconscientemente. Pero lo más importante es que la cultura que hagamos no sea una cultura por omisión, que no nazca de un vacío, de desajustes psicológicos, del odio sin fundamento o de la alienación.