Lo imprescindible (IIII)

Ibn ‘Arabi

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Es incumbencia tuya examinar cada acción, cada palabra, cada acto de Islam, cada relación con los demás, tales como la amistad o el matrimonio. Ante cada cosa, debes averiguar si es buena o mala, pura o impura, correcta o incorrecta; en una palabra: legal o ilegal. En algunos casos, estará claro; entonces has de escoger el bien y dejar el mal. En algunos otros, será dudoso; entonces has de dejarlo como si fuera malo y buscar aquello que sea seguro.

Sigue esa consigna del Profeta (que la paz y las bendiciones sean sobre él). Incluso si tienes necesidad de algo que resulta dudoso, incluso si no puedes conseguir otra cosa, no lo tomes: déjalo por amor a Allah. Eso es la escrupulosidad. Ten por seguro que Él recompensará al escrupuloso con bienes abundantes mucho mejores que la cosa dudosa que hubo de ser abandonada. Pero, no esperes tu recompensa in- mediatamente.

La escrupulosidad es la base del Islam y el camino hacia la verdad. Si eres escrupuloso, todas tus acciones serán puras y sinceras, todo lo que hagas terminará bien, estará en armonía con el

mandato de Allah. Serás el receptor de la generosidad de Allah; todos recurrirán a tu ayuda. Estarás bajo la protección de Allah. Si eres escrupuloso y riguroso en tu Islam, evitando lo incorrecto y lo dudoso, no cabe duda que recibirás todas estas bendiciones. Pero, si vuelves la espalda a la escrupulosidad y a la humildad, el Juez Absoluto te colocará en un puesto deshonroso, y te encontrarás falto de ayuda y aterrorizado. Te dejará a tu suerte en manos de ti mismo. Entonces serás un juguete para el Diablo, que no encontrará ninguna resistencia, ninguna oposición a sus tentaciones, y te desviará de la verdad. Emplea todos tus esfuerzos en permanecer en el camino de la piedad, y que Allah te ayude.

Este mundo es un lugar de preparación, donde te dan muchas lecciones y pasas por numerosas pruebas. En él escoge lo menos antes que lo más. Conténtate con lo que tienes, aunque sea menos de lo que poseen los otros. Verdaderamente debes preferir tener menos.

Este mundo no es malo. Al contrario, es el campo del Más Allá: lo que cultives aquí, allí cosecharás. El mundo es el camino hacia la felicidad eterna, y por lo tanto es bueno, merecedor de ser querido y alabado.

Lo que es malo es tu modo de servirte del mundo cuando te vuelves ciego para la verdad y totalmente consumido por tus deseos, tus apetitos y tu ambición mundana. A nuestro Maestro, el Profeta (que la paz y las bendiciones sean sobre él), en quien la sabiduría era transparente como el cristal, alguien le preguntó:

«¿Qué es lo mundanal?» Contestó: «Todo cuanto te hace estar menos vigilante y olvidar a tu Señor»

Por consiguiente, los bienes de este mundo no son dañinos en sí mismos, sino sólo cuando dejas que te vuelvan olvidadizo, desobediente y despreocupado del Señor que te los ha ofrecido generosamente. Es tu sentido del mundo, tu relación con él, tu preferencia por él en detrimento de Quien te lo dio, lo que te hace insensible y es causa de que rompas tu conexión con la Verdad.

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean sobre él) dice:

«A quien prefiere el mundo por encima del Más Allá se le obliga a padecer tres cosas: una carga insoportable que nunca se aligerará, una pobreza que nunca se aliviará y una ambición, un hambre que jamás se saciará”.

Así pues, quien vive exclusivamente para este mundo, queda reducido a sentir sus penas y sus dificultades: intentando resolver él sólo los problemas que éste causa, siendo totalmente dependiente del mismo como si fuera un mendigo, intentando satisfacer las necesidades de su carne y de su ego a partir de él. Esa carne, ese ego cuyos apetitos no conocen la saciedad, cuyas ambiciones no conocen límite, siempre deseando, siempre con hambre, siempre con insatisfacción. Estas son las recompensas que el mundo reserva para aquellos que hacen de él su señor, olvidando al Señor de todos los universos.

Esto no quiere decir que debas abandonar el mundo, no cumpliendo con tus deberes en él ni participando en sus asuntos retirándote a un rincón sin esforzarte, sin trabajar. El Profeta (la paz y las bendiciones sean sobre él) dice:

«A Allah le gusta ver al creyente trabajando en su profesión “. «En verdad que a Allah le gusta quien tiene oficio». «El que gana su sustento legalmente con sus esfuerzos es el predilecto de Allah».

Estos dichos (hadices) significan que la benevolencia de Allah abarca a todos los que en este mundo trabajan duro en un oficio o negocio. Por esta razón, todos los profetas trabajaron para su sustento.

Se cuenta que un día ‘Umar (Allah haya quedado complacido con él) se encontró con un grupo de personas sentadas perezosamente sin hacer nada. Les preguntó quiénes eran. «Somos – respondieron- de aquellos que han puesto sus asuntos en manos de Allah y en Él confiamos» «¡En verdad que no lo sois! -replicó lleno de cólera- ¡Sois sólo holgazanes, parásitos del esfuerzo de otra gente! Pues alguien que confía de verdad en Allah primero planta la semilla en el vientre de esta tierra y luego confía, espera y pone sus asuntos en las manos de Quien todo lo sostiene».

Algunos sabios auténticos llegan casi a afirmar que el trabajo -en las profesiones, los oficios y los negocios que son legales según la Sharia- es un requisito del Islam. Afirman que se tiene verdadera apertura en Allah cuando se realizan las prácticas del Islam (‘ibadas) y que el trabajo es una de ellas. Se basan en el siguiente versículo:

«Terminada el Salât (del viernes) ¡id a vuestras cosas, buscad el favor de Allah! Recordad mucho a Allah! Quizá, así, prosperéis». [Corán 62:10]

Así pues, dejar lo mundano y el mundo no significa no cumplir con tus deberes en él.

Tal vez lo que se quiere decir con ser mundano sea el hecho de entregarse exclusivamente a acaparar las ventajas del mundo. La persona mundana se identifica con lo que ha acaparado y está orgullosa de ello. Llena de ambición se dedica a acumular bienes de este mundo sin ponerse a considerar si son legales o no, no sólo su parte sino también la de los otros. Peor aún es no ver nada malo en todo esto, pensar que es el camino correcto, el único camino.

Cuando el amor a este mundo llena totalmente tu corazón, no deja espacio para recordar a Allah. Olvidando el Más Allá, prefieres este mundo efímero.

Todo lo que necesitas de este mundo es algo legal para satisfacer tu hambre, algo con qué cubrirte y un techo bajo el que cobijarte. Que éstas sean las únicas cosas que pidas a este mundo, ninguna más. No envidies la aparente abundancia temporal de que parece disfrutar la gente atada a este mundo, ni desees las riquezas que han acaparado sin tener en cuenta el bien o el mal, lo legal o lo ilegal. ¿Cuánto tiempo permanece uno en este mundo?

Alguien que elija este mundo efímero prefiriéndolo al bien verdadero del eterno Más Allá nunca alcanzará su meta, ni aquí ni allí. Ya que la ambición de quien ambiciona este mundo nunca quedará satisfecha. ¿No ves que el Hacedor del Destino decide tu suerte en este mundo y que recibes ni más ni menos de lo que estás destinado a recibir? Te guste o no, lo que Allah ha establecido no cambia. Queramos más o no, sólo podemos lograr lo que está reflejado en el espejo de nuestro destino. Dice Allah:

«Nosotros les dispensamos las subsistencias en la vida de acá,.. [Corán 43:32]

Pero, la gente que toma este mundo por su dios tiene deseos ilimitados. Sin embargo, como no recibirán ninguna de las cosas que desean, si no las tienen asignadas, estarán insatisfechos e infelices toda su vida, y en el Más Allá tendrán que enfrentarse a la ira de Allah.

Los deseos mundanos son como el agua del mar , que, cuanto más bebes, más sed sientes. El Mensajero de Allah (s.a.s.) comparó este mundo con un estercolero sólo para decirte que te mantuvieras alejado de él. Conténtate con la porción de bienes terrenales que Allah ha incluido en tu destino, pues, te guste o no, esa es la parte que te corresponde.

Allah aconsejó y avisó al profeta Moisés (que la paz sea con él), diciéndole:

“Oh descendiente de Adán, si estás satisfecho con lo que te he asignado, daré reposo a tu corazón y serás merecedor de alabanzas. Pero, si no te sientes satisfecho con lo que te he asignado, concederé al mundo poder sobre ti. Correrás por él como corre un animal salvaje en el desierto. y ¡Por Mi poder y majestad! no recibirás de él nada más que lo que te he asignado y merecerás la condenación,…”

Esto significa que el hombre logrará la paz del corazón y alcanzará la alabanza de Allah y Su gracia, si acepta y está contento con la parte que le haya correspondido según la distribución de Allah. En cambio, si no aceptas la parte que te ha sido destinada. Allah convertirá en, enemigo tuyo este mundo que tanto deseas. La tierra será para ti algo así como un desierto para un animal hambriento. Correrás y correrás hasta reventar sin poder encontrar nada en él. Allah ha jurado que, por mucho que corran los apegados a este mundo, no recibirán más que la parte que les ha sido asignada. Supongamos que Allah te ha concedido todos los bienes de este mundo, todas las riquezas materiales que puedas imaginar, ¿cuánto puedes usar, aparte de la comida y la bebida que tu estómago pueda aguantar, de la ropa que cubrirá tu cuerpo y de un lugar donde vivir? Los pobres de la tierra no tienen menos, y además están mucho mejor situados, porque están en paz, sin preocupaciones en este mundo y seguramente en el Más Allá tendrán menos de qué dar cuenta.

No cambies la paz del espíritu y la posibilidad de felicidad eterna por los bienes temporales y perecederos de esta tierra. No importa cuán grandes y seguros parezcan, morirán cuando tú mueras. La muerte te puede sobrevenir cuando des tu próximo paso sobre esta tierra, y todos tus sueños terrenales se evaporarán.

Así como los encadenados a este mundo son hijos de él, los vinculados al Más Allá son hijos del Más Allá. Tal como el Mensajero de Allah aconseja, sed hijos del Más Allá, atados a la eternidad, no efímeros hijos de la tierra, que volverán a la tierra. Lee estas palabras de tu Señor y actúa consecuentemente: «A quienes hayan deseado la vida de acá y sus pompas les remuneraremos en ella con arreglo a sus obras y no serán defraudados en ella».
«Esos son los que no tendrán en la otra vida más que el Fuego. Sus obras no fructificarán y será vano lo que hayan hecho». [Corán 11:15-16]

«A quien desee labrar el campo de la vida futura se lo acrecentaremos. A quien> en cambio> desee la- brar el campo de la vida de acá, le daremos de ella, pero no tendrá parte en la otra vida». [42:20]

Epílogo

Que la verdad eterna te despierte del sueño de la despreocupación. Que te haga consciente del origen al cual debemos volver todos y en el que permaneceremos durante el resto de la eternidad.

Que Quien todo lo ve abra tus ojos interiores para que puedas ver y recordar cuanto has hecho y dicho a lo largo de tu estancia en este reino temporal que sirve de ensayo para la otra vida. Entonces sabrás y recordarás siempre que has de dar cuenta de todo, cuando seas juzgado en el Juicio del Último Día.

No dejes el recuento para el Día de rendir cuentas. Aquí y ahora son el lugar y el momento de hacerlo. Tienes que inspeccionarte a ti mismo y liquidar las cuentas. El único camino que lleva a la salvación es ir puro y limpio de deudas al Más Allá. Presta atención al siguiente consejo del Profeta (la paz y las bendiciones sean sobre él), quien dijo:

«Haz tus cuentas antes de que las hagan por ti, pesa tus pecados antes de que te los pesen».

Examina tu vida, pon en un platillo de la balanza tus transgresiones y, en otro, tus acciones buenas. Hazlo mientras todavía te queda tiempo en este mundo donde todos tenemos las respiraciones contadas; mientras todavía puedes, antes de que te dejen sólo en ese agujero oscuro del suelo. Mientras estás vivo, tu yo mundano es como un recolector de las ganancias que provienen de la generosidad de Allah, que te vienen de minadas de manos. Lo que recibes no es realmente tuyo, pues eres como un administrador que distribuye lo que ha recibido, habiendo de dar cuenta de ello.

Si no lo haces hoy, ten por seguro que mañana, en el abrasador Día de rendir cuentas, gritarás y pedirás ayuda. Nadie vendrá a socorrerte. Oirás la voz divina surgir del centro de todas las órdenes de Allah. Es la voz del Castigador Absoluto, que castiga al culpable reduciéndolo a la nada, Dirá:

¡Lee tu escritura [donde están registradas tus acciones]! ¡Hoy bastas tú para ajustarte cuentas!» [Corán 17:14]

¿No te has enviado mensajeros el Señor? ¿No te ha enseñado el camino correcto? ¿No te ha ordenado recordarle y alabarle día y noche? ¿No te ha dado tiempo en el día y en la noche para cumplir sus Órdenes?

Si esperas hasta el último instante, no obtendrás ningún bien de tu arrepentimiento. Si insistes en esperar y demoras tu rendición de cuentas, debes saber que todas las puertas y ventanas estarán cerradas para ti, y te quedarás fuera. Si eso es así, sábete que no existe otra puerta, ningún otro lugar en donde buscar refugio. No hay sitio a donde ir -ni para ti, ni para nadie, ni para ningún objeto de la Creación- excepto la puerta de la misericordia de Allah. Ve y arrodíllate en su umbral. Deja caer lágrimas de arrepentimiento y suplica que te dejen entrar. Intenta ver lo que hay detrás de las cortinas. Existen tres peligros que pueden mantenerse alejado de tu examen de conciencia, del recuento tus acciones y de dar gracias a tu generoso Señor. El primero de estos peligros es la inconsciencia, la despreocupación. El segundo es el torrente de gustos y apetencias que emanan de tu ego, de tu ser bajo. El tercero son los malos hábitos, que, de hecho, son todos los hábitos, que convierten al hombre una especie de autómata. Quien pueda salvarse de esos tres peligros con la ayuda de Allah, encontrará la salvación en ambos mundos.

Que las bendiciones sean sobre nuestro Maestro, Muhammad (s.a.s.), su familia y sus compañeros, en todas las lenguas, en todos los lugares y en todas las categorías.

Lo imprescindible (III)

Ibn ‘Arabi

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Abre tu corazón para que puedas recibir la benevolencia divina. Un corazón benevolente es el espejo en el que se manifiestan los favores de Allah. Cuando estos favores queden manifiestos y lleguen a través de ti, cuando sientas Su presencia, te sentirás avergonzado de tus actos inconvenientes. Esto hará que tanto tú como los demás tengáis conciencia. De ese modo, tu benevolencia te protegerá del pecado no sólo a ti sino también a los otros.

Cuando el arcángel Gabriel (Gibril) preguntó a nuestro Maestro, el Profeta (la paz y las bendiciones sean sobre él): «¿Qué es la benevolencia de Allah?», el último de los profetas contestó: «Orar y glorificar a Allah como si estuvieras en Su presencia, como si Le vieras. La reverencia refleja en el corazón de un creyente quién ha alcanzado el nivel en el Salât como si estuviera viendo a Allah». y prosiguió:: «Ya que, si bien es verdad que no tienes posibilidad de verlo, Él ciertamente te ve» .Quien haya alcanzado ese nivel de percepción de la benevolencia tendrá conciencia. Sentirá la mirada de Allah sobre él y le dará vergüenza pecar. El Profeta (la paz y las bendiciones sean sobre él) ha dicho: «La conciencia es el bien total».

Si un creyente tiene conciencia, sabe lo que hace y no puede obrar incorrectamente. A quien posea un corazón lleno de conciencia no le ocurrirá ningún mal ni en este mundo ni en el otro.

Lo que indica que un hombre tiene conciencia es su falta de arrogancia y de engreimiento. Nunca oprime o intenta dominar a los demás. ¡Ojalá tú también llegues al nivel de benevolencia y tengas conciencia! ¡Que tengas la fuerza y la clarividencia necesarias para intentar lograrlo!

Despiértate antes de la salida del sol, acuérdate de Allah y arrepiéntete. Cuando el arrepentimiento sigue a la ofensa, lo borra. La ofensa, el agravio desaparece como si nunca hubiese ocurrido. Cuando el arrepentimiento sigue a una acción benevolente o a un Salât, es como luz sobre luz, gracia sobre gracia. Recordar a Allah y Alabarle unifica el corazón cuando está disperso como un espejo roto de mil pedazos, lo recompone, lo vuelve a convertir en uno solo y lo hace mirar hacia el Uno. Entonces todos los problemas abandonan el corazón, que queda repleto del gozo de Aquél a Quien recuerda.

Cuando tu corazón esté rebosante de recuerdo, lee el Noble Corán. Cuando leas, reflexiona sobre el significado de lo que hayas leído. Cuando unos versículos te recuerden su Unicidad y el hecho de que Él no tiene semejantes y que está libre de todo defecto, alábale. Cuando leas versículos que describan Sus bendiciones, Sus dádivas, Su generosidad y Su amor, o bien Su ira y Sus castigos, refúgiate de Él en Él y suplica Su misericordia. Cuando oigas las parábolas sobre los profetas antiguos y sus pueblos, toma nota y saca conclusiones de lo que les ocurrió.

Existen infinidad de significados dentro de las frases del Generoso Corán, dentro de cada palabra, que varían en consonancia con tus estados, niveles, conocimiento y capacidad de comprensión. Por lo tanto, posiblemente no te cansarás, ni te hartarás, ni te aburrirás leyéndolo.

Intenta desatar los nudos de tu persistencia en el error. Un nudo sobre otro te mantienen atado ¿cómo vas a salvarte a ti mismo? Te hará falta la ayuda de quien ató esos nudos: tu propio yo. Habla y razona con él. Dile:

«Oh carne temporal, escucha aunque te moleste escuchar a la razón. ¿Estás segura, mientras respiras, de que no será tu último aliento? El próximo puede ser (Allah es quien mejor lo sabe) tu último aliento en este mundo, al cual te sientes tan apegado. La muerte te agarrará por el cuello, pero persistes en apilar mal sobre mal, agravio sobre agravio. El Juez Último avisa a quienes persisten en ofender con castigos tales que montañas rocosas no podrían sostener. ¿Cómo puedes entonces, tú que eres débil como una paja, imaginar que podrías soportar tormentos tan tremendos? No des la espalda a Quien te creó. Ponte de cara a Él y arrepiéntete. Hazlo ya, sin demora, porque no sabes cuándo te partirá en dos la muerte:

«Que no espere perdón quien sigue cometiendo el mal hasta que, en el artículo de la muerte, dice: ‘Ahora me arrepiento’». [Corán 4:18].

Habla así contigo mismo:

«De veras, después de que el aura de la muerte te haya dejado postrado y la vida comience a desvanecerse, si es que puedes recordar algo y arrepentirte, ese arrepentimiento no será aceptado por Allah. El Profeta que Él envió al universo, como acto de misericordia, dijo que aunque el Altísimo acepta tu arrepentimiento hasta el momento en que el aliento se te esté agotando, en la hora de tu agonía es demasiado tarde. La muerte acude sin previo aviso: a algunos les llega mientras comen; a otros, mientras beben; a otros, mientras están en el lecho con sus mujeres; a otros, en el sueño profundo del cual no se despertarán. Quien, antes de ese instante, no haya vuelto a la verdad abandonando la mentira, quien no se haya arrepentido, sino que siga pecando, se precipitará en el abismo de la muerte».

Intenta disciplinar y educar los deseos de tu carne. Dado que ellos son tercos en la ofensa, sé terco tú en intentar convencerles para que dejen de hacerlo. Si no cesas de amonestar a lo más bajo de tu ser, con la ayuda de Allah, los nudos que aprisionan tu corazón se soltarán. Es la única forma de salvarse.

Teme a Allah, tanto en tus acciones como en lo profundo de tu corazón y de tus pensamientos. El temor al Altísimo es el temor a sus castigos. Quien de verdad teme, ante los avisos del Juez Absoluto no puede sino actuar acorde con la voluntad del Creador y buscar el bien con preferencia al mal. El Dueño mismo de la Palabra Final dijo:

«y Allah te pone en guardia contra Su retribu- ción». «iSabed que Dios conoce lo que hay en vuestras mentes, de modo que cuidado con Él!» [2:235]

Temer a Allah es una protección, es lo que te preserva del daño. La protección del Altísimo es la más fuerte de todas las corazas y la más inexpugnable de todas las fortificaciones: ningún daño puede penetrar. El mismo Profeta de Allah (s.a.s.), a quien Él envió al Universo como un acto de Su misericordia, se refugió en su Señor. En su oración, decía:

«Me refugio de Tu ira y de Tu fuerza en Tu voluntad, en Tu belleza, en Tu suavidad. Me refugio de Tu castigo en Tu divina misericordia y compasión. En Ti me refugio de Ti».

Indaga, infórmate e imita las acciones benevolentes de tu Creador que se manifiestan en derredor tuyo. Protégete contra la ira divina con actos acordes con la voluntad de Allah. Si una acción, un objeto, un camino está bajo la sombra de la duda o el temor , no te acerques a él, déjalo.

Debes saber que conocer y obedecer a tu Creador es el único camino que te conducirá a la paz ya la felicidad. La rebeldía y el egoísmo son una vía muerta. Sólo obteniendo el beneplácito divino puedes librarte de la cólera de tu Señor. Sólo emprendiendo el camino puedes salir del abismo a que te ha conducido esa vía muerta. Sólo mediante acciones propias del Paraíso puedes mantenerte alejado del fuego del Infierno. Dice Allah:

«¡Temed a Allah y temed el fuego!» [Corán 3:130 y 131]

Con el temor de Allah sube, alejándote del fuego, hacia la felicidad.

Mientras persistes en tus ofensas y te niegas tercamente a reconocer tus errores, ¿porqué estás tan orgulloso de que Allah te trate con paciencia, bondad y generosidad a pesar de tus agravios? Quizá estés engañado por lo que el diablo te susurra al oído, diciéndote: «Si no fuera por tus ofensas y tu rebeldía, ¿cómo manifestaría Allah Su infinita misericordia, compasión y generosidad?» ¿No ves cuán irracional es esa enseñanza diabólica? ¿Sería menos misericordioso y benévolo para el Dueño de la Sabiduría Infinita evitar que su esclavo se opusiera a Su voluntad ya Su deseo?

Entonces el diablo podría susurrarte de nuevo en el oído: «No tienes ninguna esperanza de lograr el nivel de bondad de aquellos que nacieron con un carácter bueno y obediente. Vinieron al mundo y mostraron su obediencia a la voluntad de Allah, consiguiendo Su misericordia y benevolencia en este mundo, y luego lo dejaron. La verdadera misericordia, generosidad y bondad de Allah se manifestarán en el Más Allá en el día del Juicio de Final, cuando juzgue a Sus siervos desobedientes que necesitan de su misericordia» .

Sólo alguien que haya perdido la razón podría creer y dejarse engañar por tales elucubraciones. Protégete contra esas tentaciones, diciéndole a tu demonio:

«Es verdad lo que dices acerca de la paciencia y generosidad infinitas de Allah para con Sus esclavos, y realmente, si no existiesen la rebeldía, la desobediencia y el pecado, no veríamos la manifestación de Sus atributos. Nos cuentan abundantes ejemplos de ello en los libros sagrados y en los relatos de la Tradición. Pero tú, malvado, estás empleando la verdad para tus aviesos fines: ¡para que se manifieste la misericordia de Allah me estás incitando a errar! ¡Intentas hacer que me rebele con la excusa de que Él es paciente y bondadoso!».

«Me pides que ponga a prueba la misericordia y benevolencia de Allah, pero ¿cómo sabes, Maldito, que soy uno de los que serán perdonados? En verdad, el Altísimo perdona a quien desea y castiga con justicia a quien quiere. ¿Cómo sabré yo a qué grupo pertenezco? Todo lo que sé es que estoy repleto de pecados. Igual que fui dejado en este mundo sin la capacidad de arrepentirme y solicitar Su perdón, Él puede muy bien negarme Su misericordia antes de que yo entre en el Infierno, y castigarme con el fuego. Aunque uno muere como ha vivido, y la ofensa es el anunciador de la ausencia de apertura al Islam, si soy tan afortunado como para dar el último suspiro siendo creyente, entonces me purificará en el fuego del infierno, de donde me sacará y me concederá la paz en Su misericordia.

«Si supiese con seguridad que no existe el Día de rendir cuentas de mis pecados, que no hay castigo, y si estuviera seguro de que recibiría la absolución divina, puede que hubiera tomado en cuenta tu retorcido razonamiento. Aun en ese caso, no es mejor que admitir la propia insensatez, pues es realmente un comportamiento imperdonable para un siervo poner a prueba la paciencia de su señor .

«Es más; incluso si estuviera seguro de que recibiría el castigo, lo más apropiado para mí sería la vergüenza y la gratitud por haber demorado Él Su castigo, y gastar todos los esfuerzos de que soy capaz intentando obedecer los mandamientos de mi señor.

«No he oído hablar de la buena nueva de que todos los agravios serán perdonados. Antes al contrario; cada uno ha sido dejado libre para escoger entre el bien y el mal, y el Juez Último es libre de castigar o perdonar. Aunque en tu caso, oh ego que me das órdenes inicuas, no existe elección; ¡Eres constante en tu deseo del mal y de lo prohibido!».

Se escrupuloso. La escrupulosidad consiste en mantenerte vigilante e intentar abstenerte de todo cuanto sea impuro y pecaminoso. Es protegerte de todo cuanto es dudoso y sospechoso dentro de ti ya tu alrededor. Cuando el Mensajero de Allah dijo: «Dejad lo dudoso y tomad lo seguro», hablaba de la necesidad de abandonar las cosas que te dejan duda e indecisión, que crean incertidumbre, ansiedad y temor en tu corazón, y de volverte hacia los cosas que te dejan seguro y tranquilo.

Lo imprescindible (II)

Ibn ‘Arabi

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Ten conciencia, vergüenza frente a Allah. Ello será un buen motivo para volverte prudente, vigilante.

Te preocuparás entonces por lo que estás haciendo, diciendo y pensando, y los pensamientos y sentimientos que sean feos a los ojos de Allah no podrán asentarse en tu corazón. Tu corazón estará así a salvo de desear acciones que no estén acordes con la voluntad de Allah.

Valora tu tiempo, vive en el presente. No vivas imaginariamente y malgastes el tiempo de que dispones. Allah ha prescrito un deber, un acto, un culto para cada momento. Aprende cuál es y apresúrate a hacerlo. Primero, lleva a cabo las acciones que Él te ha establecido como obligatorias. Luego, realiza lo que ha mandado hacer por medio del ejemplo de Su Profeta. Después, haz también las acciones buenas y aceptables que Él ha dejado a tu libre decisión. Trabaja para servir a quienes estén necesitados.

Todo cuanto hagas, hazlo con el propósito de acercarte a tu Señor en tus actos de adoración y en los Salât. Piensa que cada acción puede ser tu último acto, que cada Salât puede ser tu última prosternación, que puede que no tengas otra oportunidad. Si lo haces así, tendrás un nuevo motivo para mantenerte vigilante y también para llegar a ser sincero y verídico. Allah valora menos as buenas acciones hechas inconscientemente y sin sinceridad que las realizadas consciente y sinceramente.

La limpieza es un mandamiento de Allah. Mantén tu cuerpo y tu interior limpios en todo momento Cada vez que hagas una ablución, haz dos rakaas después, excepto cuando tengas que hacer una ablución en momentos en que no se permite el Salât: a la salida del sol, al mediodía ya la puesta de sol. El viernes es una excepción a esta regla, pues es permisible entonces hacer el Salât al mediodía.

Por encima de todo, lo que necesitas es una alta moralidad, un buen carácter, una conducta irreprochable. Has de averiguar cuáles son tus rasgos de carácter negativos y librarte de ellos. Tu relación con aquellos con quienes entres en contacto debe estar basada en la mejor de las conductas, aunque lo que esto significa de hecho puede variar según condiciones y circunstancias.

Cualquiera que descuide un solo punto del buen comportamiento se considera que tiene mal carácter. Los hombres son creados diferentes unos de otros. Sus niveles son diferentes. El buen comportamiento y el buen carácter también están en niveles diferentes.

El comportamiento no es un formalismo. No es actuar de la misma manera en cada ocasión, con respecto a todo el mundo. Has de considerar cada caso, cada individuo, según la circunstancia y la necesidad de la persona. Aprende esta regla: si una cosa se hace para traer la salvación, la verdad, la comodidad y la paz a los demás, a uno mismo ya tanta gente como sea posible, protegiéndolos, eliminando su dolor o su apuro, eso es un buen comportamiento, con la condición de que no sea hecho para el beneficio personal, sino por amor a Allah.

¿Acaso no es el hombre esclavo del Altísimo? ¿ No dependen de la predestinación su vida y sus acciones? Está en una estructura de cuyos límites no puede salir. Su voluntad, su libertad de elección, el destino escrito en su frente están en las manos del Todopoderoso, de Quien dependen todos los actos, todos los movimientos.

El comportamiento correcto es el medio por el cual una intención se convierte en acción meritoria. Por lo tanto, es el capital más grande en manos del aspirante a la perfección. El argumento aducible para probar que ello es así se halla en aquello que dijo aquel que fue enviado con el carácter más hermoso, el último profeta, Mahoma (la paz y las bendiciones
sean sobre él):

«He sido enviado para perfeccionar la buena conducta».

Dice Allah en el Sagrado Corán:

«Quien obre mal no será retribuido sino con una pena similar» [40:40] 

Pero, la recompensa de quien perdona y enmienda está con Allah. La Ley islámica dice que puedes escoger entre exigir tu derecho o renunciar a él. Elige dejar lo que se te debe y, en vez de castigar, perdona, para que seas contado entre los compasivos, los pacíficos, los rectos, cuyas recompensas están prometidas por Allah.

También entra dentro del buen comportamiento el enfadarse y el promover el castigo cuando está justificado por el código jurídico. La ira y sus manifestaciones están entre los grandes ofensas si provienen de daños causados a ti personalmente. Pero, es permisible y correcto, y es parte de la conducta irreprochable y del buen carácter, el encolerizarse por algo hecho contra Allah o Sus preceptos, manifestarlo y luchar por Su causa.

Es mejor que te apartes de las personas que no creen en lo que tú crees, que no hacen lo que tú haces y que se manifiestan en contra de tu fe. Pero, a la vez, no has de pensar mal de ellos ni condenarles por lo que Son. Tu intención al ignorarles deberá ser que prefieres la compañía de creyentes. Pasa tu tiempo recordando, glorificando y adorando a Allah, en vez de estar Con ellos.

Trata bien a quienes dependen de ti: personas que trabajan para ti, hijos, mujeres, maridos, madres, hermanas, amigos…, así como los animales bajo tu cuidado y las plantas de tu huerto. Allah los ha dejado en tus manos para ponerte a prueba. Tú estás bajo su cuidado, trata, pues, a quienes están bajo el tuyo Como quieres que Él, bajo cuyo cuidado te encuentras, te trate: El Profeta dice: “Allah tiene a Su cargo a todas las criaturas de la Creación».

Pues bien, Él ha dejado en tus manos a algunos de los que tiene a Su cargo, Como tu familia. Por eso, Su Mensajero (que la paz y las bendiciones sean sobre él) dice que quien es más amado por Él es aquel que trata mejor a las personas a su cargo. Muestra amor, compasión, delicadeza, generosidad y protección hacia aquellos que dependen de ti (en realidad, hacia todo el mundo). Si deseas Su compasión y protección acuérdate de que tú mismo dependes del Uno, el Señor y Dueño de todo y cada cosa.

Enseña a tus hijos las palabras de Allah contenidas en Su Noble Libro, así como el correcto comportamiento islámico. Asegúrate de que dispongan de las condiciones necesarias para poder ejercer mejor lo que tú les hayas enseñado. Hazlo sin esperar recompensa. Desde el principio, enséñales a soportar la dificultad, a tener paciencia ya pensar. No instales en sus corazones el amor al mundo. Enséñales a despreciar las cosas terrenales que les volverían orgullosos: lujos, ropa bella, delicadezas, exceso de ambición; porque todas estas cosas, si se obtienen, les serán descontadas de lo que les correspondiere en el Cielo. Que no se acostumbren a las cosas buenas; rompe sus hábitos. Ten cuidado de que esto, que puede parecer austero, no haga que nazca en ti el feo carácter de la mezquindad para con tus hijos. Hazlo como parte del respeto y adhesión que debes al Islam.

No busques la compañía de los despreocupados, aquellos que son esclavos de los deseos de su carne. Apartan de la luz de la verdad a los corazones y los arrojan en el negro agujero de la despreocupación, igual que hicieron con sus propios corazones. Si te encuentras en el mismo tiempo y espacio que éstos, enfréntate entonces a ellos y aconséjales. Si te dan la espalda es porque no saben distinguir su parte delantera de su parte trasera. No les apuñales por detrás. Compórtate con ellos siempre del mismo modo, tanto si te dan la cara como si te vuelven la espalda. Entonces puede que les agrades y te respe- ten, y tal vez puedan unirse a ti y seguirte.

No te quedes satisfecho con tu estado espiritual: avanza. Avanza sin descansar, sin detenerte. Con intención firme, ruega a Allah, la Verdad última, que te eleve del estado en que te encuentres a un estado ulterior. En cada estado, en cada movimiento, mientras estés haciendo algo o estés inactivo, sé sincero y verídico. Permanece con la Verdad Última. No te olvides nunca de Él. Siente siempre Su presencia.

Aprende a dar, tengas mucho o poco, estés contento o estés sufriendo. Ello será una prueba de tu crecimiento en Allah. Intenta satisfacer las necesidades de los necesitados. Eso es una afirmación de que Allah ha asignado su sustento a cada uno y nada lo cambiará. Es una prueba de tu confianza en Él.

El mezquino es cobarde. El maldito diablo susurra en su oído que no existe la muerte, que vivirá largo tiempo, que el mundo es hostil y que, por lo tanto, si da, se quedará desprovisto de recursos, deshonrado y solo; y que no se deje engañar por lo mucho que tiene ahora, ya que nadie sabe qué pasará mañana. y lo que es peor: si el mezquino tiene poco, el diablo le dice que pronto tendrá aún menos; que nadie le ayudará, que será una carga para los demás y que le odiarán; que tiene que cuidarse a sí mismo. Si estas imaginaciones viles cautivan el corazón, puede que lo conduzcan al borde del fuego del infierno.

En cambio, los que escuchan a Allah oyen Sus palabras benditas, como éstas que leemos en el Noble Corán:

«Los que se guardan de su propia codicia, esos prosperarán» [59:9].

«Quien es avaro lo es en realidad en detrimento propio» [47:38].

Así pues, lo único que consigue un avaro es desposeerse a sí mismo. y la advertencia final es:

«Si volvéis la espalda, hará que otro pueblo os sustituirá» [47:38].

Quiere decir esto que, después de haber sido adoctrinado y llevado al camino del Islam, si empiezas a ser o sigues siendo avaro, puedes perder tu puesto, tu rango y el favor de Allah. Otra persona que sea generosa y crea en la generosidad del Altísimo, será colocada en tu puesto. El avaro no se ha percatado del significado tremendo de las palabras de Allah:

«¡Borra sus bienes y endurece sus corazones!» [10:88]

Esta es la maldición del profeta Moisés (que la paz sea sobre él) contra el Faraón. Cuando Allah quiso la destrucción del Faraón y sus jefes, el profeta Moisés (que la paz sea sobre él) rogó a Allah, el Juez Absoluto, que padeciesen la maldición de la mezquindad. Como consecuencia de dicha maldición, los egipcios estuvieron aquejados de mezquindad y envidia. Los pobres y los débiles morían de hambre. Allah juzgó al Faraón ya sus seguidores, y los condenó al castigo por culpa de su avaricia.

Aquellos sobre quienes ha caído la maldición de la mezquindad no escuchan las palabras del Profeta (que la paz y las bendiciones sean sobre él) cuando dijo:

«Allah tiene a dos ángeles junto a Él que ruegan todas las mañanas: ‘Oh Señor, aumenta tus dádivas para con los que dan y quítales lo que tienen a los que lo guardan’».

Cuando Abu Bakr (Allah haya quedado complacido con él) deseó donar cuanto poseía y lo trajo todo a la presencia bendita de nuestro Maestro, el Mensajero de Allah (s.a.s.), éste preguntó: «¿Qué has reservado para el mantenimiento de tu familia?». A lo que aquél respondió: «Les dejo bajo el cuidado de Allah y de su Mensajero». Cuando ‘Umar (Allah haya quedado complacido con él) trajo la mitad de su fortuna para donarla y se le hizo la misma pregunta, contestó: «He dejado la mitad de mis bienes para el sustento de mi familia». El Profeta (s.a.s.) les dijo: «La diferencia entre vosotros dos está en concordancia con vuestra respuesta a mi pregunta» .

Quien da de lo que tiene para su sustento consigue del Sustentador Último más de lo que ha dado. El avaro, además de su pecado de avaricia, comete el de acusar el Altísimo de mezquindad, al preferir y confiar en sus miserables bienes antes que en la generosidad de su Señor. Este es el mismo pecado imperdonable de atribuir socios a Allah, y puede dar motivo a que uno sea rechazado por la misericordia de Allah y pierda su Islam. ¡Que el Altísimo nos proteja!

Por lo tanto, gasta de lo que Allah te ha dado. No temas la  pobreza: Él te dará lo que te ha prometido, lo pidas tú -u otra persona- o no. Nadie que haya sido generoso ha muerto en la miseria.

Si quieres encontrar la verdad y tener la aprobación de Allah y Su apoyo para ello, evita ser persona de poco aguante y controla tu mal genio y tu ira. Si no puedes evitar tu ira, al menos no la muestres. Haciéndolo así, complacerás a Allah y defraudarás al diablo; empezarás a educar a tu ego, ya enderezar y acortar tu camino. La ira es resultado y signo de que el ego no está controlado, y anda como vil animal salvaje, desatado y desenjaulado. Cuando vayas conteniendo tu mal genio, será como si pusieras una brida en su cabeza y barreras a su alrededor . Entonces habrás empezado a domarlo, a enseñarle a comportarse bien ya obedecer, para que no pueda lesionar a otros o a sí mismo (es decir: a ti, dado que es una parte de tu ser). Cuando esta disciplina esté reflejada en ti, revelando a alguien que puede controlar su temperamento y aguantar su ira, tu adversario se calmará.

No reaccionarás a sus provocaciones. No lo castigarás ni responderás a su iracundia, sino que lo ignorarás. Esto es más efectivo que castigarle. Puede que esto le lleve a ver la realidad de sus actos, a darse cuenta de lo que es ecuánime ya confesar sus defectos.

Presta atención a este consejo y conviértelo en un hábito. Si lo haces, seguro que verás el resultado positivo y la recompensa aquí y en el Más Allá. Serás el ganador el día en que pesen tus actos. Éste será el premio más grande y la mayor gracia que recibirás. Ya que, si contienes tu mal genio, el Todo Justo también se contendrá de castigarte por tus ofensas, que son castigables con Su cólera. Tu perdón habrá sido premiado con Su perdón. ¿Qué mayor beneficio se puede esperar por el esfuerzo de aguantar las pruebas a que te someten tus hermanos y hermanas en el Islam?

Allah te tratará a ti del modo como te ha mandado tratar a los demás. Por lo tanto, intenta asumir las buenas cualidades de ser justo, pacífico, servicial, suave y cariñoso. Persiste en estas virtudes; actúa de acuerdo con ellas. Verás que ese carácter emanará de ti a los otros que están a tu alrededor, creando armonía, amor mutuo y respeto. El predilecto de Allah, nuestro Maestro, el Profeta (que la paz y la bendición sean sobre él) nos ordena amamos los unos a los otros, mantenemos en un estado de amor continuo. Lo repite de muchísimas maneras, en numerosísimos relatos del hadiz. Dejar la ira, reemplazarla con el aguante de las contrariedades, con el perdón, con ocuparse de quien nos causa el contratiempo, esa es una de las piedras angulares de los cimientos del amor.

Lo imprescindible (I)

Ibn ‘Arabi

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A Allah, el Altísimo, son debidas todas las alabanzas y agradecimientos. Que sus bendiciones y salutaciones sean sobre Su Mensajero, la descendencia de éste y sus compañeros.

Esta corta guía es una respuesta a alguien que desea seguir el camino del Islam, la esperanza y el amor, para que pueda llegar a ser completo y perfecto tal como fue creado. Fue escrita para contestar a sus preguntas sobre lo que debe creer y lo que debe hacer al principio, con prioridad a cualquier otra cosa.

A ti, que anhelas la belleza eterna, viajero por la senda del deseo verdadero, que Allah te conceda que consigas conocer cuál es el camino recto, lo encuentres y los sigas. Que te emplee a ti ya nosotros en acciones que Le agraden y que se hagan por amor a Él. Pues el comienzo, el fin y lo que se halla en medio, así como el éxito en todo ello, Le pertenecen sólo a Él; el camino y los medios para la salvación y la felicidad eternas consisten en acercarse a la Verdad. Allah mismo nos enseña el significado de Su inmediata cercanía a nosotros. Nos enseña enviando a Sus profetas. Decimos: «Creemos: ésta es la Verdad. Lo aceptamos y lo confirmamos». La única cosa que nos queda entonces por hacer es seguir Sus enseñanzas y el ejemplo de Su Profeta.

Primero, debes creer en la unidad y singularidad del Uno, el Cual es antes del antes y después del después, Quien nos creó a nosotros ya todas las otras cosas. No has de asociar .a Él nada que no sea propio de la pureza de Su esencia. Él mismo nos dice en Su Libro revelado:

«Si hubiera habido en ellos [en los cielos y en la tierra otros objetos de adoración distintos de Allah, se habrían corrompido [cielos y tierra, pues se habría seguido el caos]». [Corán 21:22].

Las voluntades de muchos creadores chocarían y se anularían, no permitirían que nada existiese u ocurriese. Por lo tanto, si nosotros y toda la existencia existimos, es porque Él, el Uno y Único Creador, existe y no tiene a nadie asociado con Él.

Tú que tienes naturaleza bella y corazón puro, no discutas, ni comentes, ni siquiera hables con las personas que Le atribuyen iguales a Allah. No sirve de nada intentar convencerles. Hasta los que niegan habrán de admitir al final:

«Si les preguntas: ¿Quién ha creado los cielos y la tierra?, seguro que dicen: Allah». [Corán 31:25]

Ellos también admitirán finalmente que una fuerza desconocida es el creador inicial de la creación; pero, agregarán a Él más creadores. La diferencia con los creyentes es que ellos suponen que otros, de entre los creados, pueden también crear. No tienes que demostrarles la existencia de Allah: que demuestren, si pueden, la existencia de Sus socios.

Este consejo es suficiente para ti sobre el tema de profesar la unicidad de Allah. El tiempo es valioso: no puedes malgastarlo. Si la mente ha llegado a un estado en el que está libre de duda y el corazón está a salvo y seguro, ,no tiene sentido perturbar esta paz con pruebas superfluas.

La segunda cuestión de importancia para alguien que desea aprender es creer que Allah, el Altísimo, está libre de toda semejanza con cualquier cosa visible o invisible de la creación. Él está libre de todo defecto.

Hay algunos que, queriendo contemplar la imagen de su Creador, yerran y Lo comparan con un ser humano. Que Sus propias palabras sean tu guía en esto, pues dice:

«Nada es como Él”.

Cualquier pensamiento, palabra, cualidad o atributo que no corresponda a este principio es una falsedad, algo indigno de ser atribuido a Allah. Por lo tanto, no busques más que el hecho de que ninguno es semejante o parecido a Él. Esa es Su realidad. Esto también está corroborado por la afirmación de Su Mensajero, quien dijo:

«Al principio fue Allah; ninguno existía salvo Él».

Sus seguidores agregaron a esta declaración:

« Tal como era al principio, así es ahora ».

Como era antes de la creación es después de ella. Desde el tiempo en que la materia estaba escondida bajo el velo de la no existencia y no existía forma alguna, nada ha sido añadido o restado. Aunque Él ha creado la creación, todavía no ha aparecido nadie como Él. Ninguno es como Él. Nada es Él, sino que todo procede de Él. La idea de que Él es sin semejanza cancela todos los demás pensamientos, opiniones e interpretaciones.

También debes aceptar y creer, aunque no los entiendas, los versículos alegóricos del Noble Corán y las afirmaciones ambiguas del Mensajero de Allah referentes a la Unidad y la Causa Última así como todas las declaraciones de los profetas que hayan llegado hasta nosotros inalteradas. Debes considerar que el significado de tales palabras forma parte del conocimiento divino y por ello las debes aceptar. Los significados monumentales de estas expresiones sagradas son para ser entendidos por quienes están suficientemente cerca de Allah como para ser capaces de ver Sus bellos atributos.

No existe mejor argumento de la perfección de Allah, que es Existente por Sí y Cuya existencia es una necesidad para la existencia de todo lo demás, que el citado versículo: «Nada es como Él». Allah declara mediante esta aya, Su existencia, Su esencia, Su naturaleza divina, Su ilimitada grandeza, Su gloria. Así pues, escribe en tu corazón y en tu mente este principio básico del Islam.

Cree en el Profeta de Allah, en el mensaje que trajo de parte de la Verdad y en las órdenes y justicia del Altísimo. Cree, además, en las tradiciones verdaderas acerca de todos los profetas, conocidos y desconocidos. Ama a sus compañeros; acepta la verdad de su misión. No hables en su contra. No valores a uno por encima de otro. Piensa en ellos en términos de alabanza, de acuerdo con el modo como están descritos en el Generoso Corán y en los dichos de otros profetas, todo lo cual sólo puede ser la verdad.

Muestra respeto, como hicieron los profetas, por el carácter que distingue al hombre perfecto, y por los lugares nobles. Acepta y cree en los hechos y dichos de los íntimos de Allah, incluso si no entendieses su estado y los carismas que se les atribuyen.

Considera a toda la creación y, sobre todo, a la humanidad con buena voluntad: aceptando, aprobando, perdonando, sirviendo, amando. Que ello sea lo que te caracterice en tus relaciones con el mundo. Escucha tu conciencia. Purifica tu corazón. En ese limpio corazón ten siempre una súplica por tus hermanos creyentes.

Ayuda y sirve, en todo cuanto puedas, a las personas que esconden su miseria, que están contentas con su pobreza, los viajeros que caminan hacia la verdad. No te atribuyas virtud, bondad o gracia por tu actitud de servicio a la Creación. Piensa que debes dar las gracias a las demás personas por haber aceptado humildemente tu ayuda. Te incumbe a ti aligerar la carga de quienes estén abrumados por su peso. Si las personas cuyo dolor has ayudado a aliviar te causan dolor a cambio, si sus respuestas, sus maneras, sus costumbres son oscuras y te cubren con sus sombras, da muestras de paciencia e indulgencia. No olvides que Allah dice: «En verdad, Allah está con quien tiene paciencia».

No malgastes tu vida en empeños hueros ni tu tiempo en conversaciones vacías. En lugar de eso, reflexiona y recuerda a Allah, lee el Corán, guía a los descarriados hacia el camino iluminado. Ayuda a otros a dejar el mal ya empezar a hacer el bien. Recompón las amistades rotas. Ayuda a otros a ayudar a otros.

Debes encontrar el amigo adecuado, que te servirá de apoyo y será un buen compañero de viaje en el camino a la verdad. La entrega es una semilla que crece y se hace árbol con el riego y el sol benéficos de los amigos fieles. Ten cuidado y no te acerques a aquellos que no distinguen entre el musulmán y el no musulmán (kafir). Al no conocer el Islam ni a los musulmanes, todo eso les da lo mismo; son o extraños o enemigos de la verdad en que crees.

Busca un maestro perfecto que te conducirá por el recto camino. En tu búsqueda de un guía sé sincero, porque la sinceridad distingue al verdadero buscador. Es seguro que si te aferras a la sinceridad ya la veracidad, el Señor te mostrará Su atributo de Último Guía y guiará tus pasos hacia un maestro cabal. La sinceridad es, en el que aspira a la perfección, una bendición tal que, cuando esa sinceridad está presente, Allah convertirá al mismísimo diablo y al demonio personal del aspirante (es decir: su yo) en ángeles de inspiración que le servirán. La sinceridad es un catalizador tal que convierte en oro el plomo y purifica cuanto toca.

Una cuestión de la mayor importancia, una de tus mayores necesidades, es asegurarte de que el trozo de pan que te llevas a la boca es legal, pues el sustento legal, la legalidad de todo cuanto disfrutas en esta vida es la base de tu Islam. Sobre esta base tu senda puede ser construida.

Para avanzar por esta senda, siguiendo los pasos del Profeta (la paz y las bendiciones sean sobre él), tienes que estar ligero: ligero de bienes terrenales, ligero de preocupaciones de este mundo.

Una señal inequívoca del peso que te impide avanzar es ser una carga para la gente. En particular, no aceptes, ni para ti ni para otros, bienes ni favores de las personas cuyo corazón está muerto, sumergido en el sueño de la despreocupación.

En lo que Allah te permite ganar como sustento, en todas tus acciones y palabras, en toda tu conducta, teme al Altísimo. No busques la comodidad y el lujo, especialmente cuando no hayas trabajado duro para conseguirlo. Se obtiene el sustento legal trabajando más duro de lo que te exigen. Una clara señal de la legalidad de tu ganancia es que te permita no ser ni tacaño ni derrochador .

Llévate cuidado, porque, si el amor de este mundo echa raíces en tu corazón, lo atenazará y será demasiado difícil extirparlo y arrojarlo. Este mundo es sólo un campo de pruebas. No busques comodidad y riquezas en él.

Come menos. Eso dejará más espacio en tu corazón y aumentará tu deseo de recordar a Allah y de ser obediente. Te hará más activo y menos perezoso.

Purifica y embellece tus días y tus noches con el culto. El generoso Señor te llama a su presencia cinco veces al día. Rinde culto en esas cinco ocasiones en que eres convocado, y en cada oración haz un recuento de tus actos desde la última plegaria. Es de esperar que sólo obras buenas y acciones propias de un musulmán serán efectuadas entre las horas de oración.

La mayoría de la gente se queja de no disponer de suficiente tiempo para la práctica del Islam por tener que emplearlo en las cosas de este mundo: el trabajo para asegurarse el sustento y su labor como cabeza de familia. Debes saber que el trabajo hecho a conciencia, con consideración para con los demás de acuerdo con su propio comportamiento, y para agradar a Allah, también es adoración.

El Altísimo te ha concedido la bendición de tener mente, conocimiento, profesión, fuerza y salud (¡toda gracia y poder son debidos a Él!). Utiliza estos dones para reunir todo el sustento que puedas en el mínimo tiempo. Cuando sea posible, asegúrate en un día el sustento de una semana. Sigue el ejemplo del príncipe Ahmad as-Sabat, descendiente del califa “ab-Basi Harün ar-Rashid. Empleaba al máximo sus talentos, su fuerza y su esfuerzo trabajando duramente los sábados como obrero. Con lo que ganaba en una jornada podía vivir toda la semana. Dedicaba. los otros seis días a trabajar para Allah ya venerarle. Después de efectuar tu oración matinal, quédate con tu Señor hasta la salida del sol; y, después de tu Salât vespertino, quédate en Su presencia hasta el ocaso. Son éstos dos momentos en que los poderes espirituales y de iluminación se derraman en abundancia. Mantén tu corazón ligado a Allah en humildad y en paz.

Hay gran virtud y mérito en realizar actos de devoción adicionales de veinte ciclos de rakaas (postraciones) entre el de media tarde y el de la puesta del sol, y entre este último y el de la noche. Haz Salât adicionales de cuatro ciclos inmediatamente antes del Salât del mediodía, después y justo antes del Salât de la media tarde, y tras el Salât de la puesta del sol. Haz otros diez rakaas, agrupados de dos en dos, después del Salât obligatorio de la noche, y las tres rakaas del Salât final (witr) como último acto de ‘ibada del día.

Échate a dormir solamente cuando ya no puedas seguir manteniéndote despierto. Come únicamente cuando tengas hambre. Vístete tan sólo para cubrirte el cuerpo y protegerlo del frío y del calor.

Acostúmbrate a leer el Noble Corán todos los días. Cuando leas, sostén el Libro Generoso con respeto. Mantenlo en tu mano izquierda a la altura de tu pecho y ve desplazando tu mano derecha señalando las palabras que estés leyendo. Lee en voz alta, pero sólo lo suficiente para que puedas oír tu propia voz.

Lee sin prisas, pensando despacio en el significado de cada palabra. Invoca La misericordia y benevolencia divinas cuando llegues a los versículos que inspiran su Misericordia. Que te sirvan de lección las aleyas de amonestación y, al leerlas, promete a tu Señor que estás determinado a actuar según Sus mandamientos, arrepintiéndote, refugiándote en Su misericordia, buscando la salvación. Cuando leas versículos que describen las cualidades loables de los verdaderamente creyentes, piensa en tus propias cualidades. Sé agradecido y alábale por tus cualidades buenas y siéntete avergonzado de las te falten, para que puedas esperar encontrar las características del creyente en ti mismo, y cuando leas acerca de los defectos de los no-creyentes y de los hipócritas que esconden y distorsionan la verdad, pregúntate si no estarás tú también aquejado de los mismos defectos. Si es así, intenta cortarlos, extirparlos, eliminarlos. Si no los tienes, refúgiate en Él, da gracias y alábale.

Lo primordial para ti es prestar atención en todo momento, estar atento a lo que llega a tu mente ya tu corazón. Reflexiona sobre esos pensamientos y sentimientos. Analízalos. Intenta controlarlos. Ten cuidado con los deseos de tu ego; salda tus cuentas con él.

Turcos, moros y moriscos en la América primitiva (I)

TURCOS, MOROS Y MORISCOS EN LA AMÉRICA PRIMITIVA: Los esclavos de galeras liberados por Sir Francis Drake y la colonia perdida de Roanoke / Dr. UMAR FARUQ ABDALLAH

gray_book_and_flower_page_macro_abstract_hd-wallpaper-1270728Este artículo es la primera entrega de una nueva serie publicada por la fundación Nawawi sobre las Raíces del Islam en América. La serie intentará sacar a la luz la rica y todavía poco explorada historia de los musulmanes en el Nuevo Mundo durante el periodo pre-moderno. La presencia de pueblos musulmanes a lo largo de la historia de América da fe de que éstos jugaron un papel notable en la experiencia americana. Nuestro conocimiento de este tema ayuda a cambiar la explicación dominante de una “narrativa metahistórica” ideológica hacia una crónica más equilibrada de nuestro rico pasado compartido. Esto fomenta paradigmas dinámicos y marcos cognitivos de cómo percibimos nuestro pasado, abre nuevos campos de investigación, y ayuda a musulmanes y no-musulmanes de la América actual a descubrir elementos que aportan una definición más rica de nuestra identidad común basada en una visión más honesta e integral de nuestro compartido pasado.

La realidad supera a veces la ficción. Un hecho muy inusual y poco conocido tuvo lugar en los albores de la historia colonial de América en 1586. Ese año, el famoso marinero inglés, descubridor y corsario (1) Sir Francis Drake (1540-1596), llevó al menos 200 musulmanes (identificados como turcos y moros (2), que probablemente incluían moriscos (3)) a Roanoke, colonia inglesa de reciente creación, en la costa de la actual Carolina del Norte. El asentamiento de Roanoke fue la primera colonia americana de Inglaterra y constituye el primer capítulo de la historia colonial inglesa en el Nuevo Mundo y de lo que finalmente se convirtió en la historia de los Estados Unidos. Poco tiempo antes de llegar a Roanoke, la flota de una treintena de barcos de Drake había liberado a estos musulmanes de las fuerzas coloniales españolas en el Caribe. Habían sido condenados a trabajos forzados como galeotes (4).

No está claro lo que Drake pensaba hacer con los esclavos liberados. Los españoles temían que los reclutara como refuerzos en la colonia de Roanoke, que conocían vagamente a través de informes de inteligencia pero que no habían sido capaces de localizar y destruir. Los datos históricos indican que Drake había prometido a los galeotes liberados regresar al mundo musulmán y el gobierno inglés repatrió, en última instancia, cerca de un centenar de ellos a los reinos otomanos (5). Teniendo en cuenta que los informes dicen que el número original de galeotes liberados era más del doble, es razonable preguntarse qué pasó con los demás. ¿Sencillamente, perecieron? ¿Optaron por quedarse en las costas de la actual Carolina del Norte? ¿Acaso Drake los abandonó allí en contra de su voluntad? ¿Se los llevó a todos de vuelta a Inglaterra? ¿Fueron repatriados todos al mundo musulmán? Puesto que el relato de Roanoke resulta incompleto sin la extraña historia de los galeotes musulmanes liberados por Drake, la historia de la colonia marca también el primer capítulo conocido de la presencia musulmana en la América Británica, eso es, de los Estados Unidos.

La colonia de Roanoke fracasó al cabo de unos años, su breve existencia se prolongó de 1585 a 1590. La colonia fue fundada inicialmente como base corsaria para atacar a los barcos españoles en el Caribe y formó parte de una creciente guerra marítima librada entre Inglaterra y el Imperio español, que culminó en el ataque fallido de la Armada española sobre Inglaterra en 1588. Roanoke fracasó como colonia principalmente, porque le fueron cortados los suministros vitales provenientes de Inglaterra entre 1587 y 1590 (sus cruciales últimos tres años), dado el inminente ataque de la Armada a Inglaterra y la continua amenaza de un segundo ataque naval español a Inglaterra años después. Cuando los ingleses finalmente volvieron a Roanoke en 1590, no encontraron a ninguno de sus antiguos pobladores. No vieron ninguna prueba de violencia, pero dedujeron de los signos que los colonos habían dejado intencionadamente que se habían reubicado pacíficamente y, probablemente, asentado entre las diferentes tribus de los pueblos americanos nativos de la región (6). Debido a que el destino de los últimos colonos de Roanoke sigue siendo desconocido, en la historia de América a menudo se habla de ella como la “colonia perdida” (7).

Tomado en forma aislada, el episodio de los galeotes musulmanes liberados por Drake en Roanoke sólo parece ser otra de las muchas curiosidades extraordinarias de la historia. Sin embargo, para que se entienda bien debemos situar el evento en el contexto mundial de la época, en la que las relaciones entre ingleses y musulmanes eran, en general, favorables. Esta realidad global más amplia explica por qué Drake tuvo tanto interés por sus cautivos musulmanes liberados, ordenó a su tripulación tratarlos con hospitalidad, y al parecer los consideraba potenciales aliados en la lucha de Inglaterra contra España.

En general, la temprana presencia de los musulmanes en el Nuevo Mundo debe entenderse desde una perspectiva global, como acertadamente señala Hernán Taboada en su estudio sobre la preocupación española por el Islam y los musulmanes en las Américas a principios del s. XVI (8). Taboada lamenta la incapacidad de los historiadores occidentales de comprender la importancia central de la civilización islámica en la historia de las primeras colonias americanas, que atribuye al hecho de que pocos estudiosos de la historia de los Estados Unidos tienen una exposición adecuada a la historia islámica. Además, observa la falta de documentación, la deficiencia de métodos historiográficos adecuados, y la persistencia de un enfoque eurocéntrico miope en la escritura histórica occidental, hechos que han contribuido a la incapacidad de los historiadores para articular sus estudios en un contexto global más amplio (9).

Los españoles del s. XVI no eran ajenos a la relación entre la liberación por Drake de los galeotes musulmanes en el Caribe y los lazos de Inglaterra con el mundo musulmán. Curiosamente, los observadores españoles de la época son más conscientes del contexto más amplio de las incursiones de Drake que muchos historiadores occidentales contemporáneos. Un marinero español fugado que Drake había retenido como prisionero se apresuró a observar en un informe oficial a la corona española sobre las redadas de Drake en el Caribe que la reina Isabel I “tuvo a su embajador con el Turco [el sultán otomano], a quien había enviado grandes regalos.” (10) El mismo marinero español sostuvo que el propio Drake tenía planes personales de refugiarse entre los musulmanes del norte de África en el caso de que el ataque previsto de la Armada española fuera victorioso.

No es casual que los informes españoles sobre Drake se refieran constantemente, a él y a otros europeos que atacaron barcos españoles, como “corsarios” (término usado para los piratas musulmanes). (11) En ese momento, los corsarios del norte de África y Marruecos estaban en la cima de su poder. Drake, su íntimo amigo Sir Walter Raleigh, fuerza motriz de la colonia de Roanoke, y muchos otros piratas ingleses conocían bien a los corsarios; tenían relaciones amistosas con ellos y a veces, incluso, se unieron a sus flotas. (12)  Los informes españoles de la época no estaban del todo equivocados al creer que había una cierta afinidad entre los piratas ingleses y europeos y los formidables corsarios contra quienes los españoles luchaban continuamente en alta mar o en incursiones corsarias. De hecho, los corsarios eran, muy probablemente, una de las fuentes de presos turcos y moros que los españoles habían condenado a trabajos forzados en sus galeras de guerra en el Caribe.

Estudios históricos recientes han revelado el hecho de que había de un número significativo de musulmanes en el Nuevo Mundo durante el período colonial, que vivieron una existencia clandestina generalmente como esclavos y, en ocasiones, como peones liberados. La mayoría de las personas de origen musulmán en las colonias americanas pertenecían a uno de dos grupos: africanos esclavizados, generalmente de África occidental (entre un diez a un veinte por ciento de los cuales tenía raíces islámicas) y moriscos de España y Portugal que habían sido convertidos por la fuerza al cristianismo en el s. XVI. (13) Ambos grupos coexistían en las colonias españolas y portuguesas. Sin embargo, en las colonias inglesas, las personas de origen moro o morisco “fondo” no eran habituales, y los africanos constituían, con mucho, el más grande y visible de ambos colectivos.

La liberación de los galeotes musulmanes por parte de Drake muestra que esos otros pueblos musulmanes de distintos orígenes también estuvieron presentes en las colonias españolas y constituyeron un elemento inesperado de la presencia musulmana en la América colonial. Hubo, sin duda, otras galeras de guerra en la flota colonial española como las que Drake encontró en Cartagena. Estas naves eran esenciales para el poder naval español, ya que podían maniobrar con mayor eficacia en el combate que los buques de vela y hacían un uso letal de la artillería pesada que transportaban. Los turcos y los moros norteafricanos apresados en la guerra a menudo terminaban como esclavos de galeras, por lo que no es de extrañar que Drake se topara con cientos de ellos en el Caribe, ni es improbable que, igualmente, hubiera muchos galeotes musulmanes en las colonias españolas. Pero la esclavitud en galeras fue también el destino común de miles de moriscos españoles y portugueses condenados por “herejía” (normalmente prácticas islámicas clandestinas) ante los tribunales de la Inquisición, y algunos de los “moros” que Drake liberó eran probablemente moriscos que se habrían enfrentado con la Inquisición. (14)

No tenemos pruebas concluyentes de que ninguno de los turcos, moros, y posiblemente moriscos liberados por Drake, permanecieran en Roanoke y se establecieran en America. Pero los misteriosos Melungeon (15) de los Apalaches y sus primos, los Lumbee (16) de Carolina del Norte, tienen sus raíces en Roanoke y son, probablemente, el mayor reclamo para el legado de Drake. Ambos, Melungeon y Lumbee, son anteriores al asentamiento británico en América y forman poblaciones únicas diferentes de las de los blancos, los negros y los indígenas americanos. Durante siglos, los melungeon y los lumbee se han identificado con orgullo como “portugueses” y ha existido la idea generalizada de que tienen raíces moriscas. (17)

Nuestras preguntas acerca de lo que en última instancia se convirtió en el inusual grupo de rescatados “turcos”, “moros”, y de otros esclavos liberados por Drake, permanecen en gran medida sin respuesta y probablemente persistirá como uno de los misterios sin resolver en torno a la “colonia perdida” de Roanoke. (18) Lo que es especialmente importante sobre la historia de Drake es su contexto global, que no sólo refleja con precisión las buenas relaciones existentes entre Inglaterra y el mundo musulmán, sino también la presencia ubicua del Islam como civilización mundial. Además, el episodio nos llama la atención sobre la importancia de buscar raíces musulmanas inesperadas en América, como las de los galeotes liberados, cuyos orígenes étnicos y culturales eran muy diversos y amplios, lo que refleja la realidad cosmopolita de la época. Tenemos que ver la historia de las Américas como la importante pieza de un rompecabezas global que involucró no sólo a los europeos occidentales, sino que también recibió la influencia de pueblos de diversos y a veces imprevistos orígenes. Los musulmanes siempre han formado parte de ese rompecabezas. Han tenido tanta presencia en el continente americano como los europeos occidentales, aunque su número fuera más pequeño y su papel menos visible.

Turcos, Moros y Moriscos

El conocimiento empieza con el correcto uso de la terminología. Es imposible evaluar con precisión las referencias históricas a “turcos” y “moros” en los informes de los galeotes liberados por Drake sin aclarar el significado de estos términos en el s. XVI. Ambas palabras tenían a la vez usos amplios y específicos, por lo que es necesario retener todos los significados posibles. La mayoría de historiadores contemporáneos que han escrito sobre galeotes liberados por Drake han tratado la palabra “moro” de un modo demasiado específico refiriéndose exclusivamente a los “moros” del Norte de África sin incluir a los “moriscos”, los antiguos moros de España y Portugal. El hecho de no entender las implicaciones más amplias de la palabra “moros” a menudo ha llevado a una narrativa histórica confusa y no refleja los potencialmente muy diversos orígenes de los grupos involucrados.

En el siglo XVI, los términos “turco” y “moro” en su sentido más amplio se utilizaban refiriéndose genéricamente a los musulmanes, independientemente de sus orígenes nacionales, culturales o étnicos. En el contexto ibérico, “moro” seguía siendo la palabra genérica común para los musulmanes, y ese uso amplio también es aplicable a los crònicas españolas sobre los galeotes liberados por Drake. Desde la Edad Media, los códigos legales españoles definieron a los musulmanes como “moros”. En el código legislativo del rey Alfonso X de Castilla (1221-1284), el término “moro” refiere a “personas que creen que Muhammad fue el profeta o mensajero de Dios” (19). Durante siglos, en tiempos de las cruzadas europeas, las poblaciones musulmanas conquistadas de las anteriores España y Portugal musulmanas que continuaron viviendo bajo el dominio cristiano siguieron siendo considerados moros y vivían en” barrios moriscos “(morerías) (20). Cuando los españoles colonizaron las Filipinas en el s. XVI, se refirieron a las grandes poblaciones musulmanas indígenas que encontraban allí como “moros”; las largas guerras para someterlos fueron denominadas las guerras de los “Moros.” (21)

Las palabras “turcos” y “moros” también se utilizaban más específicamente para referirse a diferentes filiaciones nacionales y políticas o identidades culturales y étnicas. Cuando se utilizaba en este sentido más específico, la palabra “turco” tenía una connotación esencialmente nacional en referencia a los temas políticos del Imperio Turco Otomano, cuyos límites de la época llegaban a los Balcanes, extendiéndose hasta el norte de Austria, y abrazando más de Oriente Medio. Aun así, el término “turco” no se refería exclusivamente a los turcos culturales o étnicos, sino que se aplicaba a otras poblaciones musulmanas del vasto imperio, incluyendo a los árabes y los kurdos, que no eran ni culturalmente ni étnicamente turcos.

Como veremos, uno de los aspectos curiosos de los datos ingleses de los galeotes liberados de Drake es que también se refieren a “griegos” entre los “turcos”. Estos griegos también habrían llegado desde el Imperio Otomano, que, en ese momento, comprendían todas las islas griegas y territorios de la Grecia continental y grandes poblaciones de habla griega en Anatolia; no es posible determinar a partir de la referencia “griegos” si estos eran cristianos ortodoxos, musulmanes conversos, o gentes turcas que se habrían establecido entre los griegos étnicos. La referencia a los “griegos” junto a los “turcos”, sin embargo, deja claro que los “turcos” a los que se hace referencia en los registros eran súbditos otomanos y no simplemente una referencia genérica a los musulmanes, ya que las dos poblaciones se entremezclaban ampliamente en el Imperio Otomano.

Aunque no hubo ningún imperio “moro” en el siglo XVI, sí hubo algunas entidades políticas “moras”; “moras” en su sentido más específico, a diferencia de “turco”, no significaba ningún estado de filiación. “Moro” podía referirse a los musulmanes del Reino de Marruecos o de cualquiera de los reinos norteafricanos de Argelia, Túnez, o Libia. La palabra era igualmente aplicable, en el contexto ibérico, a los moriscos, los antiguos moros de España y Portugal. (22)

La Inquisición obligó a todas las poblaciones “moros” conquistadas a convertirse al catolicismo durante la primera mitad del siglo XVI; estas poblaciones fueron poco a poco conocidas como “moriscos” (literalmente, “pequeños moros”). En apariencia, los moriscos eran cristianos. Se les dio nombres de bautismo españoles y portugueses, hablaban las lenguas romances de sus respectivas regiones, y eran cultural y étnicamente ibéricos. Los moriscos estuvieron bajo la constante vigilancia de la Inquisición para garantizar que mantuvieran las apariencias cristianas y no practicaran el Islam abiertamente o en secreto. Los moros “conversos” de España y Portugal, sin embargo, raramente estuvieron contentos con su conversión forzada. Hacia finales de siglo, en 1582, algunos años antes de que empezara el proyecto Roanoke, Felipe II, entonces rey de los reinos unidos de España y Portugal, llegó a la conclusión de que los esfuerzos para dispersar y asimilar a los musulmanes conversos ibéricos había sido un fracaso. (23)

La palabra “moriscos” no aparece en ninguno de los registros históricos originales relacionados con la liberación de los galeotes del Caribe de Drake. En esa época, “morisco” todavía era una palabra de nuevo uso tanto en el español como en el portugués y que empezaba a popularizarse. El neologismo “morisco” era originalmente peyorativo. Se adoptó gradualmente al uso común en español y en portugués, reemplazando expresiones anteriores como “conversos”, “nuevos cristianos”, y “moros conversos.” (24) El término “morisco” se hizo popular en el norte de España alrededor del 1550, pero durante muchos años después, los inquisidores españoles de esas regiones tendían a referirse a sus acusados ​​que antes habían sido musulmanes ibéricos como “moros conversos ” y no como “moriscos”. (25)

Los “pequeños moros” (moriscos) también podría ser denominados “moros”. Los moriscos portugueses preferían ser llamados “moros” (Mouros) (26), y este era también, probablemente, el caso de muchos moriscos españoles. La palabra “moro” parece haber sido especialmente aplicable a los moriscos que fueron declarados culpables de la “herejía” de volver al Islam, sin duda porque la palabra “moro” nunca perdió su sentido genérico de “musulmán”. En 1560, la Inquisición del Perú ejecutó a Lope de la Peña y a su compañero Luis Solano por práctica y difusión del Islam. Los registros oficiales se refieren al primero como “el moro” Lope de la Peña, a pesar de que casi seguramente era un moro “converso” por la fuerza (es decir, un morisco), como indica su nombre cristiano, ya que a los moriscos se les dio nombres bautismales. (27)

Aunque la palabra “morisco” no aparece en los registros españoles o ingleses de la liberación de los galeotes por parte de Drake, la ausencia de la palabra no indica que al menos algunos de los “moros” liberados no fueran, de hecho, moros ibéricos “conversos”. Sería erróneo esperar que la palabra “morisco” aparezca en estos registros del siglo XVI, ya que la palabra no era un término técnico oficial y todavía estaba haciendo popular en la lengua vernácula española. El término “moro” se estos registros también podría aplicarse a los moros ibéricos “conversos”, sobre todo porque los moriscos “herejes” fueron condenados a menudo a galeras. Al tratar de determinar si alguno de los “moros” liberados por Drake eran en realidad “moros conversos” españoles o portugueses, es necesario centrarse en las descripciones de ellos que figuran en los registros históricos y las circunstancias asociadas a ellos. Sólo entonces puede entenderse con mayor precisión la ambigua etiqueta que se les aplica.

Los moriscos fueron acusados ​​frecuentemente de “herejes” por sospechas de adhesión abierta o clandestina a la fe y a la práctica islámicas. Un simple desliz de la lengua o la negligencia en el culto cristiano podían conducir a un morisco ser citado ante los tribunales. Los inquisidores prestaban mucha atención a los “signos” de herejía, como el hecho de mirar hacia la Meca en la oración o la realización de la ablución o baños rituales. (28)

Los moriscos “herejes” fueron generalmente condenados a muerte por quema en la hoguera; la Iglesia llamaba eufemísticamente a estas ejecuciones “actos de fe” (autos de fe). Entre ellos, los moriscos se referían a los inquisidores como “los quemadores” (al-Harraqun); advertían a sus hijos que no revelasen que eran musulmanes porque había Inquisición y te quemarían. Los moriscos a menudo consideraban a la Iglesia como a un enemigo armado con arsenales de tortura, galeras y fuego. Sabían muy bien que la Inquisición se apoderaría rápidamente de su propiedad y se llevarían a sus hijos a la menor sospecha de herejía. (29) Raramente, la Inquisición permitió a los moriscos condenados por actos de “herejía” mayor que cambiasen sus sentencias de muerte por la vida en galeras. Los moriscos declarados culpables de actos de “herejía” menor, que no justificaban la muerte a ojos de sus inquisidores, fueron generalmente también condenados a cadena perpetua como galeotes (30). La práctica de la circuncisión, por ejemplo, se consideraba normalmente un acto de “herejía” menor. El rey Felipe II ordenó a la Inquisición que condenara a galeras sin duda alguna a todo aquél declarado culpable de realizar circuncisiones. (31)

Era difícil sobrevivir al trabajo como esclavo de galeras español; pocos probablemente duraron más de cinco años. La única esperanza de sobrevivir para un galeote era escapar. Cuando las galeras españolas eran atacadas en el mar por los turcos o los corsarios, los galeotes a menudo trataban de liberarse de sus cadenas y en repetidas ocasiones se levantaron contra sus amos españoles -como lo hicieron durante las incursiones de Drake en el Caribe- buscando su salvación entre sus salvadores. (32)

Los moriscos eran conocidos por su vínculo emocional profundo y duradero con el Islam y su inclinación a expresar apego personal y cultural a la fe siempre que les era seguro hacerlo. (33) Muchos musulmanes africanos que fueron esclavizados en América compartían una actitud similar, tal como se indica en sus biografías. (34) Desde el inicio de la época colonial, tanto en España como la Iglesia Católica percibieron el Islam como una amenaza a la hegemonía monolítica religiosa y cultural que tenían intentaban imponer a el Nuevo Mundo. Un real decreto español perteneciente al establecimiento del Nuevo Mundo, declaraba, en 1543: “En una tierra nueva como esta, donde hace poco que se sembró la fe, es necesario impedir la difusión de la secta de Muhammad o de cualquier otra.” (35)

Las autoridades imperiales españolas trataron de restringir la emigración al Nuevo Mundo a los “viejos” católicos, excluyendo a los “nuevos” de origen converso morisco y marrano (es decir, judíos). Para tener acceso inmediato al Nuevo Mundo, uno debía demostrar técnicamente que era hijo o nieto de cristianos que nunca habían tenido problemas con la Inquisición. (36) Esta política fue difícil de hacer cumplir con los moriscos porque constituían la fuerza primaria de trabajo española y eran esenciales para gran parte de la fabricación, la producción, y la construcción que el Nuevo Mundo exigía. (37) El arte y la arquitectura de las colonias americanas de España en los siglos XVI y XVII es de estilo morisco en su gran mayoría y constituyen la prueba de que los constructores moriscos estaban presentes en número importante y activo en el Nuevo Mundo, a pesar de las políticas oficiales destinadas a excluirlos. (38)

En el siglo XVI, el cardenal Jiménez de Cisneros, el Gran Inquisidor de España, que dio a la Inquisición española su forma definitiva y fue llamado el “misionero de los moros” (39), se quejó de que el Islam se practicaba abiertamente en las Américas, especialmente por los moriscos. (40) Las medidas oficiales para eliminar a los moriscos de las Américas parece que nunca fueron totalmente efectivas. Con sus grandes extensiones, la movilidad, las oportunidades, la inagotable demanda de mano de obra, y una mayor libertad social, el Nuevo Mundo era atractivo para las poblaciones oprimidas de España y Portugal. Américo Castro, el importante historiador sobre España, sostiene que muchos moriscos y marranos buscaban el Nuevo Mundo como un lugar para encontrar la libertad y la paz que ya no podían encontrar en casa. (41)

El contexto global: relaciones entre ingleses y musulmanes en el Renacimiento

En el momento de la fundación de Roanoke, la actitud de los ingleses hacia los musulmanes del Imperio Otomano, Marruecos y el Norte de África contrastaba fuertemente con la de los españoles. En general, los ingleses se abrían al mundo musulmán con el que tenían un contacto relativamente frecuente. Por otra parte, a raíz de la recién iniciada Reforma Protestante, los ingleses y demás protestantes europeos miraban a los turcos otomanos y a los musulmanes de Marruecos y norte de África a lo largo del límite sur español como valiosos aliados potenciales contra las invasiones del Imperio español, la Contrarreforma del Papado y la Inquisición.

Los ingleses mantenían extensas conexiones comerciales, diplomáticas y sociales con los turcos otomanos y los marroquíes del norte de África. Nabil Matar afirma en su pionero trabajo sobre este tema:

Ningún otro no-cristiano interactuó más ampliamente con los británicos que los musulmanes del Imperio Otomano, el Mediterráneo Oriental, y los reinos de África del Norte de Túnez, Argelia y Libia, junto con Marruecos (que no estaba bajo la dominación otomana). Estos musulmanes… representaban, en esa época, las personas no cristianas más ampliamente visibles en suelo inglés, más incluso que los judíos y los indios americanos, los principales Otros en la historia del renacimiento británico. (42)

Matar señala que, durante ese período, millares de turcos y marroquíes visitaban y negociaban en puertos ingleses y galeses. Embajadores y emisarios musulmanes deslumbraban la sociedad londinense con su encanto, comidas exóticas y caballos árabes.

Musulmanes e ingleses comían a las mismas mesas en las pensiones de Londres y juntos admiraban los desfiles de carruajes tirados por elegantes caballos otomanos. Los barcos británicos transportaban a los musulmanes a la peregrinación a La Meca y los protegían de los asaltos piratas. Los británicos luchaban, incluso, en los ejércitos musulmanes y se unían a los corsarios. (43)

El asentamiento británico en el Nuevo Mundo tuvo un comienzo lento y difícil. Por otra parte, ya se había producido un asentamiento británico significativo en el mundo musulmán durante el mismo período. En 1577, un observador inglés señalaba que hombres y mujeres ingleses “sabios y de mejor mentalidad” abandonaban Inglaterra para vivir en otras tierras, como Francia, Alemania y el norte de África. (44) Las sociedades musulmanas estaban abiertas a la inmigración procedente de países cristianos. A ojos de los europeos más desfavorecidos, estas sociedades musulmanas eran meritocracias en comparación con las severas restricciones a que, por motivos de nacimiento, se enfrentaban en las sociedades europeas, en las que era difícil avanzar más allá de la clase en la que uno nacía. (45) La atracción por el mundo musulmán no era exclusiva de los británicos; eran numerosos e influyentes los emigrantes de la Europa Occidental que vivían en Argel a principios del siglo XVII. Incluso cuando comenzó con más fuerza la emigración inglesa a América del Norte, a finales de los años 1620, los bretones que vivían en el norte de África y en otros lugares del Mediterráneo musulmán siguieron superando en número durante mucho tiempo a sus parientes en las colonias americanas. (46)

Como se señaló anteriormente, el relato de un funcionario español tomado en La Habana después de las incursiones de Drake en el Caribe, dice que la reina Isabel I de Inglaterra (1533-1603) ” tenía a su embajador con el turco, a quien ella había enviado grandes regalos”. (47) Este informe refleja el estado de relaciones anglo-musulmanas en el momento de la fundación de la colonia de Roanoke. La Reina Isabel cultivaba cuidadosamente las relaciones diplomáticas tanto con los gobernantes turcos de la época como con los marroquíes y fue el primer monarca inglés en “cooperar abiertamente con los musulmanes, y permitir a sus súbditos comerciar e interactuar con ellos sin responsabilizarlos por tratar con infieles”. (48)

La reina Isabel entendió bien las ventajas estratégicas y comerciales que las buenas relaciones diplomáticas con las potencias musulmanas podían conllevar, y recibía amablemente a sus emisarios en Londres. A veces, la reina incluso vestía un traje turco, que había encargado directamente a su embajador en Estambul. Su padre, el rey Enrique VIII, también vestía, en ocasiones, un atuendo “oriental” para recibir a huéspedes musulmanes. (49)

La actitud aparentemente liberal de la reina Isabel hacia los musulmanes se unió a la aprobación de la corte otomana, y la iniciativa inglesa de repatriar a los “turcos”, a quienes Drake había liberado en el Caribe fue parte deliberada de la política general de acercamiento. El Consejo Privado de la reina (50) estaba ansioso por repatriar a los musulmanes con la esperanza de beneficiar a la Levant Company inglesa, que comerciaba en Turquía. El consejo esperaba que sus agentes consiguieran “mayores favores y libertades” con los otomanos, intentando asegurar la liberación de algunos cautivos turcos retenidos por los ingleses. (51) Los ingleses dieron ropa nueva a los liberados “turcos” de Drake para que pudieran presentarse adecuadamente a los otomanos (52) y confiaban en que las recompensas que podrían recibir sobrepasaría la reparación de todos los costos, incluyendo el transporte de los “turcos” de Drake a Estambul. (53) En el camino a Turquía, los ingleses se encontraron con un juez musulmán (qadi) de Palestina -entonces reino otomano- que no sólo quedó sorprendido por la historia de los prisioneros musulmanes liberados, sino también  asombrado por la bondad de la Reina Isabel y por su poder como mujer al llevar a cabo esta acción. (54)

Algunos años más tarde, en 1594, Safiya Baffo, una princesa otomana de origen veneciano y conversa al Islam que tenía cierta influencia sobre la política exterior turca, escribió una carta a la reina Isabel, a quien se dirigió como “elegida entre los que triunfan bajo la ley de Jesucristo.” Baffo habló a Isabel de la gran esperanza que habían despertado en los corazones musulmanes sus sabias políticas y la fe protestante. (55)

Marruecos fue igualmente importante a ojos de la reina Isabel, que fomentó las buenas relaciones con los marroquíes tan asiduamente como hizo con los turcos. La reina mantuvo una relación especialmente estrecha con el rey de Marruecos, Ahmad al-Mansur al-Dhahabi (“el Dorado”) (56), un diplomático astuto y con un conocimiento profundo del mundo europeo cristiano. La relación parece que llegó a fructificar en una amistad sincera.

Al-Mansur y la Reina Isabel mantuvieron una extensa correspondencia, que duró desde al menos 1580 -dos años después de que éste accediera al trono- hasta sus respectivas muertes, que se produjeron en el año 1603. (57) Al-Mansur mantenía correspondencia con la reina en el momento de la fundación de la colonia de Roanoke y compartió su deseo de comprobar el poder español en el Caribe. En 1603, al-Mansur hizo la extraordinaria propuesta de que Marruecos e Inglaterra unieran sus fuerzas, expulsaran a los españoles del Caribe, tomaran posesión conjunta de los dominios españoles en el Nuevo Mundo, y “con la ayuda de Dios… unirlos a nuestro estado y el vuestro”. La propuesta de Al-Mansur nunca se llevó a cabo. (58) Refleja, sin embargo, la franqueza y sentido del potencial político que marcó las relaciones anglo-marroquíes de la época. Esta visión dinámica de la cooperación se refleja en la actitud de Drake hacia los galeotes musulmanes liberados en el camino a Roanoke.

Las buenas relaciones con Marruecos fueron definitivas para el transporte inglés a las Américas durante el período colonial temprano. Un “triángulo renacentista” se extendía entre Inglaterra, Marruecos, y las Américas. Preservar dicho triángulo era crucial para las relaciones anglo-musulmanas en la época de la reina Isabel, ya que de ello dependía el éxito de la navegación británica en el Atlántico occidental. En otras circunstancias, los británicos hubieran utilizado las Islas Canarias y Cabo Verde para cruzar el Atlántico, pero esas islas eran hostiles al estar bajo control español y portugués, respectivamente. En lugar de estas islas, los británicos crearon el triángulo renacentista con Marruecos, que se usó durante los reinados de la reina Isabel y de los monarcas ingleses posteriores. Durante la época de la fundación de Roanoke, y años después, el triángulo siguió siendo la vía marítima disponible más atractiva y lucrativa para los comerciantes, viajeros, emigrantes, aventureros, corsarios y piratas británicos. Sir Francis Drake y Sir Walter Raleigh fueron buenos conocedores y usuarios del triángulo renacentista.  (59)

LA COLONIA DE RONAKE

Roanoke Map Closer UpLa colonia de Roanoke pertenece, efectivamente, a la época del triángulo renacentista, al reinado de la reina Isabel I (1558-1603), y a la del gran poeta y dramaturgo inglés William Shakespeare (1564-1616). La obra maestra de Shakespeare, La Tempestad, aunque fue escrita varios años después del fracaso de Roanoke, refleja la contemporánea fascinación inglesa contemporánea por el Nuevo Mundo a través del Atlántico, que había hecho la idea de la colonia de Roanoke interesante para los ingleses y los siguió atrayéndo a nuevas exploraciones y descubrimientos.

La reina Isabel encargó a Sir Walter Raleigh (1552-1618), cortesano, soldado, y explorador inglés, la fundación de la colonia, dando al proyecto su total apoyo. Para la reina, Roanoke constituía un movimiento político audaz y cuidadosamente determinado. Mediante el establecimiento de un punto de apoyo inglés en la costa atlán-tica de América, tenía la intención de hacer valer el creciente poder de Inglaterra como nación emergente y desafiar directamente la pretensión española de los derechos exclusivos para colonizar el Nuevo Mundo. (60)

En 1580, cinco años antes del primer asentamiento en Roanoke, Felipe II, emperador de España, tomó posesión del trono portugués, uniendo España y Portugal en un solo reino. España gobernaría Portugal durante 60 años. Por lo tanto, durante el período de la colonia de Roanoke y durante mucho tiempo después, Portugal perteneció al reino de España, dando a ésta la pretensión de los derechos únicos y exclusivos para colonizar todas las Américas, incluido el Brasil portugués. España empleó su extenso poderío naval y militar para asegurar que no hubiera rivales europeos que establecieran colonias que les hicieran competencia en el Nuevo Mundo. La Armada “Invencible” española de 1588 fue una expresión del poder impresionante del Imperio Españo y el puesto de avanzada español en San Agustín en la Florida fue establecido con el propósito expreso de vigilar la costa de América del Norte y prevenir allí el establecimiento de colonias ilegales “no españolas”. (61)

Después de su unión con Portugal, España aparecía a ojos de Europa como la nueva Roma. En ese momento estaba en el apogeo de su riqueza y poder como una de las mayores potencias mundiales de la historia, extendiéndose desde las Islas Filipinas en el Pacífico occidental hasta los continentes americanos en el lejano Atlántico. Era un imperio tan vasto que sobre él nunca se ponía el sol. España era el campeón del catolicismo romano y de la Contrarreforma. También era el principal  sustentador y beneficiario político de la Inquisición, que sirvió al estado español como poderosa organización de inteligencia central y nacional, fomentó la hegemonía ideológica y cultural, y reforzó la unidad política y la política exterior de España. El poder español en tierra y mar no constituía una amenaza política sólo para Inglaterra y Europa Occidental, sino que fue la oposición ideológica directa a la Reforma protestante, iniciada a principios del siglo XVI y proporcionó a naciones como Inglaterra las bases religiosas e ideológicas de sus nuevos estados emergentes. (62)

Alrededor de la época de la fundación de la colonia de Roanoke, España y Portugal unidos constituyeron la nación más poderosa de Europa Occidental. Incluso antes de su unión en 1580, España y Portugal habían prevalecido como señores del Océano Atlántico occidental y habían reclamado y aplicado su derecho exclusivo a colonizar las Américas, aprobado por el Papa oficialmente en el Tratado de Tordesillas en 1494. En el tratado el Papa concedió a Portugal el derecho exclusivo de colonizar Brasil, mientras que el resto de tierras al oeste de Brasil (es decir, el resto de lo que hoy es el Norte, Sur y Centroamérica y el Caribe) iban a ser monopolio permanente de la corona de España. Cuando se fundó la colonia de Roanoke, los españoles consideraron a la nueva colonia inglesa una usurpación legal y política directa sobre su dominio colonial exclusivo.

A través de la aplicación de su derecho exclusivo a colonizar las Américas, el Imperio Español estaba decidido a extender su poder político y mantener el Nuevo Mundo como dominio exclusivo para sí mismo y para la Iglesia Católica Romana. Sin embargo, además de esta agenda ideológica, España estaba fundamentalmente preocupada por la protección de sus flotas de barcos de tesoros, cargados de plata, oro y otras riquezas, que regularmente hacían su trayecto desde el Golfo de México y el Mar Caribe a través de los traicioneros estrechos del canal de las Bahamas en su camino de regreso a España. Los tesoros de estos buques atraían a multitud de  piratas y corsarios y estaban constantemente en peligro de ser atacados.

España temía con razón que cualquier colonia no hispana establecida en la costa atlántica de América del Norte sirviese como base corsaria para atacar a los barcos españoles. Este fue, de hecho, el propósito básico de la colonia de Roanoke. (63) Cuando España se enteró de este proyecto, su motivo principal al tratar de localizar y destruir la colonia fue impedir que se convirtiera en una base para los ingleses. Debido, sin embargo, a circunstancias históricas inusuales la colonia de Roanoke se autodisolvió antes de que los españoles pudieran descubrir su ubicación. (64)

En el momento de fundación de Roanoke, la reina Isabel enviaba constantemente multitud de corsarios ingleses a atacar a la flota del tesoro española (65). Esta fue la gran época de los corsarios ingleses, que estaban involucrados en una guerra naval no declarada con España. De promedio, Inglaterra habría enviado más de 100 naves corsarias al año a atacar el comercio español en el Caribe. Su actividad fue la razón más importante para la creación de la Armada Española. Sin embargo, a pesar de los intentos españoles de detenerlos, los corsarios ingleses tuvieron un gran éxito. Sir Walter Raleigh y Sir Francis Drake fueron figuras clave en estas exitosas empresas corsarias y estuvieron entre sus mayores beneficiarios financieros. (66)

A pesar de su éxito en el ataque a la flota española, los corsarios ingleses fueron obstaculizados en gran medida por la falta de puertos aliados en el lado americano del Atlántico. Entendieron claramente que sus operaciones corsarias serían mucho más eficaces si tuvieran base en América. Tener una base en Roanoke, no muy lejos de las flotas españolas, significaría que los corsarios ingleses podrían pasar un año o más en el Caribe, volviendo a Roanoke cuando fuera necesario para cargar suministros y hacer reparaciones y luego regresar al mar para atacar los barcos españoles siempre que surgiera la oportunidad. (67) A diferencia de la colonia de Plymouth Rock, creada por los peregrinos del Mayflower (68) en 1620, Roanoke fue depredadora desde el inicio. Atacar los barcos españoles del tesoro del Caribe fue su razón de ser.

Sir Walter Raleigh fue la fuerza impulsora del proyecto de Roanoke, que comenzó en 1584 con una misión de reconocimiento y continuó hasta 1590, cuando los ingleses tuvieron su último contacto con la colonia sin encontrar rastro alguno de sus pobladores. (69) Al igual que la reina Isabel, Raleigh fue impulsado por el sueño de hacer valer el poder inglés y forjar un imperio que, en última instancia, superase a España. Para Raleigh, el establecimiento de la colonia de Roanoke fue el primer paso hacia la creación de ese imperio.

La fundación de la colonia de Roanoke fue una propuesta costosa. Raleigh justificó el gasto a sus inversores por los resultados inmediatos de los que se beneficiarían al ser Roanoke una base corsaria, además de cualquier riqueza mineral que se pudiera encontrar en la zona. Aunque algunos contemporáneos ingleses desaprobaban las actividades corsarias, en los tiempos de Raleigh la mayoría consideraba que era legítima. Los inversores ingleses no tardaron en ver el potencial lucrativo de la colonia de Roanoke como base para atacar a las flotas del tesoro españolas del Caribe. (70)

La primera etapa de la colonización en Roanoke comenzó en 1585, pero duró sólo un año. El proceso inicial se interrumpió temporalmente en 1586, cuando la mayoría de los colonos originales regresaron a Inglaterra con la flota corsaria de Drake, la misma que había llevado a los galeotes musulmanes liberados. Como se indicó anteriormente, muchos de los esclavos siguieron con Drake a Inglaterra y no se quedaron en Roanoke. No está claro, sin embargo, qué pasó con el resto.

Antes de la visita de Drake en 1586, había habido unos 107 colonos en Roanoke desde su primer asentamiento de 1585. Habían sido llevados a Roanoke en una flota de 7 barcos diseñados para la actividad corsaria. La flota incluía unos 600 hombres, la mitad de los cuales eran marineros porque la actividad corsaria era su misión principal. (71) Los primeros colonos en su mayoría eran veteranos de las guerras de Inglaterra en Irlanda y Europa; estaban bien entrenados para misiones de corso y para la defensa del asentamiento de posibles ataques españoles, pero eran poco adecuados para la creación de una sociedad permanente o el mantenimiento de buenas relaciones con los americanos nativos locales, ambas cualidades eran cruciales para su supervivencia y su éxito a largo plazo. (72)

Cuando Sir Francis Drake llegó a la colonia de Roanoke con sus galeotes liberados y un número de esclavos domésticos negros en el verano de 1586, ofreció a los colonos originales dos opciones: o bien les dejaba con suministros para un mes, un barco más pequeño y algunos botes con un número suficiente de pilotos y marineros, o se los llevaba de vuelta a casa con él, a Inglaterra. Al principio, los colonos decidieron quedarse, pero fueron pronto alcanzados por una violenta tormenta de tres días, que provocó el naufragio del barco que se había prometido y causó estragos en la flota del mismo Drake. Después de la tormenta, los colonos originales reconsideraron sus opciones y decidieron volver a Inglaterra. Drake les hizo una nueva oferta de provisiones y un barco distinto si decidían quedarse. Hiizo hincapié en que los estragos que la tormenta había causado en su flota dejaban poco espacio para los colonos de Roanoke en su regreso a casa. Sin embargo, los colonos insistieron en abandonar Roanoke y volver con Drake a Inglaterra. (73)

Irónicamente, el mismo día en que Drake zarpó de Roanoke para devolver a los colonos, llegó a salvo un buque de abastecimiento enviado por sir Walter Raleigh. La nave no había visto la flota de Drake, así que cuando llegó a Roanoke, su tripulación encontró la colonia abandonada y regresó a Inglaterra. A mediados de agosto del mismo año, otro barco inglés llegó con más suministros para la colonia, pero supo por un americano nativo local que Drake se había llevado a los colonos originales a Inglaterra. Este último barco partió dejando un pequeño grupo de entre 15 y 18 hombres en Roanoke con provisiones para dos años.

En 1587, se hizo un segundo intento de colonizar Roanoke, pero su éxito se vio obstaculizado por el inminente ataque de la Armada española a Inglaterra, lanzado sin éxito en 1588. Este segundo y último intento de asentamiento en 1587 constaba de alrededor 115 hombres y un grupo de familias, mujeres solteras y niños, que buscaban establecer una colonia autosuficiente. (74) Históricamente, los pobladores de este segundo grupo son conocidos como los “colonos perdidos” de Roanoke, no los colonos originales que llegaron durante el período de 1585 a 1586. Fue durante este segundo período de establecimiento que tuvo lugar el nacimiento de Virginia Dare, el primer bebé inglés nacido en América. (75) Otros colonos de Roanoke siguen siendo desconocidos, incluyendo muchos de los esclavos liberados por Drake, así como la pequeña guarnición que el segundo barco de suministro había dejado a finales del verano de 1586.

Durante algún tiempo antes del ataque de la Armada Invencible, Inglaterra impuso un embargo sobre los barcos que iban al Nuevo Mundo para asegurar que las fuerzas inglesas en el país tuvieran la mayor resistencia para resistir el ataque español que se esperaba. A causa de este embargo, la conexión de Roanoke con Inglaterra fue cortada entre 1587 hasta 1590. (76)

Aunque el segundo asentamiento de Roanoke en 1587 tenía la intención de transformar la colonia en una comunidad agrícola autosuficiente, ese objetivo seguía siendo secundario y se mantuvo en un segundo plano, mientras que la actividad corsaria se mantuvo como el objetivo principal de la colonia. Y así, la ejecución del plan agrario fue frustrado a cada paso. El segundo grupo de colonos prefería mayoritariamente trasladarse más al norte, a la bahía de Chesapeake, un lugar más adecuado para una colonia agraria. Pero los capitanes y marineros de buques, que eran mayoría en Roanoke, volvieron a la actividad corsaria y cerraron la posibilidad de trasladarse a la bahía de Chesapeake, menos adecuada para esa actividad. También señalaron que con la temporada de huracanes que se acercaba, el mejor tiempo para atacar barcos españoles casi llegaba a su fin, y ya no había tiempo suficiente para establecer una nueva colonia más al norte. (77)

El gobernador de Roanoke, John White, que también era el abuelo de Virginia Dare, fue enviado a Inglaterra en 1587 en una desesperada misión para asegurar el suministro. Finalmente obtuvo un permiso especial en 1588 para volver a Roanoke con provisiones en dos barcos más pequeños. White detestaba la actividad corsaria y la veía como un tipo de “robo”. Para su desgracia, los dos capitanes encargados de traerlo de vuelta a Roanoke eran corsarios y no pudieron evitar la tentación de cometer saqueos en el camino a Roanoke. Sus incursiones resultaron desastrosas: todos los suministros se perdieron y ambos barcos se vieron obligados a regresar a Inglaterra con las manos vacías, lo que imposibilitó a White llegar a Roanoke y traer los suministros necesarios. (78)

Dos años después, en 1590, White pudo finalmente hacer el viaje a Roanoke, para enterarse justo a su llegada que la colonia había desaparecido. Nunca encontró a los colonos originales, como a su nieta Virginia Dare, fueron encontrados jamás. Pero los colonos habían dejado la palabra “CROATAN” tallada en un poste cerca de la entrada a la fortaleza, con lo cual se entendió según un acuerdo anterior que se habían unido pacíficamente a la tribu de los Croatan (Hatteras) de nativos americanos en la costa de Carolina del Norte. (79) Los rumores de una gran presencia inglesa en América del Norte continuaron circulando en Europa después de la pérdida de la colonia de Roanoke. (80) Pero tras el fracaso inicial en Roanoke, Inglaterra perdió el interés activo en los asentamientos americanos por más de veinte años. (81)

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NOTAS

(1) Un corsario era esencialmente un pirata patrocinado por el Estado. La distinción entre pirata y corsario puede parecer semántica, pero a diferencia de los piratas, los corsarios no tenían libertad de atacar cualquier buque en el mar abierto. Los estados que patrocinaban a los corsarios determinaban qué barcos de una nación eran presa legítima para sus corsarios y cuáles no. Los corsarios estaban obligados a observar esa distinción.

(2) El término “moro” se utilizó en el siglo XVI para referirse a los musulmanes en general, o los de orígenes culturales y étnicos españoles, portugueses, marroquíes y del norte de África. El término se estudia más adelante con mayor detalle. Es un término ambiguo y no tiene connotación étnica específica; en el contexto de este trabajo, es importante tener en cuenta que “moro” también puede referirse a los antiguos moros de España y Portugal, que fueron convertidos por la fuerza al catolicismo en el siglo XVI, que también son llamados “moros conversos” o “moriscos”.

(3) “Morisco” significa literalmente “pequeño moro” y se refiere a los antiguos españoles y portugueses musulmanes (moros) que fueron obligados a convertirse al catolicismo en el siglo XVI por la Inquisición. El término se estudia con mayor detalle, más adelante.

(4) En el mundo pre-moderno, las galeras eran buques propulsados por remeros. Se utilizaban en la guerra y el comercio. Las galeras a las que se refiere este artículo eran galeras de guerra, que en general estaban equipadas con artillería y también podían ser utilizadas para embestir a otros buques. Los galeotes estaban acostumbrados a remar las galeras y estaban encadenados a sus posiciones de remo. Los galeotes turcos citados en este artículo habrían sido prisioneros de guerra capturados en las diversas batallas navales entre España y los otomanos. Los galeotes árabes pueden haber sido prisioneros de guerra de los corsarios del norte de África (y corsarios musulmanes marroquíes), pero como muestra en este artículo, también es probable que al menos algunos de ellos fueran moriscos que, como era a menudo el caso en el siglo XVI, habían sido condenados a galeras por los tribunales de la Inquisición por prácticas islámicas, a las cuales consideraba una “herejía” condenable.

(5) David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 100-01.

(6) Ver Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 62; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 21-23; David QUINN, The Lost Colonists, xvii.

(7) John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 25.

(8) Ver Hernán TABOADA, La sombra del Islam en la conquista de América, 114.

(9) Hernán TABOADA, La sombra del Islam en la conquista de América, 32.

(10) Irene WRIGHT, Further English Voyages to Spanish America 1583-1592, 213-14; comparar con Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 31.

(11) Ver Paul Hoffman, Spain and the Roanoke Voyages, 20-21.

(12) Ver Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 13-14, 5-6, 59, 84.

(13) Ver Hernán TABOADA, La sombra del Islam en la conquista de América, 115; L. P. HARVEY, Islamic Spain, 325; Sylviane DIOUF, Servants of Allah, 1, 18-20, 45-46, 49, 179; Allen AUSTIN, African Muslims in Antebellum America, 22-23. La mayoría de los africanos llevados a América como esclavos provenían de orígenes animistas no musulmanes, pero un porcentaje significativo de ellos (siendo prudentes, diez a veinte por ciento) provino de las extensas zonas culturales musulmanas de África occidental y eran musulmanes.

(14) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 31; Bartolomé y Lucile BENNASSAR, Les chrétiens d’Allah, 75.

(15) N. del T.: Melungeon es el término aplicado tradicionalmente a uno de los varios grupos “triraciales aislados” del sudeste de Estados Unidos, principalmente en el área que incluye partes del este de Tennessee, suroeste de Virginia y este de Kentucky. Triracial denomina a las poblaciones que parecen ser mezcla de europeos, africanos subsaharianos y de ascendencia amerindia.

(16) N. del T.: Los Lumbee son un grupo de indígenas de Estados Unidos que residen principalmente en los condados de Robeson, Hoke y Scotland (Carolina del Norte), formado por restos de otras tribus extinguidas en la zona.

(17) John MOORE y Austin FOSTER, Tennessee, 1:791; Jean BIBLE, Melungeons, 95-96, 85-86; Louis DAVIS, “The Mystery of the Melungeons,” Nashville Tennessean, Septiembre 22, 1963: 16 (Citado en Jean BIBLE, Melungeons, 5).

(18) Ver David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 97, 100.

(19) De L. P. HARVEY, Islamic Spain, 66.

(20) De L. P. HARVEY, Islamic Spain, 66.

(21) Ver Cesar Adib MAJUL, The Contemporary Muslim Movement in the Philippines, (Berkeley: Mizan Press, 1985), 17-18. Curiosamente, según Hernán Taboada, los musulmanes de las Islas Filipinas también fueron llevados al Caribe español como esclavos en el s. XVI constituyendo un elemento inesperado más de la población musulmana de las colonias americanas (Hernán TABOADA, La sombra del Islam en La Conquista de América, 115). En ese momento, España estaba en proceso de conquista y colonización de las Filipinas; los musulmanes predominaban en las islas del sur, pero también tenían una importante presencia en el norte, donde a veces constituían una élite gobernante.

(22) De L. P. HARVEY, Islamic Spain, 1.

(23) Jan READ, Moors in Spain and Portugal, 225.

(24) Ver L. P. HARVEY, Islamic Spain, 2-3; Tomás IRVING, Artesanía mudéjar, 13; Ahmed BOUCHARB, “Spécificité du problème morisque au Portugal,” 224.

(25) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 20.

(26) Ahmed BOUCHARB, “Spécificité du problème morisque au Portugal,” 224.

(27) Sylviane DIOUF, Servants of Allah, 147; citando Frederick BOWSER, The African Slave in Colonial Peru 1524-1650 (Stanford: Stanford University Press, 1974), 251.

(28) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 33-35.

(29) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 37.

(30) Ver Bartolomé y Lucile BENNASSAR, Les chrétiens d’Allah, 75; Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 31.

(31) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 87-89.

(32) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 34.

(33) Hernán TABOADA, La sombra del Islam en la conquista de América, 115.

(34) Ver Sylviane DIOUF, Servants of Allah, 49-70; Allan AUSTIN, African Muslims in Antebellum America, 51-186.

(35) Sylviane DIOUF, Servants of Allah, 18, 179.

(36) Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 10.

(37) Américo CASTRO, “The Spanish Sense of Nobility,” 194-98; L. P. HARVEY, Islamic Spain, 60; Jan READ, Moors in Spain and Portugal, 229-31; Harold JOHNSON, From Reconquest to Empire, 8-11

(38) Tomás IRVING, Artesanía mudéjar, 1; Jan READ, Moors in Spain and Portugal, 189.

(39) Peter DRESSENDÖRFER, Islam unter der Inquisition, 25.

(40) Ver Hernán TABOADA, La sombra del Islam en la conquista de América, 115; L. P. HARVEY, Islamic Spain, 325; comparar con Slyviane DIOUF, Servants of Allah, 1, 18-20, 45, 49, 179.

(41) Americo CASTRO, “The Spanish Sense of Nobility,” 189.

(42) Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 3.

(43) Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 5-6.

(44) Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 84-85.

(45) Ver Bartolomé BENNASSAR, Les chrétiens d’Allah, 19.

(46) Nabil MATAR, “Introduction: England and Mediterranean Captivity, 1577-1704,” en Daniel J. VITKUS, ed., Piracy, Slavery, and Redemption: Barbary Captivity Narratives from Early Modern England, Introducción de Nabil MATAR, (New York: Columbia University Press, 2001), 2.

(47) Irene WRIGHT, Further English Voyages to Spanish America 1583-1592, 213-14; comparar con Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 31.

(48) Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 19.

(49) Ver Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 34.

(50) El Consejo Privado era un comité ejecutivo que aconsejaba a la reina.

(51) David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 100-01.

(52) Mary KEELER, ed. Sir Francis Drake’s West Indian Voyage, 62, nota 4.

(53) David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 101.

(54) David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 101.

(55) Nabil MATAR, Islam in Britain 1558-1685, pp. 124-125.

(56) Al-Mansur fue llamado “el Dorado” debido a su acceso a los vastos tesoros de oro de África Occidental.

(57) Ver J. F. P. HOPKINS, Letters from Barbary 1576-1774: Arabic Documents in the Public Record Office, (Oxford: Oxford University Press, 1982), 2-9.

(58) Ver Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 9.

(59) Ver Nabil MATAR, Turks, Moors, and Englishmen, 83-84.

(60) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 10-12; Gerhard SOLLBACH, Amerika 1590, 12-13; Paul Hoffman, Spain and the Roanoke Voyages, ix; David QUINN, ed., The Roanoke Voyages, 2:718.

(61) Ver David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage” 97.

(62) Ver Gerhard SOLLBACH, Amerika 1590, 10; Irene WRIGHT, Further English Voyages to Spanish America 1583-1592, xvii.

(63) Ver David QUINN, ed., The Roanoke Voyages, 2:718, 725; Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 6.

(64) David QUINN, ed., The Roanoke Voyages, 2:718; Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 6.

(65) David QUINN, ed., The Roanoke Voyages, 2:721; Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 29, 44;

(66) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 6, 142.

(67) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 13, 18; David QUINN, ed., The Roanoke Voyages, 1:246.

(68) N. del T.: Mayflower es el nombre del barco que, en 1620, transportó a los llamados Peregrinos desde Inglaterra hasta un punto de la costa este de América del Norte, en los actuales Estados Unidos de América.

(69) Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, ix; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 25; Irene WRIGHT, Further English Voyages to Spanish America 1583-1592, xxii-xxiii.

(70) John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 98 99.

(71) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 18-20; David QUINN, ed. The Roanoke Voyages, 1:244; Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, ix; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 20.

(72) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 13, 15; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 99.

(73) Mary KEELER, ed. Sir Francis Drake’s West Indian Voyage, 272-74; David QUINN, “Turks, Moors, Blacks, and Others in Drake’s West Indian Voyage,” 100; Karen KUPPERMAN, Roanoke, 89-90.

(74) Ver David QUINN, “Reflections” en Cecil CLOUGH and P. E. H. HAIR, eds., The European Outthrust and Encounter, 23; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 25.

(75) John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 25.

(76) Ver John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 21; David QUINN, The Lost Colonists, xviii;

(77) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 13, 15, 18, 22; David QUINN, The Roanoke Voyages, 2:719; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 99.

(78) John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 26 27, 90.

(79) Ver Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 62; John HUMBER, Backgrounds and Preparations for the Roanoke Voyages, 21-23; David QUINN, The Lost Colonists, xvii.

(80) Paul HOFFMAN, Spain and the Roanoke Voyages, 62.

(81) Karen KUPPERMAN, Roanoke, 142.


					

Comentario a los Hikam – 2

COMENTARIO DEL SHAYJ SIDI AHMAD IBN ‘AYIBA A LOS “HIKAM” DE IBN ‘ATA ALLAH AL ISKANDARY

Traducción de ‘Abd l-Wahid Gutiérrez, fuente musulmanesandaluces.org

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Tu deseo de retiro espiritual cuando Allah te ha colocado  en el mundo no es más que un deseo oculto. Tu deseo de estar en el mundo cuando Allah te ha colocado en el retiro espiritual significa la degradación de tu elevada aspiración

Para los sufíes el retiro espiritual o aislamiento encierra tres categorías: a) aquel que se retira del mundo exterior exclusivamente, b) aquel que se retira de su mundo interior exclusivamente y c) aquel que combina los dos retiros tanto el exterior como el interior.

En cuanto a la primera categoría, es decir el desapego y el retiro del mundo formal, implica el abandono del mundo causal y la ruptura con los hábitos y rutinas corporales; en cuanto a la segunda categoría consiste en la ruptura con los apegos del ego y los obstáculos ilusorios; y por último, la tercera categoría combina tanto el abandono de los apegos internos como el abandono de los hábitos y rutinas corporales. Todo esto es lo mismo que decir que la primera categoría de abandono consiste en alejarse de todo aquello que distrae el cuerpo del ser humano de la obediencia debida a Allah, mientras que el abandono interior consiste en alejarse de todo aquello que distrae el corazón de la presencia de Allah; y por último el abandono que combina lo exterior y lo interior consiste en orientar tanto el corazón como el cuerpo hacia Allah exclusivamente.

Un abandono exterior íntegro tiene lugar cuando el ser humano se aleja del mundo causal, formal y despoja al cuerpo de su vestimenta habitual. En cuanto al abandono interior íntegro consiste en alejar el corazón de toda cualidad censurable y vil y revestirlo de toda cualidad noble y elogiable. Juntos constituyen el abandono perfecto al que aludió el maestro de nuestros maestros Sidi ‘Abd Ar-Rahman Al-Maydub cuando compuso estos versos:

¡Oh!, estudiosos de la Ciencia de la Unificación:

Ahí tenéis los océanos del vértigo.

Éste es el Rango de las Gentes del Abandono

Quienes se han detenido ante mi Señor…

En cuanto a aquel que se desapega de su mundo exterior pero permanece apegado a su mundo interior, es un embustero, tal como aquel que reviste el cobre con plata, su interior es feo, mientras que aparenta tener un exterior hermoso. En cuanto a aquel que se desapega de su mundo interior, pero no del exterior, si es que esto es posible, es una persona bella y noble como quien recubre  la plata con cobre; no obstante, éste último supuesto es raro, porque lo frecuente es que quien se apegue a su mundo exterior esté también apegado a su mundo interior y quien se distraiga con las cosas materiales, su mundo interior también esté ocupado en ellas. La fuerza no radica en uno o en otro abandono por separado, sino en la conjunción de ambos, tanto el exterior como el interior, él que realiza ambos abandonos es el Sincero Perfecto, él es el Oro Oscuro Puro, el que vale para tesoro de reyes. El Shayj Abu-l-Hassan Ash-Shadili (r.a.) dijo:

“Las cuatro cualidades que debe cultivar el faqir (el discípulo) que abandona el mundo son cuatro: a) la veneración de los mayores, b) la piedad hacia los menores, c) ser justo consigo mismo y d) impedir la victoria del ego; y también son cuatro las virtudes que debe cultivar el faqir que permanece en el mundo: a) aliarse a los justos, b) apartarse de los perversos, c) cumplir el Salat en comunidad y d) auxiliar a los pobres e indigentes con lo que Allah le provea. No obstante, también es necesario que éste último adopte la conductas del faqir que ha emprendido la vía del abandono del mundo si es que quiere llegar a una realización íntegra.”

El comportamiento esperado del faqir que vive con y en el mundo formal, es que permanezca allá donde Allah le haya colocado en relación con la acción del mundo causal hasta que sea Allah quien lo mueva de allí, bien a través de su maestro, bien a través de indicaciones claras que no dejen lugar a duda y es entonces cuando el discípulo ha de introducirse en la vía del desapego.

Tu deseo pues, de emprender la vía del abandono cuando Allah te ha colocado en el mundo causal-formal, no es mas que un deseo oculto de tu ego que busca en ello la calma, sin que provenga por tanto tal actitud de la certeza del conocimiento; la consecuencia de esta actitud es el dolor y la privación, pues cuando aparece la miseria el ego se agita, se angustia y vuelve al mundo formal-causal y esto es peor que haber permanecido en aquel siempre. Lo que se esconde detrás de este actuar es deseo oculto, en su exterioridad hay renuncia y ascetismo, lo cual es algo noble, pero en su interioridad se esconde el verdadero objetivo que no es otro que la búsqueda de comodidad, el desarrollo de poderes sobrenaturales, la obtención de la santidad o de cualquier otro objetivo material, y no el verdadero objetivo de la realización de la esclavitud total y absoluta a Allah y la obtención del conocimiento certero. Junto a lo anterior, está además la falta de cortesía ante la Verdad al querer el ego salir por sí mismo de su estado sin aguardar la licencia para ello. Signo de permanencia del ego en el mundo formal-causal es la esperanza en la obtención de resultado y la ausencia de obstáculos que le impidan la práctica del Islam, su resultado es asomarse a la creación con preocupación por el sustento. Si desaparecen estos obstáculos se produce el movimiento hacia el abandono.

Dijo Ibn ‘Ata Allah de Alejandría en su obra “At-Tanwir”: “Lo que la Verdad te exige es que permanezcas allá donde te ha establecido, hasta que sea Ella misma la que se haga cargo de trasladarte, de la misma forma en que se hizo cargo de colocarte en donde estás ahora. La cuestión no es que abandones el mundo de la causalidad, sino que las causas sean las que te abandonen. Dijo algún sabio: ‘Abandoné una y otra vez el mundo formal y siempre regresaba a él; pero me abandonó el mundo y jamás regresé al mismo.

En cierta ocasión me dirigía a ver al Shayj Ibn ‘Abas al-Mursi con el firme propósito de emprender la vía del desapego, diciéndome a mí mismo que llegar hasta Allah en el estado en el que me hallo, ocupado con las ciencias externas y relacionándome con la gente, me alejaba de mi propósito; entonces él se dirigió a mi y me dijo sin mirarme: -me acompañó un hombre versado en las ciencias exteriores, pero probó algo del sabor de este camino, y cuando vino a verme me dijo, -¡oh señor!, sácame del estado en el que estoy y me dedicaré a tu compañía- y yo le dije: -el asunto no es éste, sino que debes permanecer en el estado en el que Allah te ha colocado y lo que Allah haya decretado que te llegue a través nuestra te llegará-. Después me dijo el Shayj mirándome, ‘Este es el núcleo de los Sinceros, no abandonan nada hasta que sea Allah quien se haga cargo de sacarlos de ahí-. Salí de su casa y Allah lavó aquellas ideas de mi corazón y encontré la paz y la calma en Allah. Los sufíes son aquellos de los que el Profeta (s.a.s.) dijo, ‘Ellos son la gente junto a la que nadie se siente desdichado’. Sólo impedía al Shayj Ibn ‘Ata Allah consagrarse al desapego, en ese momento de su aprendizaje, la avidez de su ego por el propio desapego. Cuando el ego está ávido de algo le resulta ligera su carga y entonces nada de bueno hay en ello, pues todo aquello que le resulte liviano al ego es porque éste busca alguna satisfacción en ello. Después dijo: ‘El discípulo no debe emprender la vía del desapego en un momento de fuerza, sino más bien en un momento de carencia de la misma, si desea que le sea provechoso el abandono. Si abandona el mundo en un momento de fuerza, cuando la debilidad se abata contra él, entrará en conflicto, y en él habrán dos contendientes que pugnarán entre sí y lo sumirán en la discordia y –si Allah no lo asiste con su sutileza- regresará al punto de partida y retomará lo que había dejado atrás sin obtener beneficio alguno, y entonces pensará mal de la Gente del desapego y dirá: ‘Ahí no hay nada. He entrado en ese país y no he visto nada’. Aquel para el que resulta pesado el desapego es el que debe abandonar el mundo, pues le resulta pesado porque comprueba que su cuello está bajo la espada y que en cuanto mueva una mano le serán cortadas las yugulares”.

En cuanto a aquel que habiendo emprendido el camino del desapego quiera volver al mundo formal, a la vida cotidiana, sin un permiso explícito, conlleva en su caso una decadencia de una aspiración elevada hasta una aspiración mundanal, o dicho de otro modo, es una caída desde la santidad suprema a la santidad menor.

Dijo el Shayj de nuestro Shayj, Sidi ‘Ali (r.a.):

“Mi Shayj Sidi al-‘Arabi me dijo: ‘Oh, hijo mío, si yo supiera de algo más elevado, rápido y beneficioso que el desapego, te informaría de ello. El desapego entre las gentes de nuestra vía, es el rango del Elixir, del que un quilate del mismo es más valioso que todo el oro de oriente y occidente; así es el desapego en este camino.”

Escuché decir al Shayj de mi Shayj (r.a.) decir:

“El conocimiento de aquel que está desapegado es mejor y su reflexión más nítida porque la claridad viene de la claridad y la turbiedad de la turbiedad. La pureza interior deriva de la pureza exterior, y la contaminación interior deriva de la contaminación exterior. Todo lo que aumenta en densidad material disminuye en espiritualidad”.

Una máxima dice: “Si el sabio toma algo de este mundo disminuye su grado ante Allah”, salvo si ese acto goza de la licencia de Allah, y entonces no abandona con ello el desapego y su conciencia es conciencia de estar sujeto a la Voluntad de Allah.

En resumen, el desapego, sin licencia para el mismo, no es más que seguir estando sujeto al mundo causal, formal; por el contrario, estar en el mundo causal, pero con licencia para ello, es desapego. Y en Allah depositamos nuestra confianza.

Todo el discurso anterior va dirigido a aquellos que emprenden el camino espiritual. En cuanto a aquellos que ya han llegado, los afianzados, no cabe ya discurso alguno, -Allah se complazca en ellos- pues han sido arrancados de sí mismos y toman desde Allah y entregan  desde Allah. La Verdad (Allah), se ha hecho cargo de sus asuntos, preserva sus secretos y guarda sus corazones con los ejércitos de las luces: no influye en ellos la oscuridad del mundo contingente. Así debe ser interpretado el estado espiritual de los Compañeros del Profeta que estaban dedicados al mundo. Allah se complazca en ellos y haga que nos aproveche la bendición que hay en los Compañeros.

Has de saber que tanto el discípulo que lleva una vida corriente, como aquel que se aparta del mundo, orientan sus acciones hacia Allah, pues cada uno de ellos encierra en sí mismo la sinceridad de la orientación hacia Allah (s.t.). Uno de los sufíes ha dicho: “Uno y otro se asemejan a dos esclavos de un rey; a uno de ellos le dice: ‘¡Trabaja y come!’, y al otro le ha dicho: ‘¡Mantente en mi compañía y presencia! Yo me haré cargo de que te llegue lo que te tengo reservado’”. Pero la sinceridad en la orientación es más fuerte en aquel que se ha desapegado por la escasez de sus obstáculos y la supresión de sus apegos, tal como es sabido.

En cuanto a la aspiración del discípulo que se ha desapegado es tal como dijo el Profeta (s.a.s.), “Allah tiene hombres que cuando juran por Allah, Allah satisface sus juramentos”. Nuestro Shayj dijo: “Allah tiene hombres que cuando desean alguna cosa se cumple, con el permiso de Allah”. Y el Profeta (s.a.s.) también dijo: “Tened cuidado con la percepción del creyente, porque él ve la con la luz de Allah”.