Comentario a los Hikam – 1

Comentario del Shayj Sidi Ahmad Ibn ‘Ayiba a los “Hikam” de Ibn ‘Ata Allah al Iskandary

Traducción de ‘Abd l-Wahid Gutiérrez, fuente musulmanesandaluces.org

nenúfarPrimera sentencia:

         “Signo de que se depende de la acción, es la disminución de la esperanza cuando se comete un error”

COMENTARIO DEL SHEIJ AHMAD IBN ‘AYIBA:

La confianza en algo significa depositar nuestro apoyo y fundamento en ello, y la acción es todo movimiento ya sea del cuerpo o del corazón. Si este movimiento se produce de acuerdo a ley revelada, es decir la Shari’a del Islam, se denomina obediencia por parte del sujeto que realiza la acción, mientras que si dicho movimiento es contrario a la shari’a se denomina desobediencia o rebeldía por parte del sujeto. La acción para la gente del sufismo pude ser dividida en tres categorías:

  • la acción relacionada con la shari’a
  • la acción relacionada con la tariqa o vía interior
  • la acción relacionada con la Realidad (Haqq)

O bien a estas tres acciones también las puedes denominar como la acción del Islam (es decir, todas aquellas acciones llevadas a cabo en el ámbito corporal y externo por el sujeto dentro del Islam), la acción del îmân (es decir, las acciones que tienen lugar en el corazón del hombre que actúa según la acción del Islam) y la acción del ihsan, (es decir, el ámbito de la pura Realidad). Esto mismo también puede ser dicho de la siguiente manera, el ámbito de acción de las ‘ibada (por ‘ibada se entiende dentro del Islam las prácticas que en el mundo formal lleva a cabo cualquier musulmán), el ámbito de la acción de la ‘ubudía (con ello se quiere significar la sujeción del hombre a su Señor interior tornándose aquel en el completo esclavo del mismo) y el ámbito de acción de la ‘ubuda (es la acción propia que resulta de la libertad total). También puedes explicarlo como la acción de “la gente del comienzo”, la acción de “la gente del medio” y la acción de “la gente del final”.

En cuanto a la shari’a se puede decir que es la acción que compete a las ‘ibadas, a las prácticas islámicas en sentido general; en cuanto a la tariqa, como senda o camino, tiene lugar cuando el fin al que se dirige el ser humano es Allah exclusivamente y por último en cuanto a la Realidad sucede cuando Lo contemplas.

Podemos decir que la shari’a tiene como objetivo la depuración de las acciones del hombre en el mundo exterior, mientras que la tariqa le depura su mundo interno, su conciencia interior, y la Realidad le depura sus secretos interiores.

La depuración o corrección externa tiene tres fundamentos:

  • orientarse hacia Allah
  • la conciencia de la presencia permanente de Allah
  • la rectitud

La depuración o corrección de los corazones también tiene tres fundamentos:

  • la liberación
  • la sinceridad
  • la calma

Los fundamentos de la depuración de los secretos interiores son:

  • la vigilancia
  • la contemplación
  • el conocimiento

La corrección del mundo exterior del hombre se obtiene apartándose de lo que el Islam prohíbe y siguiendo sus enseñanzas. El mundo interior se corrige despojándose de las cualidades innobles y revistiéndose de las cualidades nobles. En cuanto a la corrección de los secretos interiores, entendiéndose aquí como los espíritus, se obtiene humillándolos y destrozándolos ante Allah hasta que resulte de ello un comportamiento humilde y bello.

Has de saber que el tratado que aquí nos ocupa se ocupa de las acciones necesarias para depurar los miembros, (es decir, el mundo exterior del ser humano), los corazones y los espíritus.

Has de saber que las ciencias y los conocimientos son el fruto de la depuración del ser humano, pues si los secretos (es decir, los espíritus) son depurados, se llenan de ciencia, conocimientos y luces. No obstante, no se alcanza un grado en el conocimiento hasta que se ha perfeccionado el grado que le precede en la vía, pues aquel que resplandece en sus comienzos resplandece en sus finales. No es apropiado emprender el camino de la ‘tariqa’ (la vía sufi) hasta que se haya realizado el camino de la shari’a (es decir, todo lo referente a la normativa que regula los actos externos del musulmán que en definitiva no son otros que el cumplimiento de las distintas ‘ibadas), y a través de la shari’a se domestique el ser exterior del ser humano, a través de la orientación hacia Allah (tawba), el sentido de la presencia constante de Allah (taqwâ) y la rectitud (istiqama), y todo ello no es otra cosa que el seguimiento del Profeta (s.a.s.) tanto en sus dichos, como en sus actos como en sus estados espirituales.Surat_Al-Ikhlas_-_Maghribi_script

Cuando el ser humano depura su exterioridad embargado por la luz de la shari’a, puede acometer el trabajo interior de la tariqa, o vía sufi, que consiste en la depuración de las cualidades humanas revistiéndose de las cualidades espirituales, que no es otra cosa que el trato adecuado con Allah en sus manifestaciones (taÿÿaliat), es entonces cuando los miembros y todo el ser humano en su exterioridad descansa de toda fatiga producto de la persecución de sus deseos, y solo permanece la belleza del trato del hombre con la creación. Un hombre de conocimiento ha dicho:

“Quien ha alcanzado la realidad del Islam no puede ser remiso en la acción; quien ha alcanzado la realidad del îmân (la dimensión interior del Islam que compete al corazón del musulmán) no puede ser remiso en actuar solo por Allah; quien ha alcanzado la realidad del ihsan (el dominio, reino, de la Realidad más absoluta) no puede dirigirse a otro que no sea Allah”.

El murid, adepto o peregrino que sigue la vía sufi, no se apoya en el seguimiento del camino de estos estados espirituales en su propio ego, ni en su propia acción, ni en su propia fuerza, ni en su propio poder, sino que tan solo se apoya en el favor que le concede su Señor, en la fuerza de su Señor, en la guía de su Señor, en definitiva en los dones con los que lo colma su Señor.

 Allah ha dicho en el Corán:

“Y vuestro Señor crea lo que quiere y elige para vosotros lo mejor”

y también ha dicho,

“Si vuestro Señor lo hubiera querido os hubiera hecho una sola nación, pues las diferencias no son más que una misericordia de vuestro Señor”.

El Profeta (s.a.s.) dijo:

“Ninguno de vosotros entrará en el Jardín gracias vuestras acciones; ellos dijeron, ¿ni siquiera tú enviado de Allah?, y él dijo, ni siquiera yo, a menos que Allah recubra mis errores con su misericordia”.

Confiar en el ego es signo de desgracia y pobreza; confiar en la acción es signo de no haberse dado cuenta de lo efímero de la existencia; confiar en los poderes y prodigios es signo de no haber estado en compañía de los hombres sabios y confiar solo en Allah es haber realizado el conocimiento de la Verdad. Signo de confiar en Allah es que el ser humano no caiga en la desesperanza cuando cometa un error y que tampoco aumente su autocomplacencia cuando él es origen de un bien. También puedes expresar esto diciendo que no exacerbes tu temor ante Él ante tus negligencias, como tampoco te auto complazcas cuando tengas un momento de lucidez; nivela tu temor y tu esperanza ante Él, pues tu temor crece ante la contemplación de la Majestad de Allah, mientras que tu esperanza crece por la contemplación de su Belleza, pero tanto la Majestad como la Belleza de Allah no sufren cambios, ni aumenta ni decrece. De igual forma el temor y la esperanza del sabio ni aumenta ni disminuye, a diferencia de aquel que confía en sus acciones, pues si estas son escasas, en igual medida son escasas sus expectativas, y por el contrario si sus acciones son abundantes, aumentan sus esperanzas, todo ello consecuencia de asociar “otros” a su Señor, manifiesta expresión de su ignorancia.

Un Shayj completo es aquel que te procura el descanso de la fatiga producto de la persecución de los anhelos y ansias del ego, y no aquel que te señala el camino opuesto. Si el ser humano muere a su ego y permanece solo su Señor, encuentra el descanso y realiza el conocimiento de aquél.

Pero es necesario para todo esto la presencia de un Maestro completo que te conduzca desde las tribulaciones de tu ego hasta la calma y el sosiego a través de la contemplación de tu Señor. Un Maestro completo es aquel que te libera de toda fatiga proveniente del ego, y no el que te señala el camino de la preocupación y el afán procedente del ego. Aquel que te indica o señala el camino de las acciones originadas en el ego, acaba agotándote; aquel que te muestra este mundo acaba velándote; aquel que indica el camino de Allah es el que aconseja bien, tal como dijo el Maestro Ibn Mashishi (r.a.): “Prueba de la presencia de Allah es el olvido del ego, pues si olvidas tu ego recuerdas a tu Señor”. Allah (s.t.) ha dicho: “Tu aflicción se debe a tu olvido”.

El origen de toda tribulación es el recuerdo del ego y la preocupación por sus asuntos y su suerte, pues quien se ausenta a su ego encuentra el descanso.

Allah (s.t.) ha dicho: “En verdad hemos creado al hombre en tensión”, es decir en tribulación, agotamiento, propio de la gente que permanece velada, o lo que es lo mismo, de aquellos que viven por y para sus egos; para aquellos que han muerto a sus egos, Allah (s.t.) ha dicho: “En cuanto a los que se han acercado a Allah, para ellos hay descanso y arrayanes y un Jardín de placer”, es decir, el descanso de la comunicación con Allah, el arrayán de la belleza y el jardín de la majestad; Allah (s.t.) ha dicho de ellos: “La fatiga no les alcanza”.

No obstante, el descanso, la paz, no se alcanza sino tras el esfuerzo, de la misma forma que la victoria no se consigue sino con la búsqueda de la misma; “El Jardín está rodeado de infortunios” (según sentencia un hadiz).

Oh, tú, el enamorado de mi hermosura,

La dote que exijo a quien pide mi mano es elevada:

Un cuerpo pálido, un aliento agotado,

Párpados que no hayan probado el sueño,

Un corazón en el que solo Yo tenga cabida.

Cuando quieras paga el precio.

Muere, si quieres, una muerte eterna:

Sólo la muerte te acercará a mi espacio.

 Despréndete de las sandalias si vienes

A esta morada, pues en ella está mi santuario.

Despójate de los dos mundos

Y retira de entre nosotros lo que nos separa.

Y cuando se te diga, ¿a quién amas?, responde

Yo soy quien ama, y a quien amo es Yo.

Y el autor del poema, Al-‘Içç Ibn As-Salam, escribió en su libro Hall Ar-Rumuç:

“Has de saber que no llegarás a la morada de la proximidad hasta que superes seis cuestas:

La primera, conseguir que tus miembros, es decir tu cuerpo, deje de contravenir lo ordenado por la Shari’a.

 La segunda, romper con las rutinas del ego.

La tercera, alejar el corazón de las estupideces de la naturaleza humana.

La cuarta, alejar el ego de las turbiedades de la Naturaleza.

La quinta, alejar el espíritu de los influjos del mundo físico.

La sexta, alejar la inteligencia de las imaginaciones fantasmagóricas.

Al final de la primera cuesta te asomarás a los manantiales de las sabidurías que emanan del corazón.

Al final de la segunda te arrimarás a los secretos de las ciencias místicas.

Al final de la tercera ondearán para ti los estandartes de los secretos del mundo intermedio.

Al final de la cuarta brillarán para ti las luces que descienden desde la proximidad de la Verdad.

Al final de la quinta se alzarán ante ti la luces de las contemplaciones amorosas.

Al final de la sexta descenderás hasta los arriates de la Presencia Inefable, y ahí gracias a las sutilezas íntimas que contemplarás, dejarás de percibir las densidades materiales. Y si Él te quiere para su Intimidad, para ser uno de los Escogidos, entonces te dará a beber de la Copa de su Amor un sorbo que aumentará tu sed, y con su saboreo crecerá tu deseo, con la cercanía se intensificará tu búsqueda y con la embriaguez se hará mayor tu inquietud”.

Algunos hombres virtuosos se ha sentido confusos ante el versículo coránico que dice: “Entrad en el Jardín de acuerdo a vuestras acciones”, considerando que contradice el hadiz en el que el Profeta (s.a.s.) dice: “Ninguno de vosotros entrará en el Jardín gracias a sus actos”. Y la respuesta es que: unas veces el Corán legisla para un determinado asunto que es contemplado desde el ámbito de la Realidad en la sunna, mientras que otras ocurre lo contrario, el Corán habla desde la Realidad y la sunna legisla para este asunto. El Profeta (s.a.s.) era aclarador de lo que Allah le revelaba, tal como dice el Corán: “Hemos hecho descender sobre ti el Recuerdo para que aclares a la gente lo que se les revela”. Y así, cuando el Corán dice: “Entrad en el jardín según vuestras acciones”, se está dirigiendo a la gente de la ciencia exterior, la gente de la sahri’a; y cuando le Profeta (s.a.s.) dice: “Ninguno de vosotros entrará en el Jardín por medios de sus acciones”, está hablando desde el punto de vista de la Realidad, dirigiéndose a la gente de la ciencia interior. Del mismo modo las palabras de Allah, “No queréis hasta que Allah quiere” son pronunciadas desde el ámbito de la Realidad, mientras que las palabras del Profeta (s.a.s.) cuando dijo, “Cuando alguno de vosotros tiene la intención de realizar algo bueno, su deseo es registrado como acción buena”, están referidas al ámbito de la shari’a.

En resumen, el Corán es explicado por la sunna, y la sunna es explicada por el Corán. Por ello es necesario que el ser humano posea dos ojos, con uno de ellos mira a la Realidad, mientras que con el otro mira a la shari’a. Si el Corán legisla sobre determinado asunto en un lugar, es necesario que en otro punto aborde el tema desde el ámbito de la Realidad, o bien que sea la sunna quien lo haga. Esto mismo es aplicable a la sunna, es decir, que si legisla en un momento dado, es necesario que este mismo asunto sea abordado desde el ámbito de la Realidad, ya sea en la propia sunna o en el Corán. Por tanto no hay contradicción alguna entre la aya coránica y el hadiz.

Otra respuesta al conflicto planteado puede ser: Allah ha convocado a las gentes al tawhid (el sentido de la unidad de la existencia) para que accedan al mismo gracias a su esfuerzo personal prometiéndoles una recompensa en función del mismo, para que después cuando los pies del hombre ya estén bien asentados en el Islam, el Profeta (s.a.s.) lo alce de ese primer estadio hasta el rango espiritual de la Sinceridad, y es entonces cuando encuentran sentido sus palabras, “Ninguno de vosotros entrará en el Jardín a través de sus acciones”. Pero Allah sabe más.

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Kitab al Hikam – 1

El libro de la Sabiduria – Primera parte

Ahmad Ibn Ata’Illah al Skandary 

 

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CAPÍTULO 1

1

Es signo de que lo que cuentas es con tus actos, el esperar menos tras un mal paso.

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2

Desear la pobreza
cuando Allah te impone que uses las riquezas es búsqueda de ti mismo, disfrazada. Pero careces de altas ambiciones si deseas usar las riquezas cuando Allah te impone la pobreza. 

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3

Las decisiones anticipadas no atraviesan las murallas del destino. 

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4

Tira el lastre de gobernarte a ti mismo:
lo que otro hace por ti no tienes que hacerlo tú. 

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Tus afanes por alcanzar lo que tienes

garantizado y tus descuidos al realizar lo que se pide de ti: son pruebas de que las tinieblas te velan el ojo del corazón.

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6

Cuida de no desesperarte si, pese a tus apremiantes súplicas, tarda Allah en otorgarte Su favor. Cierto es que te lo ha prometido, pero lo que Él elija para ti y no lo que tu elijas para ti mismo. Y en el tiempo que Él prefiera, no en el que te hubiera gustado a ti.

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7

De Su promesa no dudes si lo prometido no llega
ni aunque tuviera señalado plazo fijo:
dañarías al ojo de tu corazón y empañarías el brillo de tu conciencia.

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8

Si Allah te abre una senda al conocimiento
¿qué importa que tus obras sean mínimas?
La senda, sólo la ha abierto para darse a conocer por ti.
¿Acaso ignoras que el conocimiento es Su don
y las obras tu ofrenda?
¿Qué medida común puede existir entre lo que Él te da y las ofrendas que tú Le haces?

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9

Muchas y diferentes son las obras,

como variado es en sus formas el advenimiento

de los estados de Unión.

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10

Las obras son formas fijadas:
en ellas penetra la vida por el secreto de la intención pura.

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CAPÍTULO 2

11

Envuélvete en una vida oscura: el grano que germina  antes de sembrarlo no llega a madurar.

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12

Nada mejor para el corazón que una soledad que le dé  paso al reino de la meditación.

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13

¿Cómo recibe iluminación el corazón
en cuyo espejo se refleja la imagen de las criaturas? ¿O cómo vuela hacia Allah encadenado a las pasiones?  ¿Puede acaso querer entrar en presencia de Allah quien primero no se ha purificado de sus vicios? ¿O anhelar la íntima comprensión de los misterios quien no se ha arrepentido de sus menores caídas?

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14

Tiniebla es el mundo entero, que sólo lo ilumina
la manifestación de Allah.
Quien, al contemplar el mundo, no vea a Allah en él
o cerca de él o antes o después de él, aún carece de luz.  Para él los astros del conocimiento están cubiertos por las nubes de lo creado.

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15

Esta es la prueba de Su omnipotencia: de ti se oculta tras de lo que carece de ser junto a Él.
¿Es, si no, concebible que una cosa pudiera velar
a Quien desvela todas las cosas
y Se desvela por todas las cosas y en todas las cosas?. A quien Se desvela para todas las cosas
¿como podría velarle una cosa?
¿Y por qué crees que sería velado?
¡Si está más manifiesto que cualquier cosa!
Él es el Unico y nada existe con Él:
¿qué podría velarlo?
De ti está más cerca que cualquier cosa:
¿cual de ellas crees que Le podría velar?
¡Ninguna existe sin Él!
¡O misterio de que el Ser aparezca en la nada y lo temporal subsista con Aquél que tiene por atributo la eternidad!

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CAPÍTULO 3

16

Agota toda ignorancia quien pretende que en el instante actual suceda cosa distinta de la que Allah manifiesta.

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17

Aplazar tus obras para cuando seas libre es hacer sacrificios a las inclinaciones del alma.

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18

No pidas a Allah que te saque de un estado para utilizarte en otro. Si quisiera te utilizaría sin cambiarte de estado.

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19

Jamás buscador alguno detuvo su ambición en lo que ya le había sido revelado sin oír al momento las voces de la verdad: ¡El que tú buscas está aún más allá! Y aunque la apariencia de las criaturas te deslumbre con la magia de sus lentejuelas, su realidad profunda te grita al instante: “Somos una tentación, no seas perjuro” (Qur’an, 2, 102).

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20

PedirLe algo es pensar mal de Él. Buscarle es estar en Su ausencia. Buscar a otro es carecer de pudor para con Él. Y pedir a otro ¡ya es estar muy lejos de Él!

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21

No exhalas un soplo sin que en ti se cumpla uno de Sus decretos.

No estés esperando a que cesen (en ti) las alteraciones, pues entonces, en el estado en que Él te pone, no estarías atento a Él sólo.

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23

¡Nada de lo que pretendes obtener por tu Señor es imposible! ¡Nada de lo que quieres obtener por ti mismo es fácil!

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24

 Mientras permanezcas en este bajo mundo, que no te extrañen las tribulaciones: sencillamente revelan qué atributos se merece y cómo se le debe calificar

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25

Este es signo del éxito final: regresar al Allah en los principios. Aquél cuyos principios sean iluminados, iluminado también será su final.

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26

Lo que ha sido depositado invisible en las conciencias, se transparenta en el testimonio de las apariencias.

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Sobre el comienzo de la creación

Extracto del libro El secreto de los Secretos del Sheikh Abdel Qadr al Jilani

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Que Dios te otorgue el éxito en actos que Le complazcan y encuentren Su aprobación. Piensa, graba en tu mente y comprende lo que digo. Allah el Más Elevado creó primeramente, a partir de la divina luz de Su propia Belleza, la luz de Muhammad (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él). Así Lo declara en la divina tradición proveniente desde Él, relatada por el Profeta (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él):

Yo he creado el alma de Muhammad desde la luz de Mi Manifestación (wajh).

Esto es enunciado por nuestro Maestro el Mensajero de Allah (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) en sus palabras:

“Allah creó primeramente mi alma. Él la creó inicialmente como una divina luz,

Allah creó al principio la Pluma, Allah creó en el comienzo el Intelecto”

Lo que se significa, por todo cuanto es mencionado como primeramente creado, que es la creación de la verdad de Muhammad, la realidad oculta de Muhammad (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él). Él es también [como su Señor] designado por muchos bellos nombres. Se le llama Nur, la Divina Luz, porque él fue‚ purificado de la oscuridad escondida debajo del atributo de la fuerza y la ira (jalal) de Allah. Allah el Más Elevado dice en Su Sagrado Corán:

“Ha llegado hasta vosotros, desde Allah, una luz y un Libro descifrable”. (Sura Al-Ma’idah, 5:15).

El es denominado el Intelecto Total (‘aql al-kull‘) ya que lo vio y lo comprendió todo. Se le llama la Pluma (al-qalam) porque esparció sabiduría y conocimiento, y volcó saber dentro del reino de las letras. El alma de Muhammad (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), es la esencia de todos los seres, el comienzo y la realidad del universo. Él así lo indica, con estas palabras:

“Yo soy desde Allah y los creyentes son desde mi”

Allah el Más Elevado creó todas las almas a partir de su alma en el reino de los seres primeramente creados, en la mejor de las formas. `Muhammad‘ es el nombre de toda la humanidad dentro del reino de las almas ( lam al-aruh). Él es la fuente, el hogar de todo y cada cosa. Cuatro mil años después de la creación de la luz de Muhammad, Allah creó el Trono Celestial (‘arsh) a partir de la luz del ojo de Muhammad. El creó el resto de la creación a partir del Trono Celeste. Luego envió las almas a descender hasta los más bajos niveles de la creación, hasta el reino de este mundo material, hasta los dominios de la materia y nuestros cuerpos.

“Entonces Nosotros hicimos que descendiese hasta lo más bajo de lo bajo” (Sura Al-Tin, 95:5).

El envió esa luz desde donde fuera creada, el Último Reino (‘alam al-l h’t) – que es el reino de la manifestación de la Esencia de Allah, de la unidad, del ser absoluto – hasta el dominio de los divinos Nombres, la manifestación de los atributos divinos, el reino de la inteligencia causal del Alma Total. En ese ámbito Él vistió las almas con ropajes de luz. Estas almas son denominadas `almas-sultan’. Cubiertas con vestiduras de luz, ellas descendieron al reino de los ángeles. Allí Él las cubrió con las brillantes indumentarias de los ángeles y allí fueron llamadas `almas espirituales’. Luego Él causó que descendieran hasta el mundo de la materia, de agua y fuego, tierra y éter; y se convirtieron en almas humanas. Entonces, utilizando los materiales de este mundo, Él creó los cuerpos de carne.

“Nosotros te creamos de ella [la tierra], a ella Nosotros te retornaremos, y desde ella te originaremos una segunda vez.” (Sura Ta-Ha, 20:55)

Después de estas etapas, Allah ordenó a las almas que ingresaran dentro de sus cuerpos, y por Su voluntad ellas entraron.

“Así cuando Yo le hice a él completo y exhalé dentro de él Mi Alma …” (Sura Sad, 38:72)

Llegó una época en que estas almas comenzaron a unirse ellas mismas a la carne y olvidaron su origen y su solemne convenio. No recordaron que cuando Allah las creó en el reino de las almas, Él les preguntó: `Acaso no soy Yo vuestro Señor?’, ellas habían contestado ` Sin duda!’ Olvidaron su promesa, y cómo habían sido creadas, olvidaron la ruta de regreso a su hogar; pero Allah es misericordioso, la fuente de toda ayuda y seguridad para Su creación. El había tenido piedad de ellas, así pues Él les entregó sus divinos libros y mensajeros con el propósito de recordarles su origen.

“Y ciertamente Nosotros enviamos a Moisés con Nuestros mensajes [diciendo]: Conduce a tu gente desde la oscuridad hasta la luz, y recuérdales de los días de Allah …” (Sura Ibrahim 14:5)

Es decir:

“Recordad a las almas los días cuando ellas estaban en unión con Allah.”

A este mundo vinieron muchos mensajeros, cumplieron con sus deberes, y desaparecieron. Todo ello fue con el propósito de traer el mensaje a los hombres y despertar a las gentes a sus responsabilidades. Pero en el decurso del tiempo se han hecho cada vez menos las personas que lo recuerdan a Él, que se vuelven hacia Él, los que desean regresar a su origen divino; son más escasos todavía los individuos que ya han llegado a su fuente. Los profetas continuaron viniendo y el divino mensaje continuó hasta que apareció el gran espíritu de Muhammad (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), el último de los mensajeros que salvó a los pueblos del desvío. Allah el Más Elevado lo envió para abrir los ojos de los corazones de los irreflexivos. Su propósito fué‚ despertarlos del sueño de la inconsciencia y unirlos con la Eterna Belleza, con la Causa, con la Esencia de Allah. En Su Sagrado Corán, Allah dice:

“Dí: Este es mi sendero. Yo llamo a Allah con la certeza de la visión interior – Yo, y aquellos que me siguen …” (Sura Yusuf, 12:108)

Para señalar el camino de nuestro Maestro, el Profeta (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él).

El Mensajero de Allah, para indicarnos nuestra meta, nos dice: “Mis compañeros son como las estrellas en el cielo. Si sigues a cualquiera de ellos, encontrarás el verdadero sendero.” Esta intuición se inicia en el ojo del alma. Este ojo se abre en el corazón del corazón de aquellos que son cercanos a Allah, los que son amigos de Allah. De todas las ciencias del mundo material no hay ninguna que se halle orientada para entregarnos este espontáneo discernimiento: es menester un saber que emana desde los ámbitos escondidos, una penetrante visión que nos inunda desde la consciencia divina:

“… a quien Nosotros hemos enseñado el conocimiento que proviene desde Nuestra Divina Presencia.” (Sura Al-Kahf, 18:65).

Lo que es preciso para el hombre es encontrar aquellos que poseen esta intuición, cuyos ojos del corazón están abiertos, y ser inspirado por ellos. Un maestro tal, que inculque dentro de uno el conocimiento, ha de estar cercano a Allah y ser capaz de ver dentro del Último Dominio. Oh hijos de Adán, hermanos y hermanas, desperrtad, arrepentiros, ya que a través del arrepentimiento estaréis pidiendo a vuestro Señor, Su sabiduría. Haced un esfuerzo e intentadlo! Allah os ordena:

“Y apresúrate al perdón de tu Señor y a un Jardín tan amplio como los cielos y la tierra, que se encuentra preparado para los virtuosos [quienes temen y aman a Allah]”

“Aquellos que son caritativos tanto en la prosperidad como en la adversidad y aquellos quienes refrenan [su] ira y perdonan a los hombres. Y Allah ama los que hacen el bien [a otros].” (Sura Al’Imran, 3:133-34).

Entad en el sendero, úniros a la caravana espiritual para regresar a vuestro Señor. Muy pronto el camino se tornará impracticable, y no quedará ningún compañero de viaje. Nosotros no hemos llegado a este tosco y ruinoso mundo para descansar; no fuimos enviados aquí para comer, beber y defecar. El espíritu de nuestro Maestro, el Profeta de Allah, (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), os está observando. Él se conduele al ver vuestra condición. Él sabía lo que sobrevendría cuando dijo:

“Mi dolor es por mi amado pueblo, los que vendrán en los tiempos postreros.”

Cualquier cosa que nos llegue, lo hace de una de dos formas, ya sea evidente, o bien oculta: evidente, bajo la forma de los preceptos de la religión, oculta en la forma de sabiduría. Allah El Más Elevado nos ordena transformar en armonioso nuestro ser exterior mediante la adhesión a los preceptos religiosos, y poner nuestro ser interior en orden a través de la adquisición de la sabiduría. Cuando el ser exterior y el ser interior se funden en uno solo, y la sabiduría se une con la religión, alcanzamos el nivel de la verdad, como el árbol frutal, que primeramente produce las hojas, luego los retoños, y después las flores que se convierten en fruto.

“Él ha hecho que los dos océanos fluyan libremente – se encuentran el uno con el otro: Entre ellos hay una barrera por encima de la cual no pueden pasar.” (Sura Al-Rahman, 55:20).

Los dos han de unificarse. La verdad no puede ser obtenida solamente a través del conocimiento tangible de los sentidos, del universo material. Por esa ruta es imposible alcanzar la meta, que es el origen, la Esencia. La verdadera adoración precisa de ambas, la religión y la sabiduría. Allah el Más Elevado dice, sobre la adoración:

“No he creado a los jinns y los hombres sino para adorarme a Mi.’ (Sura Al-Dhariyat, 51:36).

En otras palabras, “ellos son creados de modo que puedan conocerMe” Cuando no se lo conoce a Él cómo puede uno verdaderamente alabarLo, solicitar Su ayuda y servirLo? La sabiduría que uno necesita a fin de conocerLo, puede lograrse solamente levantando la negra cortina que cubre el espejo de nuestro corazón, limpiandolo hasta hacerlo brillar. Entonces los tesoros ocultos de la belleza divina pueden comenzar a reflejarse en el secreto del espejo del corazón. Allah el Más Elevado, hablando a través de Su amado Profeta (que la paz y las Bendiciones de Allah sean con él), dice:

“Yo era un tesoro escondido, dispuse ser conocido, por lo que cree la Creación.”

En consecuencia, el propósito divino en la creación del hombre es que éste adquiera sabiduría para conocer a su Señor. Hay dos niveles de sabiduría divina. Uno es el conocimiento de los atributos de Allah, y el otro el de la Esencia de Allah. Al adentrarse en los atributos de Allah, el hombre material saborea tanto este mundo como el del más allá . Pero la sabiduría que nos lleva al conocimiento de la Esencia de Allah se halla en el espíritu santo, en el hombre que posee el saber de los misterios del más allá. La confirmación de esto la hace Allah, al decir:

“… y Nosotros lo fortalecimos a él [Jesús], con el espíritu santo …” (Sura Al-Baqarah, 2:87).

Los que conocen la Esencia de Allah encuentran este poder a través del espíritu santo que a ellos les ha sido dado.

Ambos niveles son obtenidos mediante una sabiduría que debe tener dos aspectos: la sabiduría espiritual interna, y el conocimiento exterior de las cosas manifestadas. Para lograr el bien, estamos en necesidad de ambas. El Profeta de Allah (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), dijo:

“El conocimiento se localiza en dos partes. Una es la lengua del hombre, que constituye una prueba – de la existencia de Allah. – La otra se halla en el corazón del hombre. Esto es lo necesario para la realización de nuestras esperanzas.”

El hombre necesita primeramente el conocimiento religioso. Esta es la educación en la cual uno recibe enseñanza de las manifestaciones exteriores de la Esencia de Allah, reflejada en este mundo de atributos y de nombres. Después que uno ha obtenido destreza en esto, es el turno de la educación interior en los secretos mediante los cuales uno se adentra en los reinos de la sabiduría divina y llega a conocer la verdad. En la primera etapa uno debe dejar de lado todo cuanto no está de acuerdo con los preceptos religiosos. De hecho, las equivocaciones – los errores en buena conducta y carácter – han de ser eliminados, como los Sufíes requieren. Para lograr eso uno ha de practicar realizando cosas en contra de los deseos de nuestro propio ego, actos que son difíciles de aceptar por los deseos de la carne. Pero al ejecutar estos esfuerzos uno ha de estar atento, de modo que no sean hechos para que otros los vean o se hable acerca de ellos. Se deben hacer estas cosas por amor a Allah, buscando únicamente complacerLe. Allah dice:

“ … así el que alberga la esperanza de encontrar a su Señor, que haga acciones rectas y que no asocie a nadie en el servicio de su Señor.” (Sura Al-Kahf, 18:110).

El dominio descrito como el reino de la sabiduría es él, primeramente-creado, Reino Final. Ese reino es el origen, el hogar al cual uno aspira a regresar. Allí es donde fue creado el espíritu santo. Lo que se significa el espíritu santo es el espíritu verdaderamente humano. Este fue creado en la mejor de las formas. La verdad ha sido implantada en el centro del corazón como la propiedad de Allah, y te ha sido confiada a ti para su salvaguardia. La verdad se hace manifiesta con el verdadero arrepentimiento y con el esfuerzo honesto de aprender la religión. Su belleza fulgura en la superficie cuando uno recuerda continuamente a Allah, repitiendo él testimonio de la Unidad (shahada): la illaha illa Llah “No hay dios sino Dios”. En la primera etapa uno dice la shahada con su lengua: luego cuando el corazón cobra vida, uno la recita internamente con el corazón.

Los Sufíes se refieren a los estados espirituales por el nombre de `tifl‘ , “bebé” , porque ese bebé nace y es nutrido en el corazón, y allí crece. El corazón, como una madre, da nacimiento, amamanta, alimenta, y sustenta al hijo del corazón. Así como se imparten las ciencias mundanas a los niños, el hijo del corazón recibe la enseñanza de la sabiduría interior. Como un niño común, todavía limpio de los pecados mundanos, el hijo del corazón es puro, libre de negligencia, egoísmo y duda.

En un niño la pureza toma a menudo la apariencia de belleza física; en el mundo de los sueños, la pureza del hijo del corazón aparece con la forma de los ángeles. Uno tiene la esperanza de entrar al Paraíso como una recompensa por las buenas acciones, pero los dones del Paraíso vienen aquí a través de las manos del hijo del corazón.

“En Jardines de beatitud …alrededor de los cuales los escoltan jóvenes, cuya edad jamás se alterará.” (Sura Al-Waqi’ah, 56:12-17).

“Y alrededor de ellos se mueven muchachos de su progenie, como si fuesen perlas escondidas.” (Sura Al-Tur, 52:24).

Estos son los hijos del corazón, los estados inspirados de los Sufíes, llamados “niños” , debido a su belleza y pureza. Sin embargo ellos son estas cualidades personificadas en la carne, en la forma de seres humanos. Debido a su dulce y gentil naturaleza ellos son los niños del corazón. No obstante, el niño es el verdadero hombre, quien es capaz de cambiar la apariencia de la creación porque está conectado con el Creador. El es el auténtico representante de la humanidad. De acuerdo a él, no existe la materia, ni tampoco él mismo se considera materia. No hay velo, no hay obstáculo, entre su ser y la Esencia de Allah.

Nuestro Maestro el Profeta (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), explica este estado:

“Yo existo, durante un lapso de tiempo, con Allah. En ese momento, nada puede interponerse entre nosotros, ni siquiera el ángel más cercano a Él, como tampoco un profeta.”

Este “profeta” que no puede colocarse entre nuestro Maestro (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él) y Allah, es la existencia material, temporal, del Profeta mismo (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él). El ángel más cercano a Allah es la divina Luz de Muhammad (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), la primera creación. En ese estado inspirado él se halla tan próximo a su Señor que ni su existencia material, ni siquiera su alma, pueden colocarse entre ellos. El Profeta (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), describe esa condición iluminada, diciendo:

“Existe un Paraíso de Allah en el que no hay palacios, ni jardines, ni ríos de miel y leche, un paraíso donde uno contempla solamente la mirada divina.”

Dios lo confirma:

“[Algunos] rostros en ese día serán brillantes, mirando a su Señor” (Sura Al-Qiyamah, 75:22-23)

Y el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con ‚él) dice:

“En ese día ustedes verán a su Señor tan claramente como la luna llena.”

Pero este es un nivel tal, que si se aproximase a él algún ser creado – aún un ángel – su ser material ardería hasta las cenizas. Allah dice a través de Su Profeta (que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él):

“Si Yo apartara los velos de Mi atributo de Poder, solamente una fisura, se quemaría todo hasta donde Mi ojo puede alcanzar a ver.”

El arcángel Gabriel (que Dios esté complacido con él), quien acompañó en su Ascensión al séptimo cielo al Profeta (que la Paz y las Bendiciones de Dios sean con él), aseveró que si hubiese dado un paso más, se habría visto inflamado en llamas.

El lugar del tasawwuf en las ciencias tradicionales islámicas

© Nuh Ha Mim Keller 1995
http://www.masud.co.uk/ISLAM/nuh/sufitlk.htm

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Tal vez el mayor reto hoy en día para aprender correctamente el Islam es la escasez de ‘ulama tradicionales. En este sentido, Bukhari relata en el hadith sahih -rigurosamente autenticado-  que el profeta (que Allah le bendiga y le de paz) dijo:

“En verdad, Allah no quita el Conocimiento Sagrado eliminándolo de Sus servidores, sino más bien mediante la recuperación de las almas de los eruditos islámicos [con la muerte], hasta que, cuando Él no haya dejado un sólo erudito, las personas tomarán a los ignorantes como líderes, a los que se les pedirá y darán opiniones legales islámicas sin conocimiento, errados y desorientando a los otros”(Fath al-Bari, 1,194, hadith 100).

El proceso descrito por el hadith no se ha completado todavía, pero no hay duda de que ha comenzado y en nuestros tiempos la falta de especialistas tradicionales, ya sea en la ley islámica, en el hadith o en el tafsir -‘exegesis Qur’anica’- ha dado lugar a un entendimiento de la religión que está lejos de ser académico y a veces lejos de la verdad. Por ejemplo, en el transcurso de mis propios estudios de ley islámica, mi primera impresión sacada de la literatura orientalista y musulmana reformadora, fue que los imames de las madhhabs o “escuelas de jurisprudencia” habían traído un conjunto de reglas completamente ajenas a la tradición islámica y de alguna manera se las habían impuesto a los musulmanes. Pero cuando estudié con los eruditos tradicionales en Medio Oriente, conocí los detalles y aprendí las bases para derivar la ley del Qur’an y la sunna, me quedé con una opinión diferente.

Y lo mismo sucedió con el tasawwuf –la palabra que usaré esta noche en lugar de sufismo, ya que nuestro contexto es el Islam tradicional- después de haber hablado con sus sabios surgió una imagen bastante diferente de la que se muestra en occidente. Mi charla esta noche, insh’Allah, presentará un conocimiento tomado del Qur’an, de los hadith sahih y de los maestros actuales de tasawwuf en Siria y Jordania, en vista de que todos necesitamos superar clichés, tener información objetiva de las fuentes islámicas y responder a preguntas como: ¿De dónde viene el tasawwuf? ¿Qué lugar tiene en el din o la religión del Islam? y lo más importante, ¿Qué ordena Allah al respecto?

En cuanto al origen del término tasawwuf, al igual que muchas otras disciplinas islámicas, su nombre no era conocido por la primera generación de musulmanes. El historiador Ibn Khaldun señala en su Muqaddima:

Este conocimiento es una rama de las ciencias de la Ley Sagrada que se originaron dentro de la Umma. Desde el principio, el camino de estas personas también había sido considerado la vía de la verdad y de la guía por la primera comunidad musulmana y sus notables, los Compañeros del profeta (que Allah le bendiga y le dé paz), los que fueron enseñados por ellos y los que le sucedieron.

Básicamente consiste en dedicarse a la adoración, a la total entrega a Allah el Altísimo, al desprecio por la gala y el ornamento del mundo, la abstinencia de los placeres, de la riqueza y del prestigio buscado por la mayoría de los hombres y retirarse para rendir culto en solitario. Esta fue la regla general entre los compañeros del profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) y entre los primeros musulmanes, pero a partir del Siglo II islámico cuando la atracción por las cosas de este mundo se generalizó y la gente se volvió más frívola, aquellos que se dedicaban a la adoración fueron llamados Sufiyya o Gente del tasawwuf (Ibn Khaldun, al-Muqaddima [N.d Reimpreso  Meca. Dar al-Baz, 1397/1978] 467,).

En palabras de Ibn Khaldun, el tasawwuf, que consiste en la “entrega total a Dios El Altísimo”, era “la regla general entre los compañeros del profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) y de los primeros musulmanes.” Y sin bien  la palabra no existía en los primeros tiempos, no debemos olvidar que éste es también el caso de muchas otras disciplinas islámicas, como el tafsir, “exégesis coránica” o el ilm al-jarh wa ta‘dil “la ciencia de los factores positivos y negativos que afectan la aceptabilidad de los narradores de hadith” o el ilm al-tawhid, “la ciencia de la creencia en los principios islámicos de la fe”, todas las cuales resultaron ser de suma importancia para la correcta conservación y transmisión de la religión.

En cuanto al origen de la palabra tasawwuf, bien podría provenir de sufí, la persona que hace tasawwuf, que parece ser etimológicamente anterior, pues la primera mención de ambos términos fue hecha por Hasan al-Basri, que murió 110 años después de la Hijra y se relata que dijo: “Ví a un sufí circunvalar la Kaaba y le ofrecí un dirham, pero él no lo aceptó.” Por lo tanto, parece que se entenderá mejor el tasawwuf, si primero  entendemos qué es un sufí y tal vez la mejor definición tanto del sufí como de su camino, es sin duda, una de las más frecuentemente citadas por los maestros de la disciplina y proviene de la sunna del Profeta (Allah le bendiga y le de paz) que dijo:

Allah el Altísimo dice: “Yo le declaro la guerra a quien es hostil con un amigo mío. Mi siervo se acerca a Mí con nada más querido para mí que lo que yo he hecho obligatorio para él y Mi siervo sigue acercándose a Mí con obras voluntarias hasta que yo lo amo. Y cuando yo le amo, soy el oído con el que escucha, el ojo con el que ve, la mano con la que sujeta y el pie con el que camina. Si él me pide, yo seguramente le daré y si busca refugio en Mí, Yo sin duda lo protegeré” (Fath al-Bari, 11.340-41, hadith 6502);

Este hadith fue relatado por el Imam Bukhari, el Imam Ahmad ibn Hanbal, al-Bayhaqi y otros en múltiples cadenas continuas de transmisión y es sahih. Revela la realidad central del tasawwuf, que es precisamente cambiar, mientras describe la trayectoria de este cambio de conformidad con la definición tradicional utilizada por los maestros de  Medio Oriente, que describen al sufí como  ‘Faqihun ‘amila bi ‘ilmihi fa awrathahu Llahu ‘ilma ma lam ya‘lam’. Un hombre de conocimiento religioso que aplica lo que sabe, de modo que Allah le transmite el conocimiento de lo que no sabe.

Como aclaración de lo anterior, un sufí es un hombre de conocimiento religioso, porque el hadith dice: “Mi siervo se acerca a Mí con nada más querido para Mí que lo que yo he hecho obligatorio para él”,  ya que sólo a través del conocimiento el sufí puede conocer lo que Allah ordena o lo que se ha hecho obligatorio para él. Aplica lo que sabe, porque el hadith dice que no sólo se acerca a Allah con lo que es obligatorio, sino que  “sigue acercándose a Mí con obras voluntarias hasta que Yo lo amo.” Y a su vez, Allah le transmite el conocimiento de lo que no sabe, porque el hadith dice: “Y cuando Yo lo amo, Soy el oído con el que escucha, el ojo con el que ve, la mano con la que sujeta y el pie con el que camina”, que es una metáfora para expresar la perfecta conciencia del tawhid, o la “unicidad de Allah”, la cual en el contexto de las acciones humanas, como escuchar, ver, sujetar y caminar, consiste en la realización de las palabras del Qur’an relativas a Allah que,

“Él es quien os creó a vosotros y a lo que hacéis” (Qur’an 37:96).

Por lo tanto, el origen del camino del sufi se basa en la sunna profética. La sinceridad hacia Allah que esto implica era la norma entre los primeros musulmanes para los que se trataba simplemente de un estado de ser sin nombre, mientras que sólo se convirtió en una disciplina distinta cuando la mayoría de la comunidad había cambiado y se había alejado de este estado. Los musulmanes de generaciones posteriores necesitan un esfuerzo sistemático para alcanzarlo y es debido al cambio en el entorno islámico después de las primeras generaciones, que apareció una disciplina con el nombre de tasawwuf.

Pero si esta es la verdad sobre sus orígenes, la pregunta más importante es: ¿Qué centralidad tiene el tasawwuf en la religión y qué lugar tiene en el conjunto del Islam? Tal vez la mejor respuesta es el hadith de Muslim, narrado por ‘Umar ibn al-Khattab:

Cuando estábamos sentamos un día con el mensajero de Allah (Allah le bendiga y le dé paz), llegó a nosotros un hombre vestido de blanco puro y con el pelo negro como el azabache, no había rastros de viaje en él, aunque ninguno de nosotros lo conocía.

Se sentó ante el Profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) apoyando las rodillas contra las suyas y las manos sobre sus piernas y le dijo: “. Muhammad, dime acerca del Islam” El mensajero de Allah (Allah le bendiga y le de paz) dijo: “El Islam es atestiguar que no hay más dios que Allah y que Muhammad es el mensajero de Allah, hacer la oración, dar el zakat, ayunar en Ramadán y realizar la peregrinación a la Casa, si te es posible”.

Él respondió: “Has dicho la verdad”, y nos sorprendió que él preguntara y luego confirmara la respuesta. A continuación dijo: “Háblame de la verdadera fe (iman)” y el profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) respondió: “Es creer en Allah, en Sus ángeles, en Sus libros sagrados, en Sus mensajeros, en el Último Día y en el destino, tanto en lo bueno como en lo malo que hay en él.” “Has dicho la verdad”, dijo, “Ahora dime acerca de la perfección de la fe (ihsan)” y el profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) respondió: “Es adorar a Allah como si lo vieras, porque aunque tú no lo ves, Él sin embargo, te ve. “

El hadith continúa hasta el punto donde ‘Umar relata: Luego el visitante se fue. Esperé un largo rato y el profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) me dijo: “¿Sabes, ‘Umar, quien era el que preguntaba?” y le respondí: “Allah y Su mensajero saben más”. Él me contestó: “Era Gabriel, vino a enseñaros vuestra religión” (Sahih Muslim, 1.37: hadith 8).

Este es un hadith sahih, descrito por el Imam Nawawi como uno de los hadith sobre el que gira la religión islámica. El uso del término din en las últimas palabras, Atakum yu’allimukum dinakum, “vino a enseñaros vuestra religión” implica que la religión del Islam está compuesta por los tres fundamentos mencionados en el hadith: el Islam, o el cumplimiento externo con lo que Dios nos pide, el  Iman, o la creencia en lo invisible sobre lo que los profetas nos han informado y el Ihsan, o adorar a Allah como si Lo viéramos. El Qur’an dice en Surat Maryam,

“Ciertamente Nosotros hemos revelado el Recuerdo y ciertamente somos Nosotros sus custodios” (Corán 15:9),

y si reflexionamos como lo ha realizado Allah en Su sabiduría, vemos que fue mediante ciertos seres humanos, los eruditos tradicionales que Él ha enviado a cada nivel de la religión. El nivel del islam ha sido conservado y nos ha sido transmitido por los Imames de la shari‘a o “Ley Sagrada” y sus disciplinas auxiliares, el nivel de Iman, por los Imames de la ‘Aqida ‘ o “principios de la fe” y el nivel de Ihsan, “adorar a Allah como si Lo vieras”, por los Imames del tasawwuf.

Las propias palabras del hadith “adorar a Allah” nos muestran la interrelación de estos tres fundamentos, porque el cómo “adorar” sólo se conoce a través de las prescripciones externas del Islam, mientras que la validez de esta adoración, presupone  a su vez, Iman o fe en Allah y en la revelación islámica, sin la cual los actos de culto no serían más que movimientos vacíos, mientras que las palabras “como si lo vieras,” demuestran que el Ihsan implica un cambio humano, ya que incluye la experiencia de lo que la mayoría de nosotros no experimenta. Así que para entender el tasawwuf, debemos examinar la naturaleza de este cambio tanto en relación con el Islam como con el Iman y este es el foco principal de mi charla esta noche.

En el nivel del Islam, dijimos que el tasawwuf requiere Islam, a través de la “sumisión a las reglas de la Ley Sagrada”. Pero el Islam, por su parte, exige igualmente tasawwuf. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la sunna que se les ordena seguir a los musulmanes no consiste sólo en las palabras y las acciones del profeta (que Allah le bendiga y le de paz), sino también en sus estados, estados del corazón tales como taqwa, “conciencia o temor de Dios”,  ikhlâs,  “sinceridad”, tawakkul,  “confianza en Allah”, rahma, “misericordia”, tawadu,  “humildad”, etcétera.

Ahora bien, es característico en la ética islámica no dividir las acciones humanas en sólo dos matices de moralidad -bien o mal-  sino en cinco, ordenados según sus consecuencias en el otro mundo. Lo obligatorio (wayib) es aquello cuyo cumplimiento es recompensado por Dios en la otra vida y cuyo incumplimiento está castigado. Lo recomendado (mandub) es aquello cuyo cumplimiento es recompensado, pero cuyo incumplimiento no es castigado. Lo permisible (mubah) es indiferente, sin conexión con la recompensa o el castigo. Lo ofensivo (makruh) es aquello cuyo incumplimiento es recompensado, pero cuyo comportamiento no se castiga. Lo ilícito (haram) es aquello cuyo incumplimiento es recompensado y cuyo incumplimiento es castigado, si uno muere sin arrepentirse.

El Qur’an y la sunna nos dejan claro que los estados del corazón humano, se clasifican en cada una de estas categorías. Sin embargo, no son tratados en los libros de fiqh o “jurisprudencia islámica”, porque a diferencia de la oración, el zakat o el ayuno no son cuantificables. Sin embargo, son de suma importancia para todos los musulmanes. Echemos un vistazo a algunos ejemplos.

  • Amor a Dios. En la Surat al-Baqara del Qur’an, Dios reprocha a los que adscriben socios a Allah y a los que aman tanto como aman a Allah. Luego dice: “Y los que creen que aman a Dios por encima de todo” (Qur’an 2:165), condicionando el ser creyente a tener por Allah un amor mayor que por cualquier otra cosa.
  •  Misericordia. Bukhari y Muslim relatan que el profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) dijo: “Al que no sea misericordioso con la gente, Allah no le mostrará misericordia” (Sahih Muslim, 4.1809: hadith 2319) y Tirmidhi relata el hadith bien autenticado (hasan) “la misericordia no se elimina de nadie, excepto de los condenados” (al-Jami ‘al-Sahih, 4,323: hadith 1923).
  •  Amarse unos a otros. Muslim relata en su Sahih que el profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) dijo: “Por Aquel en cuya mano está mi alma, ninguno de vosotros entrará al Paraíso hasta que crea, y ninguno de vosotros creerá hasta que os améis unos a otros …. “(Sahih Muslim, 1.74: hadith 54).
  •  Presencia del corazón durante la oración/ (salat). Abu Dawud relata en su Sunan que ‘Ammar ibn Yasir oyó decir al profeta (que Allah le bendiga y le dé paz): “En verdad, un hombre se va y de su oración ha sido registrada para él, una décima parte, una novena… una tercera parte, la mitad de ella” (Sunan Abi Dawud, 1,211: hadith 796), lo cual significa que de la oración de una persona sólo cuenta lo que está presente en su corazón de Dios.
  •  Amor al profeta (saws). Bukhari relata en su Sahih que el profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) dijo: “Ninguno de ustedes cree en realidad hasta que yo sea más amado que su padre, su hijo y el resto de la gente” (Fath al-Bari, 1,58; hadith 15).

Está claro en estos textos que ninguno de los estados mencionados, sea la misericordia, el amor o la presencia del corazón son cuantificables, porque la shari’a no puede especificar que se deben “hacer dos unidades de misericordia” o “tener tres unidades de presencia del corazón” en la forma en que se puede especificar el número de rak’as de la oración, sin embargo, todos ellos son personalmente obligatorios para los musulmanes. Vamos a completar el panorama considerando algunos ejemplos de los estados que son haram o “estrictamente ilícitos”.

  •  Temor a nadie aparte de Allah. Allah el Altísimo dice en  Surat al-Baqara del Qur’an, “Y cumplid vuestro pacto conmigo: Yo cumpliré mi pacto con vosotros; y temedme a Mí sólo a Mí” (Qurʽan 2:40), la última frase de la cual, de acuerdo con Imam Fakhr al-Din al-Razi, “establece que un ser humano está obligado a no temer a nadie aparte de Allah el Altísimo “(Tafsir al-Fajr al-Razi, 3,42).
  •  Desesperación. Allah el Altísimo dice: “Sólo desesperan de la misericordia de Allah las personas que no creen” (Qur’an 12:87), lo que indica la ilicitud de este estado interno asociándolo con la peor condición humana posible, la de la incredulidad.
  •  Arrogancia. Muslim relata en su Sahih que el profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) dijo: “Aquel que tenga una átomo de arrogancia en su corazón no podrá entrar al paraíso” (Sahih Muslim, 1.93: hadith 91).
  •  Envidia, es decir, desear que otro pierda las bendiciones de las que disfruta. Abu Dawud relata que el profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) dijo: “Tened cuidado con la envidia, la envidia consume las buenas obras como las llamas consumen la leña” (Sunan Abi Dawud, 4,276: hadith 4903).
  •  Ostentación en los actos de culto. Al-Hakim relata en una cadena de transmisión sahih que el profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) dijo: “La más mínima ostentación en las buenas obras es como adorar a otros con Allah ….” (ala al-Mustadrak ‘al-Sahihayn, 1,4).

Estos y otros estados interiores haram (ilícito)  similares no se encuentran en los libros de fiqh o jurisprudencia porque el fiqh sólo puede tratar con las descripciones cuantificables de las normas. Más bien, sus causas y remedios son examinadas por los estudiosos del “fiqh interior”, el tasawwuf, hombres como el Imam al-Ghazali en su Ihya’ ‘ulum al-din  [La revivificación de las ciencias religiosas], el Imam al-Rabbani en su Maktubat [Cartas], al-Suhrawardi en su “Awarif al-Ma’arif [Los conocimientos de los iluminados], Abu Talib al-Makki en Qut al-Qulub [el sustento de los corazones] y otras obras clásicas similares, que comentan y resuelven cientos de preguntas éticas sobre la vida interior. Son libros de shari‘a  que tratan sobre las cuestiones de la Ley Sagrada, sobre la forma de ser que es lícita o ilícita para un musulmán y preservan la parte de la sunna profética relacionada con los estados espirituales.

¿Quién necesita esta información? Todos los musulmanes, porque los versos coránicos y los hadith autenticados, apuntan al hecho de que un musulmán no sólo debe hacer y decir ciertas cosas, sino que también debe ser algo, debe alcanzar ciertos estados del corazón y eliminar otros. ¿Tememos alguna vez a alguien además de a Allah? ¿Tenemos una partícula de arrogancia en nuestros corazones? ¿Es nuestro amor por el profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) más grande que nuestro amor a cualquier otro ser humano? ¿Existe el más mínimo rastro de ostentación en nuestras buenas obras?

Medio minuto de reflexión le mostrará al musulmán su posición respecto a estos aspectos del din y por qué en la época clásica ayudar a los musulmanes a alcanzar estos estados no se dejó a los aficionados, sino a los ‘ulama del corazón, los sabios del tasawwuf islámico. Para la mayoría, estas no son transformaciones fáciles de hacer debido a la fuerza de la costumbre y a la sutileza con la que podemos engañarnos a nosotros mismos, pero sobre todo porque todos tenemos un ego; el yo, el Mí, que en árabe es llamado al-nafs, del que Allah atestigua en la Surat Yusuf:

“En verdad, el ego siempre ordena hacer el mal” (Qur’an 12:53).

Si no lo creéis, tened en cuenta el hadith relatado por Muslim en su Sahih, que:

La primera persona juzgada el Día de la Resurrección será el mártir caído en batalla. Se lo hará comparecer, Allah le presentará las bendiciones que ha recibido y el hombre las reconocerá, tras lo cual Allah dirá: “¿Qué has hecho con ellas?”, el hombre responderá: “Luché hasta la muerte por Ti”. Allah le responderá: “Mientes. Luchaste para ser llamado héroe y ya ha sido dicho.” A continuación, será sentenciado, se lo alejará arrastrándose sobre su cara y será arrojado al fuego.

Luego se hará comparecer a un hombre que había aprendido el Conocimiento Sagrado, lo había enseñado y que recitaba el Qur’an. Allah le recordará los dones recibidos y el hombre los reconocerá y luego Dios dirá: “¿Qué has hecho con ellos?” El hombre responderá: “Adquirí y enseñé el Conocimiento Sagrado y recité el Qur’an por Tí.”

Allah dirá: “Mientes. Estudiaste a fin de ser llamado erudito y recitabas el Qur’an para ser llamado recitador y ya ha sido dicho.” Entonces, el hombre será sentenciado y alejado arrastrándose sobre su cara para ser arrojado al fuego.

Entonces se hará comparecer a un hombre a quien Dios proveyó generosamente, dándole diversos tipos de riqueza y Allah le recordará los beneficios otorgados y el hombre los reconocerá, a lo que Allah dirá: “¿Y qué has hecho con ellos?  “El hombre responderá: “No he dejado de hacer ningún tipo de gasto que Tú amas, y lo he hecho sólo por Tí.”

Allah dirá: “Mientes. Lo has hecho con el fin de que te llamaran generoso.” A continuación, será sentenciado y arrastrado sobre su cara para ser arrojado al fuego (Sahih Muslim, 3.1514: hadith 1905).

No debemos auto-engañarnos acerca de esto porque nuestro destino depende de ello: en nuestra infancia, nuestros padres nos enseñaron a comportarnos través de la alabanza o la recriminación y para la mayoría de nosotros, esto impregna y colorea toda nuestra motivación para hacer las cosas. Pero cuando termina la infancia y llegamos a la mayoría de edad en el Islam, la religión nos deja claro, tanto por el hadith anterior como por las palabras del profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) “La más mínima ostentación en las buenas obras es como adorar a otros con Allah” que estar motivado por lo que otros piensan ya no es suficiente y que debemos cambiar nuestras intenciones completamente, y en lo sucesivo, estar motivados nada más que por el deseo de Allah mismo. Por lo tanto, la revelación islámica dice que para el musulmán es obligatorio romper sus hábitos de pensamiento y su intención, pero no le dice cómo. Por eso, se debe recurrir a los conocedores de estos estados, de acuerdo con el imperativo coránico, “Preguntad a los que saben si no sabéis” (Qur’an 16:43),

No hay duda que provocar este cambio, la purificación de los musulmanes llevándolos a la sinceridad espiritual, era una de las tareas centrales del profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le dé paz), porque Allah dice en la Surat Al-‘Imran,

“Dios ha bendecido verdaderamente a los creyentes, pues Él ha enviado a un mensajero de entre ellos mismos, que recita Sus signos, les purifica y les enseña el Libro y la Sabiduría” (Qur’an 3:164)

que explícitamente enumera cuatro tareas de la misión profética, la segunda de las cuales, yuzakkihim significa precisamente “purificarlos” y no tiene otro sentido léxico. Ahora bien, es evidente que esta función pedagógica -en tanto componente de una revelación eterna- no puede haber terminado con la desaparición de la primera generación, hecho que confirma Allah de manera explícita en su mandato en Surat Luqman, “Y seguid el camino de quien vuelve a Mí” (Qur’an 31:15).

Estos versículos indican el papel didáctico y transformador de los que transmiten la revelación islámica a los musulmanes y la elección de la palabra “ittiba” en el segundo verso, que es más general, implica a la vez mantener la compañía y seguir el ejemplo de un maestro. Por esto en la historia del tawawwuf  encontramos que aunque hubo muchos métodos y escuelas de pensamiento, hubo dos cosas que nunca cambiaron: mantener la compañía de un maestro y seguir su ejemplo, exactamente de la misma manera que los sahaba (compañeros) fueron elevados y purificados espiritualmente manteniendo la compañía del profeta y siguiendo su ejemplo (que Allah le bendiga y le dé paz).

Y esta es la razón por la que la disciplina del tasawwuf ha sido conservada y transmitida por las tariqas o grupos de discípulos bajo un maestro particular. En primer lugar, porque era la sunna del profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) en su función purificadora descrita por el Qur’an. En segundo lugar, el conocimiento islámico nunca ha sido transmitido sólo por los textos, sino más bien de ‘ulama a discípulo. En tercer lugar, la naturaleza del conocimiento en cuestión es el hal o “estado del ser”, no sólo conocer, y por lo tanto exige que sea tomado de una sucesión de maestros que llegan al profeta (que Allah le bendiga y le dé paz), porque la enorme gama y cantidad de  estados del corazón que requiere la revelación efectivamente hace que el único medio eficaz de transmisión sea la imitación del ejemplo personal de un maestro.

Hasta ahora hemos hablado de tasawwuf con respecto al Islam, como una ciencia de la shari’a necesaria para aplicar cabalmente la Ley Sagrada en la propia vida, para alcanzar los estados del corazón que exigen el Qur’an y los hadith. Esta estrecha relación entre la shari’a y tasawwuf se expresa en la declaración de Imam Malik, el fundador de la escuela Maliki, de que “el que practica el  tasawwuf sin aprender la ley sagrada corrompe su fe, mientras que el que aprende Ley Sagrada sin practicar el tasawwuf se corrompe a sí mismo. Sólo aquel que combina ambos está en lo cierto.” Esta es la razón por la que el tasawwuf fue enseñado como parte del plan de estudios tradicional en las madrazas en todo el mundo musulmán de Malasia a Marruecos, por lo cual muchos de los eruditos más grandes de la shari’a de esta Umma han sido sufíes, y por lo cual hasta el final del califato islámico en el principios de este siglo y el posterior control y dominación cultural occidental de las tierras musulmanas, había maestros de tasawwuf en las instituciones islámicas de educación superior desde Lucknow a Estambul a El Cairo.

Pero hay un segundo aspecto del tasawwuf del que aún no hemos hablado, su relación con el Iman o “fe verdadera”, el segundo pilar de la religión islámica que en el contexto de las ciencias islámicas es la ‘Aqida o “creencia ortodoxa”.

Todos los musulmanes creen en Dios y que Él es trascendente más allá de lo que pueda concebir la mente de los seres humanos, porque el intelecto humano es prisionero de la percepción de sus sentidos y de las categorías de pensamiento que se derivan de ellos, como el número, la direccionalidad, la espacialidad, el lugar, el tiempo, etcétera. Dios está más allá de todo eso, en sus propias palabras,

“No hay nada que se asemeje a Él” (Qur’an 42:11)

Si reflexionamos un momento sobre este verso, a la luz del hadith de Muslim sobre Ihsan “adorar a Allah como si lo vieras,” nos damos cuenta de que el medio de visión aquí, no es el ojo, que sólo puede percibir cosas físicas como él mismo, ni siquiera la mente, que no puede trascender sus propias impresiones para llegar a lo Divino, sino más bien la certeza, la luz del Iman, cuyo lugar no es el ojo o el cerebro, sino más bien el ruh, una sutil facultad que Allah ha creado dentro de cada uno de nosotros llamada alma, cuyo conocimiento no está obstruido por los límites del universo creado. Allah el Altísimo dice, exaltando la naturaleza de esta facultad al dejarla un misterio,

“Di: ‘El alma es el asunto de mi Señor'” (Corán 17:85).

El alimento de este ruh es el dhikr o el ‘recuerdo de Allah’. ¿Por qué? Porque los actos de obediencia aumentan la luz de la certeza y del Iman en el alma y el dhikr es uno de los más grandes de ellos, como lo atestigua el hadith sahih relatado por al-Hakim que el profeta (que Allah le bendiga y le de paz) dijo ,

“¿No os diré sobre la mejor de vuestras obras, la más pura de ellas ante los ojos de vuestro Señor, la más elevada en enaltecer vuestra condición, mejor que dar oro y plata y mejor para vosotros que encontrarse con vuestros enemigos y golpear su cuellos y  que ellos golpeen los vuestros? ” Respondieron: “¿Qué es esto, Oh, mensajero de Allah?” y él dijo: “Dhikru Llahi ‘azza wa jall, el recuerdo de Allah Poderoso y Majestuoso”. (ala al-Mustadrak ‘al-Sahihayn, 1.496).

El aumento de la fuerza del Iman a través de las buenas acciones, y en particular por medio del dhikr, tiene tremendas implicaciones en la religión islámica y en la espiritualidad tradicional. Una persona no musulmana me preguntó una vez: “Si Dios existe, ¿por qué andarse por las ramas? ¿Por qué simplemente no aparece y lo dice?”

La respuesta es que el taklif o  ‘responsabilidad moral’ no sólo está relaconado con las acciones externas, sino con lo que creemos -nuestra ‘Aqida- y la fuerza con que creemos. Si la creencia en Dios y otras verdades eternas fueran fáciles, no tendría ningún sentido que Allah nos hiciera responsables de ello, sería automática, involuntaria; como nuestra creencia, por ejemplo, de que Londres está en Inglaterra. No tendría ningún sentido hacer a alguien responsable de algo imposible de creer.

Pero la responsabilidad que Allah ha puesto en nosotros es la creencia en lo Oculto, como una prueba para nosotros en este mundo para elegir entre kufr y Iman, para distinguir el creyente y el incrédulo y a algunos creyentes por encima de los demás.

Es por esto que el fortalecimiento del Iman a través de dhikr tiene una importancia metodológica central para el tasawwuf: no sólo se nos ha ordenado como musulmanes creer en ciertas cosas, sino que hemos recibido la orden de tener una certeza absoluta en ellas. El mundo que nos rodea está compuesto de velos de luz y de oscuridad: los hechos golpean el Iman de algunos de nosotros y Dios nos pone a prueba en cada uno de nosotros el grado de certeza que tenemos  sobre las verdades eternas de la religión. Fue en este sentido que ‘Umar ibn al-Jattab dijo: “Si el Iman de Abu Bakr se pesara contra el Iman de la Umma entera, lo superaría”.

Ahora, en la ‘Aqida tradicional uno de los principios más importantes es la wahdaniyya o “unicidad y singularidad” de Allah el Altísimo. Esto significa que Él no tiene sharik o asociado en Su ser, en Sus atributos o en Sus actos. Sin embargo, la capacidad de mantener esta idea en la mente en medio del desorden de la vida diaria es una función de la fuerza de la certeza (yaqin) en el corazón. Allah le dice al Profeta (que Allah le bendiga y le de paz) en Surat al-A’raf del Qur’an,

Di: “No está en mi poder conseguirme beneficios ni evitarme daños, salvo en lo que Dios quiera”  (Qur’an 7:188)

Sin embargo, tendemos a confiar en nosotros mismos y nuestros planes, olvidándonos que para las realidades de la ‘Aqida ninguno de los dos tienen efecto, que sólo Allah es el causante de los efectos.

Si quieres hacer una prueba contigo mismo, la próxima vez que te pongas en contacto con alguien bien relacionado cuya ayuda es fundamental para tí, echa un vistazo a tu corazón cuando le pidas que hable bien de ti y fíjate en quien estás confiando. Si eres como la mayoría de nosotros, Allah no es prioritario en tus pensamientos, a pesar de que sólo Él controla los resultados. ¿No es esto un lapsus en tu ‘Aqida o, al menos, en tu certeza?

El tasawwuf corrige estas deficiencias paso a paso aumentando la certeza de los musulmanes en Allah. Los dos medios principales del tasawwuf para alcanzar la convicción exigida por la ‘Aqida son la mudhakara, o el aprendizaje de los principios tradicionales de la fe islámica y el dhikr, la profundización de la propia certeza en ellos mediante el recuerdo de Allah. Es parte de nuestra fe que, en palabras del Qur’an en Surat al-Saffat,

“Dios os ha creado a vosotros y a lo que hacéis” (Qur’an 37:96);

sin embargo, ¿Cómo es esta experiencia diaria para muchos de nosotros?. Debido a que el tasawwuf repara ésta y otras deficiencias del Iman, aumentando la certeza de los musulmanes a través de una forma sistemática de enseñanza y de dhikr,  tradicionalmente este pilar de la religión, también ha sido considerado personalmente obligatorio y ha demostrado su autenticidad desde los primeros siglos del Islam.

La última pregunta que trataremos esta noche es: ¿Qué pasa con los malos sufíes sobre los que leemos, que contravienen las enseñanzas del Islam?

La respuesta es que hay dos significados de sufí: la primera es “El que se considera un sufí”, que es la regla general de los historiadores orientalistas del sufismo y de los escritores populares, los cuales contraponen los “sufíes” a los “ulama”. Creo que los versículos coránicos y hadith que hemos mencionado esta noche sobre el alcance y el método del verdadero tasawwuf demuestra por qué debemos insistir en la primacía de la definición del sufí como “un hombre de conocimiento religioso que aplica lo que sabe, por lo que Allah le da el conocimiento de lo que no sabe.”

La primera cosa que un sufí, como hombre de saber religioso sabe es que la shari’a y la ‘Aqida del Islam están por encima de todo ser humano. Quien no sepa esto nunca va a ser un sufí, excepto en el sentido orientalista de la palabra, cuya analogía sería la de alguien que se para frente a la bolsa de valores con un traje caro y un maletín para convencer a la gente que es un corredor de bolsa. Un verdadero corredor de bolsa es otra cosa.

Debido a que esta distinción es ignorada hoy por musulmanes bien intencionados, a menudo se olvida que los ‘ulama que han criticado a los sufíes como Ibn al-Jawzi en su Talbis Iblis [El engaño de diablo], Ibn Taymiya en partes de su Fatawa o Ibn al-Qayyim al-Jawziyya, no estaban criticando el tasawwuf en tanto una disciplina auxiliar de la shari’a. La prueba de esto es uno de los cinco volúmenes del Sifat al-safwa de Ibn al-Jawzi, que contiene las biografías de los mismos sufíes mencionados en el famoso manual de tasawwuf de al-Qushayri al-Risala al-Qushayriyya. Ibn Taymiya se consideraba un sufí de la orden Qadiri y los volúmenes diez y once de los treinta y siete volúmenes de  Majmu ‘al-Fatawa están dedicados al tasawwuf. E Ibn al-Qayyim al-Jawziyya escribió sus tres volúmenes de Madarij al-salikin, un comentario detallado sobre el tratado de  Abdullah al-Ansari al-Harawi sobre las estaciones espirituales del sendero sufí, Manazil al-sa’irin. Estos trabajos muestran que las críticas de sus autores no estaban dirigidas al tasawwuf como tal, sino más bien a grupos específicos de su época y deben entenderse como lo que son.

Al igual que en otras ciencias islámicas, en el tasawwuf hubo errores a lo largo de la historia,  la mayoría de ellos derivados de no reconocer la primacía de la shari’a y la ‘Aqida’ por encima de todo lo demás. Pero estos errores no fueron diferentes en principio, por ejemplo, el Isra’iliyyat (historias sin fundamento de los Bani Isra’il) que se deslizaron en la literatura del  tafsir, o el mawdu’at (falsificación de hadith) que se deslizaron en los hadith. Estos no fueron tomados como prueba de que el  tafsir era malo o que los hadith eran desviación, sino más bien, en cada disciplina, los errores fueron identificados y se advirtió en contra de los imames del campo, debido a que la Umma necesitaba el resto. Y esas correcciones son precisamente las que encontramos en libros como el Risala de Qushayri, el Ihya de Ghazali y en otras obras de sufismo.

Por todas las razones que hemos mencionado, el tasawwuf fue aceptado como una parte esencial de la religión islámica por los ‘ulama de esta Umma. La prueba es que todos los estudiosos de las ciencias de la shari’a famosos tuvieron la educación superior del tasawwuf, entre ellos ‘Abidin, Al-Razi, Ahmad Sirhindi, Zacariyya al-Ansari, al-‘Izz Ibn Abd al-Salam, Ibn Daqiq al-‘Eid, Ibn Hajar al-Haytami, Shah Wali Allah, Ahmad Dardir, Ibrahim al-Bajuri,’ Abd al-Ghani al-Nabulsi, el Imam al-Nawawi, Taqi al-Din al-Subki, y al-Suyuti.

Entre los sufíes que ayudaron al Islam con la espada y la pluma, citando el libro Reliance of the Traveller (no traducido al castellano)  (‘Umdat as-Salik wa ‘Uddat an-Nasik de al-Misri), estuvieron:

hombres como el sheij Naqshbandi Shamil al-Daghestani, que luchó en una prolongada guerra contra los rusos en el Cáucaso en el siglo XIX, Abdullah Muhammad Sayyid al-Somali, un sheij de la orden Salihiyya que dirigió a los musulmanes contra los británicos y los italianos en Somalia desde 1899 hasta 1920, el sheij Qadiri ‘Uthman ibn Fodi, quien dirigió la yihad en el norte de Nigeria desde 1804 hasta 1808 para establecer un gobierno islámico, el sheij Qadiri’ Abd al-Qadir al-Jaza’iri, quien dirigió a los argelinos contra los franceses de 1832 a 1847, el faqir Darqawi al-Hajj Muhammad al-Ahrash, que combatió a los franceses en Egipto en 1799, el sheij Tijani al-Hajj ‘Umar Tal, quien dirigió la yihad islámica en Guinea, Senegal y Malí desde 1852 hasta 1864 y el sheij Qadiri Ma’al al-‘Aynayn al-Qalqami, que ayudó a la resistencia armada musulmana contra los franceses en el norte de Mauritania y el sur de Marruecos desde 1905 hasta 1909.

Entre los sufíes, cuya obra misionera islamizó regiones enteras hay hombres como el fundador de la orden Sanusiyya, Muhammad ‘Ali Sanusi, cuyos esfuerzos y yihad desde 1807 a 1859 consolidaron el Islam como la religión de los pueblos desde el desierto de Libia hasta el África subsahariana; [y] el sheij shadili Muhammad  Ma’ruf y el sheij Qadiri Uways al-Barawi, cuyos esfuerzos difundieron el Islam hacia el oeste y hacia el interior de la costa este de África. . . . (Reliance of the Traveller, 863). 9.

Es evidente a partir de los ejemplos de estos hombres, qué clase de musulmanes han sido los sufíes, es decir, de todas las clases, de todos los ámbitos y que el  tasawwuf no les impide servir al Islam en todo lo que pueden.

Para resumir todo lo que he dicho esta noche: observando primero el tasawwuf y la shari’a, encontramos que muchos versículos coránicos y hadith sahih obligan al musulmán a eliminar los estados internos haram (ilícitos) como la arrogancia, la envidia y el miedo de todo lo que no sea Allah, y por otra parte, a adquirir tales estados internos obligatorios como la misericordia, el amor de sus  compañeros musulmanes, la presencia de la mente en la oración, y el amor por el profeta (que Allah le bendiga y le dé paz). Encontramos que estos estados interiores no pueden tratarse en los libros de fiqh, cuyo propósito es especificar los aspectos externos y cuantificables de la shari’a. Sin embargo, el conocimiento de estos estados es muy importante para todos los musulmanes y es por eso se estudió con los ‘ulama del Ihsan, los maestros del sufismo, en todas las épocas de la historia del Islam hasta el comienzo del presente siglo.

Luego nos volvimos hacia el nivel de Iman y encontramos que aunque la ‘Aqida  de los musulmanes dice que sólo Dios es el que causa efectos en este mundo, recordarlo en la vida diaria no es algo innato en la conciencia humana, sino más bien una función del yaqin musulmán, su certeza. Y encontramos que el tasawwuf, como una disciplina auxiliar de la ‘Aqida, hace hincapié en el aumento sistemático de esta certeza tanto a través de la mudhakara, “aprender los dogmas de la fe” y el dhikr, “el recuerdo de Dios”, de acuerdo con las palabras del profeta (que la Allah le bendiga y le dé paz) sobre el Ihsan que “es adorar a Allah como si lo vieras”.

Por último, encontramos que las acusaciones contra el tasawwuf hechas por eruditos tales como Ibn al-Jawzi e Ibn Taymiya no estaban dirigidas contra el tasawwuf, sino hacia grupos e individuos específicos contemporáneos suyos, la prueba de ello son los otros libros de los mismos autores que mostraron su entendimiento del tasawwuf como una ciencia shari’a.

Para volver al punto de partida de mi charla de esta noche, con la desaparición de los eruditos tradicionales islámicos de la Umma, hoy emergen dos imágenes muy diferentes del tasawwuf. Si leemos  los libros escritos después del desmantelamiento de la estructura tradicional del Islam realizado por las potencias coloniales en el siglo pasado, nos encontramos con el gran fraude: el Islam sin espiritualidad y la shari’a sin tasawwuf. Pero si leemos las obras clásicas de la erudición islámica, descubrimos que a lo largo de la historia del Islam, el tasawwuf ha sido una ciencia de la shari’a, como el tafsir y el hadith, entre otras. El profeta (que Allah le bendiga y le dé paz) dijo:
“En verdad, Dios no se fija en vuestras formas externas y vuestra riqueza, sino más bien en vuestros corazones y en vuestras obras” (Sahih Muslim, 4.1389: hadith 2564).

Y esta es la promesa más brillante que el Islam –tal como realmente es- puede ofrecer a un mundo oscurecido por el materialismo y el nihilismo: en lo externo la esperanza de la salvación eterna a través de una religión de fraternidad y de justicia socioeconómica y en lo interno la experiencia directa del amor divino y de la iluminación.

Movimientos sobre el sendero

Del libro “El camello sobre el tejado” – Burhanuddin Herrmann
Capítulo 5 – Movimientos sobre el sendero
Bismilah ar-Rahman ar-RahimEn el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo

LA ORACIÓN

Los dos pilares

Nuestra tradición se apoya sobre dos pilares: la oración y el Dirk, la repetición de los Nombres Divinos. La oración se lleva cabo en la forma islámica y representa la esencia, el ritmo fundamental. Acógela y hará tu vida más fácil.

Si llenas tu mente de pensamientos sagrados, tú mismo te vuelves sagrado.

Por eso te animo  rezar, al principio una vez al día, por lo menos, aunque sea poco tiempo, tan sólo unos minutos. Por primera vez, tendrás la impresión de que estás haciendo lo debido, en el momento justo y al ritmo justo.

Esto te permitirá conectarte con la divinidad.

El ritmo cósmico

En la vía sufí rezamos ocho veces al día. Además de las cinco plegarias que prescribe el Islam, realizamos otras tres: una hora antes de la oración de la mañana, poco después del amanecer, y dos horas antes de la plegaria del mediodía.

El ritmo de las oraciones sigue el del sol y la luna, los dos astros que ejercen mayor influencia sobre nosotros. Los horarios se calculan por el alba y el atardecer, y el calendario musulmán es lunar.

Sabemos dónde está el sol y en qué fase está la luna. Sabemos también que las horas del día son distintas las unas de las otras, al igual que son distintos los días de la semana; también los del año tienen cualidades diversas.

El simple hecho de que tus movimientos estén armonizados con los ciclos más amplios del universo influye sobre tu vida, porque ya no sigues tu ritmo, sino el ritmo divino de la creación. Estableces, así, una conexión con el cosmos que te permite vivir en armonía con éste. Te das cuenta de ello inmediatamente, tienes la impresión de que el universo mismo te alimenta.

Tu vida cotidiana transcurre en el caos, no en el cosmos, porque te has separado de la naturaleza para encerrarte en tu minúscula existencia: vives en tu mente, en tu microscópico mundo personal.

Tu ritmo lo marcan las comidas: desayuno, café o tentempié de media mañana, comida, merienda y cena. Pero éste no es un ritmo espiritual.

Para estar en equilibrio es necesario sincronizarse con un ritmo más amplio, más real.

Sobre la tierra

El dhikr te abre las puertas del paraíso, te lleva hacia lo alto y te conecta con tu verdadera esencia divina.

Las oraciones te mantienen dentro de esta conexión y enraízan firmemente tus pies en la tierra. Son tus raíces, de las que el árbol extrae la fuerza necesaria para desarrollarse hacia lo alto.

Si practicas sólo el dhikr te arriesgas a marginarte socialmente y perder tus capacidades comunicativas, aislándote de los demás.

Debes prestar mucha atención, porque el dhikr influye sobre tu sistema nervioso astral. Si lo sobrecargas, corres el riesgo de quemarlo. Por esto tienes que equilibrar el dhikr con las oraciones que te mantienen anclado aquí, en este mundo.

Interrumpe tu circo

En la tradición islámica, la oración tiene una forma clara y precisa que te mantiene al resguardo y te orienta hacia la dirección justa.

La forma de la oración es una expresión divina del amor.

Tu vida puede ser una función circense sin pies ni cabeza, pero, al menos durante cinco veces al día, puedes interrumpirla y dirigirte hacia la divinidad. Por muy inmerso que estés en tu drama personal, durante cinco veces al día puedes dejarlo descansar.

Si rezas a intervalos regulares, todos los días, nunca podrá afectarte demasiado. Concéntrate en la oración: es una puerta abierta al infinito, te marca un ritmo preciso, te aporta una frecuencia especial y pone tu vida en orden.

Rezar te ofrece la posibilidad máxima de conectarte con Dios, equilibra tu mundo interior y, consecuentemente, también el exterior.

Antes de rezar, quítate los zapatos, purifícate mediante las abluciones rituales, extiende la alfombra y concéntrate.

Sufismo e Islam

Del libro “El camello sobre el tejado” – Burhanuddin Hermann

El corazón de un cero – La vía sufi

A veces me preguntan: “¿Puedo convertirme en sufí sin ser musulmán?”

Y yo respondo: “¿Puedes beber té sin taza?”.

En teoría es posible, pero en la práctica es muy desaconsejable y peligroso porque si te vierten el té directamente en la boca no sabrás, para empezar, qué cantidad vas a tomar, y además, puede estar demasiado caliente.

La verdad es ardiente, al igual que el amor, te puede abrasar o volverte loco. Pero si te la sirven en una taza puedes controlarla para que la cantidad no sea excesiva ni esté demasiado caliente.

La taza es la religión, la forma. El té es la verdad, la esencia, el amor de Dios. El maestro está dispuesto a darte té, pero si no tienes una taza, algo para contenerlo, ¿cómo va a servírtelo?.

Ihsan

“Pon el mundo en tus manos y no en tu corazón, entonces no te hará ningún daño”

“Deja de depender de las cosas sin tener que huir de ellas”

Sheikh Abdal-Qadir al-Yilani

El islam y el iman se presentan como prácticas y creencias específicas, pero el ihsan es un estado: “adorar a Dios como si Lo vieras”.  Es una actitud, una intención que impregna todo lo que uno dice, piensa y hace. Uno de los grandes eruditos de las primeras épocas del islam escribió sobre el Hadith de Gabriel “El islam es lo externo, el iman es lo interno y lo externo y el ihsan es la realidad de lo externo y lo interno”(1).

El ihsan es la tercera parte del din y complementa el islam y el iman, es la dimensión interior.  Por lo tanto, el legado profético tiene un elemento externo –la shari’a- y un elemento interno –la haqiqa- el camino personal para llegar a la última verdad cósmica.

El paso siguiente después de la shari’a, que actúa como protección y contención y que es la vía amplia, clara, cristalina y rigurosa, es la tariqa, la vía más estrecha: la vía dentro de la vía. En esta vía más estrecha todo es mas sutil, está más oculto, porque es el viaje personal interior.

En “La alquímia de la felicidad” el  Imam Al-Ghazali  expone: “Los tesoros de Dios, en los que se ha de buscar esta alquimia, son los corazones de los profetas y el que los busca en otro lugar se sentirá decepcionado y estará en bancarrota el Día del Juicio, cuando escuchará estas palabras:  ‘Hemos levantado el velo sobre ti, hoy tu vista es muy aguda’”. Dios ha enviado a la tierra ciento veinticuatro mil profetas para enseñar a los seres humanos la prescripción de esta alquimia y la forma de purificar sus corazones de sus cualidades más bajas en la forja de la abstinencia. Esta alquimia puede ser brevemente descrita como darle la espalda al mundo y volverse hacia Dios, y sus componentes son cuatro:

1. El conocimiento de uno mismo.
2. El conocimiento de Dios.
3. El conocimiento de este mundo tal como es en realidad.
4. El conocimiento del otro mundo como realmente es.”

El Imam Al Ghazali describe el tasawwuf, el nombre árabe para sufismo,  de esta manera: “Comprendí que el camino de los sufíes combina la creencia intelectual y la acción práctica. La experiencia inmediata y la transformación moral”.

El tawawwuf tiene unas de dos mil definiciones, las más conocidas son: la excelencia en la práctica del islam, o la perfección moral, la ciencia del conocimiento de Dios, la ciencia de la purificación del corazón, la ciencia por la cual se conoce el método que nos lleva a la presencia del Señor de los mundos. Sin embargo, todas ellas convergen un un concepto básico que es la purificación y la búsqueda de guía.

En definitiva, el tasawwuf es la profundización en el islam, es la vivencia íntima del islam, por eso los maestros sufíes lo definen como  “al-Islam bi Dzawq”, “el islam saboreado”.

El conocimiento de uno mismo es la clave para conocer a Dios, de acuerdo con un dicho atribuido al profeta “El que se conoce a sí mismo conoce a  Dios”(2), y como está escrito en el Quran “Les mostraremos Nuestros signos en el horizonte y en ellos mismos, de esta manera la verdad les será manifestada” (41.53).

La mayoría de los sabios musulmanes consideran que la purificación del corazón es una obligación individual del musulmán porque el Quran nos dice: “Un día (el Día del Juicio) en el que ni la riqueza, ni los hijos los beneficiará, sólo les servirá llegar a Dios con un corazón puro” (26:88) o “Realmente ha tenido éxito quien se ha purificado” (87:14).

Tradicionalmente se entiende que el tasawwuf comenzó con el profeta Muhammad (saws). Los ejemplos en el Quran y en las narraciones proféticas con estricto sentido espiritual son numerosos. También es clara la inclinación de muchos musulmanes de las primeras generaciones a la búsqueda espiritual, además la mayoría de las turuq tienen su inicio en la familia del profeta, especialmente en ‘Ali, y sus dos hijos Hasan y Hussein y también en Abu Bakr, el amigo íntimo del profeta y el primer khalifa del islam después de su muerte.

El tasawwuf como una ciencia con terminología y metodología propia apareció en el primer siglo después de la muerte del profeta junto con el resto de las ciencias islámicas como el Fiqh (jurisprudencia) o el Kalam (teología).

El tasawwuf se define como un viaje transformador, un viaje interno que va desde la creación al Creador. Para que este viaje sea posible es necesario aceptar ciertas reglas que en el islam se llaman shari’a. Estas reglas son las mismas en todas las escrituras sagradas y están también en las bases éticas y sociales del comportamiento humano.

El paso siguiente después de la shari’a, que actúa como protección y contención y que es la vía amplia, clara, cristalina y rigurosa, es la tariqa, la vía más estrecha: la vía dentro de la vía. En esta vía más estrecha todo es mas sutil, está más oculto porque es el viaje personal interior.

Para llegar a Dios es necesario convertirse en un ser humano absolutamente sincero. Es necesario convertirse en un cero. El camino espiritual es esencialmente un combate, un esfuerzo constante en el que eres tu propio oponente. En árabe se lo denomina “jihad an-nafs” o “Jihad al-Akhbar”, es decir, la lucha contra el ego o la lucha mayor.

La técnica que se utiliza para purificar el corazón se llama “dikhr”, que en árabe quiere decir recordar y esto es muy interesante porque recordar viene de corazón. El corazón necesita ser alimentado como el resto del cuerpo. El dikhr es la respiración del corazón.

La esencia de la religión es el recuerdo de Dios, cuanto más Lo nombremos más real Será en nosotros.

Cada tariqa tiene un dikhr específico que es transmitido y autorizado por el sheikh, es decir, el maestro. Normalmente están basados en la repetición de los Nombres Bellos de Dios, en salawat al profeta o en la recitación de ayats del Quran.

El  corazón del ser humano es el punto de encuentro, el umbral entre dos mundos, está suspendido como un espacio en el que se encuentran el mundo externo y el misterio del mundo interno.

Para los musulmanes el corazón es el centro de la conciencia y del conocimiento humano. El corazón es la morada de la intención, por lo tanto para rectificar las acciones primero hay que rectificar el corazón. El Quran dice: “tienen corazones con los que no pueden entender” (9:87) y “Ciertamente no son sus ojos los que son ciegos, sino los corazones que están en sus pechos” (22:46).

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NOTAS

1- Ab Nasr al-Sarraj, Kital al-luma, ‘Abd al-Halim Mahmud Taha ‘Abd al-Zaqi Surur, eds.(Cairo: Dar al-Kutub al-Hadithiyyah, 1970), p.22

 2- El significado está establecido por textos claros del Quran y la sunna, como las palabras del mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él): “Sé consciente de Dios, y te Lo encontrarás ante ti.” [Tirmidhi y otros]. Esto en cuanto al significado. En cuanto a la atribución profética, sigue sin ser establecida ya que la totalidad de los ulemas del hadiz no aceptan la autenticación ni la no autenticación de hadith sobre la única base de kashf. El Mulla `Ali al-Qari dijo en en su diccionario de falsificaciones,  “Aparte de eso, su significado está firmemente establecido “. Es decir, no es un hadiz simplemente, sino un aforismo que se está de acuerdo con el Quran y la sunna.