Islam

“El Islam es la transmisión de una forma de vida que representa un arquetipo humano liberado del ego”

Abdal-Hakim Murad – Rihla 2011 

El propósito del Islam es enseñar unidad a lo seres humanos y comienza con el reconocimiento de la unicidad de nuestro Señor. La unicidad de Dios no sólo se refleja en los lazos que nos relacionan con toda la comunidad humana en tanto hijos e hijas de Adán y Eva, sino también con el resto de la existencia.

Todas las religiones comienzan con una experiencia y cuando el profeta Muhammad –que Dios lo bendiga y le dé una paz perfecta-  presentó al mundo una fórmula de monoteísmo, simple, tersa y embriagante no actuó como un teólogo, sino como un profeta en presencia de lo Divino, en completa comunión con la revelación. Algunos de los que estaban a su alrededor respondieron, no tenían interés en debates oscuros sobre el libre albedrío y el destino, la esencia y las cualidades, los átomos y los accidentes: estaban en presencia de lo Sublime y Dios era su Interés Ultimo. Para ellos esta fue una experiencia  tan real y palpable como el estado de vigilia para la gente común.

Fueron galvanizados por una declaración simple, una afirmación radical que alteró las profundidades de su conciencia: la ilaha illa l-lah. “No hay deidad que merezca ser adorada excepto lo Divino”. Sin embargo, estas palabras en sí mismas, no contienen una ideología dogmática. No dan una información, sino que describen el estado de una persona. La palabra árabe para esta persona es muwahhid que se podría traducir como “unitario”, excepto que en árabe es un participio activo, un agente que unifica.

La primera generación de musulmanes, que la asimilaron directamente del profeta –que Dios le bendiga y le dé una paz perfecta- entendió esta fórmula radical de monoteísmo como una renovación del antiguo monoteísmo de Abraham y como un correctivo de los desajustes que el tiempo había agregado a las dos dispensas abrahámicas previas.

 El Qur’an no intenta probar la existencia de Dios, nos recuerda la unicidad de lo Divino reflejada en el cosmos a través de la presencia manifiesta del equilibrio y la ausencia del caos.

La palabra Islam puede ser traducida como “sumisión”. En árabe es la suma de ideas como paz, salud y regeneración. Está en conexión con el concepto de fitra, que significa “naturaleza primordial”, “disposición innata”. La palabra fitra deriva de fatara: “abrir”. Significa también el reemplazo o sustitución de una condición previa por una nueva condición, de una entidad no existente en la realidad y la corporalidad de una forma o apariencia. Es por eso que en el Qur’an  a la creación de los seres humanos se la denomina “fitra”.

En el caso del ser humano, la fitra es relegada por el desarrollo de la conciencia de uno mismo: el ego y por los condicionamientos del entorno,  a eso se refiere el hadith del profeta –que Allah lo bendiga y le dé una paz perfecta- “Ningún niño nace fuera de la fitra, (en sumisión, en islam) luego los padres lo hacen judío, cristiano, o zoroastriano…” (al-Bukhari, p.240, no.1385).

El Islam consiste en la recuperación de nuestra naturaleza innata, alzándola a realidad consciente.

Al contrario de las connotaciones negativas que actualmente tiene en el uso común de muchas lenguas, el significado de sumisión en lo que se refiere al islam es “el acto de reconocer la unicidad de Dios” (tawhid). Esta sumisión es expresada externamente al testimoniar libre y abiertamente que no hay más deidad que Dios, aunque sólo es su manifestación más elemental, el primer paso hacia la unificación interior.

 Asociar otros a Dios es negar su unicidad o adorar falsos ídolos. Los ídolos que los humanos adoran son muchos y diversos, pero de hecho, los obstáculos más grandes son nuestros “ídolos internos”. Dios advierte en el Qur’an“¿Habéis visto a aquel que ha tomado sus propias pasiones como deidad?” (25.43).

Las personas que practican la religión del islam son conocidas como musulmanes. La palabra musulmán puede ser traducida como “aquel que se somete”.

Los musulmanes creen que la última de las revelaciones de Dios a la humanidad es el Qur´an, el que fue revelado por Dios a través del ángel Gabriel –la paz sea con él- al profeta Muhammad –que Dios le bendiga y le dé una paz perfecta-, durante un período de veintitrés años (610-623 E.C). La creencia en el estatus de profeta de Muhammad (y por extensión de la coherencia de la revelación coránica) es afirmada en la segunda parte del testimonio de fe: “y doy testimonio de que Muhammad es el mensajero de Dios”. Para los musulmanes, el texto del Qur’an es la palabra eterna e inmutable de Dios que ha sido preservada en su forma y lenguaje original durante más de mil cuatrocientos años.

Como explica el Hadith de Gabriel, la forma en la que nos sometemos está determinada en las  acciones ordenadas por Dios. Estas formas exteriores son conocidas como los cinco pilares del Islam: shahada, salat, zakat, sawm y hajj, representan la dimensión horizontal de la religión, lo que los musulmanes hacen. Son medios para conectarnos con nuestra verdadera naturaleza, centran y purifican el alma humana preparándola para el otro mundo al infundir el recuerdo de Dios en el ritmo diario, semanal y anual de la vida.

 Shahada – El testimonio de fe

 “ash hadu anna la ilaha illa lah, wa ash hadu anna Muhammadan rasulullah”

 “Testifico que no hay deidad, excepto Dios y doy testimonio de que Muhammad es el mensajero de Dios”. Es la afirmación y el testimonio de fe formulada con el corazón y el intelecto de forma libre y pública. Es el fundamento, el eje y la determinación de “ser musulmán”.

Salat – La oración

Después de la shahada, la oración es el más importante de los cinco pilares, tiene unas condiciones, un procedimiento y un tiempo prescritos.  Las oraciones marcan el ritmo de la vida del musulmán, todas ellas son pausas en la vida cotidiana. El riesgo más grande para un creyente una vez que ha pronunciado la shahada, es el olvido y la negligencia, hasta el punto de hacer su relación con Dios un hecho anexo, secundario y marginal. Todos los musulmanes que hayan llegado a la pubertad están obligados a rezar cinco veces al día, aunque las mujeres están exentas durante la menstruación. El salat está prescrito en cinco momentos del día que se miden de acuerdo con el movimiento del sol: un poco antes de la madrugada (fajr), justo después del mediodía (dhuhr), a la tarde (‘asr), poco después del atardecer (magrib) y por la noche (isha’a).

Cada oración tiene ciertos números de ciclos –rakaat- asignados: dos para el fajr, cuatro para dhuhr, cuatro para el ‘asr, tres para el magrib y cuatro para el isha’a. El salat consiste en la repetición de dos o más unidades de una secuencia de movimientos corporales y de palabras. Durante la oración se recitan partes del Qur’an, siendo la surah  Al-Fatiha (la apertura)  obligatoria en cada rakaat.

La forma de rezar se adoptó a partir del modelo establecido por el profeta “Rezad como me habéis visto rezar”, que a su vez le fue transmitida por el arcángel Gabriel.

Para rezar es necesario estar en estado de pureza ritual y un lugar que esté limpio. Hay una ablución menor –wudu- en las que se lavan las manos, la cara, los brazos, la cabeza y los pies y una ablución mayor –ghusul- en la que se lava todo el cuerpo. La purificación ritual es parte de la oración, reestablece la armonía entre el cuerpo, el alma y el espíritu y marca el pasaje a un rito sagrado. El viernes, es un día especial para los musulmanes: el jum’a que significa literalmente “el día de la reunión”. La oración del mediodía es reemplazada por una oración en congregación especial más corta que termina con un sermón (jutba). La asistencia es obligatoria para todos los musulmanes varones mayores de edad y responsables legalmente que vivan a una distancia razonable de la mezquita.

Originalmente los musulmanes rezaban orientándose a Jerusalén pero más tarde se orientaron a la Kaaba como indicación de la nueva dirección del mensaje de Abraham.

Zakat – El impuesto de purificación

La palabra zakat expresa literalmente la idea de purificación. Es un impuesto que tiene una función social, porque está directamente orientado al sostén de los pobres, de los necesitados y de los viajeros. El zakat es un estímulo a la inversión económica porque afecta al propio capital. Es necesario, por lo tanto producir riqueza. El zakat genera en el ser humano la conciencia de ser un miembro forzosamente solidario de la sociedad. En su esencia es un instrumento para desarrollar la autonomía de las personas con menos recursos. Mantener la justicia económica es una responsabilidad que nos ha confiado el Qur’an. No se debe confundir con los impuestos estatales ni con la limosna o la caridad. Si las necesidades de la población están cubiertas el zakat pude ser utilizado en proyectos de bien público. El impuesto de purificación equivale al 2,5% de los bienes, una vez que se hayan cubierto las propias necesidades. En la época del profeta (saws) una institución conocida con el nombre de Bait al-mal, literalmente “la casa de las finanzas”, recolectaba el zakat. Actualmente la colecta es organizada y gestionada por los asociaciones locales o las mezquitas. Algunos prefieren darlo en mano, lo cual es legalmente posible porque es un acto que depende de la conciencia. Sin embargo, es necesario evitar actuar con ligereza, sobretodo porque se trata de un derecho que tienen los pobres sobre nuestra riqueza.

De hecho, el zakat es nuestra deuda con Dios, ya que El nos ha prestado nuestras posesiones, pagarlo es una manera de reconocer que nada nos pertenece realmente. Así como el salat purifica nuestro tiempo, el zakat purifica nuestras posesiones.

Sawm – El ayuno

Este ayuno colectivo se realiza durante el mes en que fue revelado el Qur’an, el mes de Ramadán. Es un mes de ruptura con lo cotidiano. Exige un despertar de la espiritualidad y una conciencia de la presencia de Dios. Es la voluntad del musulmán de tomar distancia del mundo para acercarse al Creador de los mundos. Esta dimensión espiritual es fundamental, es una expresión íntima de la verticalidad. Sin embargo, la dimensión horizontal está presente como el complemento indispensable para que el que ayuna entre en una especie de comunión con los pobres de la tierra. Sin beber y sin comer, se lo anima a dar, a compartir y a participar en la vida comunitaria. La privación del cuerpo es la revivificación de la energía espiritual. El versículo coránico que habla sobre el ayuno lo inscribe en la historia de los profetas como una expresión de fidelidad a todos los mensajes precedentes: “Oh, vosotros que habéis llegado a creer, el ayuno os está prescrito como le fue prescrito a aquellos que os han precedido”. Ya que el Ramadán se basa en un calendario lunar cada treinta y tres años se habrá ayunado en todas las estaciones.

El ayuno sólo es obligatorio para los musulmanes y musulmanas que hayan alcanzado la pubertad y sean legalmente responsables, la gente mayor está excusada. Las mujeres durante la menstruación, durante el embarazo o durante la lactancia también están excusadas, así como los enfermos y los que están de viaje, aunque deberán recuperar los días que han perdido a su propia discreción. Si alguien está imposibilitado de ayunar debido a problemas de salud permanentes puede compensarlo dando dinero o comida a alguien que lo necesite.

Durante este mes los musulmanes intensifican sus actos de devoción y se reúnen a menudo a recitar el Qur’an y a hacer oraciones voluntarias en la mezquita. El Qur’an se compone de 30 partes (yuz) y sesenta medias (hizb). Muchos intentan leer una parte del Qur’an cada noche para terminarlo al final del mes. Siguiendo la sunna del profeta Muhammad algunas personas hacen un retiro (‘itikaf) en la mezquita durante los últimos diez días de Ramadán.

El punto culminante del Ramadán es la Noche del Poder o Noche del Destino (laylat al qadr), la noche en que se reveló el Qur’an y en la que los ángeles bajan con bendiciones hasta el alba.

En muchos aspectos, el ayuno es a la vez el más elevado y el más privado de los pilares del islam, porque la experiencia es entre Dios y la persona que ayuna.

 Hajj – La peregrinación

Este rito anual, que sólo incumbe a aquellos que tienen la salud y los medios financieros para hacerlo, traza sus pasos hasta Abraham quien junto con su hijo Ismael construyeron el santuario cúbico (Kaaba) en la Meca donde había sido edificado originalmente por Adam. Cuando el profeta Muhammad enseñó a los musulmanes cómo hacer el hajj, les recordó constantemente que era “una tradición de Abraham”. La primera enseñanza de la peregrinación es sobre la unión, la unión de la umma como comunidad de creyentes en una visión de igualdad. Mientras que el ayuno es el más privado de los ritos religiosos, el peregrinaje es el más público. Al haber actualmente más de 1 billón de musulmanes y como el hajj sólo puede hacerse durante los primeros diez días del último mes del calendario musulmán (Dhu’l Hijjah), la multitud de peregrinos es abrumadora.

El peregrino (hajji) debe ponerse dos piezas de tela blanca (ihram) que a menudo se guardan para ser usadas como mortaja (la mujer no necesita una vestimenta especial). Esta vestimenta sencilla refleja nuestra verdadera posición ante Dios, donde el rey y el campesino, el rico y el pobre ya no se diferencian por su ropa o sus accesorios. El estado de ihram que tiene también otras características y condiciones, es en cierto sentido regresar al estado natural y prepararse para estar delante de Dios.

El más conocido de los ritos es la circunvalación a la Kaaba, que también se realiza en otras épocas fuera del hajj, como en la umra’ peregrinación menor. Este movimiento en sentido contrario a las agujas del reloj simboliza la armoniosa integración de todas nuestras aspiraciones mientras giran alrededor del corazón, el que se lo compara con la Kaaba interna, porque también es la casa de Dios.

El punto culminante del hajj es el Día de la Expiación en la llanura de Arafat, que está a  aproximadamente siete kilómetros de la Meca. Es un día para la reflexión en el que todos los peregrinos se reúnen en un mismo lugar. En realidad, si se hace con la intención correcta es una especie de renacimiento porque el peregrino es purificado de todas sus faltas y regresado a su estado natural. Además de purificar al individuo, el hajj tiene un tremendo significado social porque no sólo se reúnen el rico y el pobre, el famoso y el desconocido como si fueran uno, sino que también lo hace gente de todas las razas y culturas en sumisión a Dios, quien los ha creado a todos ellos.

 Bibliografía:

 “Sumisión, Fe y Belleza: la religión del Islam”- Dr. J. Lumbard

Introducción al “Credo del Imam Tahawi” – Sheij Hamza Yusuf Hanson

“Qué es Allah para los musulmanes”, Prof. Abdurrahman Mohamed Manaan

“Islam”, Dr. Tariq Ramadan

Textos sobre el ayuno

Textos sobre el ayuno de Ibn ‘Arabi. Textos Sobre el Ayuno de Ibn ‘Arabi Mandala Ediciones. (Futûhât al Makkyya, cap. 71)

Definición del ayuno

Sabe, que Allâh te proteja, que el ayuno es la abstinencia (imsâk) y la exaltación (rif´a). En árabe decimos que el día “ayuna” (samâ) cuando culmina. Imru-l-Qays (1) ha dicho en uno de sus poemas: “Cuando el día se aleja y ayuna” es decir, “cuando culmina”. Se ha llamado al ayuno así porque su grado es superior al de cualquier obra de adoración. Él lo ha elevado – Gloria a Su Transcendencia- negando todo parecido entre el ayuno y esas obras, aunque nosotros nos obstinemos en mantener lo contrario. Además, lo ha substraído de Sus servidores, restituyéndoselo a Sí Mismo. Ha colocado en Su propia Mano la recompensa de aquel que lo realiza, haciéndola Suya. Ha vinculado el ayuno a Sí Mismo, negándole todo parecido con cualquier otra cosa.

El ayuno no es un acto, sino el abandono de un acto (tark). La negación de todo parecido con cualquier otra cosa en sí misma, un atributo negativo, lo que refuerza la analogía entre el ayuno y Allâh. El Altísimo ha dicho de Sí Mismo: “Nada se le parece” (Cor. XLII, 11). Ha negado así la posibilidad de que exista algo que se Le parezca o con lo que pueda comparárseLe. Nasâ´î (2) transmite el siguiente relato de Abû Umâma: “Me acerqué al Enviado de Allâh – que Allâh derrame sobre él su Gracia Unitiva y su Paz-, y le dije: `Dame una orden que reciba directamente de ti´. Me respondió: `Ayuna, porque el ayuno no tiene nada que se le parezca´”.De esa forma negó que el ayuno pudiera ser comparado con cualquier obra de las que Dios ha prescrito a Sus servidores.

Aquel que sabe que el ayuno es un atributo negativo –puesto que consiste precisamente en abstenerse de las cosas que podrían romperlo- sabe con certeza que no existe nada similar o con lo que se le pueda comparar. En efecto, el ayuno no tiene una esencia propia que sea susceptible de revestir una cualificación de realidad (wujûd) inteligible para nosotros. Por esa razón, Allâh el Altísimo ha dicho también: “El ayuno Me pertenece”. No se trata, en realidad, ni de una obra de adoración ni de un acto (`amal). El uso de la expresión “acto” comporta una cierta impropiedad; lo mismo sucede con el término “existente” (mawjûd) aplicado a Dios, tal y como la inteligencia humana comprende dicho término (3). En efecto, su realidad sostiene su Esencia (dhâtuhu) y no puede serLe atribuido de la misma manera que a nosotros.

Aparece en la Compilación de Muslim (4) esta frase del Profeta – sobre él la Gracia Unitiva y la Paz divina-, transmitida por Abû Hurayra (5): “Allâh –Glorificado y Magnificado sea- ha dicho: `Todos los actos del hijo de Adán le pertenecen, con excepción del ayuno, porque éste Me pertenece y soy Yo quien lo recompenso. El ayuno es un escudo. Si alguno de vosotros está ayunando, que se abstenga ese día de conversaciones banales y de gritos. Si alguien le insulta o se le enfrenta, que le diga: `Soy un hombre que ayuna, estoy ayunando´. ¡Por Aquel cuya Mano sostiene el alma de Muhammad, en verdad el aliento que sale de la boca de aquel que se encuentra ayunando será más perfumado por Allâh el Día de la Resurrección que el perfume del almizcle! Al ayunante le corresponden dos motivos de dicha: cuando rompe su ayuno, la dicha que provoca la ruptura (bi fitrihi) y cuando se reencuentra con su Señor – que sea glorificado y magnificado-, la dicha que le provoca su ayuno (bi sawmihi)”

Haz de saber que el ayunante reencuentra a su Señor en medio de la cualificación “nada se Le parece”: por una parte, el Enviado ha negado toda comparación posible con el ayuno – según el hadîth de Nsaâ´i que hemos citado antes-, y por otra (según eso que el Corán dice) de Dios, “nada se Le parece”. Por tanto, Le ve por Él mismo; Dios es a la vez “Aquel que ve” y “Aquel que es visto”. Por esta razón el Enviado ha dicho: “la dicha que le provoca su ayuno” , y no: “la dicha que le provoca su reencuentro con su Señor”, ya que la dicha no se regocija de ella misma, sino que es ella la razón por la que se experimenta ese gozo. Aquel de quien Dios es la mirada cuando él Le ve y Le contempla, no se ve a sí mismo (nafsahu) más que por Su mirada: la dicha del ayunante sostiene su vínculo hasta el grado de la “no-similitud” (6).

Aquí abajo, por el contrario, el ayunante se regocija de la ruptura (fitr), como corresponde a su alma animal que, por su misma constitución, reclama el alimento. Cuando el gnóstico ve esta necesidad que tiene su alma animal y vegetativa, con qué generosidad se le otorga comida, y que es un derecho suyo del que Allâh le ha puesto a cargo, él cumple esta función en virtud de una cualidad divina, dado por la Mano de Allâh, del mismo modo que ve a Dios por el Ojo de Allâh cuando tiene lugar el reencuentro con Él. Por esta razón se regocija de su ruptura (7) del mismo modo que se regocijaba de su ayuno cuando tuvo lugar el Reencuentro.

El ayuno se atribuye al servidor que merece de este modo el nombre de “ayunante”. Seguidamente, a pesar de esta atestación, Dios se le atribuye a Sí mismo, diciendo “… excepto el ayuno, pues éste Me pertenece sólo a Mí”; es, pues, como si dijera: “el Atributo as-Samad, que indica independencia (tanzîh) al respecto del alimento, sólo Me pertenece a Mí; si Yo te lo atribuyo, esto expresa únicamente un aspecto condicionado de la trascendencia (tanzîh), no a la Trascendencia absoluta que no conviene más que a Mi Majestad”. Allâh mismo es la Recompensa del ayuno cuando el ayunante retorna a su Señor y Le reencuentra con la cualificación “nada se Le parece”, es decir, con el ayuno. En efecto, como ha precisado Abû Tâlib al-Makki (8), uno de los maestros de las “Gentes del Gusto iniciático” (ahl adh-Dhawq (9)), sólo “aquel a quien nada se le parece” puede ver a “Aquel a quien nada se le parece”. “La Recompensa de aquel a quien se le encuentre en su saco la copa, será Él mismo” (10). ¡Qué adecuado resulta este versículo para esta ocasión!

La frase del Profeta continúa con estas palabras: “y el ayuno es un escudo (junna)”, es decir, una protección (wiqâya), como en Su frase: “Tened el temor piadoso de Allâh”, es decir, “tomadLe como salvaguardia y sed igualmente una salvaguardia para Él”(11). Él ha otorgado al ayuno la misma función protectora de “nada se Le parece”, ya que el ayuno no tiene ninguna obra de adoración “que se le parezca”. Sin embargo, no se dice “ninguna cosa se la parece”(12) por que la “cosa” es una realidad arquetípica (thubûtî) o actual (wujûdî), mientras que el ayuno es un abandono, es decir, un concepto desprovisto de realidad (´adamî) y un atributo puramente negativo. Se dice entonces que “nada se Le parece”, no que “no hay cosa alguna que se le parezca”. Ese es el matiz que alude a la “no-similitud” según se trate de un carácter divino o un atributo del ayuno.

Seguidamente, el Legislador enuncia en contra del ayunante una prohibición que marca un abandono y una cualificación negativa, diciendo: “que se abstenga de conversaciones banales y de gritos”. No ha ordenado un acto, sino que ha prohibido que se realicen ciertos actos. Como el ayuno es una abstención, hay una relación significativa entre él y lo que le está prohibido al ayunante.

Después, ha ordenado a este último decir a quien le insulta o se enfrenta a él: “Estoy ayunando”, es decir: “en un estado en el que renuncio a ese acto que tú, que te enfrentas a mi y me injurias, has realizado”. Bajo la Orden de su Señor, se eleva (nazzaha) por encima de la réplica y anuncia que renuncia a ella, es decir, que renuncia a insultar y a la voluntad de combatir.

Ha dicho después: “Por Aquel cuya Mano sostiene el alma de Muhammad…”, fórmula que Él utiliza como juramento, “…en verdad el aliento que sale de la boca de aquel que se encuentra ayunando…”, es decir, la alteración del olor de su boca, algo que aparece únicamente por la expiración (tannaffus)(13), en este caso la que el ayunante acabada de emitir mediante la expresión “soy ayunante”, y que se le ha ordenado proferir. Esta expresión, y del mismo modo todo soplo que emane del ayunante, “será más perfumado el Día de la Resurrección…”, es decir “el día en el que los hombres estarán de pie ante el señor de los Mundos” (Cor. LXXXIII, 6) “… para Allâh…”: ha empleado el Nombre sintético cualificado por todos los Nombres divinos. Se trata del Nombre que no tiene similar (14), ya que nadie a excepción de Allâh puede llevarlo. Corresponde por tanto al ayuno, que tampoco “tiene nada que se le parezca”. Con la expresión “…que el perfume del amizcle…”, se está refiriendo a una cosa real que percibe quien la huele y que disfruta todo aquel que tenga una naturaleza sana y equilibrada. Sin embargo, el aliento del ayunante es aún mucho más perfumado para Allâh. Él percibe los olores de forma distinta a quie los percibe por medio de los sentidos. Lo que es para nosotros un mal aliento, es para Él un olor aún más perfumado que el del almizcle, ya que emana de un ser que no tiene “nada que se le parezca”. No es lo mismo un perfume que el otro. El que procede del ayunante lo exhala su respiración (tanaffus), mientras que el procede del almizcle no lo exhala la respiración del almizcle.

Experimenté un acontecimiento de orden espiritual (wâqi´a) a este respecto. Me encontraba en el Harâm (15) de La Meca, en el alminar situado en la puerta al-Hazwara, junto a Musa b. Muhammad al-Qabbâb, que hacía la llamada a la plegaria ritual. Él había traído consigo unos alimentos que despedían un olor pestilente que incomodaba a todos los que olían. Yo conocía la enseñanza profética según la que “los ángeles se sienten incómodos con lo mismo que incomoda a los hijos de Adán”, y como el Legislador prohibió que se entrara a las mezquitas con olor a ajo, cebolla o puerro. Me acosté. Decidido a pedirle a ese hombre que retirara esos alimentos de la mezquita, a causada de la presencia de los ángeles. Durante la noche, vi a Dios Altísimo en un sueño. En él me decía: “No le comentes a ese hombre nada acerca de esos alimentos, pues su olor no es para Mi lo mismo que es para vosotros”. A la mañana siguiente, el hombre acudió a mi como era su costumbre y yo le conté todo lo ocurrido. Entonces rompió a llorar y se prosternó ante Allâh para manifestar su agradecimiento, diciéndome después: “Señor mío, a pesar de todo, es preferible respetar las conveniencias de la Ley sagrada”. Y sacó esa comida de la mezquita: que Allâh tenga misericordia de él. Todas las naturalezas sanas, ya se trate de hombres o de ángeles, se sienten incómodas por una sensación que no les conviene y rechazan los olores desagradables. Sólo Allâh puede percibir el Rostro divino (wajh al-Haqq) que estos encierran. También pueden hacerlo algunos animales, que se acostumbran a ellos, así como los hombres cuya naturaleza tenga alguna afinidad con la de los animales, pero en ningún caso los ángeles. Por esa razón el Enviado ha dicho “para Allàh”, ya que al hombre cuya naturaleza es sana también le repugna el aliento del ayunante, tanto si es él mismo como si procede de los otros (16).

De manera figurada, la Ley sagrada ha atribuido al ayuno la perfección suprema, transmitiéndonos que Dios le ha reservado en el Paraíso una puerta especial a la que ha dado un nombre que alude a la perfección. Los ayunantes entran, en efecto, por una puerta llamada ar-Rayyân, siendo que ar-rayy (17). Muslim nos ha hecho llegar el siguiente hadith, transmitido por Sahl b. Sa´d (18): “El Enviado de Allâh ha dicho: `En el Paraíso hay una puerta llamada ar-Rayyân, por la que entrarán los ayunantes el día de la Resurrección. Nadie más entrará por ella. Ese día se dirá: `¿Dónde están los ayunantes, para que entren por esta puerta?´ Una vez que el último de ellos haya entrado, será cerrada y nadie más podrá entrar jamás por ella”.No se ha dicho esto para ninguna otra obra que haya sido ordenada o prohibida, salvo para el ayuno. La mención de ar-Rayyân muestra claramente que los ayunantes alcanzan la perfección en el dominio de las obras de adoración: han sido cualificados, como ya hemos dicho, por eso que no tiene comparación, y lo que no tiene comparación es perfecto. Aquellos gnósticos que se cuenten entre los “ayunantes” entran por esa puerta ya desde este momento, en esta existencia (de forma secreta), pero en la vida futura lo harán de forma que lo sabrán todas las criaturas.

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NOTAS

1 -Célebre poeta de la Arabia pre-islámica.↑(1)

2 -Se trata de Abû `Abd al Rahmân Ahmad ibn `Alî ibn Shu`ayb al-Nasâ´î, nacido en el 830 A.D. Fue un gran sabio de su época, especializado en fiqh (Jurisprudencia islámica) y hadîth, escribió varias obras sobre las virtudes de los Compañeros del Profeta, especialmente de Àlî, el cuarto de los Califas Perfectos y primer eslabón tras el Profeta en la práctica total de las cadenas iniciáticas de las tarîqas. Era conocido en su época por su gran amor al ayuno y a las mujeres (se le conocen cuatro esposas y un gran número de concubinas). Murio asesinado en Damasco en el año 915 A.D., se dice que por su excesivo celo en la defensa de la causa de `Alî.

3 -Normalmente decimos “Dios Existe” cuando queremos afirmar que ÉL ES.

4 -Se refiere a la obra de Abû-l-Husayn Muslim ibn al.Hajjâj al-Qushayrî an-Nîsâbûrî, nacido en Nishapur en el año 820, conocido como el Sahîh (“correcto”), en la que este gran sabio recogió más de 3000 hadîthes de probada autenticidad.

5 -Uno de los Compañeros del profeta Muhammad, célebre por el gran número de hadîthes que transmitió. Se dice que son 5374 los hadîthes que se le atribuyen. Su nombre significa “el Padre de la Gatita”, que fue un apodo que el Profeta le puso cuando supo que le gustaban los gatos. Su verdadero nombre fue `Abd ar-Rahmân ibn Sajr ad-Dawsi. Estaba dotado de una memoria prodigiosa y se dedicó a recoger todo lo que oyera decir al Profeta. Para ello lo abandonó todo y se dedicó a vivir a sus puertas sobre un estrado cubierto al que se llamaba Suffa, una de las etimologías que se ha dado a la palabra sufí. Según la tradición, llegó a tener más de ochenta discípulos.

6 -Se trata, en este caso, de una beatitud divina realizada por el ayuno y, como en el caso de la “Mirada”, de un símbolo que de la Identidad Suprema.

7 -Recordamos que se está hablando aquí del gnóstico, y no del simple ayunante.

8- Se trata de Abû Muhammad ibn`Alî, conocido como Abû Tâlib al-Makkî. Fue un famosísimo sufí nacido en `Irâq, shaykh de la tarîqa Salîmiyya (fundada por Ibn Sâlim, discípulo de Sahl al-alTustarî, otro célebre sufí del s. IX) y autor de la obra titulada Qût al-qulûb (“El alimento de los corazones”). Murió en Bagdad en el año 998-9.

9 -Según al-Jurjânî, “según la terminología del Conocimiento de Dios (ma`rifa), esta expresión designa una luz cognoscible que proyecta la Verdad, mediante Su teofanía (tajallî), en el corazón de los santos, y gracias a la que distinguen lo verdadero de los falso, sin que esta iluminación proceda de un conocimiento exterior, teórico o libresco”. V. al-Jurjânî, Kitâb al-Ta`rîfât, trad., intr. y notas de Gloto, Tehran, 1994, p. 202.

10 -Alusión a Cor. XII, 75. Sobre el sentido iniciático de este pasaje, cf. infra, texto 3.

11 -La noción de taqwa o “temor piadoso” de Allâh, es interpretada aquí en un sentido iniciático, en alusión al significado de su raíz. La primera modalidad contemplada se refiere a la realización metafísica y la “exaltación” operada por el ayuno, que es una salvaguardia contra toda forma de “asociación” a la Realidad divina, la segunda se refiere a la Función divina que el ayunante “salvaguarda”, principalmente en el ayuno público y comunitario del mes de Ramadân.

12 -Literalmente, en árabe: “no hay, como su parecido, cosa alguna”.

13 -Este término significa literalmente “respiración”, pero en este contexto no puede tratarse más que una expiración. El vínculo establecido por Ibn`Arabî entre esta indicación y la siguiente sugiere la idea de un “alivio” para aquel que escapa al dominio de las “reacciones cósmicas”. Además, el término tanaffus puede tomar aquí también el sentido de “suspiro de alivio”.

14 -Esta explicación está relacionada con la que se dio antes a propósito del ayuno considerado como “escudo”. En efecto, el “temor piadoso”, de Allâh es aquel por el cual el Nombre sintético permite resolver las “oposiciones” manifestadas por los Nombre divinos, algunos de los cuales tienen significados opuestos, como “El que eleva” y “El que rebaja”, y de “protegerse” de ellos. Cf. Futûhât, cap. 84.

15 -Se trata de la mezquita de La Meca en la que se encuentra la Ka´ba.

16 -A esta frase sucede, en el texto original, una digresión en la que el sheikh, por escrúpulo, dice ignorar si el Altísimo ha conferido a otros seres esa facultad que Le es propia.

17 -Los términos rayy y rayyân expresan la idea de una “saturación” o “saciedad” en la absorción de líquidos, ya se trate de una bebida o de la irrigación de las tierras. El término rayy pertenece a la terminología técnica del sufismo (cf. Futûhât, cap. 250 y 251). En la respuesta a la pregunta n| 116 del Cuestionario de Tirmidhî, el shaykh al-Akbar indica un aspecto limitativo de ar-rayy: “La epifanía de la saciedad concierne a aquellos que se encuentran en el estado de estrechez. La saciedad es el límite de su absorción de la bebida (iniciática). Las Gentes de la Amplitud divina (sa`a) no se “sacian” jamás, como Abû Yazîd ha dicho: El hombre (rajul) es aquel que se ha bebido los océanos y aún tiene sed”.

18 -Uno de los Compañeros del Profeta Muhammad.

Sobre el ayuno

CAPITULO XVII del libro El Secreto de los secretos del Sheikh Abdel Qader al Jilani

SOBRE EL AYUNO PRESCRITO POR LA RELIGION Y EL AYUNO ESPIRITUAL

El ayuno indicado por la religión consiste en abstenerse de comer y beber, y de la unión sexual desde el amanecer hasta la caída del sol, mientras que el ayuno espiritual entraña adicionalmente la protección de todos los sentidos y pensamientos, de la totalidad de las cosas prohibidas. Implica el abandono de todo cuanto es inarmónico en lo interior, así como en lo exterior. La brecha más mínima en esta intención, rompe la abstinencia. El ayuno religioso está limitado por el tiempo, mientras que el espiritual es para siempre y pervive a través de nuestra vida temporal y eterna. Este es el verdadero ayuno.

Nuestro Maestro el Profeta (Que la Paz y las Bendiciones de Allah sean con él), dice, `Hay muchos de esos ayunadores que sólo obtienen hambre y sed por sus esfuerzos, y ningún otro beneficio.’ Están también aquellos que interrumpen su ayuno cuando comen, y los que continúan ayunando aún después que han comido. Estos son los que dominan sus sentidos y sus pensamientos, manteniéndolos libres del mal, y sus manos y sus lenguas apartadas de herir a otros. Es por éstos que Allah El Más Elevado promete: `Ayunar es un acto ejecutado por Mi amor y Yo soy el que otorga su recompensa.’

Nuestro Maestro el Profeta (Que la paz y las Bendiciones de Allah sean con él) dice, acerca de las dos clases de abstinencia: `Aquél que ayuna tiene dos satisfacciones. Una ocurre cuando, al final del día, interrumpe el ayuno. La otra se produce cuando él ve.’ Quienes conocen las formas externas de la religión, dicen que la primera satisfacción del que se abstiene es el placer de comer después de un día de ayuno. El significado de la satisfacción `cuando él vé’ es en el momento en que alguien que ha ayunado el mes íntegro de Ramadán, contempla la luna nueva marcando el fin de la abstinencia y el comienzo de las festividades del día sagrado (fiesta del Aid al Fitr). Aquellos que saben el significado interno de ayunar, dicen que la alegría de romper la abstinencia ocurrirá el día en que el creyente entre en el Paraíso y participe de las delicias que allí hay, y que el significado de la más sustancial alegría, la de ver, se produce cuando el creyente contempla la verdad de Allah con el ojo secreto de su corazón.

 Más meritoria que esas dos clases de ayuno, es la abstinencia de la verdad, que consiste en impedir que el corazón adore ninguna otra cosa, excepto la Esencia de Allah. Se lleva a cabo haciendo ciego al ojo del corazón de todo cuanto existe, aún en los reinos secretos por fuera de este mundo, salvo el amor de Allah. Porque no obstante que Allah lo ha creado toda cosa para el hombre, Él ha creado al hombre únicamente para Él Mismo, y Él dice: `El hombre es Mi secreto y Yo soy su secreto.’ Ese secreto es una luz proveniente de la luz divina de Allah. Es el centro de su corazón hecho de la materia más sutil. Es el alma que sabe todas las verdades ocultas; es la conexón escondida entre el creado y su Creador. Tal secreto no ama ni se inclina hacia algo que no sea Allah. No hay nada que valga la pena desear, no existe ningún otro objetivo, ningún otro amado en este mundo ni en el más allá excepto Allah. Si un Átomo de cualquier otra cosa que no sea el amor de Allah, entra en el corazón, el ayuno de la verdad, el ayuno real, está roto. Si es así entonces uno ha de repararlo, de revivir ese deseo y esa intención, ha de regresar a Su amor, aquí y en el más allá. Porque Allah dice: `Ayunar es solamente para Mi, y únicamente Yo otorgo su recompensa.’