El origen occidental moderno de ISIS

Los yihadistas de ISIS no son medievales – Han sido moldeados por la filosofía occidental moderna.

Tenemos que mirar a la Francia revolucionaria para comprender las fuentes de la ideología y la violencia del llamado Estado Islámico.

  • Kevin McDonald, profesor de sociología y jefe del departamento de criminología y sociología de la Universidad de Middlesex
  • Publicado en theguardian.com, el Martes 9 Septiembre de 2014

En las últimas semanas se ha producido un constante ruido de fondo sugiriendo que el llamado Estado Islámico (ISIS) y su ideología son una especie de retroceso a un pasado remoto. A menudo se ha enmarcado en un lenguaje como el utilizado la semana pasada por el vice-primer ministro Nick Clegg, diciendo que Isis era “medieval”. De hecho, el pensamiento de la banda terrorista está en una tradición occidental mucho más moderna.

La intervención de Clegg no es sorprendente. Dada la extrema violencia de los combatientes de ISIS y las imágenes de cuerpos decapitados, es comprensible que intentemos dar sentido a estos actos como algo radicalmente “ajeno”.

Pero esto no nos ayuda necesariamente a comprender lo que está en juego. En concreto, se tiende a aceptar una de las afirmaciones centrales del yihadismo contemporáneo, es decir que se remonta a los orígenes del Islam. Tal y como a un partidario de ISIS que sigo en Twitter le gusta decir: “El mundo cambia, el Islam no”.

Esta no es sólo una cuestión para el debate académico, sino que tiene un impacto real. Uno de los atractivos de la ideología yihadista entre muchos jóvenes es que desplaza el poder generacional en sus comunidades. Los yihadistas, y los islamistas más ampliamente, se presentan a ellos mismos como fieles a su religión, mientras que sus parientes, así lo expresan, están sumidos en la tradición o la “cultura”.

Hay que  decirlo bien claramente: el yihadismo contemporáneo no es un retorno al pasado. Es una ideología moderna, anti-tradicional, producto muy significativo de la historia política y la cultura occidentales.

Al hacer su discurso  en la Gran Mezquita de Mosul, en el pasado mes de julio, declarando el Estado Islámico con él mismo como califa, Abu Bakr al-Baghdadi, citó ampliamente al pensador indo-pakistaní Abul A’la Maududi, fundador del partido Jamaat-e-Islami en 1941 y creador del término contemporáneo de “Estado Islámico”.

El estado islámico de Maududi está profundamente moldeado por las ideas y conceptos occidentales. Toma la creencia compartida entre el Islam y otras tradiciones religiosas; es decir, sólo Dios es el juez último de una persona, y lo transforma –re-enmarcando la posesión divina del juicio- en la posesión, y en última instancia del monopolio, de la “soberanía”. Maududi también se basa en una comprensión del mundo natural gobernado por leyes que son expresión del poder divino –ideas centrales en la revolución científica del siglo XVII-. Combina esto en una visión de la soberanía divina, y prosigue definiéndola en términos políticos, afirmando que “Dios es el Único Soberano” (el modo de vida islámico). Por tanto, lo divino y el estado se funden, de modo que en la medida en la que Dios se convierte en político, la política se vuelve sagrada.

Este tipo de soberanía es completamente inexistente en la cultura medieval, de mundo fragmentado y múltiples fuentes de poder. En cambio, su origen reside en el sistema de estados de Westfalia y la moderna revolución científica.

Pero la deuda de Maududi con la historia política europea va más allá de su comprensión de soberanía. Básico en su pensamiento es su análisis de la revolución francesa, de la que creía que ofreció una promesa de “estado fundado en un conjunto de principios” opuesto a otro basado en una nación o pueblo. Para Maududi este potencial, desgastado en Francia, tendría que esperar a ser alcanzado en un estado islámico.

En la Francia revolucionaria, es el estado el que crea a sus ciudadanos y no debe permitirse que nada se interponga entre el ciudadano y el estado. Esta es la causa de porque legalmente no se permite los organismos gubernamentales franceses la recogida de datos sobre el origen étnico, considerada como comunidad potencialmente intermediaria entre el estado y el ciudadano.

En este ciudadano universal, separado de la comunidad, nación o historia, basa Maududi su idea de “la ciudadanía en el Islam”. Así como el estado revolucionario francés creó a sus ciudadanos, con un ciudadano impensable fuera del estado, así el Islam crea a sus ciudadanos. Esta es la base argumental, por otro lado incomprensible, de Maududi de que solo se puede ser musulmán en un estado islámico.

No hace falta mirar al Qur’an para comprender esto –miremos a la revolución francesa y, en última instancia, a la secularización de una idea cuyo origen se encuentra en la cristiandad europea: extra ecclesiam nulla salus (no hay salvación fuera de la iglesia), una idea que fue transformada con el nacimiento de los estados europeos modernos, en extra stato nulla persona (fuera del estado no hay personalidad jurídica). Esta idea muestra, aun hoy, su extraordinario poder: es la fuente de lo que significa ser un refugiado.

Manipulaciones de este tipo quieren destruir el cuerpo como singularidad. El cuerpo se convierte en la manifestación de una colectividad que tiene que ser eliminada, manipulando la representación de lo que una vez fue una persona en un “extranjero abominable”.

Básico en el programa de Isis es su pretensión a la ‘herencia musulmana’ –fijémonos en el atuendo de al-Baghdadi. Para contrarrestar en parte esto es necesario conocer las fuentes contemporáneas de su ideología y su violencia. No puede ser entendido de ninguna manera como una vuelta a los orígenes del Islam. Esta es la tesis central de sus partidarios, a la que no se debe dar crédito en absoluto.

Artículo originalmente publicado en The Conversation.

¿Quiénes fueron los jariyíes?

Artículo traducido de Lost Islamic History:  http://lostislamichistory.com/who-were-the-kharijis/
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Surah An Nur: No dispone de luz ninguna aquél a quien Allah se la niega (40:24)

A lo largo de la historia islámica han surgido de tanto en tanto grupos que abogan por formas de pensar radicalmente nuevas y divergentes acerca de la religión. Uno de los más radicales y violentos surgió durante el caos político del califato de ‘Ali, que duró desde 656 a 661. Conocidos como los jariyíes, surgieron a partir de una postura política radical y continuaron desarrollando creencias particularmente extremas que los enfrentaron a la mayoría de los musulmanes. Aunque nunca se convirtieron en una fuerza política o religiosa importante en el mundo musulmán, tuvieron gran impacto en su propio tiempo y su ideología se ha reproducido en numerosas ocasiones en otros grupos marginales a lo largo de los últimos 1.400 años.

Antecedentes

En junio de 656 CE (35 después de la Hijra), fue asesinado el califa del Islam, ‘Uthman ibn Affan. Los asesinos fueron un grupo de soldados egipcios musulmanes descontentos por un fallo de ‘Uthman en un caso entre ellos y el gobernador de Egipto. A diferencia de los dos califas anteriores -Abu Bakr y ‘Umar- que dejaron cierta orientación sobre cómo elegir un nuevo califa (Abu Bakr nombró a ‘Umar, mientras que ‘Umar nombró un consejo de seis hombres entre los cuales debía ser elegido el califa), ‘Uthman no dejó una indicación sobre la elección de un nuevo califa.

Los asesinos, que entonces mantenían un control efectivo en la capital, Medina, querían que ‘Ali fuera el nuevo califa. ‘Ali naturalmente rechazó el nombramiento de unos asesinos. La aceptación de la nominación podría ser interpretada por otros como la aprobación implícita de sus acciones y eso no podía estar más lejos de la verdad teniendo en cuenta que había enviado a sus propios hijos a defender a ‘Uthman cuando los rebeldes se atrincheraron en su casa. Pero cuando algunos de los principales miembros de la comunidad de Medina le dijeron a ‘Ali que era la mejor oportunidad de paz y normalidad para la nación musulmana, especialmente teniendo en cuenta su condición de primo y yerno del Profeta ﷺ , aceptó de mala gana el título de cuarto califa del Islam.

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Extensión del mundo musulmán durante el califato de ‘Ali. Las zonas en poder de Mua’wiya se han coloreado en verde claro.

Sin embargo, tuvo alguna oposición inmediata. Mu’awiya, gobernador de Siria, era primo de ‘Uthman. Estaba dispuesto a jurar lealtad al nuevo califa, siempre y cuando ‘Ali juzgara y castigara a los soldados egipcios rebeldes que habían matado a ‘Uthman. ‘Ali, al contrario, no creía que eso fuera en beneficio de la nación musulmana. Por supuesto, no estaba de acuerdo con las acciones de los soldados, pero castigarlos podía provocar una revuelta aún más grande, dando lugar a más derramamiento de sangre y más pruebas para el joven estado musulmán, y esto es lo que ‘Ali quería evitar.

Sin el apoyo de Mu’awiya, ‘Ali se quedaba sin una de las provincias más grandes y prósperas del estado. Mu’awiya era tremendamente popular en Siria. Gobernaba allí desde el califato de ‘Umar, y había hecho una buena gestión manejando prudentemente las relaciones entre la población cristiana nativa de la región y los musulmanes árabes recientemente llegados. ‘Ali, a su vez, tenía un fuerte apoyo en Irak, particularmente en la ciudad de Kufa, donde sus seguidores se indignaron ante la negativa de Mu’awiya a jurar lealtad.

Con el fin de evitar una eventual guerra civil entre los partidarios sirios de Mu’awiya y los iraquíes de ´Ali, ambos acordaron un arbitraje. Pensaron que permitir que un tercero mediara en el conflicto y encontrara una solución, y potencialmente un nuevo califa, sería un final pacífico a una división política peligrosa.

Pero ‘Ali encontró un problema imprevisto en su arbitraje. Algunos de sus partidarios estaban tan convencidos de que su decisión de no buscar la justicia para los asesinos de Uthman era la correcta, que la elección del arbitraje los enfureció. Para ellos, ‘Ali había cometido un pecado mayor al aceptar un acuerdo con Mu’awiya. Abandonaron el campamento de ‘Ali y fueron conocidos como los jariyíes (también conocido como el jawarj o jariyítas), que significa “los que se fueron/desertaron”.

Las ideas jariyíes

El desarrollo de las ideas jariyíes es una interesante lección sobre cómo las ideas políticas pueden conducir a nuevos conceptos divergentes en el Islam (una política similar al proceso religioso que formaría el chiísmo en años posteriores). La posición política jariyí de que ‘Ali había cometido un error se transformó en la creencia de que ninguna persona que cometa pecados es apta para gobernar. Esto en si mismo sólo era una idea particularmente extrema, pero no terminó ahí.

Con el tiempo, la jariyíes argumentaron que los pecados en sí mismos eran una forma de kufr (no creer en Dios). Argumentaron que quien cometía un pecado, era de hecho un no-creyente y por lo tanto podía ser combatido y asesinado, aunque fuera un Compañero del Profeta ﷺ o un califa. Por otra parte, quien no estuviera de acuerdo con su creencia de que los pecados son incredulidad, era por defecto un incrédulo y podía ser combatido y asesinado.

Las creencias jariyíes no tenían mucho fundamento en la teología islámica real. El takfir (declarar no creyentes a las personas) es de hecho una cosa muy específica y poco frecuente en la corriente principal de creencia musulmana, siendo la opinión de la mayoría, como se indica en la ‘Aqida del Imam al-Tahawi, que la única cosa que invalida el estado de alguien como musulmán es que declare abiertamente que no cree que sólo existe un Dios y que Muhammad ﷺ es su mensajero. Por lo tanto, la mayoría de los jariyíes no eran personas educadas expertas en el Qur’an y en los dichos del Profeta. La mayoría eran invasores beduinos del desierto que compensaban su falta de comprensión del Islam con un fuerte celo por las creencias jariyíes, no importa lo intelectualmente superficiales que fueran.

Las ideas jariyíes nunca se afianzaron en la población general. Además de ser una distorsión de las enseñanzas del profeta, las creencias jariyíes eran demasiado extremas para ser secundadas por la mayoría de la gente. Pero eso no impidió al pequeño grupo de jariyíes tener un gran impacto en el mundo musulmán.

De conformidad con sus creencias, los jariyíes intentaron asesinar a todos los líderes políticos que tomaron parte en el arbitraje que llevó a su surgimiento. Fracasaron en sus intentos de matar a Mu’awiya y ‘Amr ibn al-As, quien lo apoyaba y gobernaba Egipto en su nombre. Pero en el año 661 tuvieron éxito en matar al califa, Alí, en Kufa. El asesinato del primo y el yerno del Profeta provocó el fin de la era rashidun del califato y el comienzo del califato omeya, liderado por Mu’awiya.

Los jariyíes continuaron siendo una molestia para los califatos omeyas y abasíes durante siglos. Nunca llegaron a retener las principales ciudades en sus numerosas rebeliones, pero usaron su familiaridad con los desiertos para deambular por todo el mundo musulmán acosando y aterrorizando a la población que no aceptaba sus creencias. En el norte de África se las arreglaron para conseguir un poco de apoyo a su causa de los grupos de bereberes indígenas aprovechándose de las tensiones existentes entre ellos y los gobernantes árabes.

Con el tiempo, el movimiento jariyita moriría lentamente, víctima de su propio extremismo que le impidió ser aceptado por la mayoría de los musulmanes. Una de sus vertientes consiguió moderarse y se convirtió en la secta ibadí, que forma hoy la mayoría de la población de Omán. Sin embargo, aunque el movimiento jariyita no duró, su concepto del takfir ha sido resucitado de vez en cuando por numerosos grupos extremistas, incluso se hicieron eco algunos movimientos políticos modernos.

 

Bibliografía:

Hodgson, Marshall G. S. The Venture of Islam: Conscience and History in a World Civilization. Chicago: U of Chicago, 1974.

Ibn Khaldūn. The Muqaddimah, An Introduction To History. Bollingen, 1969. 230.

Saunders, John J. A History of Medieval Islam. London: Routledge & Kegan Paul, 1980.

NOTAS:

(1) Este comité estaba formado por:

  • Ali
  • Uthman ibn Affan
  • Abdur Rahman bin Awf
  • Sa`d ibn Abi Waqqas
  • Al-Zubayr
  • Talhah

Umar pidió que después de su muerte el comité llegara una decisión final en tres días y que el siguiente califa prestara juramento el cuarto día. Si Talhah volvía a Medina durante ese período, debía tomar parte en las deliberaciones, de lo contrario los otros miembros del comité debían tomar una decisión. Abdur Rahman bin Awf retiró su candidatura a califa para actuar como moderador y comenzó a interrogar a cada miembro del comité por separado. Les preguntó a quién darían su voto. Cuando se le preguntó a a Ali, no contestó. Cuando se le preguntó a Uthman, votó por Ali, Zubayr dijo Ali o Uthman y Sa’ad votó por Uthman.